El cine de terror español tiene una historia más larga y más extraña de cuanto se recuerda. Nació como una industria de género barata y pensada para la exportación, creció a la sombra de la censura franquista y acabó llegando a las plataformas de streaming con premios en los festivales más exigentes del fantástico.
A finales de los años sesenta, con el régimen todavía vigilando cada fotograma, un puñado de directores, guionistas y productores empezó a fabricar películas de licántropos, vampiros, templarios resucitados y casas encantadas. Se rodaban deprisa, se vendían fuera con títulos alternativos y, a menudo, se montaban en versiones distintas para el público español y para el extranjero. Aquel ciclo, que la crítica terminó llamando fantaterror, se prolongó hasta mediados de los setenta.
Dos fechas lo explican casi todo. En 1966, Narciso Ibáñez Serrador estrenó en televisión Historias para no dormir, una serie que enseñó a media España a tener miedo en el salón de casa. Y en 1969 dirigió La residencia, una película que demostró que el género podía tener ambición, presupuesto y oficio.
Tras la muerte de Franco y el agotamiento de aquella fórmula, el terror tardó en recuperar el pulso. Lo encontró en los años noventa, con una hornada de directores jóvenes: Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró y Paco Plaza. A ellos se sumó el mexicano Guillermo del Toro, que rodó en España varias de sus películas más personales y produjo a otros cineastas con un entusiasmo contagioso.
Esta lista es nuestra. No sale de una encuesta ni de la media de ninguna base de datos. Hemos valorado la calidad de cada película, su influencia en el género, su capacidad para seguir asustando y el lugar que ocupa en la historia del cine español.
Hemos admitido las coproducciones, siempre que el peso creativo fuera español. Por eso entran La residencia y Los otros, rodadas en inglés, y las películas de Guillermo del Toro hechas en nuestro país. Hemos dejado fuera la fantasía pura y el thriller sin elementos de terror, que merecen otra lista.
Empezamos la cuenta atrás.
20. El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia (2019)
Una cárcel vertical con centenares de niveles, una plataforma cargada de comida que desciende desde el piso más alto y una regla simple: cada planta se alimenta de las sobras de la anterior. Con ese punto de partida, Galder Gaztelu-Urrutia levantó en su primer largometraje una alegoría social brutal.
Goreng, interpretado por Iván Massagué, ingresa de forma voluntaria en el Hoyo para dejar de fumar y obtener un diploma. Allí comparte celda con Trimagasi, un veterano al que da vida Zorion Eguileor. Cada mes, los reclusos despiertan en un nivel distinto, elegido al azar. Quien hoy come de sobra, mañana puede pasar hambre.
El guion lo firmaron David Desola y Pedro Rivero. La película no esconde su intención política, pero tampoco se queda en el panfleto. Funciona porque su violencia es física, porque el espacio es claustrofóbico y porque cada piso añade una vuelta de tuerca a la anterior.
El 6 de septiembre de 2019 ganó el premio del público de la sección Midnight Madness del Festival de Toronto. Poco después se llevó el premio a la mejor película en Sitges, convirtiéndose en la primera producción española que lo ganaba en solitario en las 52 ediciones del certamen. En 2020 sumó el Goya a los mejores efectos especiales.
Se estrenó en los cines españoles el 8 de noviembre de 2019. En marzo de 2020, ya con el mundo confinado, llegó a Netflix y encontró una audiencia internacional que ninguna distribución tradicional le habría dado.
Galder Gaztelu-Urrutia nació en Bilbao en 1974. Estudió dirección de empresas y trabajó en publicidad antes de dar el salto al cine. Dirigió los cortometrajes 913 (2004) y La casa del lago (2011), y produjo El ataúd de cristal (2016). Después de El hoyo volvió a la producción con La fiebre de los ricos (2024) y dirigió la secuela, El hoyo 2, estrenada el 4 de octubre de 2024.
19. Los ojos de Julia, de Guillem Morales (2010)
Julia pierde a su hermana gemela Sara, que se estaba quedando ciega, en circunstancias que la policía da por un suicidio. Julia no lo cree. Y tiene un problema añadido: sufre la misma enfermedad degenerativa y su vista se apaga a medida que investiga.
Belén Rueda, que ya había sido la protagonista de El orfanato, carga con la película desde la primera escena. Su Julia no es una heroína de acción, sino una mujer que se tropieza, que duda y que debe fiarse de personas a las que no puede ver. La clave del miedo está ahí: el espectador sabe lo mismo que ella, es decir, casi nada.
Morales y Oriol Paulo escribieron un guion que juega con la presencia de alguien al que nadie recuerda haber visto. La fotografía de Óscar Faura convierte la luz en un elemento dramático, y la música de Fernando Velázquez subraya cada paso sin recargarlo.
La producción corrió a cargo de Rodar y Rodar, con Guillermo del Toro como productor. Se estrenó el 20 de octubre de 2010, recaudó 1,6 millones de euros en su primer fin de semana y rozó los siete millones tras siete semanas en cartel.
Oriol Paulo, coguionista de la película, acabaría dirigiendo años después títulos como El cuerpo (2012) y Contratiempo (2016).
Guillem Morales nació en Barcelona. Estudió Historia del Arte y después pasó por la ESCAC. Firmó el cortometraje Back Room (1999) y su primer largo, El habitante incierto (2004), que le valió una nominación al Goya como director novel.
Tras Los ojos de Julia se instaló en Londres, donde ha dirigido episodios de series como Inside No. 9, galardonada con un BAFTA, Decline and Fall y The Miniaturist. También ha publicado la novela El accidente de Lauren Marsh y ha dirigido la película The Wasp.
18. Los sin nombre, de Jaume Balagueró (1999)
Dos años antes de que Amenábar conquistara Hollywood, un periodista de Lleida debutaba en el largometraje con una película oscura, lenta y de una crueldad poco habitual en el cine español de entonces. Era Los sin nombre.
Está basada en la novela de Ramsey Campbell The Nameless, publicada en 1981. Emma Vilarasau interpreta a una madre cuya hija desapareció años atrás. Un día recibe una llamada: una voz infantil le dice que es su hija. A partir de ahí, su búsqueda la lleva hasta una secta.
Balagueró rueda con paciencia y con un cuidado enorme por los espacios. Sótanos, pasillos y habitaciones vacías se llenan de una amenaza que casi nunca se muestra. La película no busca el sobresalto fácil. Prefiere el desasosiego sostenido.
Se presentó en el Festival de Sitges el 8 de octubre de 1999 y llegó a las salas españolas el 12 de noviembre. Obtuvo el Méliès d’Or, el premio que otorga la federación europea de festivales de cine fantástico.
Jaume Balagueró nació en Lleida el 3 de noviembre de 1968. Estudió periodismo, trabajó en radio y dirigió el fanzine Zineshock. Rodó los cortometrajes Alicia y Días sin luz (1995) antes de dar el salto al largo.
Después de Los sin nombre firmó Darkness (2002), rodada en España en inglés, y Frágiles (2005). Con el tiempo se convirtió en una de las firmas más reconocibles del miedo europeo, un puesto que su siguiente gran éxito confirmaría.
17. Verónica, de Paco Plaza (2017)
Madrid, 1991. Verónica, una adolescente que cuida de sus tres hermanos pequeños mientras su madre trabaja en un bar, aprovecha un eclipse solar para hacer una sesión de ouija en el sótano del colegio. Quiere hablar con su padre muerto. Obtiene algo muy distinto.
La película se inspira en el llamado expediente Vallecas, el caso de Estefanía Gutiérrez Lázaro, ocurrido en 1991 y uno de los episodios de lo paranormal más célebres de la crónica española. Plaza toma esa base y la reconstruye con un cuidado casi documental en el ambiente: las cintas de casete, el piso familiar, el calor del verano madrileño.
Sandra Escacena sostiene la película con una naturalidad poco frecuente en una actriz tan joven. A su lado aparecen Ana Torrent, rostro inolvidable del cine español desde los años setenta, y Consuelo Trujillo, que da cuerpo a la hermana Muerte, una religiosa ciega del colegio.
El rodaje tuvo lugar en Guadalajara. La película se presentó en el Festival de Toronto y se estrenó en España el 25 de agosto de 2017. Superó los tres millones de euros de recaudación en nuestro país. El 26 de febrero de 2018 llegó a Netflix, donde amplió su audiencia mucho más allá de nuestras fronteras.
Paco Plaza nació en Valencia el 26 de septiembre de 1973. Estudió en la Universidad CEU San Pablo y en la ECAM, la Escuela de Cinematografía de Madrid. Su cortometraje Tropismos (1995) fue el primer aviso de un talento con gusto por la atmósfera. Debutó en el largo con El segundo nombre (2002).
Más tarde dirigió Romasanta: la caza de la bestia (2004), codirigió con Balagueró [•REC] y [•REC]², firmó en solitario [•REC]³ Génesis y estrenó La abuela (2021). En esta lista tendrá un papel decisivo un poco más adelante.
16. Mientras duermes, de Jaume Balagueró (2011)
César es el conserje de un edificio de Barcelona. Es amable, puntual y servicial. También es un hombre incapaz de sentir felicidad, y su único consuelo consiste en arruinar la de los demás. Su víctima favorita es Clara, una vecina siempre sonriente.
Luis Tosar compone un villano que nunca alza la voz. Su maldad es doméstica, cotidiana y, por eso, mucho más perturbadora que cualquier monstruo. Marta Etura da la réplica como Clara. El guion es de Alberto Marini, y el director convierte el edificio en una trampa donde cada puerta, cada escalera y cada llave pueden ser un arma.
La película invierte el esquema clásico del suspense: el espectador acompaña al asesino, comprende sus métodos y, a ratos, desea contra su voluntad que no lo descubran. Esa incomodidad es su mejor truco.
Se presentó en Sitges el 8 de octubre de 2011 y se estrenó en salas seis días después, el 14. En su primer fin de semana recaudó 827.332 euros. Cerró su paso por cines con 3.584.505 euros y 559.409 espectadores, una cifra casi idéntica a su presupuesto, estimado en 3,6 millones.
Balagueró no se detuvo ahí. Dirigió [•REC] 4: Apocalipsis (2014), Musa (2017) y Venus (2022), y en 2025 estrenó la serie Los sin número. Entre sus reconocimientos figuran el premio a la mejor dirección en Sitges en 2007, el premio Máquina del Tiempo del festival en 2011 y el premio Gaudí en 2012.
15. La marca del hombre lobo, de Enrique López Eguiluz (1968)
Hay películas que valen por sí mismas y otras que abren una puerta. La marca del hombre lobo es de las segundas. Con ella apareció Waldemar Daninsky, el aristócrata centroeuropeo condenado a transformarse en licántropo, y con él echó a andar una de las sagas más persistentes del fantaterror.
El guion lo escribió en una semana Jacinto Molina, un joven actor ocasional que era también campeón de halterofilia. En un principio se pensó en Lon Chaney para el papel protagonista. Al final lo interpretó el propio Molina, que en la cinta firmó con un nombre nuevo: Paul Naschy. Su coproductor alemán había pedido un seudónimo con sonoridad internacional y nació así uno de los apodos más célebres del cine de género.
El director fue Enrique López Eguiluz. La película se rodó en 3-D, con sonido estéreo, algo poco común en el cine español de aquellos años, y alcanzó casi 900.000 entradas. Era una cifra enorme para una producción pequeña y confirmó que existía un público fiel para el terror de bajo presupuesto.
No hace falta exagerar su calidad. Tiene torpezas, diálogos de época y un ritmo desigual. Pero tiene también una convicción rara, un respeto sincero por los monstruos clásicos de la Universal y una atmósfera gótica que pocas producciones españolas habían intentado hasta entonces.
Paul Naschy nació en Madrid el 6 de septiembre de 1934 y murió el 30 de noviembre de 2009. Fue campeón de España de halterofilia en ocho ocasiones, la primera en 1958. Hizo de extra en Rey de reyes (1960) antes de abrirse paso como guionista y actor. Su nombre artístico combina el del papa Pablo VI con el del levantador de pesas Imre Nagy.
Encarnó al hombre lobo en catorce ocasiones. También dirigió dieciséis películas, entre ellas Inquisición (1976), El huerto del francés (1977) y El retorno del hombre lobo (1981). En 1975 obtuvo el premio al mejor actor en Sitges por La maldición de la bestia. Recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 2001 y, poco antes de morir, publicó la novela Alaric de Marnac (2009).
14. Los ojos azules de la muñeca rota, de Carlos Aured (1973)
Un vagabundo con antecedentes penales llega a una finca aislada para trabajar como vigilante. La casa pertenece a tres hermanas. Mientras él se instala, alguien asesina a mujeres rubias de ojos azules, una a una, en las inmediaciones.
La premisa es la de un giallo, el thriller sangriento italiano que triunfaba en esos años, trasladado a un escenario de sombra y secretos de familia. Carlos Aured escribió el guion junto a Jacinto Molina, y Molina se reservó el papel protagonista bajo el nombre de Gilles, un personaje ambiguo al que el espectador sospecha de todo desde el primer minuto.
Junto a él, Diana Lorys, María Perschy y Eva León dan vida a las hermanas. Eduardo Calvo completa el reparto principal. La música es de Juan Carlos Calderón, compositor que después se haría célebre en la canción ligera española, y la producción la firmó José Antonio Pérez Giner, de Profilmes.
Se estrenó en España en agosto de 1974. En el mercado estadounidense circuló con el título House of Psychotic Women, un reclamo que dice mucho sobre cómo se vendía entonces este cine fuera de nuestras fronteras.
Lo mejor de la película es su juego de apariencias. Aured encadena sospechas, pistas falsas y giros con una economía de medios admirable, y sabe esperar para soltar la violencia. El resultado es un thriller de terror con personalidad propia, más serio de cuanto sugiere su fama de serie B.
En 1973 Aured dirigió además El espanto surge de la tumba, La venganza de la momia y El retorno de Walpurgis. Cuatro películas en un solo año dan idea de la velocidad a la que trabajaba esta industria, y de la facilidad con la que algunas se convertían, con los años, en objeto de culto.
13. La campana del infierno, de Claudio Guerín Hill (1973)
Juan sale de un manicomio y vuelve al pueblo donde vive su familia. Quiere vengarse de su tía y de sus primas, que años atrás lo hicieron encerrar. Con esa premisa, que podría ser la de cualquier melodrama gótico, Claudio Guerín construyó una película hipnótica y turbadora.
Renaud Verley interpreta a Juan con una mezcla de ingenuidad y amenaza. A su alrededor se mueven Viveca Lindfors, Alfredo Mayo y Maribel Martín. El guion es de Santiago Moncada y la fotografía de Manuel Rojas, que sabe convertir las casas de campo y los pasillos en espacios sofocantes. La música la compuso Adolfo Waitzman.
Fue una coproducción entre España y Francia, a cargo de Hesperia Films y Les Films de la Boétie. Se estrenó en España el 28 de septiembre de 1973.
La historia de su rodaje es terrible. Claudio Guerín murió con 34 años el último día de filmación. Cayó desde una pasarela, a unos veinte metros de altura, que unía el campanario real de la iglesia de San Martiño de Noia con un decorado construido para la película. Juan Antonio Bardem se encargó de terminarla.
Nació en Sevilla en 1939. Antes de La campana del infierno había dirigido La casa de las palomas (1972) y había participado en Los desafíos, el filme de episodios producido por Elías Querejeta. Su carrera, por tanto, apenas había empezado.
Con ese final, la película tiene a veces el halo de una obra abandonada a medias, y quizá por eso resulta tan difícil de olvidar. Hay planos de una fuerza visual poco común en el cine de la época, una atmósfera de pesadilla y una crueldad psicológica que la separan del grueso del fantaterror. Es una de las películas más inquietantes de aquel periodo.
12. El bosque del lobo, de Pedro Olea (1970)
El terror español tiene su propia mitología, y en ella hay un lugar para el hombre lobo gallego. El bosque del lobo parte de un caso real, el de Manuel Blanco Romasanta, y lo traslada a la pantalla con una seriedad que sorprende entre tanta producción de feria.
Pedro Olea escribió el guion junto a Juan Antonio Porto, a partir de la novela El bosque de Ancines, de Carlos Martínez-Barbeito. Benito Freire, el protagonista, es un buhonero que recorre los caminos de la Galicia rural y padece epilepsia. Cuando empiezan a aparecer cadáveres por la zona, la sospecha del pueblo y la leyenda del lobo se juntan.
José Luis López Vázquez, un actor más habitual en la comedia, se encarga de este papel y lo convierte en uno de los más memorables de su carrera. Obtuvo por él un premio de interpretación en el Festival de Chicago, y la película recibió un galardón en Valladolid. Amparo Soler Leal figura también en el reparto.
Su fuerza está en la renuncia al espectáculo. No hay monstruos ni efectos. Hay una tragedia rural, con un protagonista al que la superstición y la miseria empujan hacia el abismo. El miedo nace de la mirada de la comunidad antes que de la bestia.
Años después, Paco Plaza volvió a ese mismo caso con Romasanta: la caza de la bestia (2004), una muestra de que la leyenda sigue viva.
Pedro Olea nació en Bilbao el 30 de junio de 1938. Abandonó los estudios de Economía y pasó por la Escuela Oficial de Cine, donde tuvo como profesores a Luis García Berlanga y Carlos Saura. Rodó cortometrajes como Anabel (1964) y debutó con Días de viejo color (1967).
Después llegaron Tormento (1974), Un hombre llamado Flor de Otoño (1978) y El maestro de esgrima (1992), por la que ganó el Goya al mejor guion adaptado en 1993. También dirigió Akelarre, Morirás en Chafarinas, Más allá del jardín y Tiempo de tormenta (2003). Su familia regentaba el restaurante Retolaza.
11. Arrebato, de Iván Zulueta (1979)
Hay películas que se ven una vez y se olvidan. Arrebato se mira muchas veces y siempre parece distinta. Es una película sobre el cine, sobre la droga y sobre la fascinación por las imágenes, y puede verse como una historia de vampiros en la que la presa no es la sangre, sino la vida entera.
José Sirgado, un director de cine de terror en plena crisis, recibe un paquete con una película en Super 8 y una cinta de casete. Se las envía Pedro, un hombre obsesionado con el cine, que ha encontrado en la cámara una forma de existencia y de condena. Eusebio Poncela interpreta a José, Will More a Pedro y Cecilia Roth a Ana, la expareja de José.
El presupuesto inicial era mínimo. Un inversor, Nicolás Astiárraga, aportó tres millones de pesetas con la idea de un rodaje de quince días, pero el coste final subió a catorce millones. Se filmó en la finca La Mata, propiedad de Jaime Chávarri, en la plaza de Cubos y en Segovia.
Zulueta incorporó a la película material en Super 8 de sus propios cortos y lo pasó a 35 milímetros. La mayor parte del reparto fue doblada, y entre las voces estuvo la de Pedro Almodóvar, que dobló en falsete el papel de Helena Fernán Gómez.
Se estrenó el 9 de junio de 1980 en el Cine Azul de Madrid. No fue un éxito. Con el tiempo, sin embargo, se volvió una película de culto, se reestrenó en 2002 y llegó al DVD. Hoy se la considera una de las películas más singulares de todo el cine español, no solo del de terror.
Iván Zulueta nació en San Sebastián el 29 de septiembre de 1943. En 1960 se instaló en Madrid y, entre 1963 y 1964, estudió en la Art Students League de Nueva York. Ingresó en la Escuela Oficial de Cine en octubre de 1964, donde tuvo como mentor a José Luis Borau, y realizó para televisión Último grito (1968).
Dirigió Un, dos, tres, al escondite inglés (1969), cuya firma oficial fue la de Borau por razones sindicales. Fue también un cartelista excepcional, autor de carteles para películas de Almodóvar y otros directores. Rodó Leo es pardo (1976), padeció una adicción a la heroína, y firmó Párpados (1989) y Ritesti (1992). Murió en San Sebastián el 30 de diciembre de 2009, exactamente un mes después que Naschy.
10. El día de la bestia, de Álex de la Iglesia (1995)
El Anticristo va a nacer en Madrid la noche del 25 de diciembre de 1995. Lo ha deducido un sacerdote vasco, el padre Ángel Berriatúa, a base de leer el Apocalipsis con paciencia de matemático. Para encontrar a la criatura, no se le ocurre otra solución que cometer todos los pecados posibles y convencer al diablo de que es uno de los suyos.
Con esta idea disparatada, Álex de la Iglesia consiguió una de las comedias de terror más originales del cine europeo. Álex Angulo interpreta al cura. Santiago Segura es José Mari, un dependiente de tienda de discos aficionado al heavy metal, y Armando De Razza es el profesor Cavan, presentador de un programa televisivo de ocultismo. Completan el reparto Terele Pávez y Maria Grazia Cucinotta.
El guion lo firmó el director con Jorge Guerricaechevarría, su colaborador habitual. La acción culmina en la Puerta de Europa, las torres inclinadas de Madrid, convertidas en escenario de un enfrentamiento entre el bien, el mal y la Nochebuena. El humor es negro, la violencia es real y la mirada sobre la sociedad española de la época es tan cruel como divertida.
Financiar la película fue una odisea. De la Iglesia solo había reunido 60 de los 250 millones de pesetas necesarios, y fue el productor Andrés Vicente Gómez quien se hizo cargo del proyecto. La banda sonora incluye la participación del grupo Def Con Dos.
Obtuvo seis Goya de las catorce nominaciones que recibió, entre ellos el de mejor dirección. Ganó el gran premio del jurado en Fantastic’Arts 1996 y el Méliès d’Or. En diciembre de 1995 se presentó contra ella una demanda por plagio, interpuesta por Tomás Cuevas Arroyo.
Álex de la Iglesia nació en Bilbao el 4 de diciembre de 1965. Estudió Filosofía en la Universidad de Deusto, dibujó cómics, colaboró en fanzines y animó el club de rol Los Pelotas entre 1986 y 1989. Rodó el cortometraje Mirindas asesinas (1991) y su primer largo, Acción mutante (1993), con El Deseo como productora.
Después de El día de la bestia firmó Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999), La comunidad (2000), 800 balas (2002), Crimen ferpecto (2004) y Los crímenes de Oxford (2007). Con Balada triste de trompeta (2010) obtuvo en Venecia el León de Plata y el premio al mejor guion. Las brujas de Zugarramurdi (2013) logró ocho Goya, y Perfectos desconocidos (2017) se sumó a su filmografía más reciente.
Presidió la Academia de Cine entre el 21 de junio de 2009 y 2011, y dimitió por su desacuerdo con la Ley Sinde. En 2010 recibió el Premio Nacional de Cinematografía. En 2020 estrenó la serie 30 monedas, de HBO, y The Fear Collection.
9. No profanar el sueño de los muertos, de Jorge Grau (1974)
Los muertos se levantan de sus tumbas en la campiña inglesa, y detrás de ese fenómeno hay una máquina agrícola que emite ultrasonidos para acabar con las plagas. La advertencia ecológica es explícita. La policía, sin embargo, prefiere sospechar de los jóvenes melenudos que han pasado por allí.
Fue una coproducción italoespañola, encargada por el productor Edmondo Amati con una idea clara: hacer una versión en color de La noche de los muertos vivientes. Jorge Grau, que escribió también el guion, aceptó el encargo y lo trasladó a los alrededores de Mánchester. La película se rodó en inglés.
Ray Lovelock y Cristina Galbó protagonizan la historia, y el veterano Arthur Kennedy encarna al inspector que no cree una palabra. Grau demuestra una elegancia poco habitual, con una atmósfera otoñal y brumosa que da a la película un aire de pesadilla serena.
El título cambió casi tantas veces como países la compraron. Circuló como Let Sleeping Corpses Lie, The Living Dead at Manchester Morgue y con muchos otros nombres, algo que ha complicado durante años su catalogación.
En el Festival de Sitges de 1974 obtuvo los premios a la mejor actriz para Cristina Galbó y a los mejores efectos especiales, además de la medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos para Grau.
Jorge Grau nació en Barcelona el 27 de octubre de 1930 y murió en Madrid el 26 de diciembre de 2018. Fue ayudante de dirección de Riccardo Freda y de otros cineastas antes de debutar con Noche de verano (1962 o 1963, según las fuentes).
Dirigió Ceremonia sangrienta (1972 o 1973), una versión libre de la leyenda de la condesa Báthory, y también La trastienda (1975) y La leyenda del tambor (1981). No profanar el sueño de los muertos es su obra más conocida y, para muchos aficionados, una de las mejores películas de zombis jamás rodadas.
8. La noche del terror ciego, de Amando de Ossorio (1972)
Los templarios de Berzano fueron ejecutados siglos atrás, y la leyenda dice que los cuervos les arrancaron los ojos. Ahora se levantan de sus tumbas, montan caballos fantasmales y cazan por el sonido a quienes se atreven a pasar la noche cerca de las ruinas. La imagen de aquellos caballeros esqueléticos con capucha es una de las más reconocibles del terror español.
Ossorio se inspiró en El monte de las ánimas, la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer, y en La noche de los muertos vivientes. Fusionó dos mundos distantes, la tradición romántica española y el zombi moderno, y consiguió una criatura nueva. Los templarios no hablan, no corren y no necesitan hacerlo: su lentitud es parte del pánico.
Fue una coproducción hispano-portuguesa a cargo de Plata Films. Se rodó en Lisboa, Estoril, Setúbal, Sesimbra y Palmela, y también en el monasterio de El Cercón y en Santa María la Real de Valdeiglesias. La música es de Antón García Abril, y Lone Fleming figura en el reparto.
Se estrenó en España el 10 de abril de 1972 y reunió 784.579 espectadores. Su éxito dio lugar a una tetralogía: El ataque de los muertos sin ojos (1973), El buque maldito (1974) y La noche de las gaviotas (1975).
Amando de Ossorio nació en A Coruña el 6 de abril de 1918 y murió en Madrid el 13 de enero de 2001. Su padre era delegado de Hacienda. De joven adaptó clásicos para Radio Nacional, rodó cortometrajes en 1942 y trabajó en un banco de su ciudad, donde también tuvo un estudio de fotografía y animó tertulias. En 1949 se trasladó a Madrid y el 1 de enero de 1951 entró en Radio Nacional. Trabajó como guionista.
Su primer largo, Bandera negra (1956), chocó con la censura por denunciar la pena de muerte. Después dirigió Malenka, la sobrina del vampiro (1968), con Anita Ekberg, que superó las 500.000 entradas. En julio de 1971 pasó al NO-DO. Rodó La endemoniada (1975) en una semana, para aprovechar el tirón de El exorcista, y firmó Las alimañas (1977). Su última película fue Serpiente de mar (1984). Estaba casado desde 1962 con María Luisa Pelegrín.
7. Tesis, de Alejandro Amenábar (1996)
Ángela, una estudiante de Ciencias de la Información, prepara su tesis sobre la violencia audiovisual. El profesor que dirige su trabajo muere en la videoteca de la facultad mientras visiona una cinta. Ángela se la queda. Es la grabación real de la tortura y el asesinato de una joven.
Ana Torrent encarna a Ángela con una mezcla de curiosidad y miedo que remite a sus papeles infantiles. Fele Martínez interpreta a Chema, un joven obsesionado con el cine gore y el material prohibido, y Eduardo Noriega a Bosco, un compañero de clase tan atractivo como inquietante. Amenábar escribió el guion con Mateo Gil, y Hans Burmann firma la fotografía.
La película se rodó en agosto de 1995 en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. El director tenía 23 años. El resultado es un thriller de suspense con un tema vigente: la fascinación del espectador por la violencia que dice condenar.
Se presentó en la sección Panorama del Festival de Berlín de 1996, en su 46.ª edición, que se celebró del 15 al 26 de febrero, y se estrenó en España el 12 de abril. Ganó el premio del público en Annecy. En los Goya de 1997 consiguió siete premios de ocho nominaciones, entre ellos mejor película, mejor guion original y mejor director novel. En salas españolas recaudó 2.647.325 euros. En algunos países se estrenó recortada.
Alejandro Amenábar nació en Santiago de Chile el 31 de marzo de 1972. Su familia se instaló en Madrid en agosto de 1973. Estudió en la Complutense, aunque no terminó la carrera, y rodó los cortometrajes La cabeza (1991), Himenóptero (1992) y Luna (1994). José Luis Cuerda produjo sus dos primeros largos.
Tras Tesis llegó Abre los ojos (1997), y después Los otros (2001), de la que hablaremos en esta lista. Más adelante dirigió Mar adentro (2004), que consiguió catorce Goya y el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, Ágora (2009), con 50 millones de euros de presupuesto la más cara del cine español, Regresión (2015), Mientras dure la guerra (2019) y la serie La Fortuna (2021). En total ha ganado once Goya y un Óscar.
6. El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro (2001)
España, 1939. La Guerra Civil está a punto de terminar. Carlos, un niño huérfano, llega al orfanato de Santa Lucía, aislado en mitad del campo, y descubre pronto que en el patio hay una bomba sin explotar y que por los pasillos vaga un fantasma que susurra.
Del Toro mezcla el terror, el cine histórico y el melodrama con una naturalidad envidiable. El fantasma es un niño, Santi, interpretado por Junio Valverde. Las amenazas reales son los adultos: Jacinto, el antiguo alumno que ahora trabaja en el centro, al que da vida Eduardo Noriega con una violencia contenida, y la guerra que se cuela por las paredes. Marisa Paredes y Federico Luppi encarnan a los dos responsables del orfanato, Fernando Tielve al protagonista e Íñigo Garcés a Jaime.
El guion lo escribieron Del Toro, David Muñoz y Antonio Trashorras. La película la produjo El Deseo, la compañía de los hermanos Almodóvar. Los storyboards los dibujó el historietista Carlos Giménez, autor de Paracuellos, y los interiores se rodaron en Talamanca de Jarama. Se estrenó en España el 20 de abril de 2001.
El propio cineasta la ha definido como la más personal de sus películas y como el precedente de El laberinto del fauno. Es fácil entender por qué: el peso de la guerra y los niños como testigos de la barbarie adulta reaparecen en su cine posterior.
Guillermo del Toro nació en Guadalajara, Jalisco, el 9 de octubre de 1964. Trabajó durante diez años como diseñador de maquillaje, fundó la compañía Necropia y cofundó el Festival de Cine de Guadalajara. Debutó con Cronos (1993), y después viajó a Estados Unidos y a España para rodar algunas de sus obras más personales.
El 31 de mayo de 2010 abandonó el proyecto de El Hobbit. Con La forma del agua ganó el León de Oro en Venecia (2017) y dos Óscar, a la mejor película y a la mejor dirección. Pinocho le dio después el Óscar a la mejor película de animación. Su carrera es una larga defensa del monstruo como figura más humana que el humano.
5. La residencia, de Narciso Ibáñez Serrador (1969)
Francia, finales del siglo XIX. Teresa llega a un internado para chicas descarriadas dirigido con mano de hierro por madame Fourneau. Las alumnas desaparecen sin explicación, la disciplina es asfixiante y en la casa vive también el hijo de la directora, el único chico entre tantas internas.
Lilli Palmer da vida a la directora con una elegancia gélida que se queda en la memoria. Cristina Galbó interpreta a Teresa, y el reparto lo completan John Moulder-Brown, Mary Maude y Cándida Losada. Todo funciona porque Serrador no se limita a asustar: crea un espacio opresivo y lo llena de miradas, silencios y pequeñas crueldades.
La película la produjo Anabel Films, de Javier Armet, con un presupuesto elevado para los estándares de entonces. El guion figura a nombre de Luis Peñafiel, el seudónimo con el que Serrador firmaba sus textos, a partir de una historia de Juan Tebar. Los exteriores se rodaron en el Palacio de Sobrellano, en Comillas, y los interiores en estudio. El director de fotografía fue Manuel Berenguer, que sustituyó a Godofredo Pacheco, y la música la compuso Waldo de los Ríos.
Fue un éxito descomunal. Se acercó a los tres millones de espectadores y se situó como la película más taquillera de su año en España. Fuera de nuestras fronteras se distribuyó como The House That Screamed. La censura dejó huellas visibles en el montaje, y la película circuló en versiones de 94, 99 y 105 minutos.
Narciso Ibáñez Serrador nació en Montevideo el 4 de julio de 1935. Fue hijo único de los actores Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador, y creció entre las giras teatrales de sus padres. Se formó como profesional de la televisión en Argentina, donde firmaba como Luis Peñafiel, y llegó a España en 1963 con unas cintas bajo el brazo.
Aquí creó series como Mañana puede ser verdad y La historia de Saint Michel, y en 1966 estrenó Historias para no dormir, que se emitió con diversas etapas hasta 1982. Dirigió también Historias de la frivolidad (1967), El último reloj y El asfalto, que ganó la Ninfa de Oro en Monte-Carlo en 1967. Es el autor de El televisor (1974).
En 1972 puso en marcha la primera etapa de Un, dos, tres… responda otra vez, el concurso que marcó la televisión española durante décadas, y más tarde dirigió Mis terrores favoritos.
4. El orfanato, de Juan Antonio Bayona (2007)
Laura vuelve de adulta al orfanato en el que se crió. Quiere reabrirlo como residencia para niños con discapacidad. Viaja con su marido, Carlos, y con su hijo Simón, que tiene amigos imaginarios. Poco después, Simón desaparece.
La historia es un cuento de fantasmas clásico, pero Bayona lo cuenta con una emoción poco frecuente. Belén Rueda sostiene una interpretación de gran dureza, Fernando Cayo hace de marido, y Geraldine Chaplin y Mabel Rivera completan un reparto de lujo. La música de Fernando Velázquez, grabada en Sofía, es una de las mejores bandas sonoras del cine español reciente.
El guion lo escribió Sergio G. Sánchez a partir de su cortometraje Sé que estás ahí. La producción fue de Rodar y Rodar y Telecinco, con Guillermo del Toro como presentador y productor. Del Toro y Bayona se conocieron en el Festival de Sitges, en un encuentro ligado a Cronos, y el mexicano se ofreció a coproducir el proyecto. El presupuesto se duplicó, igual que el tiempo de rodaje.
El rodaje comenzó el 15 de mayo de 2006 en Llanes, en Villa Parres o palacio de Partarríu, una casa construida en 1898. Más del 80 % de la película se filmó en decorados construidos en Barcelona.
Se presentó en Cannes fuera de competición y se estrenó el 11 de octubre de 2007. Ganó siete Goya de catorce nominaciones. Recaudó en todo el mundo unos 80 millones de dólares y fue la candidata de España al Óscar, aunque no logró la nominación.
Juan Antonio Bayona nació en Barcelona el 9 de mayo de 1975. Tiene un hermano gemelo, Carlos. Creció en una familia humilde del barrio de La Trinitat Vella, con una madre costurera y un padre pintor que también dibujaba los carteles de las marquesinas de cine. Estudió en la ESCAC y empezó dirigiendo videoclips para OBK y cortos como Mis vacaciones (1999) y El hombre esponja (2002).
Tras El orfanato dirigió Lo imposible (2012), Un monstruo viene a verme (2016), que logró nueve Goya, Jurassic World: El reino caído (2018) y La sociedad de la nieve (2023), con doce Goya y dos nominaciones al Óscar. También rodó los dos primeros episodios de The Rings of Power. Ganó el Premio Nacional de Cinematografía en 2013 y el Goya a la mejor dirección en 2013, 2017 y 2024.
3. [•REC], de Jaume Balagueró y Paco Plaza (2007)
Ángela Vidal es reportera de un programa nocturno de televisión que se titula Mientras usted duerme. Esa noche acompaña a un equipo de bomberos en un servicio rutinario. Una vecina de un edificio de Barcelona grita en su piso. Cuando llegan, nadie puede salir: las autoridades han sellado la finca.
La idea de rodarlo todo con la cámara del operador de televisión que acompaña a la reportera, sin banda sonora y con aspecto de plano continuo, convirtió una premisa conocida en una experiencia asfixiante. Manuela Velasco compone una Ángela creíble, valiente y cada vez más desbordada. Los vecinos, los bomberos y los policías forman un mosaico humano que crece en tensión a medida que la infección se extiende.
Los directores dosificaron la información de un modo poco habitual. A los actores no se les contaba qué iba a pasar a continuación, y esa sorpresa real llegó a la pantalla. El paciente cero, una niña llamada Tristana Medeiros, ocupa el ático del inmueble. La última escena, rodada en visión nocturna, es de lo más inquietante que ha dado el cine español.
Se rodó en el número 34 de la Rambla de Catalunya, en Barcelona. Costó 1,5 millones de euros y recaudó más de 33 millones de dólares en todo el mundo. Se estrenó el 23 de noviembre de 2007.
Obtuvo el premio a la mejor dirección en Sitges 2007, compartido por sus dos directores, y el de mejor película en Fantasporto 2008. En Gérardmer ganó el premio especial del jurado y el del público.
La película generó un pequeño universo. En octubre de 2008 llegó a los cines la versión estadounidense, Quarantine, y la saga original tuvo tres continuaciones: [•REC]², [•REC]³ Génesis y [•REC] 4: Apocalipsis. Pocas obras del cine español han tenido una huella tan grande en el terror internacional.
Plaza y Balagueró habían trabajado por separado antes de unir fuerzas. Aquella colaboración les dio a ambos su mayor éxito y tuvo, además, un valor simbólico: mostró que el terror español de los años dos mil no era un fenómeno aislado sino una generación entera.
2. Los otros, de Alejandro Amenábar (2001)
Isla de Jersey, 1945. Grace vive con sus dos hijos pequeños en una casa enorme, oscura y siempre cerrada. Los niños sufren una alergia extrema a la luz. Grace espera el regreso de su marido de la guerra. Llegan tres nuevos sirvientes y empiezan a oírse pasos y voces que nadie explica.
Nicole Kidman da vida a Grace con una tensión permanente. A su lado, Fionnula Flanagan, Christopher Eccleston y Alakina Mann sostienen un reparto en el que nadie sobra. La película se inspira en Otra vuelta de tuerca, de Henry James, y reinterpreta el cuento clásico de la casa encantada con un último giro que muchos espectadores recuerdan todavía.
Es una coproducción entre España y Estados Unidos. Tom Cruise, que había adquirido los derechos de Abre los ojos y la rehízo como Vanilla Sky, se implicó en el nuevo proyecto de Amenábar. Miramax participó en la producción. Amenábar puso una condición: rodar en España y con su equipo. La fotografía la firmó Javier Aguirresarobe, y las localizaciones fueron Las Fraguas, en Cantabria, y Madrid.
Se presentó en la sección oficial del Festival de Venecia. En Estados Unidos se estrenó en agosto de 2001 y en España en septiembre del mismo año. Fue un fenómeno comercial: 6.410.561 espectadores y 27.254.163 euros de recaudación en nuestro país, cifras que la convirtieron en la película española más vista hasta entonces. En todo el mundo reunió unos 210 millones de dólares.
En los Goya se llevó ocho estatuillas de quince nominaciones, entre ellas las de mejor película, mejor dirección, mejor fotografía y mejor sonido.
Los otros no es solo un éxito. Es una película de terror clásica por su respeto a la tradición y moderna por su forma de manejar las expectativas del espectador. Amenábar demuestra que el miedo funciona mejor con pocos recursos: una casa, una niebla, una puerta que se abre y nadie al otro lado.
Sobre su director ya hemos hablado al repasar Tesis. Aquí basta recordar que, con 29 años, Amenábar firmó una producción internacional sin renunciar a su voz.
1. ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador (1976)
Tom y Evelyn, una pareja inglesa, viajan a la isla de Almanzora, a la que llegan desde la localidad de Benavis. Ella está embarazada. Buscan unos días de descanso. Encuentran un pueblo vacío y una multitud de niños que juegan, sonríen y, poco a poco, se revelan como una amenaza. La pregunta del título es la clave de la película: ¿hasta dónde sería capaz de llegar un adulto para defenderse de un niño?
Serrador abre la película con fotografías reales de niños en guerras y hambrunas. Es un prólogo brutal que sitúa el horror en el mundo real antes de llevarlo a la ficción. Después, el filme cambia de tono y presenta una playa soleada, un paisaje casi turístico y una calma insoportable.
El guion es de Serrador, con el seudónimo de Luis Peñafiel, y adapta la novela El juego de los niños (1976), de Juan José Plans. Lewis Fiander y Prunella Ransome interpretan a la pareja. Anthony Hopkins fue la primera opción para el personaje de Tom. Serrador, además, no quedó contento con Fiander.
El doblaje al español lo impusieron los productores en contra del deseo del director. La fotografía es de José Luis Alcaine y la música, de Waldo de los Ríos. Serrador hace un cameo.
Se rodó en Ciruelos, en la provincia de Toledo, a unos 250 kilómetros del mar. Las gaviotas se añadieron en la posproducción. También se filmó en Almuñécar, Menorca y Sitges.
Se produjo en 1975 y se estrenó en 1976. Obtuvo el premio de la crítica de Avoriaz en 1977. Se cortó en varios países y estuvo prohibida en Islandia y Finlandia. Eli Roth la cuenta entre sus favoritas, y en 2012 se hizo una nueva versión, Juego de niños, dirigida por Makinov.
Es la mejor película de terror española porque no ha envejecido. Sus planos soleados, su paciencia y su crueldad siguen funcionando medio siglo después. Y porque, tras verla, nadie olvida la pregunta.
En 2017 el festival Nocturna le nombró Maestro del Fantástico, y en 2019 recibió el Goya de Honor. Murió en Madrid el 7 de junio de 2019, con 83 años. Estaba casado con Adriana Gardiazábal, y tuvo dos hijos, Alejandro y Pepa.
Hizo solo dos películas para el cine, y las dos están entre las cinco primeras de esta lista. Su regreso al género llegó con La culpa, dentro de la serie Películas para no dormir (2006). Pocos directores han dejado tanta huella con una filmografía tan breve.
Las que se quedaron fuera
Toda lista excluye. La nuestra deja fuera El laberinto del fauno, que entendemos como fantasía oscura antes que como terror. También quedan fuera Abre los ojos y Los cronocrímenes, que pertenecen a la ciencia ficción y al thriller, y La cabina, una película hecha para televisión. La serie Historias para no dormir, aunque decisiva, es otro territorio.
Cada cual tendrá sus ausencias. Algunos echarán en falta otras películas de Naschy, otras de Ossorio o más títulos de los años dos mil. La conversación forma parte del placer.
Este recorrido deja una conclusión: el terror español no es una moda. Tiene más de medio siglo de historia, una tradición propia y un público fiel. Nació en la precariedad, se consolidó con la mirada joven de los noventa y hoy convive con las plataformas sin perder personalidad.
Los directores cambian, los formatos también, y el miedo sigue ahí. Es un espejo incómodo de nuestras culpas, de nuestras guerras y de nuestras casas. Conviene verlas todas, en el orden que se prefiera, con la luz apagada y el volumen bajo.