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Britpop, cuando Gran Bretaña volvió a cantarse a sí misma

Entre 1993 y 1997, Blur, Oasis, Suede y Pulp devolvieron la guitarra a las listas británicas, a las portadas de las revistas y hasta a la puerta de Downing Street

oasis

El 4 de julio de 2025, más de 60.000 personas llenaron el estadio Principality de Cardiff para ver a Liam y Noel Gallagher sobre el mismo escenario. Habían pasado dieciséis años desde que Oasis saltó por los aires en un camerino de París, y entre el público había muchos jóvenes que no habían nacido cuando el grupo publicó su primer disco.

El britpop terminó hace casi treinta años y sigue llenando estadios, vendiendo vinilos y alimentando discusiones de bar. Pocos movimientos musicales consiguen que sus canciones suenen, décadas después, como si el último single acabara de salir.

Se llama britpop a la ola de grupos de guitarras que, entre 1993 y 1997, recuperaron el pop británico de los años sesenta y setenta (los Beatles, los Kinks, los Who, los Small Faces, el glam, el punk) y lo devolvieron al primer lugar de las listas. Su momento álgido fue el trienio de 1994 a 1996.

Nació en parte como una réplica al grunge, que dominaba las emisoras y los fichajes de las discográficas, y en parte como un ajuste de cuentas con la música británica de finales de los ochenta. Pero fue también una cuestión de orgullo, de moda, de política y de una prensa musical con ganas de tener una historia que contar.

En las páginas que siguen se repasa de dónde salió aquel movimiento, quiénes fueron sus protagonistas, por qué una batalla de singles acabó en los telediarios y cómo se desinfló el fenómeno en 1997. Después, cómo sus supervivientes volvieron, casi tres décadas más tarde, a llenar estadios.

Una palabra con mucha prisa

La fecha de nacimiento más citada del britpop es abril de 1993. Ese mes, la revista Select sacó en portada a Brett Anderson, cantante de Suede, posando delante de una bandera del Reino Unido, con un titular que decía “Yanks go home!”, algo así como “yanquis, marchaos a casa”. El número incluía reportajes sobre Suede, The Auteurs, Denim, Saint Etienne y Pulp.

El periodista Stuart Maconie, que escribió buena parte de aquel número, ha contado que fue él quien acuñó el término. La cuestión tiene matices, porque la palabra ya circulaba entre los críticos británicos y John Robb la había empleado antes. La portada de Select le puso encima un contexto y una bandera.

Maconie ha reconocido años después que la etiqueta que colgó a Blur, Suede y Pulp, sin pedirles permiso, hablaba de ironía y de glamour melancólico, no de la fanfarronería en que acabó convirtiéndose. Los tres grupos terminaron incómodos con el término, y Suede y Pulp se distanciaron de él.

Aun así, la etiqueta se quedó, y con ella la idea de las cuatro grandes: Blur, Oasis, Suede y Pulp. Las otras bandas de la época, que fueron decenas, quedaron a su sombra.

La cronología habitual sitúa el movimiento entre 1993 y 1997, con la cima entre 1994 y 1996. Hay discusión sobre qué disco abrió la puerta. Unos señalan el debut de Suede, Suede, de 1993. Otros prefieren Parklife, de Blur, o Definitely Maybe, de Oasis, ambos de 1994. Hay incluso quien se remonta hasta el único álbum de The La’s.

Esta es una discusión sin ganador, y tiene su explicación. El britpop no fue un género con acta fundacional. Fue una coincidencia: un puñado de grupos, una prensa semanal que vivía de fabricar rivalidades, un público joven con ganas de himnos propios y un país que, tras casi dos décadas de gobiernos conservadores, estaba a punto de cambiar de humor político.

El terreno abonado

Ninguna escena sale de la nada. El britpop tuvo padres visibles, y los grupos que lo protagonizaron los citaron sin pudor: los Beatles, los Kinks, los Who, los Small Faces, pero también The Smiths, The Jam y el punk.

Más cerca en el tiempo estaba Manchester. En mayo de 1989 The Stone Roses publicaron su primer álbum, que apenas rozó el Top 20 británico y recibió críticas tibias. Sin embargo, mezclaba las guitarras brillantes del indie de los ochenta con melodías de pop sesentero y la euforia de las pistas de baile. Esa combinación acabó llamándose “Madchester”.

Aquel sonido arrastró a Happy Mondays, Inspiral Carpets y The Charlatans, y puso de moda los pantalones anchos, las zapatillas deportivas y las gorras Kangol. Dejó también una idea que los grupos posteriores recogieron con entusiasmo: que una banda británica podía aspirar a ser más grande que los Beatles.

En mayo de 1990, los Roses tocaron en Spike Island, una isla artificial en Widnes, ante un público que las crónicas sitúan entre 27.000 y 30.000 personas, según el relato. El concierto recibió críticas desiguales, pero acabó convertido en mito generacional. Para muchos británicos marcó el comienzo de los noventa.

Treinta y cinco años más tarde, Pulp le dedicaría una canción, Spike Island, a aquel día. El primer disco de los Roses se cita además como el que convenció a Liam Gallagher de que él también podía ser cantante de un grupo.

Después llegó un largo silencio. Los Roses tardaron cinco años en publicar su segundo disco, Second Coming, a finales de 1994. La mayoría de la crítica lo encontró bien producido pero corto de ideas. Para entonces el relevo ya estaba hecho.

Mientras tanto, en Londres, la prensa había bautizado la vida nocturna de Camden como “The Scene That Celebrates Itself”, la escena que se celebra a sí misma. La expresión es de Melody Maker. En aquel barrio coincidían Blur, Lush y Suede, y las fronteras entre amigos, parejas y rivales eran muy porosas.

Justine Frischmann es el mejor ejemplo. Fue guitarrista de Suede y pareja de Brett Anderson, después fundó Elastica y se convirtió en la novia de Damon Albarn, cantante de Blur. Todo ocurrió en el mismo puñado de calles y de bares.

Las discográficas independientes también pesaron. Creation, el sello de Alan McGee, tenía a Oasis y a Ride. Food, a Blur. Nude, a Suede. Un detalle curioso: Andy Bell, guitarrista de Ride, acabaría tocando el bajo en Oasis a partir de 1999, de modo que el vínculo entre las dos escenas no era solo una cuestión de sellos.

El shoegaze, esa corriente de guitarras ruidosas y miradas al suelo, fue otro de los vecinos. El primer disco de Blur, Leisure, mezclaba precisamente sonidos de Madchester y de shoegaze. Ninguno de los dos modelos sobreviviría a la mudanza que estaba a punto de producirse.

Contra el grunge

A comienzos de los noventa, el rock de guitarras que sonaba en medio mundo venía de Seattle. El grunge dominaba las emisoras estadounidenses y los fichajes de las discográficas, y las bandas británicas tenían dificultades para encontrar sitio, sobre todo en Estados Unidos.

Blur lo comprobaron en carne propia. Leisure (1991) había llegado al número 7 de las listas británicas, pero la crítica se les echó encima y su discográfica llegó a plantearse prescindir de ellos. Para colmo, descubrieron que debían 60.000 libras por una mala gestión.

Su nuevo mánager los envió a Estados Unidos en la primavera de 1992 para recuperar dinero. La gira fue un desastre. Albarn volvió con una aversión profunda por la cultura estadounidense y con una cinta de los Kinks que no había dejado de escuchar durante el viaje.

De ahí salió una idea de grupo. Frischmann la describió como una especie de manifiesto del regreso de lo británico. El propio Albarn habló de venganza pública y personal, y presentó el disco que preparaba como una forma de destronar a Brett Anderson. Ese disco sería Modern Life Is Rubbish, cuyo título salió de una pintada que Albarn vio en una pared de Londres.

Oasis llegaron al mismo punto por otro camino. Noel Gallagher escribió Live Forever con el grunge en su apogeo y ha explicado que la compuso como respuesta a una canción de Nirvana, I Hate Myself and Want to Die. No quería que los jóvenes oyeran ese mensaje. Admiraba a Kurt Cobain, precisó, pero no pensaba aceptarlo.

Cobain murió en abril de 1994, meses antes de que Live Forever llegara a las tiendas, y su muerte suele tomarse como el final simbólico de aquella etapa del rock. Noel Gallagher no escribió la canción contra una persona, sino contra una actitud. Aun así, el contraste entre los dos mundos quedó fijado para siempre: de un lado el desencanto de Seattle, del otro el optimismo ruidoso de Manchester.

Conviene matizar el patriotismo de la época. El antiamericanismo del britpop tuvo mucho de pose, y la historia se encargó de demostrarlo. (What’s the Story) Morning Glory? vendió cuatro millones de copias en Estados Unidos, y Blur lograron su mayor éxito allí en 1997, justo después de grabar un disco inspirado en Pavement, una banda estadounidense.

Pero en 1993 y 1994 la idea funcionaba. Había una bandera, un enemigo cómodo y una lista de referencias musicales propias. Con eso bastaba para que una generación de grupos decidiera, por una vez, que no hacía falta mirar al otro lado del Atlántico.

Suede, la primera chispa

Si hay una banda a la que se puede señalar como chispa inicial, es Suede. Se formaron en 1989 en Haywards Heath, un pueblo del sur de Inglaterra, alrededor del cantante Brett Anderson y del bajista Mat Osman. Al guitarrista Bernard Butler lo encontraron después, y a la batería llegó Simon Gilbert. Justine Frischmann, ya mencionada, formó parte del grupo en sus primeros tiempos.

Antes de que Suede hubieran publicado un solo disco, Melody Maker les dedicó una portada con un titular que era una apuesta: “The Best New Band in Britain”, la mejor banda nueva de Gran Bretaña. Su primer single, The Drowners, llegó en 1992 con Ed Buller en la producción, un nombre que seguiría acompañándolos más de treinta años.

En los doce meses previos a su álbum de debut, el grupo apareció en diecinueve portadas de revistas. En febrero de 1993, Q los proclamó “la banda de 1993”, algo inaudito para un grupo sin ningún álbum en el mercado.

Suede salió el 29 de marzo de 1993 en el sello Nude y se convirtió en el debut de venta más rápida en casi una década en el Reino Unido. Entró directamente al número uno de la lista de álbumes y ganó ese mismo año el Mercury Music Prize. Muchos críticos lo consideran uno de los primeros discos del britpop.

Su música miraba hacia el glam de los setenta. Las guitarras de Butler recordaban a aquella época, y la voz de Anderson se movía en un registro teatral y ambiguo, con canciones de extrarradio y de vidas poco glamurosas. Esa mezcla no se parecía a casi nada de lo que sonaba entonces en la radio.

El éxito fue rápido, y la ruptura también. Butler abandonó el grupo durante las sesiones de Dog Man Star, un disco doble de ambición enorme, gótico y orquestal, publicado en 1994. La crítica lo recibió con entusiasmo, aunque comercialmente quedó por debajo del debut. La impresión que dejó en la prensa fue la de un grupo a punto de deshacerse.

Fue entonces cuando Suede dieron un golpe de timón. Incorporaron como guitarrista a Richard Oakes, un aficionado de apenas diecisiete años, y más tarde al teclista Neil Codling, primo de Gilbert. En enero de 1996, en un concierto para el club de fans, estrenaron nuevas canciones y a su nuevo miembro.

El resultado fue Coming Up, que llegó el 2 de septiembre de 1996. Anderson lo describió como un trabajo mucho más colectivo, con un grupo que volvía a funcionar como tal. Abría con Trash, una canción de pop brillante que combinaba glam clásico y el espíritu de 1996, y de él salieron cinco singles. Fue el mayor éxito de ventas de Suede en los noventa.

Con el tiempo, el grupo acabó reconciliado con su pasado. Anderson formó The Tears junto a Butler tras la separación de Suede, y en 2010 Suede volvieron a los escenarios con Codling de nuevo a bordo. Desde entonces han publicado nuevos discos, entre ellos Bloodsports, Autofiction en 2022 y Antidepressants en 2025.

Suede
Suede

Blur, de la deuda a la gloria

La historia de Blur es la de un grupo que pasó de ser un producto de moda a convertirse en cronista de su país. Sus integrantes, Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree, se conocieron en distintos momentos: Albarn y Coxon, en el colegio; James, ya en la universidad de Goldsmiths, en Londres. Empezaron como Seymour, y el sello Food los convenció de cambiar el nombre.

Su primer single, She’s So High, salió en octubre de 1990. Leisure, el álbum de debut, llegó al año siguiente con sonidos que oscilaban entre Madchester y el shoegaze. Cuando se publicó, la prensa los comparaba con grupos como Soup Dragons, Jesus Jones o Inspiral Carpets, y muchos creyeron que eran ídolos juveniles fabricados para aprovechar el final de la moda de Manchester.

Después vino la gira estadounidense y, con ella, el cambio. De vuelta en Londres, Albarn tenía la idea de otro disco, más británico y más observador. Terminaron Modern Life Is Rubbish en diciembre de 1992, pero Food consideró que le faltaban singles y los mandó de vuelta al estudio. Albarn escribió entonces For Tomorrow, que llegó al puesto 28.

Modern Life Is Rubbish salió en mayo de 1993 y alcanzó el número 15 en el Reino Unido. En Estados Unidos pasó casi inadvertido. Era un disco irregular, con ecos de los Kinks, los Small Faces y XTC, y marcó el rumbo que seguirían los dos siguientes.

El punto de inflexión fue Parklife, publicado en 1994. Era un disco de retratos de personajes cotidianos y de humor ácido, con la voz del actor Phil Daniels, protagonista de la película Quadrophenia, en la canción que le da título. Girls & Boys, To the End y End of a Century funcionaron como singles.

El disco dio la vuelta a la fortuna del grupo. Coxon lo describió años más tarde como el momento en que dejaron de ser una banda alternativa y de culto para convertirse en una nueva sensación pop. La prensa lo considera hoy uno de los discos definitorios del movimiento.

En los Brit Awards de 1995, Blur se llevaron cuatro premios, entre ellos mejor grupo y mejor álbum por Parklife. Para entonces habían dejado atrás la etiqueta de grupo menor.

Su estilo fue evolucionando. En The Great Escape, de 1995, Albarn construyó canciones sobre personajes inventados, narradas en tercera persona. Contenía el éxito Country House y también The Universal y Charmless Man. El disco llegó directo al número uno de las listas.

Aquel trabajo cerró lo que suele llamarse la trilogía británica de Blur. Para su siguiente paso, ya en 1997, iban a dar un giro brusco hacia el rock de guitarras más ruidoso y estadounidense. Pero antes tenían que atravesar, y ganar, la guerra más famosa del pop británico.

Blur
Blur

Oasis, de Burnage al número uno

Si Blur eran Londres, Oasis eran Manchester, y su historia se parecía poco a la de las bandas londinenses que dominaban la prensa. Los hermanos Gallagher crecieron en Burnage, un barrio obrero de la ciudad.

Liam, el menor, cantaba en un grupo llamado The Rain, que completaban el guitarrista Paul Arthurs, conocido como Bonehead, el bajista Paul McGuigan, Guigsy, el batería Tony McCarroll y el cantante Chris Hutton. Poco después Liam se convirtió en el cantante y el grupo pasó a llamarse Oasis.

Noel, el hermano mayor, trabajaba entonces como técnico de gira para Inspiral Carpets. Fue a ver el grupo de Liam y le gustó lo que oyó. Se sumó a finales de 1991, y lo hizo con una condición: el control creativo. Desde entonces Noel escribió las canciones, tocó la guitarra solista y marcó el rumbo de la banda.

Oasis dieron su primer concierto en Manchester aquel mismo año y pasaron dos años más tocando en locales pequeños sin que casi nadie les prestara atención. Noel acumulaba material a un ritmo desmesurado. Alan McGee, jefe del sello Creation, calculó más tarde que tenía unas cincuenta canciones cuando se conocieron.

La noche decisiva fue la del 31 de mayo de 1993. Los miembros de Oasis reunieron el dinero justo, se subieron a una furgoneta y viajaron hasta Glasgow, a la sala King Tut’s Wah Wah Hut, donde sabían que estaría McGee. Consiguieron colarse en el cartel, tocaron cuatro temas y McGee les ofreció un contrato allí mismo.

El momento no podía ser más raro. Creation arrastraba una deuda que se calculaba en torno a dos millones de libras, y Sony había comprado casi la mitad de la compañía. Aun así, McGee apostó por un grupo que todavía no había publicado nada.

Definitely Maybe, el debut que lo cambió todo

Las grabaciones de Definitely Maybe arrancaron en el estudio de Monnow Valley, en Gales, a finales de 1993. Las primeras sesiones salieron flojas, y la discográfica las rechazó. El disco se rehízo con el productor Owen Morris, que no era famoso en 1994, y con McGee dispuesto a firmar un cheque para pagar el segundo intento.

Mientras tanto, la banda iba sacando sencillos. Supersonic apareció el 11 de abril de 1994 y entró en las listas británicas en el puesto 31. Después llegaron Shakermaker y, en agosto, Live Forever, la canción que Noel había escrito como respuesta a Nirvana y que acabaría convertida en himno generacional. Cigarettes & Alcohol fue el cuarto single.

Definitely Maybe salió el 29 de agosto de 1994. En su primera semana vendió unas 100.000 copias, lo que lo convirtió en el debut de venta más rápida en la historia británica hasta entonces, y entró directamente al número uno de la lista. Con los años acumularía unos quince millones de copias en todo el mundo.

El disco sonaba compacto y feroz. Las guitarras eran enormes y la voz de Liam, áspera y segura. Noel explicó antes de su salida que el álbum trataba sobre todo de escapar. Esa mezcla de rabia y optimismo conectó con muchísimos jóvenes británicos.

Para la portada, Noel tomó prestada una idea de los Beatles. Quiso replicar la foto de la contraportada del recopilatorio A Collection of Beatles Oldies, en la que los cuatro músicos aparecen sentados en una habitación. Era una cita y, a la vez, una declaración de intenciones.

Con ese disco, Oasis dejaron de ser una promesa y pasaron a ser la banda más comentada del país. Hay críticos que sitúan Parklife y Different Class, de Pulp, a su altura, pero sostienen que Definitely Maybe ha envejecido mejor.

Morning Glory, el disco que lo desbordó todo

El segundo disco se grabó entre mayo y junio de 1995 en los estudios Rockfield, en Gales, con Owen Morris y el propio Noel en la producción. Mientras tanto hubo cambios en la formación. McCarroll abandonó el grupo ese mismo año y Alan White ocupó el puesto de batería.

Morris recordaría en 2010 que aquellas sesiones fueron las más fáciles y creativas que había vivido en un estudio, a pesar de la fricción entre los hermanos. (What’s the Story) Morning Glory? salió el 2 de octubre de 1995 y vendió 347.000 copias en su primera semana, un récord en su momento. Pasó diez semanas en el número uno.

El éxito de sus singles fue enorme. Some Might Say alcanzó el número uno en abril de 1995, Roll with It y Wonderwall quedaron en el segundo puesto y Don’t Look Back in Anger volvió a ser número uno en febrero de 1996.

Wonderwall se convertiría con los años en el mayor éxito de ventas del grupo en el Reino Unido, con treinta semanas consecutivas en la lista. Champagne Supernova cerró el ciclo en mayo de 1996.

El disco consiguió algo que pocos grupos británicos lograban. En Estados Unidos vendió unos cuatro millones de copias, y en total superó los veinte millones en todo el mundo. En 1996 ganó el premio al mejor álbum en los Brit Awards, y en la edición de 2010 de los mismos premios fue elegido el mejor disco británico desde 1980.

Buena parte de ese éxito está en las canciones. Wonderwall, Don’t Look Back in Anger y Champagne Supernova se siguen cantando hoy en estadios y en bares de medio mundo.

Con él terminó también la fase inocente del movimiento. Oasis ya no eran un grupo emergente que rivalizaba con Blur. Eran la banda más grande de Gran Bretaña.

Pulp, el veterano que llegó el último

Pulp tardaron casi dos décadas en convertirse en una sensación de la noche a la mañana. Jarvis Cocker los fundó en Sheffield en 1978, cuando tenía quince años y estudiaba en The City School. Entonces se llamaban Arabicus Pulp, un nombre sacado de una clase de economía, y pasaron por innumerables cambios de formación antes de dar con la alineación estable.

Durante los años ochenta fueron un grupo de culto que nunca terminaba de arrancar. El fichaje por Island Records, a comienzos de los noventa, les dio una plataforma mayor. His ‘n’ Hers, de 1994, entró en el Top 10 británico y fue nominado al Mercury Music Prize. Era una buena noticia, pero lo mejor llegó en 1995.

En esa época el grupo lo formaban Cocker, la teclista Candida Doyle, el bajista Steve Mackey, el batería Nick Banks y los guitarristas Russell Senior y Mark Webber. Cocker escribía canciones que funcionaban como pequeñas películas, atentas a la gente corriente y a sus deseos.

Common People salió el 22 de mayo de 1995 y es la canción que lo cambió todo. Vendió unas 70.000 copias en su primera semana y alcanzó el número dos de las listas, donde se mantuvo dos semanas. El tema ya había sonado en directo antes de salir al mercado, y su potencial se vio cuando Pulp telonearon a Oasis en el Sheffield Arena, en abril de aquel año.

La canción cuenta la historia de una chica de buena posición que quiere vivir como la gente corriente. Cocker ha explicado que se inspiró en una compañera de su época en la escuela de arte de Saint Martins, en Londres, donde estudió cine. Su retrato de la pose de clase media que juega a ser proletaria es una de las críticas sociales más certeras del pop británico.

A finales de junio de 1995 llegó la consagración. Pulp tenían previsto tocar en el escenario de la revista NME del festival de Glastonbury, pero The Stone Roses cancelaron su actuación como cabezas de cartel del escenario principal. Pulp ocuparon su lugar en el Pyramid Stage. Fue un ascenso fulgurante para un grupo al que, meses antes, nadie habría imaginado encabezando el festival más famoso del país.

Different Class apareció en octubre de 1995 y entró directamente al número uno. Entre sus canciones figuraban Common People, Disco 2000 y el doble sencillo Mis-Shapes y Sorted for E’s & Wizz. En 1996 ganó el Mercury Music Prize. Cocker, en un gesto que se recuerda, dedicó el premio a War Child y donó el dinero a esa organización benéfica.

Pero la fama también les costó caro. El 19 de febrero de 1996, en la ceremonia de los Brit Awards, celebrada en Earls Court, Michael Jackson interpretó Earth Song en un montaje que lo presentaba como una figura mesiánica rodeada de niños. Cocker, que protestaba contra esa imagen, subió al escenario, levantó su chaqueta, movió el trasero hacia Jackson y se fue corriendo perseguido por los de seguridad.

La policía lo interrogó por la sospecha de haber lesionado a tres de los niños que actuaban, pero no hubo cargos. Para muchos británicos Cocker salió como un héroe: Melody Maker llegó a sugerir que lo nombraran caballero, y su amigo Noel Gallagher aseguró que merecía un MBE, la condecoración británica. Sin embargo, el propio Cocker contaría luego que la intrusión mediática que siguió le hizo la vida muy difícil.

Esa experiencia está detrás de su siguiente disco, This Is Hardcore, de 1998, una resaca amarga tras el éxito. Fue número uno y recibió una nominación al Mercury. Después llegó We Love Life, en 2001, y Pulp se tomaron un descanso en 2002.

Pulp
Pulp

Elastica y Supergrass, dos debuts ruidosos

El britpop no fue solo cosa de las cuatro bandas grandes. En 1995 aparecieron dos debuts que demostraron que había hueco para otras propuestas.

El primero fue el de Elastica. Justine Frischmann, que había sido guitarrista de Suede, fundó el grupo en 1992 junto al batería Justin Welch, que también había pasado por Suede. La formación quedó completa a principios de 1993 con la guitarrista Donna Matthews y la bajista Annie Holland. Su primer single, Stutter, salió en noviembre de 1993 y fue muy bien recibido por la crítica.

Después se escondieron durante más de un año, con la idea de demostrar su valía antes de publicar un disco. Elastica salió en marzo de 1995 y entró en el número uno. Superó la marca que Oasis habían fijado con Definitely Maybe apenas siete meses antes y se convirtió en el debut de venta más rápida del Reino Unido.

Era un álbum de canciones cortas y angulosas, de aire punk. Line Up, Connection y Waking Up eran los singles. Funcionó también en Estados Unidos, donde alcanzó el disco de oro en diciembre de 1995, y Connection fue su mayor éxito allí.

La fortuna les trajo también problemas. Wire reclamó que Line Up y Connection se parecían a canciones suyas, y The Stranglers dijeron que Waking Up tomaba prestado un riff de No More Heroes. Ambos casos se resolvieron fuera de los tribunales, antes de que el disco se publicara.

Después de aquel arranque, Elastica no supieron mantener el ritmo. Las tensiones internas y los cambios de formación hicieron que el segundo disco, The Menace, tardara cinco años en llegar. Apareció en el año 2000, sin el éxito del primero. El grupo se disolvió en 2001.

Supergrass fueron el otro debut sonado de 1995. Se formaron en Oxford en 1993 con Gaz Coombes, Danny Goffey y Mick Quinn. Los dos primeros habían tocado de adolescentes en un grupo local, The Jennifers. El productor Sam Williams los vio tocar en Oxford y quiso trabajar con ellos, y grabaron el disco durante 1994 en Cornualles.

I Should Coco salió el 15 de mayo de 1995 en Parlophone y llegó al número uno. Alcanzó disco de platino, con unas 500.000 copias en el Reino Unido. Tiene trece canciones de punk saltarín, pop desenfadado y algo de psicodelia.

La canción más recordada fue Alright, publicada el 3 de julio de 1995 como doble cara A junto a Time. Llegó al segundo puesto. Coombes tenía diecinueve años y su juventud se convirtió en parte del atractivo.

Él mismo aclaró meses después que no la había escrito como himno, pero la canción acabó por encarnar el optimismo de aquel verano. Muchos la conocen además por una escena de la película Clueless, estrenada ese año.

Supergrass publicarían más discos, entre ellos In It for the Money en 1997, y siguieron juntos hasta 2010, cuando se disolvieron.

Una escena hecha de papel y de sellos

El britpop no se explica sin la prensa semanal. NME y Melody Maker salían cada semana y vivían de descubrir al próximo gran grupo. Select y Q, mensuales, contaban las historias con más calma. Entre todas fabricaron portadas, rivalidades y apodos.

Basta mirar el caso de Suede. Antes de publicar su primer álbum aparecieron en diecinueve portadas de revistas, y Melody Maker los presentó como la mejor banda nueva de Gran Bretaña cuando aún no habían sacado un disco.

Q los proclamó la banda de 1993 en febrero de ese año. La misma Melody Maker organizó un concurso para que los lectores propusieran el título del disco de debut de Elastica. Ninguna de las sugerencias se aceptó.

La prensa también inflaba las peleas. NME diseñó la portada de la semana del duelo entre Oasis y Blur como el cartel de un combate de boxeo y bautizó la contienda como “The Big Chart Showdown”. Tras la irrupción de Jarvis Cocker en los Brit Awards, Melody Maker sugirió en 1996 que debía ser nombrado caballero.

Detrás de las revistas estaban los sellos. Creation, el de Alan McGee, era independiente y arrastraba una deuda de unos dos millones de libras, aliviada con la venta de casi la mitad de la compañía a Sony.

En Creation estaban Oasis y Ride. Food, el sello de Andy Ross, tenía a Blur. Nude publicó a Suede. Pulp fichó por Island, y Supergrass por Parlophone, un sello con una larga historia en la música británica.

En ese ecosistema, un single bien colocado en Top of the Pops o en la radio podía cambiar la carrera de un grupo en una semana. Elastica, por ejemplo, tuvieron mucho tiempo de emisión en BBC Radio 1 con su primer sencillo, Stutter, en 1993.

Era un negocio sin internet. Las canciones se descubrían en la radio, en las revistas y en los conciertos, y las cifras de ventas de los singles se daban a conocer un domingo, al final del repaso semanal de la lista.

Norte contra sur, clase contra clase

La rivalidad entre Blur y Oasis no era solo cuestión de ventas. Se leyó desde el primer momento como un choque de mundos. Blur eran de Londres y escribían con una ironía que miraba con humor las costumbres de la clase media. Oasis eran de Manchester, de un barrio obrero, y cantaban con una mezcla de rabia y esperanza.

Los medios lo resumieron en parejas de opuestos: el sur contra el norte, la clase media contra la clase obrera, Chelsea contra el Manchester City. Como todo cliché, era parcial, pero se pegó a los grupos y todavía hoy se invoca cuando se habla de aquel verano.

Las influencias también separaban a unos y otros. Blur miraban a los Kinks, a los Small Faces y a XTC. Oasis tenían a los Beatles como modelo, y Noel Gallagher nunca lo ocultó. Ocean Colour Scene seguían la estela de The Jam y de Paul Weller. Elastica, por su parte, tiraban del punk de Wire y de The Stranglers, hasta el punto de tener que llegar a acuerdos con ambos.

Pulp escaparon a esa división. Para algunos críticos, Common People fue el comentario más certero sobre la obsesión británica con la clase social, justo en los meses en que la prensa pintaba a los grupos grandes con brocha gorda. Cocker, de Sheffield, escribió desde otro ángulo y con un humor que no perdonaba a nadie.

El tiempo ha suavizado las cosas. En el vigésimo aniversario del duelo, Damon Albarn y Noel Gallagher parecían haber enterrado el hacha.

Más allá de los cuatro grandes

Hablar de britpop solo con Blur, Oasis, Suede y Pulp es dejar fuera a decenas de grupos que llenaron salas, sonaron en la radio y vendieron discos. Algunos tuvieron una carrera larga. Otros se quedaron en uno o dos éxitos que todavía se reconocen a los diez segundos.

Los nombres que suelen asociarse al movimiento son muchos: Ash, The Boo Radleys, Cast, Dodgy, Echobelly, Elastica, Gene, Menswear, Ocean Colour Scene, Shed Seven, Sleeper, Supergrass o Space, entre otros.

A su alrededor orbitaban The Charlatans, Lush, Ride, Saint Etienne, The Verve, los Manic Street Preachers y hasta Paul Weller, que colaboró con varias de sus figuras. Existe además la llamada segunda ola, formada por grupos que publicaron sus primeros discos entre 1995 y 1996, donde caben The Bluetones, Kula Shaker, Mansun o Embrace.

Cast tenían un linaje claro. John Power, que había sido bajista de The La’s, fundó el grupo en Liverpool en 1991, y All Change, su primer disco, salió en 1995. Noel Gallagher llegó a comparar sus conciertos con una experiencia religiosa. Treinta años después, Cast han vuelto a acompañar a Oasis en su gira de regreso.

Shed Seven eran de York y mezclaban el blues rockero de los Rolling Stones con los ritmos de Manchester de The Stone Roses. Chasing Rainbows es su canción más recordada.

Mansun, por su parte, debutaron con Attack of the Grey Lantern, un disco que llegó al número uno, con Wide Open Space entre los veinte primeros de la lista de sencillos. Aquel éxito fue su cima. Con el tiempo quedaron a la sombra de los cuatro grandes.

Ocean Colour Scene, de Birmingham, tenían en Steve Cradock a un guitarrista que acabó tocando con Weller. Echobelly, formados en 1993, tenían como cantante a Sonya Madan, nacida en la India, y como guitarrista al sueco Glenn Johansson, una combinación nada habitual en la escena.

Sleeper, con Louise Wener como cantante, subieron rápido en los primeros años del movimiento, aunque según algunos críticos no tuvieron aguante para llegar a la primera fila. Ash, de Irlanda del Norte, atravesaron la escena como un relámpago de pop punk y supieron prolongar su carrera mucho más allá del final del movimiento. Kula Shaker publicaron K en 1996, y The Bluetones tuvieron en Slight Return su canción más conocida.

También hay otros nombres que se cuelan en la historia por rutas distintas. Radiohead siempre fueron vistos como extraños en la escena. Su segundo disco, The Bends, salió en 1995 y les dio por fin éxito en su país. OK Computer, en 1997, los llevaría mucho más lejos.

Los Manic Street Preachers, galeses, estaban cerca por época y por vínculos, pero no encajaban del todo en el molde. The Verve, de Wigan, dieron el gran salto en 1997 con Bitter Sweet Symphony.

1995, la guerra de los singles

El verano de 1995 fue el momento en que el britpop dejó de ser un asunto de la prensa musical y saltó a los telediarios. La rivalidad entre Blur y Oasis, alimentada por los semanarios, llevaba meses creciendo.

La chispa llegó con una maniobra comercial. Oasis tenían previsto publicar Roll with It el lunes 14 de agosto de 1995, como primer adelanto de su segundo disco. Blur tenían previsto lanzar Country House una semana más tarde.

Su sello, Food, adelantó la salida para que coincidiera con la de Oasis. El semanario NME respondió con una portada a modo de cartel de boxeo, con el titular de “British Heavyweight Championship”, campeonato británico de los pesos pesados.

Hubo trucos por ambas partes. Blur sacaron su single también en casete, a un precio una libra más barato que el CD y el vinilo con los que salió Oasis, lo que les permitió llegar a los fans con menos dinero. En el bando de Oasis circularon luego otras excusas, como las diferencias de precio, las dos versiones que publicó Blur o los problemas con los códigos de barras.

El resultado se conoció el domingo 20 de agosto, al final de la lista de éxitos. Country House había vendido 274.000 copias y Roll with It, 216.000. Fue la primera vez que Blur alcanzaban el número uno de singles. Algunas fuentes citan otras cifras y otras fechas de proclamación, como el 26 de agosto, pero el recuento más repetido es este.

Aquella fue la semana de mayores ventas de discos en el Reino Unido en más de veinte años. Cuando Blur interpretaron Country House en Top of the Pops, su bajista, Alex James, apareció con una camiseta de Oasis.

La victoria fue relativa. Varios críticos recuerdan que ninguno de los dos singles era lo mejor de su grupo. Stephen Street, productor de Blur, reconoció en 2015 que, con perspectiva, Country House era la elección obvia. Noel Gallagher, en un programa de la BBC de 2019, restó importancia a ambos singles y sugirió que un duelo entre Cigarettes & Alcohol y Girls & Boys habría sido una competición más justa.

Blur ganaron la batalla de agosto, pero perdieron la guerra de los meses siguientes. The Great Escape salió el 11 de septiembre y fue directo al número uno. (What’s the Story) Morning Glory? llegó el 2 de octubre y se llevó consigo el resto de 1995. Para muchos, con aquel disco se acabó la pelea y empezó el reinado de Oasis.

Hay una lectura cruda de la contienda y otra más amable. La cruda dice que fue un duelo fabricado por los managers y la prensa, y que los dos grupos usaron la tensión para vender más discos. La amable recuerda que fue la última gran batalla por el número uno de las listas británicas, con ventas que hoy resultan extraordinarias.

Lo cierto es que el episodio marca el punto más alto del movimiento. Después de agosto de 1995, el britpop dejó de ser una escena y pasó a ser un fenómeno de masas. Los festivales, las portadas y los políticos fueron detrás.

Knebworth, la cima

Los días 10 y 11 de agosto de 1996, Oasis tocaron en Knebworth, un parque de Hertfordshire, a unos cuarenta kilómetros al norte de Londres. Allí habían actuado antes Led Zeppelin y Queen. Pero ningún artista había reunido allí tanto público.

Cada noche acudieron unas 125.000 personas, un total de 250.000. Unos 2,5 millones de personas solicitaron entradas, más del 4 % de la población del país, lo que convirtió el evento en el de mayor demanda de la historia británica hasta entonces. Las cifras varían ligeramente según la fuente. Los promotores calcularon después que podrían haber llenado el parque muchas noches más.

La organización fue descomunal. Hicieron falta unos 3.000 trabajadores para montar el concierto, y la lista de invitados al backstage superaba las 7.000 personas. En el cartel de teloneros figuraban The Prodigy, los Manic Street Preachers y The Chemical Brothers la primera noche, y The Charlatans, Kula Shaker y Cast la segunda.

The Charlatans tocaron solo tres semanas después de la muerte de su teclista, Rob Collins. Liam Gallagher dedicó a Collins Cast No Shadow. Para muchos asistentes, uno de los momentos más celebrados fue la aparición de John Squire, el guitarrista de The Stone Roses.

El repertorio fue el mismo las dos noches. Sonaron Wonderwall, Don’t Look Back in Anger, Live Forever y Champagne Supernova, junto con dos canciones nuevas que todavía no habían grabado, It’s Gettin’ Better (Man!!) y My Big Mouth, que acabarían en el siguiente álbum.

El récord de asistencia de un solo artista en el país se mantuvo hasta 2003, cuando Robbie Williams reunió a unas 375.000 personas en el mismo lugar, esta vez a lo largo de tres noches.

Aquellos conciertos se recuerdan como el punto más alto del movimiento y, para muchos, de la carrera de Oasis. Bonehead dijo años después que habían pasado de tocar en clubes pequeños a llenar dos días de Knebworth en solo dos años. Uno de los integrantes llegó a opinar que el grupo debería haberse separado justo después, porque nunca volverían a alcanzar tanto.

En 2021 se estrenó un documental, Oasis Knebworth 1996, con material de aquellas noches. Su mayor activo eran los recuerdos de los aficionados que estuvieron allí. La pregunta de si uno estuvo en Knebworth en 1996 sigue haciéndose entre aficionados de cierta edad.

Cool Britannia, o cuando el pop llegó a Downing Street

Mientras las bandas llenaban estadios, el britpop se fue pegando a algo más amplio. Le pusieron un nombre: “Cool Britannia”, un juego de palabras con el himno patriótico Rule, Britannia. El término lo impulsaron sobre todo periodistas y políticos. Ni Noel Gallagher ni el artista Damien Hirst, que fueron sus rostros más visibles, lo usaban para hablar de sí mismos.

La bandera del Reino Unido volvió a ser un objeto de moda. Noel Gallagher tocaba una guitarra Epiphone decorada con la Union Jack, y la ropa de los jóvenes mezclaba el estilo de los hinchas de fútbol de los ochenta con el de los mods de los sesenta. En los Brit Awards de 1997, Geri Halliwell, de las Spice Girls, apareció con un vestido corto hecho con la bandera.

En marzo de 1997, la revista Vanity Fair dedicó un número especial al Londres del momento, con un titular que decía “London Swings Again!”, algo así como “Londres vuelve a estar de moda”. En la portada aparecían Liam Gallagher y la actriz Patsy Kensit, con quien estaba casado. El reportaje de veinticinco páginas retrataba una capital que se parecía a la de los años sesenta.

La política tenía su propio papel. Tony Blair, que había llegado a la dirección del Partido Laborista en 1994 y rebautizó a su partido como “New Labour”, gustaba de recordar durante la campaña que había tocado en una banda universitaria, Ugly Rumours. Noel Gallagher mencionó a Blair en los Brit Awards de 1996 como alguien que daba esperanza a los jóvenes.

El 1 de mayo de 1997, los laboristas ganaron las elecciones con 418 escaños frente a los 165 de los conservadores, una victoria arrolladora que ponía fin a dieciocho años de gobiernos conservadores.

Tres meses después, el 30 de julio, Blair organizó una recepción en el 10 de Downing Street con una selección de figuras de la cultura. Una de las fotografías que quedaron fue la de Noel Gallagher estrechando la mano del primer ministro con Damien Hirst al fondo.

El simbolismo era evidente: el pop y el poder se daban la mano. Hubo quien lo vio como el reconocimiento de una generación, y quien lo juzgó un oportunismo recíproco. El Millennium Dome, la gran cúpula londinense inaugurada en el año 2000, acabó asociado a aquella época.

1997, la fiesta se acaba

El año del triunfo político fue también el del principio del fin. A finales de 1997, el britpop tal como se había entendido había terminado a efectos prácticos.

Blur fueron los primeros en darle la espalda. Graham Coxon, cansado de la fama y de las batallas de las listas, pedía un sonido más ruidoso y más cercano al rock independiente estadounidense, al estilo de Pavement. El grupo grabó parte del disco en Londres y parte en Islandia, lejos de la escena. El sencillo Beetlebum salió en enero de 1997 y fue número uno.

Blur, el álbum, se publicó el 10 de febrero de 1997. Era áspero y menos amable que sus predecesores, y la prensa pronosticó que alejaría a sus seguidoras adolescentes, aunque la crítica aplaudió el cambio.

El 7 de abril salió Song 2, una canción breve y furiosa, con un estribillo de “woo-hoo”, que se convirtió en su gran éxito en Estados Unidos, donde alcanzó el puesto 55 de la lista Hot 100. Su título se debe a que era el segundo tema del disco.

Oasis, mientras tanto, preparaban el regreso más esperado de la década. Be Here Now se publicó el jueves 21 de agosto de 1997, un día poco habitual.

Vendió 424.000 copias el primer día y entre 663.000 y casi 696.000 en los tres primeros, según la fuente que se consulte. Fue el disco de venta más rápida de la historia británica y llegó al número uno en quince países. Esa semana vendió 813.000 copias.

En el Reino Unido fue el álbum más vendido de 1997. Pero la opinión de la crítica cambió con los años. Muchos lo consideran hinchado y sobreproducido. Noel Gallagher lo ha criticado con dureza, mientras que Liam lo ha defendido como su disco favorito del grupo.

Ese verano pasaron más cosas. OK Computer, de Radiohead, salió en junio y fue número uno en el Reino Unido durante dos semanas. Hablaba de alienación moderna y ampliaba el sonido del rock británico. The Verve, por su parte, tuvieron un año igual de fuerte.

Su sencillo Bitter Sweet Symphony, publicado el 16 de junio de 1997, alcanzó el segundo puesto de las listas, y el álbum Urban Hymns llegó el 29 de septiembre. Ha vendido más de diez millones de copias en el mundo.

La canción tuvo un final amargo. Sampleaba una versión orquestal de The Last Time, de los Rolling Stones, grabada por Andrew Oldham. Allen Klein, que controlaba los derechos de las primeras canciones de los Stones, denunció a The Verve alegando que habían usado un fragmento más largo de lo pactado.

El grupo cedió el 100 % de los derechos y los créditos pasaron a Mick Jagger y Keith Richards. En 2019, los Stones devolvieron a Richard Ashcroft la autoría y las regalías, después de unos veintidós años.

El 31 de agosto de 1997 murió Diana, princesa de Gales, en un accidente de coche en París. El país vivió unas semanas de duelo masivo, y el ánimo festivo de aquel verano quedó atrás.

Así se cerró la etapa. Blur habían salido de la etiqueta, Oasis publicaron un disco de tamaño descomunal y la atención se desplazó hacia grupos como Radiohead o The Verve. El britpop como movimiento había terminado, aunque sus canciones seguirían sonando.

Después de la fiesta

Pasada la euforia, cada grupo tomó su camino. Algunos con elegancia, otros con más dificultades.

Pulp fueron quienes mejor retrataron la resaca. This Is Hardcore, de 1998, nació del vértigo de la fama y del asedio de la prensa tras el episodio de los Brit Awards. Debutó en el número uno y fue nominado al Mercury. Les siguió We Love Life en 2001, y el grupo hizo una pausa en 2002 que se prolongaría casi una década.

Suede publicaron todavía dos álbumes más en la línea de Coming Up y se separaron en 2003. Anderson se reunió con Bernard Butler en un proyecto llamado The Tears, algo impensable pocos años antes.

Blur tomaron el rumbo más aventurero. Tras el disco homónimo de 1997, publicaron 13 en febrero de 1999, un trabajo más desordenado y emocional. Damon Albarn se volcó después en Gorillaz, cuyo primer álbum, de 2001, tuvo un éxito enorme.

En mayo de 2002, Coxon abandonó el grupo durante la grabación de Think Tank, y solo aparece en una canción del disco, que llegó en 2003. Blur dejaron de funcionar como grupo tras aquello.

Oasis siguieron más tiempo, pero con cambios. Andy Bell, el antiguo guitarrista de Ride, se incorporó al bajo en 1999 en lugar de Paul McGuigan y se quedó hasta 2009. El grupo publicó su último álbum, Dig Out Your Soul, en 2008. En los Brit Awards de 2010 se premió a (What’s the Story) Morning Glory? como el mejor disco británico desde 1980.

El final llegó en 2009. El 28 de agosto, en el festival Rock en Seine de las afueras de París, se produjo una discusión en el camerino de Oasis minutos antes de salir al escenario. Los organizadores anunciaron que, por una “altercación” dentro del grupo, el concierto se cancelaba.

Pocas horas después, Noel publicó en la web del grupo que dejaba Oasis porque no podía seguir trabajando con Liam “un día más”. Una semana antes, el grupo había cancelado ya su actuación en el festival V de Chelmsford.

Noel dijo años más tarde que a veces lamentaba no haber tocado ese último concierto, que habría sido una locura, pero aceptó que aquello tenía que pasar. Formó Noel Gallagher’s High Flying Birds, que publicó cuatro álbumes entre 2011 y 2023, el último de ellos Council Skies. Liam formó Beady Eye junto a Bell y otros excompañeros, con dos discos que entraron entre los tres primeros del Reino Unido.

El britpop en España

El mejor termómetro del britpop en España es el Festival Internacional de Benicàssim, el FIB, que nació en agosto de 1995, en pleno apogeo del movimiento.

Aquella primera edición reunió a unas 8.000 personas y se celebró en el velódromo del pueblo castellonense. La entrada, con camping incluido, costó 8.000 pesetas. Quienes estuvieron recuerdan que era la primera vez que veían reunidos en España a tantos artistas del circuito independiente, y que casi nadie tenía experiencia festivalera. La tercera edición se recuerda como el “FIB del diluvio”, porque la lluvia obligó a suspender muchos conciertos.

El festival fue creciendo y encontró un público fiel en el Reino Unido, que lo convirtió en una cita estival habitual. Por su escenario principal pasaron grupos como Radiohead, Suede, Pulp, Placebo, James o los Manic Street Preachers.

Blur también actuaron allí, y Oasis fueron cabezas de cartel en 2005, junto a The Cure y Keane. En 2007, el FIB llegó a reunir en torno a 150.000 personas a lo largo de cuatro días.

El FIB se convirtió además en un impulso para la escena indie española. Ver a aquellas bandas en directo, sin cruzar el Canal de la Mancha, fue una novedad para muchos aficionados.

Los regresos

Cuando parecía que todo estaba dicho, los grupos empezaron a volver, uno detrás de otro.

Blur fueron los primeros en reunirse, en 2009, con Coxon de nuevo en el grupo. Publicaron The Magic Whip en abril de 2015, que fue su sexto número uno, y en 2023 volvieron al estudio con James Ford para grabar The Ballad of Darren, su noveno álbum de estudio.

Su título alude a Darren “Smoggy” Evans, el guardaespaldas del grupo durante años. Fue su séptimo disco consecutivo en debutar en el número uno.

Ese verano, Blur tocaron por primera vez en el estadio de Wembley. Las entradas del primer concierto, el 8 de julio de 2023, se agotaron en pocos minutos, y se añadió un segundo para el día 9. Phil Daniels, la voz de Parklife, subió al escenario las dos noches.

Pulp se reunieron entre 2011 y 2013 para una serie de conciertos y festivales que incluyó un concierto sorpresa en Glastonbury. Volvieron a los escenarios en 2023, y en el segundo concierto en el Sheffield Arena tocaron una canción nueva, Hymn of the North, que abrió una racha creativa. Ese mismo año murió su bajista, Steve Mackey.

Con ese impulso grabaron More, producido por James Ford. El disco se registró en tres semanas en un estudio de Walthamstow, desde el 18 de noviembre de 2024, y se publicó el 6 de junio de 2025 con una dedicatoria a Mackey.

Es el primer disco de Pulp en 24 años, y llegó al número uno en el Reino Unido, algo que no conseguían desde 1998. Abre con una canción titulada Spike Island, que mira al concierto de The Stone Roses ya mencionado en este repaso.

Suede, por su parte, volvieron en 2010 y no han parado. Bloodsports llegó en 2013, Autofiction en 2022 y Antidepressants en 2025. Anderson ha explicado que, si Autofiction era su disco punk, Antidepressants es el post-punk. El álbum se grabó en directo con Ed Buller, el productor que trabajó con la banda en su primer single, The Drowners, en 1992.

Y luego llegó Oasis. El 27 de agosto de 2024, dos días antes del treinta aniversario de Definitely Maybe, los hermanos Gallagher anunciaron su regreso tras quince años de peleas públicas. El anuncio coincidió con el festival de Reading, que Oasis habían encabezado en el año 2000.

La venta de entradas, el 31 de agosto, generó colas interminables en internet. El anuncio hizo que seis de sus discos volvieran a las listas británicas, y Live Forever alcanzó un nuevo máximo en el puesto 8.

La gira Oasis Live ’25 empezó el 4 de julio de 2025 en el estadio Principality de Cardiff, con más de 60.000 personas, y terminó el 23 de noviembre en São Paulo, tras pasar por 17 ciudades. Entre medias hubo conciertos en Wembley, en Toronto, en Sídney y en Santiago de Chile. Junto a los hermanos Gallagher actuaron Bonehead, Gem Archer y Andy Bell.

Noel ha contado que decidieron volver a girar después del segundo concierto en Wembley, en julio de 2025. En septiembre de 2026 el grupo anunció una gira para 2027, Oasis Live ’27, que incluye una vuelta a Knebworth, el parque de 1996. Noel ha aclarado que no habrá música nueva y, preguntado por si el grupo seguirá después, ha respondido simplemente que no lo sabe.

Un movimiento que sigue sonando

¿Qué fue en realidad el britpop? Para unos, un movimiento musical con una estética clara. Para otros, un momento de la industria. Para muchos, simplemente la banda sonora de su juventud. Todos tienen algo de razón.

Hay algo indiscutible: dejó canciones. Wonderwall, Common People, Parklife, Alright o Trash se siguen escuchando en radios, en fiestas y en estadios. Y dejó una enseñanza: que un país puede reconocerse en un puñado de grupos de guitarras, aunque sea por unos meses.

También dejó una pregunta sin resolver, la de por qué algunos regresos funcionan y otros no. Blur y Pulp volvieron con discos de adultos que miran atrás sin disfrazarse. Suede han publicado cuatro álbumes desde su regreso. Oasis han optado por no grabar música nueva y llenan estadios con las canciones de siempre.

Tal vez ahí está la clave. El britpop nunca pretendió ser un género ni dejar una doctrina. Quería himnos y los consiguió. El 4 de julio de 2025, en Cardiff, muchos jóvenes que no habían nacido cuando salió Definitely Maybe coreaban sus estribillos. Treinta años después, la última sacudida del pop británico sigue haciendo lo que mejor sabía: poner a cantar a la gente.

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