Dos veces, con cincuenta años de diferencia, la actriz Ana Torrent pronuncia ante la cámara de Víctor Erice las mismas dos palabras: «Soy Ana». La primera vez es una niña de seis o siete años, de noche, junto a una ventana de la meseta castellana, en la escena final de El espíritu de la colmena (1973). La segunda es una mujer adulta, en Cerrar los ojos, la película que Erice estrenó en 2023.
Entre una y otra hay medio siglo de cine español, cuatro largometrajes propios y una de las filmografías más cortas y más comentadas que se recuerdan.
Erice no ha hecho muchas películas, pero casi todas han acabado en las listas de lo mejor que ha dado el cine hecho en España. Tampoco ha hecho solo películas. Ha escrito sobre cine, ha dado clases, ha firmado cortos, cartas filmadas, instalaciones de museo y varios proyectos que nunca llegaron a rodarse, y que en su caso forman parte de la biografía artística casi tanto como los títulos terminados.
Este artículo recorre su vida y toda su obra, en orden cronológico y sin dejar fuera lo que quedó a medias. Está pensado para quien conoce El espíritu de la colmena y quiere saber qué vino después, y también para quien nunca ha visto una película suya y busca un punto de partida.
Del Kursaal a la escuela de cine
Víctor Erice nació el 30 de junio de 1940 en Karrantza, un valle del occidente de Bizkaia. Pocos meses después su familia se instaló en San Sebastián, y en esa ciudad vivió hasta los diecisiete años.
La primera película que recuerda haber visto es La garra escarlata, una de las aventuras de Sherlock Holmes con Basil Rathbone y Nigel Bruce, dirigida por Roy William Neill en 1944 y estrenada en España en 1946. La vio en el Gran Kursaal de San Sebastián.
La historia transcurre en un pueblo llamado La Morte Rouge. Cuando Erice ya era cineasta, devolvió ese nombre a la pantalla con un mediometraje de 2006, La morte rouge, que recuerda aquella experiencia.
A los diecisiete años se mudó a Madrid. Allí estudió Ciencias Políticas y Derecho, carreras que no tienen nada que ver con lo que acabaría haciendo. Su camino cambió en 1961, cuando ingresó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, conocido después como Escuela Oficial de Cine. Se diplomó en dirección en 1963.
En la escuela rodó sus primeras piezas, todas mudas. Son Al final de la fiesta subieron a la terraza (1961), Entre las vías y Páginas de un diario perdido (ambas de 1962). Su trabajo de fin de estudios fue Los días perdidos (1963), un mediometraje de 41 minutos que representó a la escuela en el Festival de San Sebastián.
Erice fue desde joven un espectador que escribía. Formó parte del consejo de redacción de la revista Nuestro Cine y colaboró en Cuadernos de Arte y Pensamiento. Más tarde publicó, junto a Jos Oliver, el libro Nicholas Ray y su tiempo (Filmoteca Española, 1986), y fue colaborador habitual de la revista francesa Trafic.
Esa doble condición de cineasta y crítico explica buena parte de su obra. Sus películas dialogan con otras películas, con la pintura y con la memoria de las salas donde se ven, y lo hacen desde un conocimiento muy concreto de la historia del cine.
Oficios de aprendiz y un primer encargo
Los años siguientes a la escuela fueron de oficios. Erice trabajó como secretario de producción de Basilio Martín Patino en Tarde de domingo. Fue coguionista de Miguel Picazo en Oscuros sueños de agosto (1967) y de Antxon Eceiza en El próximo otoño (1967). Llegó incluso a salir como actor en Antoñito vuelve a casa, de Manuel Revuelta.
Ninguno de esos trabajos lleva su firma de director, pero dibujan un mapa del cine español de aquel momento, el de la llamada generación de la Escuela Oficial de Cine, en el que Erice se movía con naturalidad.
Su primer trabajo en un largometraje llegó en 1969 y fue compartido. Los desafíos es una película en tres episodios dirigidos por Claudio Guerín, José Luis Egea y el propio Erice. El guion es de Rafael Azcona, la producción de Elías Querejeta, la fotografía de Luis Cuadrado y la música de Luis de Pablo.
El episodio de Erice cuenta la historia de un grupo de amigos que forman una especie de comuna en un pueblo aparentemente abandonado. Entre ellos hay un chimpancé.
La película se estrenó en España el 19 de septiembre de 1969 y ganó la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián. El Círculo de Escritores Cinematográficos premió el guion de Azcona y la interpretación de Alfredo Mayo.
Los otros dos directores no tuvieron continuidad. Claudio Guerín murió joven mientras rodaba su tercera película, y José Luis Egea no llegó a hacer un segundo largometraje.
Erice, en cambio, tenía ya a su lado a un productor que iba a ser decisivo. Elías Querejeta, que había producido Los desafíos, sería también el productor de su siguiente película, y de la que lo situó en el mapa.
Entre Los desafíos y ese nuevo trabajo pasaron cuatro años.
El espíritu de la colmena (1973)
El espíritu de la colmena nació de una idea que no se parecía a la película final. Erice y su guionista, el crítico Ángel Fernández-Santos, partieron de un proyecto de género, de terror, con la criatura de Frankenstein como figura central.
Una primera versión, de aire expresionista y pensada en blanco y negro, exigía más presupuesto del que había. Los dos guionistas acabaron escribiendo otra cosa, mucho más personal, y la defendieron ante Querejeta con unas cinco páginas de argumento que bastaron para convencerle. La película se rodó en color.
También se descartó una estructura anterior, en la que una Ana ya adulta volvía, en los años setenta, para ver a su padre moribundo. La versión definitiva se quedó con la infancia y nada más.
El título procede del libro de Maurice Maeterlinck sobre las abejas.
Una niña, un monstruo y un pueblo
La historia ocurre en los años inmediatos a la Guerra Civil, en un pueblo de la meseta castellana. Así lo anuncia el rótulo inicial, «Un lugar de la meseta castellana», que recuerda la fórmula con la que empieza el Quijote.
El pueblo es Hoyuelos, en Segovia, y en la película conserva su nombre real.
Ana, la menor de dos hermanas, vive con sus padres. Fernando, el padre, cuida colmenas y pasa las horas escribiendo y observando a las abejas. Teresa, la madre, escribe cartas a alguien que está lejos. Entre ellos hay poca conversación.
Un día llega al pueblo un camión con una proyección ambulante de Frankenstein, la película de 1931. Ana y su hermana Isabel van a verla con todo el pueblo.
A Ana le obsesiona una pregunta: por qué el monstruo mata a la niña junto al lago y por qué luego lo matan a él. Isabel, la mayor, le responde con una invención. El monstruo no ha muerto, es un espíritu, y se puede hablar con él.
Poco después, Ana encuentra en un caserón abandonado a un soldado herido que ha huido de un tren. Le lleva comida y la chaqueta de su padre. Lo que ocurre a continuación pone a prueba la frontera entre lo que la niña ve y lo que los adultos saben.
La película no explica nada de esto. Deja que el espectador lo reconstruya a partir de gestos, miradas y silencios, que es probablemente la razón por la que se sigue viendo.
Lo que la película cuenta sin contarlo
La película nunca nombra la guerra. Lo que hay es un pueblo con poca gente por las calles, una casa grande con la luz justa y adultos que casi no se hablan.
Cada uno parece ocupado en su mundo. El padre observa las abejas y escribe, la madre escribe cartas, y las hijas se quedan solas con sus dudas. En una escena, el padre enseña a las niñas a distinguir las setas comestibles de las venenosas.
Ese silencio de los mayores es el contexto de todo lo demás. Ana pregunta por la muerte y por el miedo, y para responder se apoya en lo único que tiene a mano, la película que ha visto en el pueblo.
Por eso la película funciona a la vez como retrato de una época y como cuento sobre la infancia. Nadie tiene que conocer la historia de España para entender a Ana, pero quien la conoce ve más cosas.
Las voces de un reparto pequeño
El reparto lo encabezan Fernando Fernán Gómez como el padre y Teresa Gimpera como la madre. Ana Torrent, que tenía seis o siete años durante el rodaje, es Ana, e Isabel Tellería interpreta a Isabel.
Los personajes llevan el nombre de pila de sus intérpretes. Erice lo decidió así porque la niña se confundía con los nombres de ficción.
Completan el reparto Ketty de la Cámara como Milagros, Juan Margallo como el soldado fugitivo, José Villasante como el monstruo, Laly Soldevila y Miguel Picazo. Juan Margallo volvería a trabajar con Erice cincuenta años después, en Cerrar los ojos, donde interpreta al doctor Benavides.
La escena de la proyección de Frankenstein se rodó casi como un directo. Las reacciones de las niñas ante la pantalla son reales, no actuadas.
Una fotografía en la casa muestra al padre junto a Miguel de Unamuno, un detalle que sitúa socialmente a esta familia sin necesidad de decirlo.
Luz de miel
El aspecto de la película es inseparable de su director de fotografía, Luis Cuadrado. Sus interiores tienen tonos de miel y ámbar, y las ventanas hexagonales de la casa de Fernando reproducen la forma de las celdas de una colmena sin subrayarlo.
La música es de Luis de Pablo y el montaje de Pablo G. del Amo, que volvería a trabajar con Erice en El sur.
Cuadrado perdió la vista con el tiempo, lo que acortó su carrera. Su trabajo en esta película sigue siendo una de las referencias de la fotografía del cine español.
Premios, abucheos y una censura despistada
El espíritu de la colmena ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 1973. El documental que acompaña a la edición de Criterion recuerda que hubo abucheos cuando se anunció el premio.
Ganó también el Hugo de Plata en Chicago, un premio del cine de arte y ensayo en Turín y cinco medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos, entre ellas las de mejor película y mejor director. Fernando Fernán Gómez fue distinguido como mejor actor y Ana Torrent recibió un Fotogramas de Plata.
La película pasó la censura. Se cree que los censores no esperaban que fuera a interesar a mucho público, y su éxito fuera de España ayudó a protegerla.
Cómo envejece una película
El prestigio de El espíritu de la colmena no ha dejado de crecer. En 2012, la encuesta decenal de la revista británica Sight & Sound la colocó en el puesto 81 de las mejores películas de la historia. En 2022 aparece en el puesto 85. Roger Ebert la incluyó en su serie Great Movies en 2012, y The Guardian la situó en el lugar 25 de su lista de mejores películas de cine de autor en 2010.
En 2004 se hizo una restauración supervisada por el propio Erice. Dos años después, la colección Criterion publicó la edición que la hizo accesible a un público más amplio fuera de España.
Cuando se estrenó, Erice dijo que le gustaría volver a ver a Ana dentro de treinta años. Tuvo que esperar cincuenta, pero lo hizo.
El sur (1983), la película a medias
Después de El espíritu de la colmena, Erice tardó diez años en dirigir otro largometraje. Cuando lo hizo, fue con una película que él mismo considera inacabada.
El sur parte de un relato de la escritora Adelaida García Morales, que fue durante varios años pareja de Erice. El texto es breve, de unas cuarenta y siete páginas. Erice lo adaptó y Querejeta volvió a producir.
La historia sigue a Estrella, una niña que crece en una casa a las afueras de una ciudad del norte. Su padre, Agustín, es médico y también zahorí, y trabaja con un péndulo. Es un hombre callado, con un pasado que su hija no conoce.
Estrella descubre que ese pasado tiene que ver con una actriz, Irene Ríos, y con el Sur, un lugar al que su padre no quiere volver y que para ella se convierte en una promesa. La película sigue su infancia y su adolescencia, y llega hasta el momento en que se dispone a viajar.
El rodaje que se paró
El rodaje empezó el 6 de diciembre de 1982 y se interrumpió a los cuarenta y cinco días aproximadamente. Querejeta lo detuvo alegando razones económicas, que ni Erice ni el director de fotografía, José Luis Alcaine, aceptaron.
Se había rodado en torno a la mitad del guion. La parte que debía transcurrir en el Sur no se filmó nunca.
Erice no ha dejado de considerar El sur una película incompleta. Ángel Fernández-Santos, su guionista en El espíritu de la colmena, defendió en cambio que la película, tal como quedó, funcionaba como un todo.
Lo que se ve en pantalla da la razón a los dos. Hay un ausente, el Sur, que organiza toda la película precisamente porque no aparece.
Reparto, lugares y luz
Omero Antonutti es Agustín. Estrella niña es Sonsoles Aranguren, y de adolescente la interpreta Icíar Bollaín, en su debut en el cine. Completan el reparto Lola Cardona, Rafaela Aparicio, Aurore Clément como Irene Ríos y Germaine Montero.
La fotografía es de José Luis Alcaine y el montaje, de nuevo, de Pablo G. del Amo. La música incluye piezas de Granados y de Ravel.
El rodaje se repartió entre Ezcaray, Madrid y Zamora. Algunos edificios de Logroño, como un hospital y el Gran Hotel, pasaron a formar parte de la historia, y una escena transcurre en el Café Barbieri, en Lavapiés. El cine Arcadia que aparece en la película es el antiguo Cine Vesa de Vitoria.
Recepción
El sur compitió en el Festival de Cannes de 1983. Ganó el Hugo de Oro en Chicago, el premio Sant Jordi a la mejor película española y el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos a la mejor dirección. Fotogramas de Plata la eligió mejor película española según la crítica.
En la encuesta que se hizo en 1996 para celebrar el centenario del cine, los profesionales y críticos españoles la votaron como la octava mejor película española de la historia. Criterion la publicó en una edición con un ensayo de la escritora Elvira Lindo.
Quien quiera entender qué clase de cineasta es Erice debe ver las dos, la de 1973 y la de 1983, una detrás de otra. En la primera, una niña descubre que el mundo tiene un lado oculto. En la segunda, otra niña descubre que ese lado oculto está dentro de su propio padre.
Los proyectos que no se hicieron
Tras El sur empezó un periodo de casi una década en el que Erice no pudo rodar un largometraje. Lo llenó con proyectos que se quedaron en papel y con trabajos alimenticios.
Quiso adaptar otro relato de Adelaida García Morales, Bene. En 1990 trabajó en una versión del cuento La muerte y la brújula, de Jorge Luis Borges. Preparó también El silencio de las sirenas, una novela de García Morales, para una pequeña productora llamada El Silencio, pero la película se canceló.
El más ambicioso fue El espejo de Velázquez, un proyecto en tres partes sobre Las meninas. Erice dedicó dos años a investigar el cuadro. Lo abandonó cuando otro director hizo una película con un planteamiento parecido.
Otro proyecto que se cayó fue una serie para TVE sobre pintura, que iba a producir Luis Eduardo Aute. Incluía una pieza sobre La terraza de Lucio, de Antonio López, y nunca llegó a rodarse.
Para ganarse la vida, Erice dirigió el doblaje al castellano de El último emperador y trabajó en televisión y en publicidad.
Conviene tener presente este periodo para entender lo que vino después. La filmografía de Erice es corta, pero la lista de sus proyectos es larga, y buena parte de ellos se perdieron por motivos de producción.
Esa distancia entre lo que se quiere hacer y lo que se consigue rodar acabó entrando en su cine. Cerrar los ojos gira, entre otras cosas, alrededor de una película que quedó a medias.
El sol del membrillo (1992)
Del fracaso de los proyectos llegó, casi por casualidad, la película más inesperada de su carrera.
En el verano de 1990, Erice acompañó al pintor Antonio López mientras este trabajaba en cuatro lienzos urbanos de Madrid. Tomó notas y rodó vídeo, un material que más tarde se convertiría en Apuntes.
Después, López le contó que quería pintar el membrillero de su jardín y que tenía un sueño recurrente. Erice preparó el proyecto en aproximadamente una semana. No había guion, el presupuesto era pequeño y la película se produjo en parte por cuenta propia.
El rodaje empezó el sábado 29 de septiembre de 1990 en el estudio y la casa de López en Los Rosales, en el barrio madrileño de Chamartín.
Un cuadro que se espera
La película observa a un pintor trabajando durante unos meses, y no hace falta más para entender de qué trata. López mide, marca, espera la luz y vuelve al árbol cada día. Los membrillos maduran, se estropean y se caen. El cuadro no llega a hacerse como estaba previsto.
Alrededor del pintor pasa gente. Su mujer, María Moreno, que también es pintora y fue productora de la película. Los pintores Enrique Gran y Lucio Muñoz, y el escultor Julio López Hernández. Unos obreros polacos y chinos que trabajan en la casa. Hay una conversación sobre el Juicio Final de Miguel Ángel, y al final López cuenta un sueño.
Los operadores fueron Javier Aguirresarobe y Ángel Luis Fernández, con la participación puntual de José Luis López-Linares. El montaje es de Juan Ignacio San Mateo, la música de Pascal Gaigne y el sonido de Daniel Goldstein y Ricardo Steinberg. La película dura 139 minutos.
La frontera entre documental y ficción deja de importar. Erice no dirige a López, pero tampoco lo observa como quien graba a un sujeto. Lo acompaña. La película es una reflexión sobre el tiempo de la pintura y el tiempo del cine, y sobre lo que se pierde cuando uno intenta fijar algo que no deja de cambiar.
Una película hecha sin guion
La película se preparó en cuestión de días y se rodó sin guion. Eso hace que su método sea el mismo que su asunto, porque tanto el pintor como el cineasta trabajan pendientes de algo que no controlan, la luz y el árbol.
Antes de este rodaje, Erice ya había pasado parte de aquel verano junto a López mientras este pintaba sus lienzos de Madrid, con su cuaderno y su cámara de vídeo. Esa convivencia previa ayuda a entender la naturalidad con la que el pintor trabaja ante la cámara.
La producción fue modesta y se financió en parte por cuenta propia. Tras años de proyectos que no habían salido adelante, Erice rodó con muy pocos medios.
En Cannes, en 1992, obtuvo el Premio del Jurado y el de la FIPRESCI, la crítica internacional. Ganó el Hugo de Oro en Chicago, un premio del jurado en Montevideo y el Ondas de 1993 a la mejor dirección.
Erice recibió ese mismo año de 1993 el Premio Nacional de Cinematografía. También se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
En el año 2000, una encuesta entre archivos y festivales la eligió como la mejor película de los años noventa.
En 2017 se presentó en Cannes Classics una restauración en 4K supervisada por Erice, que dura unos cinco minutos menos que la versión original.
La promesa de Shanghai, la película que no fue
Entre El sol del membrillo y Cerrar los ojos hay una película invisible, y es probablemente la más famosa de las que Erice no hizo.
En 1994, el productor Andrés Vicente Gómez le encargó una adaptación de El embrujo de Shanghai, la novela de Juan Marsé. Erice escribió hasta diez versiones del guion a lo largo de unos tres años, primero con Antonio Drove y luego solo. Marsé quedó encantado con el resultado. Se cuenta que dijo que era mejor que su propia novela.
Hubo problemas. El productor quería recortar cuarenta minutos de un guion de tres horas. En 1998 se hizo un plan de rodaje y se llegó a hablar con Fernando Fernán Gómez para que participara. En marzo de 1999 el proyecto se canceló.
Años después, Fernando Trueba dirigió su propia versión, El embrujo de Shanghai (2002).
El guion de Erice se publicó en 2001 con el título La promesa de Shanghai (Plaza y Janés). Uno de sus episodios se llama «Cerrar los ojos».
Ese título no desaparecería. Casi un cuarto de siglo después, Erice rodó una película con ese nombre, y el comienzo de la película que se ve dentro de ella, con su escenario cerca de París, recuerda a aquel guion no filmado.
Cortos, cartas y piezas para museos
Tras El sol del membrillo, Erice trabajó durante años en formatos breves y en proyectos que no encajan en la etiqueta de largometraje. Esa parte de su obra es la menos conocida y quizá la que mejor explica cómo piensa.
En 1996 firmó Preguntas al atardecer, un corto para la película colectiva japonesa Celebrate Cinema 101, hecha para celebrar el centenario del cine. En 1998 fundó, junto a la poeta Isabel Escudero y a Ramón Cañelles, la productora Nautilus Films, que más tarde participaría en Cerrar los ojos.
En 2002 participó en Ten Minutes Older: The Trumpet, un conjunto de cortos de diez minutos en el que también estaban Jim Jarmusch, Aki Kaurismäki, Jean-Luc Godard, Bernardo Bertolucci, Wim Wenders, Chen Kaige y Werner Herzog. La pieza de Erice se titula Alumbramiento, y en inglés Lifeline.
También en esos años reunió el material rodado desde 1990 en Apuntes 1990-2003.
Correspondencias con Abbas Kiarostami
La colaboración más conocida de esta etapa es la que mantuvo con el cineasta iraní Abbas Kiarostami. Los dos habían nacido con ocho días de diferencia en 1940, y se intercambiaron entre 2005 y 2007 diez cartas filmadas en vídeo.
El proyecto se presentó como una exposición, Correspondencias, comisariada por Alain Bergala y Jordi Balló. Se vio en el CCCB de Barcelona en 2006 y después en Madrid (La Casa Encendida), París (Centro Pompidou) y Melbourne (ACMI), entre otras sedes.
En una de sus cartas, Erice contaba que unos escolares madrileños habían visto ¿Dónde está la casa de mi amigo?, de Kiarostami. Este respondió enviándole un membrillo que bajaba por un arroyo, un gesto que remite a El sol del membrillo. Otra de las piezas del intercambio fue Sea-Mail, con un poema de Omar Jayam.
Erice mostró también la instalación Fragor del mundo, silencio de la pintura. En 2016, el conjunto del intercambio se estrenó como película.
La morte rouge (2006)
Ese mismo año de 2006, Erice presentó La morte rouge, un mediometraje de unos 34 minutos rodado en Madrid y San Sebastián. Él mismo es el narrador. La música es de Arvo Pärt y Federico Mompou, y la fotografía de Valentín Álvarez, que volvería a trabajar con él en 2023.
La pieza recuerda sus primeras experiencias como espectador. Es, en buena medida, una película sobre cómo se forma una mirada.
Memoria y sueño (2007)
En 2007 Erice empezó un proyecto que sigue abierto. Memoria y sueño es una serie pensada en diez partes, cada una dedicada a una película que le marcó.
Se han completado tres: una sobre Roma, ciudad abierta (6 minutos), otra sobre L’espoir, también conocida como Sierra de Teruel (19 minutos), y otra sobre El desprecio de Godard (5 minutos), rodada en Capri. Quedaron previstas otras dos, sobre Viaggio in Italia, de Rossellini, en Nápoles, y sobre Kenji Mizoguchi, en Kioto.
La serie se mostró por primera vez en el BFI en julio de 2009 y después en Azkuna Zentroa, en Bilbao, entre junio y julio de 2015.
Presencia pública
Erice aparece como entrevistado en Un lugar en el cine (Alberto Morais, 2007) y en Víctor Erice: París-Madrid, idas y vueltas (Alain Bergala, 2010).
En 2010 fue miembro del jurado del Festival de Cannes, presidido por Tim Burton.
Desde 2014 dirige los cursos de Rosebud Talleres de cine, y ha impartido talleres y clases en otras instituciones.
Tres minutos con Ana Torrent
En 2011 participó en 3.11 A Sense of Home, un proyecto producido por Naomi Kawase tras el terremoto de Japón. Su aportación fue Ana, tres minutos, un corto con Ana Torrent, la niña de El espíritu de la colmena, casi cuatro décadas después.
Se presentó el 6 de agosto de 2011 en el Festival de Nara.
Guimarães y Vidros partidos (2012)
En 2012, Guimarães fue Capital Europea de la Cultura y encargó una película colectiva, Centro histórico, con piezas de Aki Kaurismäki, Pedro Costa, Manoel de Oliveira y Erice.
El episodio de Erice, Cristales rotos (Vidros partidos), dura entre 30 y 35 minutos. Se centra en una fábrica textil, Rio Vizela, que cerró en 2002.
Se vio en Roma en 2012 y en la Seminci de Valladolid en 2013.
Nuevos premios y trabajos
En 2012 la Asociación Española de Historiadores del Cine le concedió su Medalla de Honor. En 2014, el Festival de Locarno le dio un premio a toda su carrera.
En 2016 publicó en Babelia, el suplemento cultural de El País, el artículo «Una vida robada», en el que criticaba una novela de Elvira Navarro sobre la figura de Adelaida García Morales. El texto abrió un debate sobre los límites de la ficción cuando trabaja con personas reales.
En 2018 firmó el documental Wiara y el corto Plegaria, de cinco minutos, hecho a partir de fotografías suyas.
Piedra y cielo (2019)
La instalación de vídeo Piedra y cielo se estrenó el 13 de noviembre de 2019 en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Se ocupa del monumento que Jorge Oteiza y Luis Vallet de Montano levantaron en el monte Agiña, en Lesaka, en memoria del padre Donostia.
Tiene dos partes. «Espacio Día» dura 11 minutos y «Espacio Noche», 6. La música es el Andante doloroso de Aita Donostia, interpretado por Josu Okiñena.
En 2021 Erice publicó el libro Piedra y cielo. Jorge Oteiza, una evocación. También apareció en María Zambrano y el método de los claros (2019).
Cerrar los ojos (2023)
Durante treinta y un años, desde El sol del membrillo, Erice no estrenó un largometraje. A principios de julio de 2022 se hizo público que preparaba uno, cuando salió a la luz la financiación de Canal Sur.
La película se rodó en el otoño de 2022. Las localizaciones fueron Granada (Castell de Ferro, Gualchos y Dúrcal), Almería (Aguadulce), Asturias y Madrid, incluido el Museo del Prado. Se terminó en Madrid.
El guion es de Erice y Michel Gaztambide, guionista de No habrá paz para los malvados. La fotografía es de Valentín Álvarez, la música de Federico Jusid, el montaje de Ascen Marchena, la dirección artística de Curru Garabal y el sonido de Iván Marín y Juan Ferro.
La producen La mirada del adiós AIE, Tandem Films (Cristina Zumárraga y Pablo E. Bossi), Pecado Films, Pampa Films, de Argentina, y la propia Nautilus Films de Erice. Dura 169 minutos.
Una desaparición, una película inacabada
En 2012, un programa de televisión retoma un misterio de 1990, la desaparición del actor Julio Arenas (José Coronado). Arenas se esfumó en la costa mientras rodaba La mirada del adiós, una película dirigida por su amigo Miguel Garay (Manolo Solo), que quedó sin terminar.
El programa vuelve a poner a Garay frente a aquel caso, y la película sigue sus intentos de averiguar qué pasó. La historia se mueve entre la costa, Madrid y Almería.
Alrededor de Garay hay un grupo de personajes que ayudan a recomponer el pasado. Ana Torrent es Ana Arenas, la hija del actor desaparecido. Mario Pardo interpreta a Max Roca, montador y archivista. Soledad Villamil es Lola San Román, María León es Belén, Petra Martínez la hermana Consuelo, Antonio Dechent es Tico Mayoral, José María Pou es el señor Levy y Venecia Franco, Qiao Shu.
También están Helena Miquel y Juan Margallo, que interpreta al doctor Benavides y que fue en 1973 el soldado fugitivo de El espíritu de la colmena.
La película incluye el fragmento inicial de La mirada del adiós, ambientado en Triste-le-Roy, cerca de París. Ese arranque recuerda al guion de La promesa de Shanghai, el proyecto que Erice no pudo filmar.
Ecos de otras películas
Cerrar los ojos está llena de guiños a la propia obra de Erice, y no hace falta detectarlos todos para seguirla.
Ana Torrent interpreta a una mujer que se llama Ana, lo que une la película con El espíritu de la colmena. Juan Margallo, el soldado de 1973, es ahora un doctor. El título coincide con el de un episodio del guion no filmado de La promesa de Shanghai, y la película interrumpida dentro de la película procede de aquel mismo mundo.
Erice, por tanto, no hace una película sobre su pasado sino una película con su pasado dentro. Los fantasmas que aparecen son los suyos: el cine que se hizo, el que no se pudo hacer y el que se vio de niño.
Lo que viene después
A partir de aquí se comentan momentos del desenlace.
Julio Arenas aparece al final en una residencia de Almería que dirigen unas monjas, con amnesia. Aparecen referencias a Caminito, el tango de Gardel.
El desenlace ocurre dentro de una sala de cine, y termina en un fundido a negro. En ese momento, Ana Torrent pronuncia otra vez el «Soy Ana» de 1973.
Cuesta hablar de ese final sin traicionarlo. Basta decir que el cine, que en 1973 era para una niña el lugar donde aparecía el monstruo, es aquí el lugar donde la memoria tiene una última oportunidad.
Estreno y recepción
Cerrar los ojos se presentó en el Festival de Cannes el 22 de mayo de 2023, en la sección Cannes Première y fuera de competición. Después pasó por el Festival de Toronto, donde fue una de las películas centrales, por los de Busan, Londres y Nueva York.
En Francia se estrenó el 16 de agosto de 2023. En España, el 29 de septiembre de 2023, de la mano de Avalon. Llegó a Movistar+ el 8 de febrero de 2024, y a Estados Unidos, de la mano de Film Movement, el 23 de agosto de 2024.
El 7 de septiembre de 2023 fue una de las tres películas preseleccionadas por España para el Oscar, junto a 20.000 especies de abejas y La sociedad de la nieve, que fue la elegida.
La crítica la recibió muy bien. En Rotten Tomatoes alcanza el 93 por ciento y en Metacritic, 85. La revista Cahiers du Cinéma la colocó en el segundo puesto de las mejores de 2023. Justin Chang, en The New Yorker, la eligió mejor película de 2024. Fotogramas le dio cinco estrellas, y The Hollywood Reporter la describió como un canto del cisne.
Premios
En los Goya de 2024 optó a once candidaturas y solo ganó una, la de mejor actor de reparto para José Coronado.
El Círculo de Escritores Cinematográficos premió la dirección, el guion original, a Coronado como actor de reparto y a Ana Torrent como actriz de reparto. Obtuvo también el premio Carmen a la mejor película, el Platino al mejor actor de reparto (Coronado) y el premio Borau-RAE al mejor guion en 2024.
Ganó el premio a la mejor película en el Leffest de Lisboa, el Sophia a la mejor película europea y los Fotogramas de Plata a la mejor película española según la crítica. En los Feroz tuvo nueve nominaciones.
El conflicto con Cannes
El estreno tuvo su capítulo de polémica. Erice comunicó a Cannes el 28 de abril que no asistiría. Según su versión, se enteró de que la película iría a Cannes Première en la rueda de prensa del 13 de abril, y Thierry Frémaux no le dio señales de vida.
Publicó el 24 de mayo de 2023 una carta abierta en El País. Cannes respondió que le había sorprendido, que la selección se había hecho en las condiciones habituales y que Frémaux había estado en contacto con él. Frémaux dijo que la obra de Erice no era abundante, pero sí extremadamente relevante.
El Premio Donostia
El 29 de septiembre de 2023, el mismo día del estreno español, Erice recibió el Premio Donostia en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Se lo entregó Ana Torrent.
En su discurso rechazó que Cerrar los ojos fuera su testamento. Dijo: «Quizá no he salido de una sala de cine en toda mi vida». Habló también del desafío de hacer imágenes en una época saturada de ellas.
Manolo Solo no pudo estar en el acto por motivos médicos.
Después de Cerrar los ojos
El recorrido de la película no terminó con su estreno. En junio de 2024, el Festival de Huesca le concedió el Premio Luis Buñuel en su 52.ª edición, con una proyección el día 12.
Ese mismo año, el festival FICUNAM, en México, le entregó la Medalla Filmoteca UNAM en su decimocuarta edición. Fue su primera visita al país. Erice rechazó dar entrevistas, pero en un acto dejó una frase: «El cine convierte la realidad en un fantasma».
Del 1 al 8 de diciembre de 2025, el festival Laceno d’Oro, de Avellino, en Italia, le dio su premio a toda una carrera en su 50.ª edición. Organizó una retrospectiva con sus cortos y una clase magistral.
En octubre de 2026, Erice mantiene una conversación con el cineasta José Luis Guerin en Los Encuentros de Pamplona, titulada «En la grieta entre realidad y representación». Guerin lo describe como una figura inspiradora para toda una generación.
Rasgos de un cine
Las películas de Erice son muy distintas entre sí, pero comparten ciertos rasgos que se pueden ver en cualquiera de ellas.
El cine como rito de infancia
Dos de sus largometrajes están contados desde la mirada de una niña. En El espíritu de la colmena hay una proyección ambulante que lo cambia todo, y en El sur una sala, el cine Arcadia, forma parte de los lugares de la historia.
El cine es, en su obra, algo que les ocurre a los personajes, no solo algo que se mira.
La luz
Los tonos de miel de Luis Cuadrado en 1973, la fotografía de Alcaine en 1983 y la atención de El sol del membrillo al cambio de la luz sobre un árbol forman parte de un mismo interés. Las películas de Erice miran cómo la luz modifica las cosas.
El fuera de campo
Erice cuenta por lo que no enseña. El Sur de El sur no aparece. En El espíritu de la colmena, el mundo de los adultos se intuye por lo poco que la niña alcanza a ver. En Cerrar los ojos, la desaparición central nunca se explica del todo.
El sonido y la música
Las películas de Erice usan canciones, ruidos de casa y piezas de música culta con la misma atención. Granados y Ravel en El sur, Pärt y Mompou en La morte rouge, Aita Donostia en Piedra y cielo, Gardel en Cerrar los ojos.
Los ojos cerrados
Un motivo que une la primera y la última de sus películas es el de cerrar los ojos para ver. En El espíritu de la colmena es una forma de llamar al monstruo, y Cerrar los ojos lo lleva en el título.
La obra inacabada
El sur quedó a medias, La promesa de Shanghai no llegó a filmarse y La mirada del adiós se interrumpe dentro de Cerrar los ojos. El cine de Erice habla con frecuencia de obras que no se terminaron.
Una influencia que se nota
La influencia de Erice en el cine posterior es difícil de medir, pero se menciona a menudo. En España suelen asociarse a su herencia nombres como Carla Simón, Oliver Laxe, Estibaliz Urresola, Jaione Camborda, Alejandro Amenábar y Carlos Vermut.
Fuera de España se señala su huella en El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, películas en las que una guerra se mira desde la perspectiva de unos niños.
Por dónde empezar a ver su cine
Un buen motivo para ver a Erice es que no envejece como las modas. Sus películas apenas dependen de los efectos o de los actores del momento, y siguen funcionando porque se basan en una mirada, que es lo menos perecedero que tiene el cine.
Quien quiera empezar puede hacerlo por El espíritu de la colmena, seguir con El sur y El sol del membrillo, y dejar para el final Cerrar los ojos, que cobra más sentido con las otras tres detrás.
Erice ha dicho que Cerrar los ojos no es un testamento. Los espectadores que aún no lo han descubierto tienen por delante una obra corta, completa y, de momento, abierta.