A mediados de octubre de 2026, Quentin Tarantino apareció en el programa de Graham Norton y dijo algo que sus seguidores llevan años esperando con una mezcla de ansiedad y alivio. Tiene escrito el guion de su décima película, la última según el plan que repite desde hace décadas, y está contento con el resultado. No tiene prisa por rodarlo.
Primero quiere estrenar una obra de teatro en Londres. Después piensa volver con su familia, vivir un poco y decidir con calma cómo sigue su carrera.
La escena retrata bien el momento de un director de 63 años que lleva desde el verano de 2019 sin estrenar una película dirigida por él y que, aun así, no ha salido nunca de la conversación. El 25 de noviembre de 2026 llega a las salas IMAX The Further Mis-Adventures of Cliff Booth, escrita por Tarantino y dirigida por David Fincher, que pasará a Netflix el 23 de diciembre. El 18 de marzo de 2027 se estrena en el Phoenix Theatre del West End londinense su primera obra teatral, The Popinjay Cavalier, con Sacha Baron Cohen en el papel principal.
Entre una cosa y otra queda una filmografía de nueve películas, si se cuenta Kill Bill como una sola, tal como defiende su autor. Sus títulos han recaudado en conjunto más de 1.900 millones de dólares y han acumulado más de cien nominaciones entre los Oscar, los BAFTA y los Globos de Oro. A él le han dado dos premios de la Academia al mejor guion original, una Palma de Oro y un lugar fijo en cualquier conversación seria sobre el cine de las últimas tres décadas.
El historiador y director Peter Bogdanovich llegó a describirlo como el cineasta más influyente de su generación. Otros lo ven como un gran coleccionista de referencias que supo convertir su erudición en estilo propio. Lo cierto es que pocos autores han dejado una marca tan reconocible con tan pocas películas.
Este repaso sigue su vida y su obra de principio a fin. Parte de un niño nacido en Tennessee y criado en el área de Los Ángeles, pasa por un videoclub de la costa californiana, recorre una a una sus películas y termina en el presente, con un autor que ya escribe para el teatro y para otros directores. Todos los datos de fechas, cifras y premios se refieren a lo conocido hasta finales de octubre de 2026.
Un niño entre Tennessee y California
Quentin Jerome Tarantino nació el 27 de marzo de 1963 en Knoxville, Tennessee. Es hijo único de Connie McHugh y de Tony Tarantino, un aspirante a actor de origen italiano que dejó la familia antes de que naciera su hijo. Nunca tuvo trato con él.
El nombre tiene origen televisivo. Su madre lo eligió en parte por Quint Asper, el personaje que interpretaba Burt Reynolds en la serie Gunsmoke. Tarantino afirma además tener ascendencia cherokee por parte de madre, que también es de origen irlandés.
Connie había conocido a Tony durante un viaje a Los Ángeles. Tras un matrimonio breve y un divorcio, volvió a Knoxville con sus padres y regresó a California en 1966 con el niño, que tenía entonces tres años. Se instalaron en Torrance, en el sur del condado de Los Ángeles, después de que ella se casara con un músico llamado Curtis Zastoupil.
El padrastro tuvo un papel decisivo en su educación sentimental. Lo llevaba a ver películas, y su madre le dejaba entrar a títulos para adultos como Carnal Knowledge (1971) y Deliverance (1972), una libertad poco común para un crío de ocho o nueve años.
Su madre se divorció de Zastoupil en 1973. Poco después le diagnosticaron por error un linfoma de Hodgkin, y Quentin volvió una temporada a Knoxville con sus abuelos, donde cursó un tiempo quinto de primaria. Regresó a Torrance en menos de un año.
A los catorce escribió uno de sus primeros guiones, titulado Captain Peachfuzz and the Anchovy Bandit, una variación de la comedia de persecuciones Smokey and the Bandit (1977). Su madre se burló de aquellas páginas. Él ha contado que entonces juró no compartir con ella nada de lo que ganara en el futuro.
A los quince lo castigaron por robar en un Kmart la novela The Switch, de Elmore Leonard. Solo podía salir de casa para ir al Torrance Community Theater, donde participó en obras como Two Plus Two Makes Sex y Romeo and Juliet. Años después adaptaría a Leonard en una de sus películas.
Ese mismo año abandonó los estudios en el instituto Narbonne, en Harbor City. Él ha dado a veces la edad de quince años y a veces la de dieciséis, y la discrepancia nunca se ha resuelto.
Hubo también una etapa religiosa que él mismo describe con humor. Se acercó a una iglesia evangélica y llegó a definirse como cristiano renacido, una forma de rebeldía contra una madre católica que, como a él le gusta recordar, fomentaba otras travesuras más convencionales, como los cómics y las películas de terror. Con los años se declaró ateo.
El videoclub como universidad
Los empleos de Tarantino en la década de 1980 forman una lista casi cómica. Mintió sobre su edad para trabajar como acomodador en el Pussycat Theater de Torrance, una sala de cine para adultos. Pasó por una empresa de reclutamiento de personal para la industria aeroespacial. Y durante cinco años de aquella década trabajó en Video Archives, un videoclub de Manhattan Beach.
Aquel local lo cambió todo. Tarantino se hizo conocido entre los clientes por su conocimiento del catálogo y por sus recomendaciones. Allí coincidió con Roger Avary, otro empleado con aspiraciones de cineasta, y con un grupo de aficionados que discutían de cine durante horas.
Su respuesta favorita a quien le pregunta por su formación sigue siendo la misma. No fue a una escuela de cine, dice, sino al cine. La frase se ha repetido tanto que ya funciona como lema, pero describe bien el método. Tarantino estudió viendo películas, tomando notas mentales y repitiendo los visionados hasta saber de memoria cómo estaba construida cada secuencia.
Su primer trabajo en la industria llegó en 1986. Junto a Avary fue ayudante de producción en un vídeo de ejercicios de Dolph Lundgren titulado Maximum Potential. Poco más tarde empezó a asistir a clases de interpretación en la James Best Theatre Company, donde conoció a varios de los futuros colaboradores de su primera película.
Esa primera película, My Best Friend’s Birthday, la escribió y la dirigió en 1987 junto a Craig Hamann. Se hizo con un equipo de amigos y compañeros del videoclub y quedó inacabada. Sí sobrevivieron algunos de sus diálogos, que acabaron en el guion de True Romance.
Entre un trabajo y otro, Tarantino aceptaba papeles pequeños de actor. El 19 de noviembre de 1988 se emitió el episodio de The Golden Girls titulado «Sophia’s Wedding: Part 1», en el que él aparece como imitador de Elvis Presley. Cobró unos 650 dólares y, gracias a las reposiciones, cerca de 3.000 más en los tres años siguientes. Ha explicado que ese dinero le ayudó a mantenerse durante la preparación de Reservoir Dogs.
Guiones para otros
Antes de dirigir, Tarantino ya era un guionista con material a la venta. Su primer libreto completo fue True Romance, una historia de amor y fuga con mucho de autobiográfico y con un protagonista, Clarence, que pasa la tarde de su cumpleaños viendo películas de artes marciales en un cine de Detroit. Quería dirigirla él. La vendió para poder financiar Reservoir Dogs.
El director de la película fue Tony Scott, que respetó casi todo el texto original con una excepción importante. Cambió el final, que en el guion terminaba mal para el protagonista, por un desenlace feliz. Tarantino reconoció con el tiempo que Scott tenía razón.
Amor a quemarropa, como se conoció en España, se estrenó en Estados Unidos el 10 de septiembre de 1993 y aquí el 12 de noviembre del mismo año. Reunió a Christian Slater y Patricia Arquette en el papel de la pareja protagonista, con un Gary Oldman irreconocible y una escena entre Dennis Hopper y Christopher Walken que todavía figura en las antologías del diálogo cinematográfico. Brad Pitt aparece en un pequeño papel, y Samuel L. Jackson, otro actor clave en la carrera posterior de Tarantino, también.
El segundo guion que vendió fue el de Natural Born Killers, que en España se tituló Asesinos natos. Se lo compró por 10.000 dólares la pareja de productores formada por Jane Hamsher y Don Murphy. Oliver Stone lo dirigió en 1994 y lo reescribió con ayuda de otros dos guionistas, David Veloz y Richard Rutowski. Tarantino quedó con el crédito de la historia y con una indignación que no se ha apagado. Ha asegurado que nunca ha visto la película entera.
La pelea con los productores tuvo un episodio violento. En octubre de 1997 Tarantino agredió a Don Murphy en un restaurante de West Hollywood, y un juez lo condenó a pagarle 450 dólares después de que Murphy reclamara cinco millones. Hamsher publicó después un libro de memorias, Killer Instinct, muy crítico con el director.
El tercer guion de esa etapa fue From Dusk till Dawn, que se estrenó con el título Abierto hasta el amanecer. Lo escribió por encargo del especialista en maquillaje Robert Kurtzman, a cambio de que este se ocupara de los efectos de Reservoir Dogs. Robert Rodriguez la dirigió en 1996 y Tarantino la protagonizó junto a George Clooney.
Tarantino colaboró además en el pulido de diálogos de otras películas sin figurar en los créditos. Se le atribuyen retoques en Crimson Tide (Marea roja, 1995), de Tony Scott, en The Rock (1996) y en It’s Pat (1994).
Reservoir Dogs, o cómo empezar con un atraco que no se ve
El camino hacia su primera película empezó en una barbacoa. Allí conoció a Lawrence Bender, un aspirante a productor, y le habló de una película de atracos hecha casi toda de diálogo que todavía no había escrito. Bender lo animó a ponerse con ella. Tarantino escribió el guion en tres semanas y media y se lo entregó sin formatear.
La idea original era rodarla con muy poco dinero y con amigos. Las cifras que se manejan para aquel plan de guerrilla van de los 10.000 a los 30.000 dólares, según la versión. Bender pensó que el texto merecía algo mejor y lo hizo llegar a contactos del sector.
Uno de ellos fue el director Monte Hellman, que ayudó a pulir el guion y a encontrar financiación en la productora Live Entertainment. El impulso definitivo llegó de Harvey Keitel, que leyó el texto por mediación de su mujer, aceptó coproducir y puso su nombre y su dinero a favor del proyecto. Con su ayuda reunieron en torno a 1,5 millones de dólares. El presupuesto final se quedó en 1,2.
Keitel pagó además un viaje del director y del productor a Nueva York para hacer pruebas de reparto. Allí encontraron a Steve Buscemi, a Michael Madsen y a Tim Roth. El elenco se completó con Chris Penn, el veterano Lawrence Tierney y el escritor Edward Bunker, que interpretaba a Mr. Blue. Tarantino se reservó un papel pequeño, el de Mr. Brown.
La historia es la de seis delincuentes que no se conocen entre sí, a los que un jefe llamado Joe Cabot asigna nombres de colores para que no se puedan identificar. Tras un robo a una joyería que sale mal, los supervivientes se reúnen en un almacén y sospechan que hay un traidor entre ellos. La película nunca enseña el atraco. Solo muestra los preparativos y, sobre todo, sus consecuencias.
El título tiene una anécdota que se cuenta siempre. Un cliente de Video Archives pronunció mal el título de Au revoir les enfants, la película de Louis Malle de 1987, y Tarantino oyó «reservoir dogs». De aquel malentendido salió un título que, sin significar nada obvio, se grabó en la memoria de medio mundo.
El arranque es ya una declaración de principios. La película empieza con seis hombres de traje negro sentados a la mesa de un restaurante, discutiendo sobre el significado de una canción de Madonna, Like a Virgin, y sobre si se debe dejar propina. La conversación parece trivial, y esa trivialidad es la parte seria. Tarantino convierte la charla en el centro del cine, no en un relleno entre escenas de acción.
Hay otra escena que se hizo célebre y que provocó polémica, la del policía torturado por Mr. Blonde al ritmo de Stuck in the Middle with You, del grupo Stealers Wheel, mientras suena una emisora de radio ficticia, K-Billy. La violencia es explícita, pero se recuerda sobre todo el desfase entre una música alegre y un acto brutal. En el Reino Unido la película tuvo problemas para obtener calificación por el uso de la tortura como espectáculo.
El rodaje tuvo sus tensiones. Tarantino ha dicho que a la primera semana todo el mundo ya detestaba a Lawrence Tierney, un actor de carácter difícil. Buscemi, en cambio, ha descrito el estilo de trabajo del director como pura energía y concentración, y la película acabó siendo un ejemplo de cómo se puede rodar casi todo en un mismo espacio sin que el ritmo decaiga.
Reservoir Dogs se presentó en el Festival de Sundance en enero de 1992 y causó un impacto inmediato. Una crítica neoyorquina comparó el efecto con el del célebre tren de los Lumière, cuando el público se agachaba ante la llegada de la locomotora. En mayo se proyectó en Cannes y en Estados Unidos se estrenó el 9 de octubre de 1992.
En España llegó una semana después, el 16 de octubre, de la mano del Festival de Sitges. El jurado de aquel certamen, que ese año dio el premio a la mejor película a C’est arrivé près de chez vous, concedió a Tarantino los galardones a la mejor dirección y al mejor guion. Fue solo uno de los reconocimientos de aquel año, entre ellos el premio de la crítica internacional en Toronto, y el director volvería a Sitges más adelante, ya convertido en estrella.
La taquilla fue modesta. En Estados Unidos recaudó unos 2,8 millones de dólares y en todo el mundo no pasó de tres. Como ocurre tantas veces, el verdadero éxito llegó después, en los videoclubs, que habían sido su escuela y ahora eran su plataforma.
Los críticos señalaron pronto sus deudas. El propio Tarantino reconoce la huella de The Killing (Atraco perfecto), de Stanley Kubrick, y los aficionados al cine de Hong Kong detectaron enseguida el parecido del argumento con City on Fire. Tarantino nunca ha ocultado su costumbre de tomar prestado. Todo su cine está plagado de resonancias parecidas, y buena parte de su fama depende de cómo las transforma en algo propio.
Pulp Fiction, la película que cambió las reglas
Tras Reservoir Dogs, Hollywood llamó a su puerta. Entre otras ofertas, le propusieron dirigir Speed y Men in Black. Tarantino rechazó los encargos y se marchó a Ámsterdam con una idea más personal, escribir otro guion de crímenes que mezclara historias distintas en una sola película.
En marzo de 1992 se le unió allí Roger Avary, su viejo compañero del videoclub, que aportó escenas e ideas. El guion quedó terminado en enero de 1993. Tarantino firmó el texto y compartió con Avary el crédito de la historia.
Miramax, la productora de los hermanos Bob y Harvey Weinstein, financió por completo la película, la primera que la compañía pagaba entera. El presupuesto se fijó entre 8 y 8,5 millones de dólares. Bender, que volvía a producir, recuerda que querían mantenerlo bajo para conservar el control.
El rodaje empezó el 20 de septiembre de 1993 y concluyó antes de que terminara el año. El reparto reunió a John Travolta, Samuel L. Jackson, Uma Thurman, Bruce Willis, Harvey Keitel, Ving Rhames, Tim Roth y Amanda Plummer.
La elección de Travolta tuvo dos motivos. Tarantino admiraba su trabajo en Blow Out, de Brian De Palma, y además Michael Madsen, que había sido Mr. Blonde y que estaba pensado para el papel de Vincent Vega, prefirió rodar Wyatt Earp. Travolta llevaba años sin un éxito de peso y encontró en Vincent la película que le devolvió al primer plano.
Pulp Fiction cuenta tres historias principales con un protagonista distinto cada una. Vincent Vega es un sicario, Butch Coolidge un boxeador al que pagan para perder, y Jules Winnfield el socio de Vincent. Un robo en una cafetería abre y cierra la película, y las tramas se cruzan en un orden que nada tiene de cronológico.
Esa estructura rota fue la gran novedad formal. Tarantino jugaba con el tiempo sin pedir permiso, de modo que un personaje que ya ha muerto reaparece vivo en la secuencia final. Los críticos acabaron hablando de un «efecto Tarantino» para designar ese uso de las líneas temporales desordenadas.
El segundo hallazgo fue el diálogo. Vincent y Jules viajan en coche hacia un asesinato y charlan sobre cómo se llama en Francia la hamburguesa de queso con cuarto de libra, que allí se conoce como Royale with Cheese por culpa del sistema métrico. Aquel parloteo, que tiene la apariencia de una conversación cualquiera, retrata a los personajes mejor que cualquier explicación.
El resto de la geografía de la película tenía el mismo gusto por el detalle inventado. Los personajes comen en Jack Rabbit Slim’s, un restaurante temático que no existe, y los cigarrillos y las hamburguesas llevan marcas ficticias como Red Apple o Big Kahuna Burger. Tarantino prefirió fabricar sus propias marcas antes que recurrir a la publicidad real, una costumbre que mantendría después en casi todas sus películas.
La banda sonora, hecha de canciones de surf, de rock y de soul, tuvo un efecto parecido. El tema Misirlou, en la versión de Dick Dale, abre los títulos de crédito y desde entonces va asociado a la película. Tarantino recuperó un puñado de canciones de otras épocas, las pegó a imágenes nuevas y las hizo sonar como si siempre hubieran estado ahí.
Cannes, el Oscar y el nuevo mapa del cine independiente
La película se presentó en el Festival de Cannes el 21 de mayo de 1994. El presidente del jurado era Clint Eastwood y la vicepresidenta, Catherine Deneuve. Entre los favoritos al premio principal figuraba Tres colores: Rojo, de Krzysztof Kieślowski, que cerraba la trilogía del director polaco.
El 23 de mayo, Eastwood anunció que la Palma de Oro era para Pulp Fiction. La sorpresa alcanzó incluso a sus responsables. Bender ha contado que esperaban, como mucho, un premio de interpretación colectiva, y que solo al ver que ni ellos ni Kieślowski habían ganado nada entendieron que el premio gordo podía caer de su lado.
Eastwood explicó que fue una decisión democrática y que el jurado encontró la película original. Alguien del público protestó a gritos por el fallo, y Tarantino respondió con un gesto poco diplomático mientras recogía el galardón. Después dijo que nunca esperaba ganar nada cuando decide un jurado, porque sus películas no son de las que unen a la gente.
El estreno comercial llegó el 14 de octubre de 1994 y se salió del patrón de las películas independientes, que solían abrirse en pocas salas y crecer con el boca a boca. Pulp Fiction se proyectó desde el principio en unos 1.100 cines. En su primer fin de semana recaudó 9,3 millones de dólares y acabó con 107,9 millones en Estados Unidos y 213,9 en todo el mundo. Fue la décima película más taquillera del año en el mercado estadounidense.
La Academia le dedicó siete nominaciones, entre ellas mejor película, mejor director, mejor actor para Travolta, mejor actor de reparto para Jackson, mejor actriz de reparto para Thurman y mejor montaje para Sally Menke. En la ceremonia del 27 de marzo de 1995, que coincidió con el trigésimo segundo cumpleaños de Tarantino, ganó el Oscar al mejor guion original, que compartió con Avary. Forrest Gump se llevó la estatuilla a la mejor película.
Tarantino ha contado que Steven Spielberg le había anticipado ese resultado durante una jornada de caza de patos. Según su versión, el director de Tiburón le dijo que la mejor película y la mejor dirección irían probablemente a Robert Zemeckis por Forrest Gump, pero que el guion sería suyo.
Los premios de la crítica estadounidense fueron aún más contundentes. Tarantino se convirtió en el primer director que logró barrer los cuatro grandes galardones de la crítica de Los Ángeles, Nueva York, la sociedad nacional y la junta de revisión. En 2013 la Biblioteca del Congreso incorporó la película al Registro Nacional de Cine.
Pulp Fiction cambió además las cuentas del cine independiente. Con un coste inferior a 10 millones, una compañía pequeña conseguía una recaudación de película de estudio. Durante años, incontables productores buscaron su propio Tarantino, y los imitadores se multiplicaron con una constancia casi cómica.
A los 31 años, el antiguo empleado de videoclub era una figura global. Ese mismo año llegó a las salas Asesinos natos, el guion que había vendido a Oliver Stone, y su nombre empezó a funcionar como reclamo comercial, hasta el punto de aparecer en películas que él no dirigía bajo la fórmula «Quentin Tarantino presenta».
Años de transición entre cine, televisión y Broadway
El éxito le dio margen para probar cosas. En 1995 formó con Miramax la compañía Rolling Thunder Pictures, con la que distribuyó o reestrenó en Estados Unidos películas independientes y extranjeras. Entre ellas estaban Chungking Express, de Wong Kar-wai, Sonatine, de Takeshi Kitano, Switchblade Sisters, de Jack Hill, y The Beyond, de Lucio Fulci. Miramax cerró la compañía en 1997 por sus pobres resultados de venta.
Ese mismo año dirigió The Man from Hollywood, el cuarto y último episodio de Four Rooms, una película colectiva que firmaban también Allison Anders, Alexandre Rockwell y Robert Rodriguez. Su episodio era un homenaje a Man from the South, un capítulo de la serie Alfred Hitchcock Presents. Tim Roth aparecía en el conjunto y Bruce Willis hizo una aparición sin acreditar.
La película colectiva dejó una amistad que sigue viva. En 2026 Tarantino figura como productor de The Projectionist, la nueva película de Rockwell, que abrió el festival Slamdance el 19 de febrero de ese año.
Al mismo tiempo, Tarantino aceptó papeles de actor, algunos pequeños y otros menos. Apareció en Desperado y en Girl 6, el título de Spike Lee, y dirigió un episodio de la serie de hospitales ER titulado «Motherhood». En enero de 1996 se estrenó From Dusk till Dawn, la película de vampiros de Rodriguez en la que además de firmar el guion interpretaba a Richard Gecko, uno de los dos hermanos atracadores. Llegó a España el 17 de abril de ese año como Abierto hasta el amanecer.
En 1998 dio el salto a Broadway. Interpretó a un asesino psicópata en una reposición de Wait Until Dark, la obra de Frederick Knott, junto a Marisa Tomei. La crítica fue poco favorable con su interpretación.
Su siguiente película como director llegó tres años después de Pulp Fiction. La encontró en una novela ajena.
Jackie Brown, la película pausada
Jackie Brown, estrenada el 25 de diciembre de 1997, es la tercera película de Tarantino y la única que adapta una obra de otro autor. Parte de Rum Punch, la novela de Elmore Leonard publicada en 1992. Tarantino había pensado rodar otras dos novelas del mismo autor, Freaky Deaky o Killshot, y dejar Rum Punch para otro director. Al releerla se enamoró de nuevo del libro y cambió de idea.
Hizo un cambio decisivo en la adaptación. La protagonista de la novela, Jackie Burke, era blanca. Tarantino la convirtió en una mujer negra y la rebautizó como Jackie Brown, un nombre que daba título al guion. El papel era para Pam Grier, la gran estrella del cine blaxploitation de los setenta, que había protagonizado Coffy y Foxy Brown.
La película cuenta la historia de una azafata de mediana edad que complementa su sueldo llevando dinero entre México y Estados Unidos para un traficante de armas, Ordell Robbie, al que da vida Samuel L. Jackson. Cuando la policía la atrapa, ella urde un plan para engañar a todos y quedarse con el botín. Max Cherry, un agente de fianzas interpretado por Robert Forster, se enamora de ella.
El reparto se completaba con Bridget Fonda, Michael Keaton y Robert De Niro. Tarantino rodó con un tono más sosegado que en sus dos películas anteriores, con más tiempo para los personajes y menos ganas de epatar. Las escenas largas en las que Jackie y Max conversan mientras suena un disco de The Delfonics siguen siendo de lo más delicado que ha filmado.
Grier y Forster llevaban años sin un papel protagonista en una gran producción, y la película los devolvió a un primer plano que habían perdido. Forster logró una nominación al Oscar a mejor actor de reparto. Jackson ganó el Oso de Plata al mejor actor en el festival de Berlín de 1998 y recibió, junto a Grier, sendas nominaciones a los Globos de Oro.
La recaudación fue de 74,7 millones de dólares con un presupuesto de 12. Era un buen resultado para una película adulta y de ritmo pausado, aunque muy por debajo del fenómeno de Pulp Fiction. Leonard, que contaba con 26 adaptaciones de sus obras a la pantalla, llegó a decir que aquella era su favorita.
La polémica estuvo, una vez más, en el vocabulario. En 1997, Spike Lee criticó públicamente que Tarantino empleara la palabra «nigger» con tanta frecuencia en Pulp Fiction y en Jackie Brown, y señaló que no todos los afroamericanos la consideraban moderna o elegante. Tarantino respondió en televisión que, como escritor, reclamaba el derecho a escribir cualquier personaje del mundo, y que decir lo contrario por ser blanco era racismo.
Samuel L. Jackson salió en su defensa. En el festival de Berlín, donde se presentó la película, declaró que no encontraba ofensiva la palabra en ese contexto y que la película era un buen homenaje al cine de explotación negro. La disputa entre Lee y Tarantino se prolongaría durante años y volvería a estallar con Django desencadenado.
Con los años, Jackie Brown ha ido ganando defensores, y a menudo se la cita como la película más madura de su autor. Tarantino tardaría casi seis años en volver a dirigir. En ese tiempo dejó aparcado un guion de guerra que no conseguía cerrar, el de Malditos bastardos, y se centró en una historia de venganza que había imaginado con Uma Thurman durante el rodaje de Pulp Fiction.
Kill Bill, la venganza en dos volúmenes
La idea nació en el rodaje de Pulp Fiction. Tarantino y Uma Thurman imaginaron entonces a una novia a la que dan por muerta el día de su boda y que, años después, sale a ajustar cuentas. Los créditos de la película atribuyen el personaje a «Q & U», por las iniciales de los dos.
Tarantino tardó años en ponerse a escribir. Lo hizo entre 2000 y 2001, durante año y medio, en Nueva York. El resultado fue un guion pensado como una sola película, de más de cuatro horas en su primer montaje.
La Novia, que durante buena parte de la historia no tiene otro nombre, es una asesina que formaba parte de un grupo de profesionales dirigido por un hombre llamado Bill. Cuando decide dejarlo para casarse, el grupo irrumpe en la capilla y la deja por muerta. Sobrevive, se despierta cuatro años después y emprende una lista de nombres que debe ir tachando.
El elenco de enemigos reunió a Lucy Liu, Vivica A. Fox, Daryl Hannah, Michael Madsen y David Carradine, que pone voz y rostro a Bill. A Carradine, un veterano de la serie Kung Fu, Tarantino lo reservó casi hasta el final de la primera entrega. Solo se ven sus manos y se oye su voz, un recurso que alimenta la expectación.
La película es una declaración de amor al cine de artes marciales de Hong Kong, al cine de samuráis japonés y al spaghetti western. Tarantino contrató como coreógrafo a Yuen Woo-ping, el responsable de las peleas de Matrix. Para el personaje del herrero Hattori Hanzō escogió a Sonny Chiba, una estrella del cine de acción japonés de los setenta. El nombre del personaje rinde homenaje a un papel que el propio Chiba había interpretado en Shadow Warriors.
La historia lleva a la Novia a Okinawa y a Tokio. La secuencia que cuenta el pasado de O-Ren Ishii, la antagonista que interpreta Lucy Liu, está hecha en animación. Se encargó al estudio Production I.G., con Kazuto Nakazawa como director de esa parte.
Para recrear Tokio, el equipo reaprovechó una maqueta del horizonte de Yokohama construida para una película de Godzilla de 2001. El rodaje completo duró unos 155 días, y el presupuesto de las dos entregas se sitúa en torno a 55 millones de dólares, aunque las fuentes manejan cifras distintas para cada volumen.
La decisión de partir la película la sugirió Harvey Weinstein cuando el montaje ya estaba avanzado, y se anunció en julio de 2003. Tarantino ha dicho que aquello le permitió no cortar escenas como la animada. Desde entonces el debate sobre si era una sola película o dos ha acompañado a la obra, y él mismo defiende que es una.
El Volumen 1 llegó a Estados Unidos el 10 de octubre de 2003. Debutó con 22 millones de dólares, la mejor apertura de Tarantino hasta ese momento, y terminó con unos 181 millones en todo el mundo. En Japón firmó un estreno récord. El Volumen 2, estrenado en abril de 2004, superó los 150 millones.
Cada entrega tiene su tono. La primera es un festival de peleas, de sangre estilizada y de música que mezcla a Morricone con rap y rock. La segunda se vuelve más hablada y más cercana al western, con un final que se parece a un duelo verbal más que a una batalla. En el último encuentro entre la Novia y Bill, Tarantino regresa a su pasión por la conversación larga.
Thurman recibió nominaciones al Globo de Oro y al BAFTA como mejor actriz, y ganó un premio Empire. Sally Menke, que montó la película, optó al BAFTA de montaje. Como director, Tarantino demostró que podía manejar un material de acción con precisión de coreógrafo, sin abandonar sus obsesiones de guionista.
El rodaje dejó también una sombra. En 2003, durante la preparación del Volumen 2, Thurman sufrió un accidente de coche en una escena de conducción y resultó herida. Durante años quedó como una historia confusa. En 2018 ella la contó en detalle en una entrevista, y Tarantino reconoció que había sido uno de los mayores remordimientos de su vida. Ese mismo año se hicieron públicas las imágenes del accidente, que ella llevaba años pidiendo.
Más tarde llegó otra versión de la obra. En diciembre de 2025 llegó a los cines estadounidenses Kill Bill: The Whole Bloody Affair, el montaje que reúne los dos volúmenes en una sola película, tal como Tarantino la había concebido en origen.
Un cineasta con tiempo para otros proyectos
El éxito de Kill Bill le dio un prestigio nuevo, el de autor capaz de reunir a cinéfilos y a público de palomitas. En 2004 aceptó presidir el jurado del Festival de Cannes. Su criterio fue claro, y el jurado dio la Palma de Oro a Fahrenheit 9/11, de Michael Moore, y el Gran Premio a Oldboy, de Park Chan-wook, una película que Tarantino había defendido con entusiasmo.
También colaboró con Robert Rodriguez en Sin City, estrenada en 2005. Tarantino dirigió como invitado una escena, la del coche con Clive Owen y Benicio del Toro, y cobró por ello un dólar simbólico. Ese mismo año firmó, como director, el doble episodio «Grave Danger» de la serie CSI: Crime Scene Investigation, una historia de enterramiento en vida que le valió una nominación al Emmy.
Su nombre servía además de sello. Presentó con su firma Hostel, el filme de terror de Eli Roth, y apadrinó otras películas de género que quiso apoyar. Era la misma fórmula de Rolling Thunder Pictures, aunque ahora con más peso comercial.
Mientras tanto, el cine estadounidense se llenaba de herederos y de imitadores. Algunos copiaban los tiempos desordenados, otros el vocabulario de la calle, otros las bandas sonoras de canciones antiguas. Tarantino aceptaba el homenaje, aunque sus defensores discutían si había dejado una escuela o solo una moda.
Death Proof y Grindhouse, un homenaje que no cuajó en taquilla
Su siguiente proyecto nació de otra pasión suya, las sesiones dobles de cine de explotación en salas baratas de los setenta. Rodriguez y él decidieron recrear esa experiencia en un programa doble llamado Grindhouse. Rodriguez dirigió Planet Terror, una historia de zombis, y Tarantino Death Proof, una de coches y asesinatos.
El programa incluía tráileres falsos de otros directores, entre ellos Rob Zombie, Edgar Wright y Eli Roth, y las copias parecían gastadas a propósito. Faltaban fotogramas, aparecían rayones y había hasta un aviso de «bobina perdida». El juego pedía un público dispuesto a reírse con el cine barato, y eso no ocurrió en todas partes.
Grindhouse se estrenó en Estados Unidos el 6 de abril de 2007 y funcionó mal. El programa duraba más de tres horas. La recaudación quedó muy por debajo de lo esperado y los productores decidieron estrenar las dos películas por separado fuera de Estados Unidos. Death Proof costó unos 30 millones de dólares y recaudó una cifra casi idéntica.
La película cuenta la historia de Stuntman Mike, un doble de cine retirado que mata a mujeres jóvenes con su coche reforzado. Lo interpreta Kurt Russell, que le da un aire entre encantador y amenazante.
La primera mitad sigue a un grupo de amigas en Texas, y la segunda a otro grupo, en Tennessee, en el que hay especialistas de cine. Entre ellas está Zoë Bell, que se interpreta a sí misma en un tramo final de persecución sobre el capó de un coche en marcha. Tarantino no quiso trucos digitales. Prefería la peligrosa y verdadera acrobacia, y la persecución final se rodó con coches reales y especialistas reales.
Fue su primera película como director de fotografía, además de guionista y director. Para la copia internacional restauró escenas que en Estados Unidos habían sido sustituidas por el aviso de la bobina perdida, entre ellas un baile erótico. Esa versión dura 113 minutos, frente a los 96 de la estadounidense, y se presentó a concurso en Cannes en su montaje largo, de 127 minutos.
La crítica estuvo dividida. Se alabó el trabajo de los especialistas y el homenaje al cine de explotación, y se criticaron las largas conversaciones, que a algunos les parecían un adorno de lujo para una película de serie B. Tarantino llegó a calificarla como la peor película que había hecho, aunque matizó que eso, en su carrera, no era poco decir. Otros críticos la han defendido con los años, entre ellos la revista francesa Cahiers du cinéma, que la situó en segundo lugar entre las mejores películas de 2007.
En España suele citarse con su título original, Death Proof, igual que Grindhouse.
Con el tiempo, la película ha ido ganando seguidores entre quienes valoran su lado experimental. Es la más abiertamente de género de toda su filmografía, y la que menos se parece a una gran superproducción.
Después de aquel fracaso comercial relativo, Tarantino necesitaba una historia que lo reconciliara con el gran público. Llevaba años con un guion de guerra entre manos, el que había dejado aparcado para hacer Kill Bill.
Malditos bastardos, la guerra reescrita en un cine
El guion lo había empezado en 1998. Tarantino ha contado que en aquellos años escribió tres versiones casi terminadas, con algunas de las mejores páginas de su vida, pero que no conseguía dar con el final. Se fue a rodar Kill Bill y volvió a la historia con la cabeza más fría. Fue Luc Besson quien le convenció de que aquello debía ser una película y no una miniserie, y Tarantino recortó el texto tomando Pulp Fiction como referencia de duración.
El título es una variación deliberada, con faltas de ortografía incluidas, del que tuvo en inglés Quel maledetto treno blindato, una película bélica italiana de 1978 dirigida por Enzo G. Castellari, The Inglorious Bastards. Castellari aparece en un pequeño papel en la versión de Tarantino. En España se estrenó como Malditos bastardos.
La película se divide en cinco capítulos, como un libro. Cuenta dos historias que acaban cruzándose. En una, un grupo de soldados judíos estadounidenses, bajo el mando del teniente Aldo Raine, recorre la Francia ocupada matando nazis y arrancándoles el cuero cabelludo. En la otra, Shosanna Dreyfus, una joven judía que logró escapar de una matanza, regenta un cine en París y prepara una venganza en su sala.
Brad Pitt dio vida a Aldo Raine, con un acento sureño exagerado y una cicatriz en el cuello. Mélanie Laurent fue Shosanna, y Diane Kruger, la actriz alemana Bridget von Hammersmark. Eli Roth, Michael Fassbender y Daniel Brühl completaron un reparto internacional que habla inglés, alemán y francés. Tarantino exigió que los idiomas los hablaran personas que los dominaban de verdad, una decisión que dio a la película un aire de cine europeo raro en una producción estadounidense.
La pieza clave fue un actor austriaco poco conocido fuera del mundo germano, Christoph Waltz. Interpreta al coronel Hans Landa, apodado «el cazador de judíos», un oficial cortés, políglota y aterrador. La escena inicial, en una granja francesa, tiene a Landa conversando con un campesino mientras bajo las tablas del suelo se esconde una familia. Es una de las secuencias de tensión más celebradas de todo el cine de Tarantino, hecha solo con una mesa, un vaso de leche y una conversación.
La película se presentó en el Festival de Cannes el 20 de mayo de 2009. Tarantino y los hermanos Weinstein habían pactado en julio de 2008 un calendario acelerado para llegar a esa fecha, y la copia se terminó con el tiempo justo. En el festival, la proyección recibió una ovación larguísima, de entre ocho y once minutos según las crónicas, y Waltz se llevó el premio al mejor actor.
El estreno en Estados Unidos fue el 21 de agosto de 2009. Con un presupuesto de unos 70 millones de dólares, recaudó alrededor de 321 millones en todo el mundo, la cifra más alta de su carrera hasta Django desencadenado. La Academia le dio ocho nominaciones, entre ellas mejor película, mejor director y mejor guion original. Waltz ganó el Oscar al mejor actor de reparto.
El final fue lo más comentado. Tarantino no respeta la historia. En la sala de Shosanna, durante el estreno de una película propagandística alemana, el cine arde con la cúpula nazi dentro, y Hitler y Goebbels mueren acribillados en su palco. La guerra se acaba allí, en una sala de cine.
Es un gesto coherente con toda su obra, que siempre ha tratado el cine como algo capaz de cambiar el mundo, aunque sea dentro de una sala. Tarantino consideró durante años aquel guion como su obra maestra en ciernes, y a no pocos aficionados su película les sigue pareciendo la más redonda.
Django desencadenado, el western del Sur
El proyecto siguiente le llevó a la esclavitud estadounidense, un tema que el cine de Hollywood casi siempre había tratado con solemnidad. Tarantino lo abordó desde el género. Llegó a hablar de un southern, una película del Sur con la estructura y el espíritu de un spaghetti western.
El punto de partida es el Django de Sergio Corbucci, un clásico de 1966. Franco Nero, el protagonista de aquella película, aparece en la nueva con un pequeño papel, y la melodía de Luis Bacalov suena en los créditos. Aun así, Tarantino rodó una historia propia. Un cazarrecompensas alemán, el doctor King Schultz, libera a un esclavo llamado Django para que le ayude a identificar a unos criminales, y lo entrena para convertirse en pistolero. Juntos viajan hasta Misisipi para rescatar a Broomhilda, la esposa de Django, que pertenece a un terrateniente cruel y refinado.
Jamie Foxx hizo de Django. Para el papel se había hablado de otros actores, entre ellos Will Smith, que más tarde dijo que lo rechazó porque el protagonista de verdad le parecía otro personaje, el cazarrecompensas. También sonaron los nombres de Michael K. Williams e Idris Elba. Christoph Waltz repitió con Tarantino como Schultz, Kerry Washington fue Broomhilda y Samuel L. Jackson hizo de Stephen, el mayordomo de la plantación, uno de los villanos más inquietantes del autor.
El gran fichaje fue Leonardo DiCaprio, que se puso en la piel del dueño de la plantación, Calvin Candie. En una escena de cena, DiCaprio se cortó la mano con un cristal roto y siguió interpretando sin interrumpirse. Tarantino conservó esa toma en el montaje final, y el reparto le aplaudió de pie al terminar.
La película fue la primera de Tarantino que no montó Sally Menke. Su montadora desde Reservoir Dogs había muerto en 2010, y el trabajo pasó a manos de Fred Raskin, que acabó nominado al BAFTA. Menke había montado todas sus películas hasta entonces, y su ausencia se notó en el equipo.
Django desencadenado se estrenó en Nueva York el 11 de diciembre de 2012 y en el resto de Estados Unidos el día de Navidad. Costó unos 100 millones de dólares y recaudó casi 450 millones en todo el mundo. Es la película más taquillera de Tarantino y el western más taquillero de la historia.
La Academia la nominó en cinco categorías, incluida la de mejor película. Waltz ganó su segundo Oscar, y el director su segundo premio al mejor guion original, dieciocho años después del de Pulp Fiction. También hubo cinco nominaciones a los Globos de Oro, con dos premios, entre ellos el de actor de reparto para Waltz.
Como en Jackie Brown, no faltó la polémica. Se discutió el uso reiterado de insultos racistas en los diálogos y la violencia de las escenas con los esclavos. Spike Lee dijo públicamente que no pensaba ver la película porque le parecía una falta de respeto a sus antepasados. Samuel L. Jackson, de nuevo, salió en defensa de su director.
Entre quienes la defendieron, la lectura era que Tarantino había encontrado un modo de hablar de la esclavitud sin la distancia habitual del drama histórico. Entre quienes la rechazaron, que el juego con los géneros trivializaba un horror real. El debate no se ha cerrado, y la película sigue apareciendo en cursos universitarios y en listas de lo mejor de la década.
El propio Tarantino aparece en pantalla con dos pequeños papeles, uno como empleado de una compañía minera y otro como un encapuchado llamado Robert.
Los odiosos ocho, un western de cámara en 70 milímetros
Tarantino quería una película larga y difícil de ver de otra forma que no fuera en una sala. Pensó en un western ambientado en un solo espacio, después de la Guerra de Secesión, con personajes que no se fían los unos de los otros, y escribió The Hateful Eight. En España se estrenó como Los odiosos ocho.
En enero de 2014 el guion se filtró en internet. Tarantino había dado una copia a un reducido grupo de personas, y alguien la hizo circular. Dolido, abandonó el proyecto y demandó a una web que había enlazado la filtración. Meses después volvió sobre sus pasos. En abril de 2014 organizó una lectura teatral del texto en el United Artists Theater del Ace Hotel de Los Ángeles, con parte del reparto, y la acogida le devolvió las ganas de rodarlo.
La película transcurre en Wyoming, durante una ventisca. Un cazarrecompensas, John Ruth, viaja en diligencia con su prisionera, Daisy Domergue. A ellos se suman el mayor Marquis Warren, un antiguo oficial negro del ejército de la Unión, y Chris Mannix, que dice ser el nuevo sheriff de un pueblo cercano. El grupo se refugia en la mercería de Minnie, donde encuentra a otros cuatro desconocidos.
Los papeles principales fueron para Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh y Walton Goggins. Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern, Demián Bichir y Channing Tatum completaron un conjunto de actores veteranos y de viejos conocidos suyos. Es una película hablada, lenta de ritmo, hecha de monólogos, de sospechas y de un misterio que se resuelve en el último tercio con un estallido de violencia.
La gran apuesta fue técnica. Tarantino y su director de fotografía, Robert Richardson, rodaron en 65 milímetros con un formato antiguo, el Ultra Panavision 70, que se empleó en clásicos como Ben-Hur. El estreno incluyó una modalidad de pase especial al estilo de los antiguos «roadshow», con obertura musical, intermedio y programa de mano. Para proyectar la película como se debía hubo que reinstalar proyectores de 70 milímetros en varias salas de Estados Unidos.
El rodaje comenzó en enero de 2015 en la zona de Telluride, en Colorado, entre nieve de verdad, con el apoyo económico del estado. El presupuesto se sitúa, según la fuente, entre 44 y 62 millones de dólares. La versión en 70 milímetros se estrenó el 25 de diciembre de 2015 y el estreno general fue el 30 de diciembre.
La banda sonora la escribió Ennio Morricone, el compositor de los westerns de Sergio Leone, al que Tarantino había querido tener como colaborador durante años. Hasta entonces solo había usado fragmentos de su obra anterior. El maestro compuso música nueva para la ocasión y, en febrero de 2016, ganó con ella el Oscar a la mejor banda sonora original, el único Oscar competitivo de su carrera. Tenía entonces 87 años.
La película recaudó unos 161 millones de dólares, menos que sus dos títulos anteriores. Tuvo tres nominaciones al Oscar, contando la de Morricone: las otras dos fueron para Jennifer Jason Leigh, como actriz de reparto, y para Richardson, por la fotografía. Muchos críticos la consideran una de sus obras más teatrales, y su formato en 70 milímetros la convirtió en una pieza de coleccionista.
El estreno quedó marcado por una controversia ajena al cine. En octubre de 2015, Tarantino participó en una manifestación en Nueva York contra la violencia policial y dijo que, a su juicio, algunos de aquellos casos eran asesinatos. Varias organizaciones policiales respondieron con la promesa de boicotear la película y el resto de su obra. Tarantino aclaró que no consideraba asesinos a todos los policías.
Aquella polémica no impidió el estreno, ni cambió su carrera. Pero marcó un punto de inflexión. En su octava película, veintitrés años después del debut, Tarantino había dejado de ser una promesa del cine independiente. Era un autor al que se discutía en público y al que cualquier declaración suya convertía en noticia.
Érase una vez en… Hollywood, la carta de amor a Los Ángeles
Tarantino tardó casi cuatro años en volver, y lo hizo con una película muy distinta de las anteriores. Se la había planteado como un retrato de Los Ángeles en 1969, el año del final de una época para Hollywood. Para entonces, las acusaciones contra Harvey Weinstein habían puesto fin a su relación con los hermanos que habían producido buena parte de su carrera. Casi todas sus películas habían pasado por Miramax o por la Weinstein Company. Con el nuevo proyecto cambió de estudio. Sony ganó la puja y aceptó sus condiciones, entre ellas el control del montaje final.
El título de la película remite a Sergio Leone y a sus dos Érase una vez, el del Oeste y el de América. En España se estrenó como Érase una vez en… Hollywood. La historia sigue a Rick Dalton, un actor de westerns televisivos en horas bajas al que interpreta Leonardo DiCaprio, y a Cliff Booth, su doble de acción, chófer y amigo, al que da vida Brad Pitt. En la casa de al lado de Rick viven el director Roman Polanski y su esposa, la actriz Sharon Tate, que interpreta Margot Robbie.
El guion alterna la rutina de los dos amigos con episodios que parecen sueltos. Rick rueda una escena con una niña actriz con la que conversa entre toma y toma. Cliff arregla la antena del tejado de Rick y recuerda una pelea con Bruce Lee. Tate va al cine a ver una película suya y disfruta con la reacción del público. Poco a poco, la película se acerca al verano de 1969 y a la sombra de la secta de Charles Manson, que ocupaba un rancho que había servido de decorado de westerns.
El reparto fue otro de los atractivos. Junto a los dos protagonistas, aparecen Margaret Qualley, Emile Hirsch, Austin Butler, Timothy Olyphant, Julia Butters, Damian Lewis, Al Pacino, Bruce Dern, Kurt Russell, Zoë Bell y Mike Moh como Bruce Lee. Es una película coral y hecha con ganas de pasear la mirada por una ciudad que ya no existe, con sus rótulos de neón, sus emisoras de radio y sus marcas de la época.
El final repite el gesto de Malditos bastardos, el de rehacer la historia a su antojo. Tarantino pidió a la prensa, en una carta, que no desvelara los giros de la trama. Sin dar detalles de más, basta decir que los miembros de la secta no terminan en la casa donde ocurrió la matanza real. El resultado fue recibido de forma muy desigual. Para unos, un acto de ternura hacia una víctima real. Para otros, una fantasía incómoda.
Érase una vez en… Hollywood se proyectó en Cannes el 21 de mayo de 2019, veinticinco años después de la Palma de Oro de Pulp Fiction. Se estrenó en Estados Unidos el 26 de julio y en el Reino Unido el 14 de agosto. Tuvo un presupuesto de entre 90 y 96 millones de dólares y recaudó más de 370 millones en todo el mundo.
La Academia la nominó diez veces, tres de ellas a Tarantino como productor, director y guionista. Se llevó dos estatuillas, la de mejor actor de reparto para Pitt, su primer Oscar de interpretación, y la de diseño de producción. En los Globos de Oro ganó el premio a la mejor película de comedia o musical.
Tampoco faltó la discusión. La familia de Bruce Lee criticó la imagen que ofrecía del actor de artes marciales, y su hija, Shannon Lee, la calificó de caricatura. Tarantino defendió que la escena se basaba en anécdotas conocidas de la arrogancia de Lee. También se señaló que Margot Robbie, en el papel de Tate, tiene pocas líneas de diálogo.
La película es la más personal de su carrera, y también la más melancólica. Retrata a gente que sabe que el negocio en el que se ganó la vida está cambiando y que no puede hacer nada por frenarlo. No hay en ella la cólera de Reservoir Dogs ni el barroquismo de Kill Bill. Hay, más bien, cariño y una nostalgia casi física por una ciudad.
De director a novelista, programador y crítico
Desde 2019, Tarantino ha puesto su energía en proyectos que no pasan por el rodaje. En 2021 publicó una novelización de Érase una vez en… Hollywood, escrita con un tono más suelto que la película. La edición española, traducida por Javier Calvo, lleva el título de Érase una vez en Hollywood. La novela amplía el mundo de la película y da a los personajes un pasado que no cabe en el montaje.
En 2022 llegó Cinema Speculation, que en España se publicó como Meditaciones de cine. Es un libro de ensayos sobre películas de los años setenta que vio de joven, con una mezcla de crítica, memoria personal y especulación sobre cómo habrían sido ciertas películas si se hubieran hecho de otro modo. El libro confirma una faceta que se intuía desde el videoclub, la del divulgador que explica por qué una película funciona.
Tarantino lleva años dedicado también a la exhibición. Es propietario del New Beverly Cinema de Los Ángeles, una sala de repertorio que programa casi exclusivamente en copias de película, y en 2021 compró el Vista Theatre, otra sala histórica de la ciudad. Ambos cines proyectan en celuloide y defienden la experiencia de ver las películas de otra manera que en una pantalla doméstica.
Desde 2022 presenta con Roger Avary un pódcast llamado The Video Archives Podcast, que toma su nombre del videoclub donde se conocieron. En él comentan películas del catálogo de aquel videoclub. Es una manera de cerrar el círculo y de devolverle al público la escuela que él mismo tuvo.
En junio de 2020 pasó a figurar como crítico oficial en Rotten Tomatoes y desde entonces ha publicado más de treinta reseñas. Esa faceta recuerda al joven que recomendaba películas en el mostrador. Su opinión sigue pesando, para bien y para mal, en las discusiones sobre cine, y a veces ha provocado polémicas por sus comentarios sobre otros intérpretes.
El plan de la décima película y el giro teatral
Desde hace años, Tarantino repite que dirigirá diez películas y que se retirará después. En 2009 dijo que dejaría el cine a los 60 años. Más tarde lo reformuló y fijó el límite en la décima película. En 2023 anunció que esa última obra sería The Movie Critic. En 2024 distintos medios informaron de que había renunciado a rodarla.
En enero de 2025 dijo que no tenía prisa por su película final y que su prioridad era una obra de teatro. El resultado es The Popinjay Cavalier, su primer texto teatral, que se estrena el 18 de marzo de 2027 en el Phoenix Theatre del West End londinense.
La obra está ambientada en la Europa de la década de 1830 y sigue a Rupert Sebastian Thomas Jr., «el mejor actor del mundo», que viaja a París para actuar en la Comédie-Française y ve complicarse el trayecto por unas imprudentes palabras sobre los franceses. Habla de engaños y disfraces, e incluye acrobacias y esgrima. Sacha Baron Cohen interpreta al protagonista, y Tarantino lo dirige.
Mientras tanto, otro proyecto suyo llega a los cines sin que él ocupe la silla de director.
En abril de 2025 Netflix compró el guion de The Further Mis-Adventures of Cliff Booth, que Tarantino escribió con el personaje de Brad Pitt como protagonista. La dirige David Fincher, con quien Pitt había trabajado en Seven, El club de la lucha y El curioso caso de Benjamin Button. Tarantino ha descrito el texto como una novela gigante escrita en forma de guion. No quiso rodarlo porque sentía que pisaba un terreno ya recorrido.
La película transcurre en 1977, ocho años después de Érase una vez en… Hollywood. Cliff, retirado del mundo de los especialistas, trabaja ahora como arreglador de problemas para los estudios. Junto a Pitt participan Timothy Olyphant, que repite como James Stacy, Elizabeth Debicki, Scott Caan, Carla Gugino, Yahya Abdul-Mateen II y Peter Weller. Se rodó entre julio de 2025 y enero de 2026, con un presupuesto que algunas fuentes cifran en 200 millones de dólares, y el primer avance se emitió durante la Super Bowl de 2026.
Netflix la estrenará primero en salas IMAX durante dos semanas, a partir del 25 de noviembre de 2026, y la llevará a su plataforma el 23 de diciembre. Tarantino publicará además, el 8 de diciembre de 2026, una novela con el mismo título. En lo personal, se casó en 2018 con la cantante israelí Daniella Pick, con la que tiene dos hijos, nacidos en 2020 y 2022, y en 2025 anunció que la familia se instalaría en Londres en 2026.
En octubre de 2026, ante las cámaras de un programa de entrevistas, Tarantino dijo que ya tiene escrito el guion de su décima película y que no tiene prisa por filmarla. Si esa película se hace, y cuándo, nadie lo sabe con certeza. Tarantino ya ha cambiado de plan más de una vez, y lo prudente es no dar ninguno por hecho.
Un estilo que se reconoce en diez minutos
Es difícil ver una película de Tarantino sin saber que lo es. Lo primero es el diálogo. Sus personajes hablan de cosas aparentemente menores, como una canción de Madonna, una hamburguesa o un masaje de pies, y de esa charla surgen la tensión, el humor y el retrato psicológico. Tarantino no escribe para explicar la trama. Escribe para que los personajes se descubran.
El segundo rasgo es la estructura. Varias de sus películas se dividen en capítulos con título, y algunas rompen el orden cronológico, como Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill, y en menor medida Los odiosos ocho. Hay algo de novela en ese ordenamiento, y algo de tebeo.
El tercero es el uso de la música. Tarantino no encarga bandas sonoras convencionales. Escoge canciones ya existentes, a veces olvidadas, y las coloca en escenas donde nadie las esperaría. Surf, soul, rock, hip hop, música italiana de películas viejas. Para Los odiosos ocho encargó a Morricone una partitura original, algo poco habitual en su carrera. El resto del tiempo se comporta como un disc-jockey con una cámara.
El cuarto es la violencia. Es explícita y a menudo cómica, y a menudo está filmada con distancia, como si fuera parte de un número de baile. Esa mezcla es su marca y su principal motivo de controversia. Hay quien la ve como una forma de inocencia cinéfila y hay quien la ve como una complacencia.
Entre las costumbres que se repiten están el plano desde el interior de un maletero, el enfrentamiento en que todos se apuntan entre sí, conocido como Mexican standoff, el gusto por los pies descalzos y las marcas inventadas, como los cigarrillos Red Apple o las hamburguesas Big Kahuna. Ha dicho del interés por los pies que no se lo toma en serio. Los mundos de sus películas comparten además guiños. El criminal Vic Vega, de Reservoir Dogs, es hermano de Vincent Vega, de Pulp Fiction.
Su manera de rodar es otro rasgo propio. Tarantino defiende el celuloide frente al digital, rueda en película, y ha hecho del formato una causa. Sus estrenos en 35 y 70 milímetros, y las salas que programa, forman parte de un mismo argumento, el de que el cine se ve mejor así.
Y están las influencias. La lista incluye el spaghetti western de Sergio Leone y Sergio Corbucci, el cine de artes marciales de Hong Kong, el cine negro francés, las películas de explotación estadounidenses y el cine japonés de samuráis y yakuzas. Su productora se llamó A Band Apart, por Bande à part, de Godard. Su película favorita ha sido casi siempre El bueno, el feo y el malo, de Leone, que ha descrito como la mejor dirigida de la historia.
Los críticos le han reprochado a veces que se limita a copiar. Sus partidarios responden que todo cineasta se alimenta de otros y que lo difícil es que el resultado suene a uno mismo. Tras nueve películas, es la respuesta que más peso ha ido ganando.
Los compañeros de viaje
Tarantino ha trabajado con un grupo de colaboradores estable, que explican en parte la coherencia de su cine. Sally Menke montó todas sus películas desde Reservoir Dogs hasta su muerte en 2010. Robert Richardson ha sido su director de fotografía desde Kill Bill, con títulos como Malditos bastardos y Los odiosos ocho. Lawrence Bender, que lo ayudó a poner en marcha Reservoir Dogs, produjo seis de sus películas.
Entre los actores, el más constante ha sido Samuel L. Jackson, presente en seis películas escritas o dirigidas por él. Harvey Keitel aparece en tres. Tim Roth, Michael Madsen, Uma Thurman, Kurt Russell, Christoph Waltz y Zoë Bell figuran entre los rostros que van y vienen, y Pitt y DiCaprio llegaron más tarde.
También ha dado nuevos papeles de peso a intérpretes veteranos. Travolta con Pulp Fiction, Pam Grier y Robert Forster con Jackie Brown, Kurt Russell con Death Proof y Los odiosos ocho. Es una de sus señas de identidad, la de ofrecer una segunda oportunidad a un actor con trayectoria.
Sus papeles femeninos han sido, para muchos, un punto fuerte. La Novia de Thurman, la Jackie de Grier, la Shosanna de Laurent o la Daisy de Jennifer Jason Leigh son personajes con fuerza propia. Otros han señalado, con razón, que esas mujeres suelen vivir en un mundo de hombres violentos y que su fortaleza pasa por la agresividad. El debate sigue abierto.
Polémicas que acompañan a su carrera
Ningún repaso honesto a su obra puede esquivar las polémicas. Algunas son artísticas y otras personales. La del lenguaje con que habla de raza, desde Pulp Fiction hasta Django desencadenado, es la más persistente y ya se ha contado. Spike Lee es su crítico más visible, y Samuel L. Jackson su defensor más constante.
La del trato a las actrices pesa más. El accidente de Uma Thurman en Kill Bill llevó a Tarantino a lamentarlo públicamente. Tras el escándalo de Harvey Weinstein, reconoció en 2017 que sabía lo suficiente como para haber hecho más. Más tarde dijo que se arrepentía de no haber presionado al productor. En 2018 también se retractó de unas declaraciones de 2003 en las que había defendido a Roman Polanski.
También están sus palabras sobre la policía, en 2015, y los enfrentamientos más personales. La agresión a Don Murphy en 1997, con la multa que ya se contó, es el ejemplo más claro de su temperamento. En 2025 criticó la interpretación de Paul Dano en Pozos de ambición y recibió reproches públicos de George Clooney y de Daniel Day-Lewis.
Ninguna de estas disputas altera el cuerpo de la obra, pero conviene tenerlas presentes, porque su figura pública forma parte de la historia de su cine y porque buena parte de las críticas que recibe nacen de esa mirada sobre su persona.
Una historia que ya se puede medir
Con nueve películas, Tarantino ha ganado dos Oscar al mejor guion original, una Palma de Oro y una nominación al Emmy por CSI. En 2011 recibió el César honorífico del cine francés. Sus películas han recaudado más de 1.900 millones de dólares y su nombre figura en casi cualquier lista seria de los grandes cineastas de las últimas décadas.
Su influencia se nota en el thriller independiente que se hizo después de Pulp Fiction, en los guionistas que aprendieron a poner el diálogo en el centro, en los festivales que descubrieron cine de género y en una generación de espectadores que fue al videoclub a buscar las películas que él citaba. Muchos de esos títulos, como los de Rolling Thunder Pictures, volvieron a circular gracias a su empeño.
Es probable que su mayor aportación sea una actitud más que un estilo. Tarantino demostró que un aficionado podía convertirse en autor sin renunciar a su condición de aficionado, y que el cine popular, el de las sesiones dobles y los estantes de videoclub, merecía el mismo respeto que el de los festivales.
La historia no está cerrada. Falta por estrenarse The Further Mis-Adventures of Cliff Booth, que llegará a las salas el 25 de noviembre de 2026. Falta ver The Popinjay Cavalier sobre las tablas del Phoenix Theatre en marzo de 2027. Y falta saber si su décima película llegará a rodarse, o si el cineasta que aprendió el oficio entre las estanterías de un videoclub decidirá que ya lo ha dicho todo.
Sea cual sea la respuesta, ya está hecho lo esencial. Hay nueve películas que se siguen viendo, citando y discutiendo, más de treinta años después de que un empleado de videoclub escribiera un guion sobre unos atracadores con nombres de colores.