Hay escritores que llegan. Y hay escritores que irrumpen. David Uclés pertenece a la segunda categoría. Nacido en Úbeda el 21 de enero de 1990, este autor jienense llevaba años construyendo en silencio una obra de ambiciones descomunales mientras enseñaba alemán en Santiago de Compostela, daba clases de inglés en Suiza o traducía textos en alguna ciudad que no era la suya. El mundo literario español apenas sabía de su existencia. Hasta que en 2024, con la publicación de La península de las casas vacías, todo cambió de golpe.
Lo que vino después fue un terremoto editorial. Más de 300.000 ejemplares vendidos, una veintena de premios, traducciones a más de quince idiomas, elogios de Ian Gibson, Leonardo Padura, Gioconda Belli o Irene Vallejo, y la candidatura española al Premio de Literatura de la Unión Europea. Un fenómeno que, para quien conozca la historia del autor, no es fruto de la casualidad sino de algo mucho más difícil: la paciencia y la obsesión sostenidas durante más de una década.
El hombre antes del escritor
Entender la obra de David Uclés sin entender su trayectoria vital es casi imposible. Creció en Úbeda, en la provincia de Jaén, una ciudad renacentista del interior andaluz que guarda entre sus calles la memoria de generaciones de agricultores, guerras civiles y silencios familiares. Esa memoria, que él absorbió desde niño a través de las historias que contaban sus mayores, sería el germen de la novela que lo cambiaría todo.
Estudió Traducción e Interpretación en Córdoba, completó un Erasmus en la Universidad de Münster y obtuvo el Máster de Profesorado en Granada. A ese recorrido académico le siguió una vida itinerante que lo llevó a trabajar como profesor de español, alemán e inglés en Alemania, Francia, Suiza e Inglaterra. También vivió en Galicia, en el País Vasco y en Cataluña antes de instalarse finalmente en Madrid. Habla varios idiomas con soltura —entre ellos el alemán con certificación C2 del Goethe-Institut— y ha actuado como traductor literario, además de componer música para obras de teatro, documentales y exposiciones en instituciones como la Tabacalera o la Universidad de París.
Ese perfil poliédrico no es un accidente. Uclés es, además de escritor, músico que toca el arpa, el piano, el acordeón y la guitarra. También dibuja y pinta. Las artes no son para él compartimentos estancos sino vasos comunicantes. Esa transversalidad creativa se nota en sus novelas, donde la música, la pintura y el teatro funcionan como estructuras narrativas tanto como recursos estilísticos.
Durante todos esos años de idas y venidas, mientras daba clases en institutos alemanes o preparaba los exámenes CAPES en Toulouse, Uclés escribía. Escribía a escondidas del mundo, sin editor, sin avales, con la convicción algo irracional y absolutamente necesaria de que aquello que tenía entre manos merecía la pena. Así fue tomando forma, durante quince años, la novela que lo haría famoso.
El llanto del león: una primera voz que no pasó desapercibida
Antes de que la fama llegara, hubo un primer reconocimiento. En 2019, Uclés recibió el Premio Complutense de Literatura en la modalidad de narrativa por El llanto del león, una novela teatral que recoge las últimas conversaciones entre un padre enfermo de cáncer y su hijo de diez años.
La obra, publicada por Ediciones Complutense, es un texto breve e intenso que apunta ya a algunas de las obsesiones del autor: la relación entre las generaciones, el peso del tiempo, la necesidad de decir antes de que sea demasiado tarde. La forma teatral no es un capricho sino una decisión meditada: el diálogo como forma de desnudamiento, como herramienta para llegar a lo que el relato convencional a veces esquiva.
El llanto del león fue una señal, aunque en aquel momento pocos la leyeron como tal. El circuito de los premios universitarios tiene sus propios límites de difusión, y Uclés seguía siendo un nombre prácticamente desconocido para el gran público.
Emilio y Octubre: la segunda estación
En 2020, la editorial Dos Bigotes publicó Emilio y Octubre, su segunda novela. Una historia que, como la anterior, trabaja desde la emoción contenida y la construcción cuidadosa de sus personajes. Uclés continuaba construyendo su mundo particular, acumulando lectores en pequeños círculos, sin el salto masivo que aún tardaría en producirse.
Entre tanto, el manuscrito de la novela que llevaría más de una década gestando seguía creciendo. Quinientas páginas en los primeros tres años. Ochocientas en siete. Mil en once. Un texto que cambiaba de forma cada vez que el autor volvía a él, que acumulaba capas y personajes y episodios históricos con la densidad de una memoria que no quiere olvidar nada.
En algún momento de ese proceso largo, llegaron algunas ofertas de publicación. Uclés las rechazó porque el libro todavía no estaba listo. Esa decisión, que podría haber parecido un error a cualquier escritor que lleva años esperando una oportunidad, era en realidad la única coherente con la envergadura de lo que estaba haciendo.
La beca Leonardo y el impulso definitivo
El salto hacia la publicación definitiva llegó con dos reconocimientos institucionales que le dieron tiempo y recursos para terminar el trabajo. En 2022, Uclés recibió la Beca Leonardo de creación literaria de la Fundación BBVA, un apoyo de doce meses para el proyecto que se convertiría en La península de las casas vacías. Ese mismo año obtuvo también la Beca de Escritura Montserrat Roig, que realizó durante el otoño de 2022 en residencia en el Museu Picasso de Barcelona.
Las becas no son solo dinero. Son también tiempo, legitimidad y, en muchos casos, la señal de que alguien más —alguien con criterio y con independencia del mercado— confía en lo que estás haciendo. Para Uclés, que llevaba más de una década trabajando en solitario, debieron de ser un respiro importante.
El viaje de documentación que realizó para la novela fue exhaustivo: recorrió 20.000 kilómetros por la geografía española, siguiendo los pasos de la Guerra Civil, escuchando a quienes aún guardaban memorias de aquellos años, visitando pueblos, archivos, paisajes. Una investigación que duró tanto tiempo como la propia escritura y que dotaría a la novela de una concreción histórica y geográfica poco habitual en la literatura española contemporánea.
La península de las casas vacías: el libro que cambió todo
Publicada por Ediciones Siruela en marzo de 2024, La península de las casas vacías es, ante todo, una novela de ambición total. Sus cerca de ochocientas páginas narran la Guerra Civil española desde el realismo mágico, tomando como epicentro a una familia de agricultores de Jándula, un pueblo jienense que sirve de trasunto del real Quesada, y desplegando desde ahí una visión polifónica, coral e imaginativa del conflicto que partió España en dos.
La trama sigue la descomposición de la familia Ardolendo y de los vecinos del pueblo durante los años de la guerra y la posguerra. Pero lo que distingue a esta novela de tantas otras sobre la misma época no es el qué sino el cómo. Uclés eligió el realismo mágico como herramienta no decorativa sino estructural: la lluvia cae hacia arriba, soldados que se rajan la piel para liberar la ceniza acumulada en sus entrañas, muertos que se convierten en estatuas, un niño ciego que recupera la vista durante un apagón, personas que lloran lágrimas de colores, heridas de bala que aparecen antes de que los disparos lleguen. Lo irreal no suaviza el horror; lo amplifica. Lo vuelve más visible.
El autor explicó su elección con una imagen que lo dice todo: ante una pintura hiperrealista que muestre todos los horrores de la guerra y una pintura alegórica que no los enseñe pero te haga sentir esa herida en la carne, él prefiere la segunda. Es decir, prefiere la metáfora a la descripción, la imagen que duele de otro modo a la escena que reproduce el terror con literalidad fotográfica.
El narrador de la novela es otro de sus grandes hallazgos. Se trata de una voz explícita, autoconsciente, que dialoga con los personajes, concede favores si está de buen humor, interrumpe el relato para comentarlo y establece con el lector una complicidad que oscila entre la ironía y la ternura. Es un narrador gracioso, juguetón, que introduce momentos de humor en una novela de escenas brutales. Esa combinación —lo cómico y lo trágico conviviendo sin que ninguno destruya al otro— es uno de los logros más difíciles de conseguir en literatura y uno de los más aplaudidos por los lectores y críticos que han elogiado la novela.
Junto a los personajes ficticios de la saga familiar, desfilan por sus páginas figuras reales: Alberti, Hemingway, George Orwell, Picasso, Robert Capa, Gerda Taro, Azaña, Virginia Kent. El capítulo dedicado al Guernica fue señalado por varios críticos como uno de los más logrados del libro. La frontera entre la realidad histórica y la invención literaria es permeable y fértil, y Uclés la cruza con naturalidad.
Los premios llegaron en avalancha. Premio Cálamo al Mejor Libro del Año 2024. Premio Andalucía de la Crítica 2025. Premio Dulce Chacón. Premio Espartaco a la Mejor Novela Histórica en la Semana Negra de Gijón. Premio Kelvin 505 del Festival Celsius 232 a la mejor novela original en castellano. Premio Arzobispo Juan de San Clemente. Premio Festival 42 a la mejor novela en castellano. Premio Un Año de Libros de El Corte Inglés al Mejor Libro de Ficción. Premio Andalucía de las Letras 2025. Finalista de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Candidatura española al Premio de Literatura de la Unión Europea. Elegida mejor novela española del año por el jurado de Babelia. Una cascada de reconocimientos que en pocos meses convirtió a su autor en uno de los escritores más leídos y premiados del panorama español.
Las ventas acompañaron: más de veintiuna ediciones en veinte meses, más de 300.000 ejemplares vendidos. Uno de los mayores fenómenos editoriales de los años 2024 y 2025. El libro está siendo traducido a más de quince idiomas —entre ellos el francés, el portugués, el alemán, el italiano, el danés, el lituano, el rumano, el checo, el gallego, el albanés, el serbio y el griego— y será adaptado al cine.
Elogios que pesan
Parte del impacto de la novela se explica también por los nombres que la respaldaron públicamente. Ian Gibson, la máxima autoridad mundial sobre Federico García Lorca, la elogió sin reservas. Leonardo Padura, uno de los novelistas más importantes en lengua española, habló de ella con entusiasmo. Gioconda Belli, Irene Vallejo. Nombres que no se prodigan en los lanzamientos y que aquí prestaron su voz sin que nadie se lo pidiera dos veces.
Esos respaldos llegaron porque el libro los generó de forma espontánea. Quienes lo leían hablaban de él. Los lectores lo recomendaban a otros lectores. Las redes sociales amplificaron esa cadena y la novela tomó vida propia, más allá de cualquier campaña de marketing. Es el tipo de fenómeno que los editores sueñan pero raramente pueden fabricar.
La recepción crítica no fue, sin embargo, unánime. Algunos reseñistas señalaron que el realismo mágico aplicado a la Guerra Civil podía resultar forzado, o que la extensión del libro creaba desequilibrios narrativos. Otros cuestionaron la postura del autor ante el conflicto histórico, dado que Uclés declaró públicamente su intención de evitar la «moralina de los buenos y los malos». En un tema tan sensible como la Guerra Civil española, cualquier posicionamiento —o cualquier ausencia de posicionamiento— tiene consecuencias. Ese debate añadió capas a la discusión pública sobre el libro y lo alejó del terreno tranquilo de la corrección literaria para instalarlo en algo más vivo e incómodo.
Lo cierto es que la polémica no hizo sino aumentar la visibilidad de la novela. Y que Uclés, en su primera exposición masiva a los medios, demostró tener criterio propio y no temer la controversia. En enero de 2026, por ejemplo, renunció públicamente a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil ante la presencia en el cartel de figuras como José María Aznar y Espinosa de los Monteros, con quienes declaró no poder verse representado. La decisión, que tuvo repercusión en medios como El País, la Cadena SER y RTVE, confirmó que Uclés no tiene intención de convertirse en un escritor de perfil inofensivo.
Un autor entre dos mundos
Uno de los rasgos que más llama la atención de la figura de David Uclés es su capacidad para moverse entre registros muy distintos sin perder coherencia. Es un escritor andaluz profundamente enraizado en la cultura jienense —sus novelas beben directamente de esa geografía y esa memoria familiar— que al mismo tiempo ha vivido durante años fuera de España y lleva consigo influencias literarias de toda Europa.
Sus referentes declarados abarcan un territorio muy amplio: Günter Grass y su Alemania culpable y desbordante; Gabriel García Márquez y el realismo mágico latinoamericano; José Saramago y su uso del narrador como instancia moral; Mercè Rodoreda y su capacidad de hacer lo íntimo universal; Salman Rushdie y la mezcla de lo político y lo fantástico; Edgar Hilsenrath y la mirada oblicua sobre la violencia histórica; Olga Tokarczuk y su concepción narrativa del tiempo y la identidad. También Miguel de Unamuno, esa voz española que nunca dejó de incomodar.
Con esa biblioteca a la espalda, Uclés construye novelas que no encajan fácilmente en las categorías del mercado. No son novela histórica al uso ni son realismo mágico folclorista. Son algo propio, que algunos críticos ya han llamado «realismo uclesiano», en referencia al reconocimiento que Àngels Barceló expresó en la Cadena SER al leer La ciudad de las luces muertas: «He ido reconociendo todos los rincones de la novela. Esto es una guía. Realismo uclesiano.» El término tiene la fuerza de lo que llega de manera espontánea, sin planificación, y que describe algo nuevo con una sola palabra.
El Nadal 2026 y La ciudad de las luces muertas
El 6 de enero de 2026, en la tradicional cena literaria del Hotel Palace de Barcelona, se anunció el ganador de la 82ª edición del Premio Nadal. El fallo fue para David Uclés y su novela La ciudad de las luces muertas, publicada por Ediciones Destino. El jurado estuvo compuesto por Víctor del Árbol, Juan Luis Arsuaga, Inés Martín Rodrigo, Care Santos y Emili Rosales. La dotación del premio fue de 30.000 euros. Se habían presentado 1.207 obras de España y de todo el mundo.
El Premio Nadal es el más antiguo de España: se concede ininterrumpidamente desde 1944, cuando la primera galardonada fue Carmen Laforet con Nada, una novela ambientada precisamente en la Barcelona de posguerra. Que Uclés gane este premio en 2026 con una novela que también transcurre en Barcelona y en cuyo argumento Carmen Laforet aparece como personaje no es solo una coincidencia bonita: es una elección consciente y cargada de sentido. El autor hace de la propia historia del premio uno de los espejos de su ficción.
La novela arranca en la Barcelona de posguerra, cuando una joven provoca accidentalmente un fenómeno que sume a la ciudad en una oscuridad total. La luz desaparece por completo: la solar y la artificial. Solo sobreviven una claridad difusa que nadie sabe de dónde procede y el resplandor del fuego. En ese apagón, las Barcelonas que han existido en distintas épocas convergen y se superponen: reaparecen edificios desaparecidos, surgen otros del futuro. Los tiempos se mezclan y la ciudad queda desbordada por todas sus capas históricas al mismo tiempo.
El catálogo de personajes que habitan ese espacio fracturado es uno de los elementos más comentados de la novela. Picasso hace llorar a Simone Weil. Cortázar retrata a Laforet. Gaudí barniza a los transeúntes. Bolaño se adelanta a su muerte. García Márquez huye en una barca. George Orwell protege a Montserrat Caballé, Núria Espert y Jordi Savall de los proyectiles de la guerra. En medio de todo, un fotógrafo capaz de revelar con su cámara lo que aún no ha ocurrido intenta comprender qué ha pasado y cómo recuperar la luz perdida.
Juan Cruz escribió que La ciudad de las luces muertas es «una delicia literaria» y que «su porvenir ya es más grande que su pasado». Eduardo Mendoza, uno de los narradores de Barcelona por excelencia, reconoció que le había gustado «una barbaridad» y calificó el desfile de personajes como «muy entrañable». Pere Gimferrer, que no prodiga los elogios, la describió como «imaginativa, original, divertida, inesperada y felizmente imperfecta». Gioconda Belli habló de «un encuentro caótico y genial» que la hizo gozar de principio a fin. La Vanguardia publicó que la novela «se acercaría a la gran novela sobre Barcelona», si no se ruborizaran con la expresión.
La historia del Premio Nadal tiene para Uclés una dimensión muy personal que va más allá del galardón. El propio autor ha contado que se presentó al Nadal por primera vez en 2010, con veinte años, y que lo siguió intentando cada año hasta 2020, cuando desistió. Diez años de presentación, diez años de puerta cerrada. Luego volvió a intentarlo en 2025 y ganó. Ese arco de paciencia —de obsesión y abandono y vuelta a empezar— es quizás la historia más representativa de su trayectoria entera.
El músico y el artista total
Hablar de David Uclés sin mencionar su dimensión musical sería cometer una omisión grave. Canta y compone al arpa, al piano, al acordeón y a la guitarra. Ha compuesto la música de varias obras de teatro, de documentales y de exposiciones, entre ellas trabajos realizados para la Tabacalera de Madrid, la Universidad de París y el festival LesGaiCineMad.
La música en su obra literaria no es solo temática —aunque los músicos y artistas son personajes recurrentes— sino estructural. Sus novelas tienen ritmo, modulación, cambios de velocidad. El narrador de La península de las casas vacías funciona en muchos momentos como un instrumento que marca compases. La imagen, el símbolo, la metáfora: todo en su escritura tiene la precisión de quien ha aprendido a escuchar antes de escribir.
También pinta. Y dibuja. En su web personal conviven obras visuales junto a los textos y la música. Para Uclés, el territorio del arte es uno solo y atravesarlo desde distintos ángulos no es una contradicción sino una forma de entenderlo mejor.
El reconocimiento institucional y el regreso a Úbeda
A raíz del éxito de La península de las casas vacías, el Ayuntamiento de Úbeda nombró a David Uclés Hijo Predilecto de la ciudad. La Diputación de Jaén le concedió el Premio Jaén Paraíso Interior. El diario local lo distinguió con el Premio Jiennense del Año. Y en 2025 obtuvo también el Premio Corazón de Olavide.
Estos reconocimientos institucionales son simbólicamente importantes porque señalan un regreso simbólico a los orígenes. Uclés es un escritor que ha vivido en media Europa y que hoy colabora con medios nacionales como La Vanguardia, El País y la Cadena SER, pero cuya obra hunde sus raíces en Úbeda, en Jaén, en una geografía andaluza que no aparece en las novelas como escenario pintoresco sino como sustrato moral, como tierra que guarda lo que la historia oficial preferiría olvidar.
Esa tensión entre el autor que mira desde fuera —que ha leído a Grass y a Tokarczuk, que conoce la literatura alemana y centroeuropea con la fluidez de quien la ha estudiado en su idioma original— y el narrador que cuenta desde adentro —que conoce los nombres de los pueblos y los apellidos de las familias y los silencios que se guardan entre generaciones— es quizás el motor más profundo de su literatura.
El Ministerio de Cultura y los proyectos en marcha
En 2024, el Ministerio de Cultura concedió a Uclés una subvención para la creación literaria destinada a una nueva obra titulada Niños jugando en las ruinas. La noticia indica que el autor no tiene intención de instalarse en la fórmula que le ha funcionado. Quien dedica quince años a una sola novela no es alguien que vaya a replicar indefinidamente el mismo modelo.
Los títulos que se van conociendo de sus proyectos en curso —Niños jugando en las ruinas— sugieren que Uclés sigue mirando hacia los mismos grandes temas: la infancia como testigo de la violencia adulta, las ruinas como metáfora de lo que un país no ha sabido reparar, la memoria como territorio literario que nunca se agota.
Una voz que no se parece a ninguna otra
El éxito de David Uclés ha generado, inevitablemente, la tentación de encuadrarlo. Se han buscado precedentes: Almudena Grandes y sus episodios de la guerra civil, Arturo Pérez-Reverte y la novela histórica de gran consumo, Javier Cercas y la mezcla de historia y ficción. Pero ninguno de esos encuadres funciona del todo, porque la propuesta de Uclés es más radical en sus procedimientos y más ambiciosa en sus objetivos que cualquiera de esas comparaciones sugiere.
Lo que hace Uclés con el realismo mágico no tiene que ver con el costumbrismo andaluz ni con el exotismo que a veces se le atribuye al género cuando se aplica fuera de América Latina. Es una herramienta de conocimiento histórico y moral. El absurdo, en sus novelas, no decora la realidad: la interroga. Los soldados que liberan ceniza rasgándose la piel no son imágenes folklóricas sino metáforas de un trauma que no tiene forma de articularse con palabras convencionales. La lluvia que cae hacia arriba no es un truco estilístico sino la expresión de un mundo que ha perdido el sentido de la dirección.
Esa seriedad de fondo, combinada con una voz narrativa que no teme el humor ni la ternura, es lo que distingue su escritura. Y lo que hace que lectores de muy distintos perfiles —jóvenes sin conocimiento previo de la Guerra Civil, mayores que la vivieron a través de sus familias, lectores de literatura internacional que no suelen acercarse a la narrativa española— encuentren algo propio en sus páginas.
El presente y el futuro de un autor en plena carrera
A los 35 años, David Uclés tiene ya cuatro novelas publicadas, una veintena de premios, más de 300.000 lectores de una sola obra, un Premio Nadal y proyectos en marcha financiados por el Ministerio de Cultura. Su salto de Siruela a Destino —integrada en el Grupo Planeta— marca también un cambio en su posición dentro del mercado editorial: de un sello de referencia para lectores exigentes a una plataforma de distribución masiva.
Ese movimiento no está exento de riesgos. Los grandes grupos editoriales tienen lógicas propias que no siempre favorecen el tipo de ambición literaria que Uclés ha demostrado hasta ahora. Pero quien ha tardado quince años en publicar una novela porque no estaba lista, quien rechazó ofertas de publicación porque el manuscrito no era lo que debía ser, no parece alguien fácilmente moldeable por las presiones del mercado.
La adaptación cinematográfica de La península de las casas vacías es otro frente abierto. Llevar al cine una novela de ochocientas páginas construida sobre el realismo mágico y el narrador autoconsciente es un desafío que pocos equipos creativos podrían afrontar con garantías. Pero que el libro vaya a tener esa vida es en sí mismo un indicador de su alcance.
Mientras tanto, Uclés sigue colaborando con la prensa —La Vanguardia, El País, Diario Jaén, la Cadena SER—, ocupando un lugar en el debate cultural que va más allá de la literatura estricta. Su renuncia a las jornadas sobre la Guerra Civil, su posicionamiento público en momentos de controversia, su disposición a hablar de política cultural sin el habitual miedo escénico de los escritores que no quieren perder lectores: todo eso forma parte de una figura pública que está todavía en construcción pero que ya tiene contornos propios.
La literatura como paciencia
La historia de David Uclés es, entre otras cosas, una historia sobre el tiempo que necesita la escritura para madurar. Una historia que contradice la lógica de la inmediatez que domina el mundo editorial contemporáneo, donde el debut fulminante, la carrera ascendente y el segundo libro que confirma al primero en dieciocho meses son el modelo de éxito que se celebra.
Uclés tardó quince años en publicar La península de las casas vacías porque el libro necesitaba quince años. No porque fuera lento o inseguro, sino porque estaba haciendo algo tan difícil que no podía hacerse más deprisa. Eso requiere un tipo de confianza en uno mismo —y en la literatura— que no es frecuente, y menos en un escritor que durante todo ese tiempo trabajó como profesor de idiomas en países que no eran el suyo.
Lo que hay al otro lado de esa espera es una novela que vende 300.000 ejemplares no porque sea fácil de leer sino porque es difícil de olvidar. Una novela que ha generado debate, que ha dividido a la crítica, que ha emocionado a lectores que no esperaban que un libro de ochocientas páginas sobre la Guerra Civil pudiera hacerles reír y llorar en la misma página. Una novela que tiene la ambición de las grandes obras y la imperfección de lo que se hace en serio.
David Uclés acaba de ganar el Premio Nadal. Acaba de publicar su cuarta novela. Tiene proyectos financiados. Tiene lectores en quince países. Y tiene, según todos los indicios, muchos más libros por escribir. La literatura española del siglo XXI tiene en él a uno de sus nombres más necesarios y más difíciles de clasificar. Lo cual, en estos tiempos de etiquetas rápidas y tendencias efímeras, es exactamente la mejor noticia posible.