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Charles Bukowski y la dignidad de los perdedores

Nacido en Alemania, criado en Los Ángeles y durante años más leído en Europa que en su propio país, Bukowski dejó seis novelas, relatos y miles de poemas

charles bukowski

En la lápida de Charles Bukowski, en un cementerio de Rancho Palos Verdes, California, hay solo dos palabras: Don’t Try. No lo intentes. Es una frase suya, y es también una broma póstuma bastante buena para alguien que dejó más de medio centenar de libros, miles de poemas y seis novelas.

Las cuentas varían según se incluyan o no los volúmenes que se publicaron después de su muerte, pero la bibliografía ronda los sesenta títulos. Escribió poemas, relatos, columnas de periódico, novelas, un guion de cine, diarios y miles de cartas. Y buena parte de todo eso lo escribió a máquina, en los huecos que le dejaban empleos que detestaba.

Esa es la imagen que casi todo el mundo conoce, y es verdadera a medias. El Bukowski borracho, pendenciero y mujeriego existió, y él mismo se encargó de cultivarlo. Pero el que firmó esos libros era también un trabajador disciplinado, un lector voraz y un escritor con un oído extraordinario para el habla de la calle. Entender esa diferencia es la mejor manera de leerlo.

Este artículo recorre su vida y su obra de principio a fin. Empieza en Andernach, una ciudad a orillas del Rin, y termina en San Pedro, el barrio portuario de Los Ángeles donde murió en 1994.

En medio hay un niño apaleado por su padre, un joven que dejó de escribir durante casi diez años, un empleado de correos de casi cincuenta años al que un editor ofreció cien dólares al mes, y un autor que fue más célebre en Europa que en su propio país.

También hay libros, y son lo que importa. Se repasan aquí las seis novelas, los relatos, la poesía, las columnas, el cine que dejó y la polémica sobre cómo se han editado sus textos póstumos. Y se dedica espacio a las críticas, porque Bukowski no se entiende bien si se le mira solo con admiración.

Un niño alemán en Baltimore

Heinrich Karl Bukowski nació el 16 de agosto de 1920 en Andernach, una ciudad de la Renania ocupada por tropas aliadas tras la Primera Guerra Mundial. Su padre, Heinrich, o Henry, había nacido en 1895 y era sargento del ejército de Estados Unidos. Su madre, Katharina Fett, también de 1895, era alemana. Se conocieron en Andernach durante la ocupación.

Bukowski contó muchas veces que había nacido fuera del matrimonio. Los registros de Andernach dicen otra cosa: sus padres se casaron un mes antes de que él naciera. Es uno de los primeros ejemplos de una costumbre que le acompañó toda la vida, la de mezclar los hechos con la leyenda que más le convenía.

También hay discrepancia sobre su origen familiar. Algunas fuentes hablan de ascendencia polaca por el apellido. Las biografías más detalladas describen una familia alemana: el abuelo paterno, Leonard Bukowski, emigró desde el Imperio alemán a Estados Unidos en la década de 1880, se casó con Emilie Krause, nacida en Danzig, y se instaló en Pasadena, California, donde trabajó como carpintero.

El padre, tras dejar el ejército, se quedó en Alemania y se hizo contratista de obras con la idea de aprovechar la reconstrucción. Le salió mal. Con la inflación y las reparaciones de guerra no conseguía ganarse la vida, y en abril de 1923 la familia embarcó en Bremerhaven rumbo a Baltimore. Charles tenía casi tres años.

Se instalaron primero en Maryland. El traslado definitivo a Los Ángeles se produjo más tarde, y aquí las fuentes no coinciden: hay quien lo sitúa a mediados de los años veinte y quien lo fecha en 1930. Lo que sí es seguro es que Los Ángeles sería ya para siempre su ciudad. Decía que no se le ocurría ningún otro sitio donde vivir.

La casa del padre

Henry Bukowski padre era un hombre autoritario, a menudo en paro durante la Gran Depresión y violento con su hijo. Bukowski lo contó con detalle en su novela Ham on Rye, publicada en España como La senda del perdedor. Según relató él mismo en entrevistas, su padre le pegaba con una correa de afilar navajas tres veces por semana desde los seis hasta los once años. La madre, según el libro, miraba hacia otro lado.

Bukowski llegó a decir que aquello le sirvió como escritor, porque le enseñó lo que es un dolor inmerecido. No hace falta aceptar esa lectura, que tiene algo de coartada, para reconocer que la infancia le dejó una desconfianza hacia la autoridad que ya no abandonaría.

A eso se sumaban otras cosas. Hablaba inglés con un acento alemán muy marcado y los otros niños le llamaban Heini, el diminutivo de Heinrich. Sus padres le vestían con ropa hecha en casa que el barrio miraba con burla. Era tímido, retraído, y en la adolescencia padeció un acné tan grave que le dejó la cara marcada para siempre.

En los primeros años de la adolescencia descubrió el alcohol de la mano de un amigo, William Mullinax, apodado Baldy, hijo de un cirujano alcohólico. En Ham on Rye aparece con el nombre de Eli LaCrosse. Bukowski recordó después aquel primer encuentro con la bebida como una revelación: había encontrado algo que iba a ayudarle durante mucho tiempo.

Estudió un año en el instituto Dorsey y después en el Los Ángeles High School, donde se graduó en 1939. Fue un estudiante mediocre y un lector enorme.

Nueva York y los años perdidos

Entre 1939 y 1941 asistió al Los Angeles City College, donde cursó asignaturas de arte, periodismo y literatura. Tampoco allí fue un buen alumno. Lo dejó cuando Estados Unidos entraba en la Segunda Guerra Mundial y se marchó a Nueva York con la idea de hacerse escritor, aunque lo que consiguió fueron trabajos mal pagados y habitaciones baratas.

La guerra le alcanzó de otra forma. El 22 de julio de 1944, agentes del FBI lo detuvieron en Filadelfia bajo sospecha de haber eludido el servicio militar. Eran los años en que muchos alemanes y germano-estadounidenses vivían bajo sospecha de deslealtad, y que Bukowski hubiera nacido en Alemania no ayudaba. Pasó diecisiete días en la prisión de Moyamensing. Poco después suspendió el examen psicológico del reclutamiento y quedó clasificado como no apto para el servicio, el temido 4-F.

Mientras tanto, y casi sin que nadie lo notara, había publicado su primer relato. Se titulaba Aftermath of a Lengthy Rejection Slip y apareció en la revista Story en la primavera de 1944, cuando tenía veintitrés años. Un título que hacía de la derrota material literario. Dos años después, otro cuento suyo, 20 Tanks from Kasseldown, salió en Portfolio, una publicación de tirada limitada y hojas sueltas que dirigía Caresse Crosby y que imprimió el sello Black Sun Press.

Aquellos dos relatos no abrieron ninguna puerta. Bukowski no consiguió entrar en el mundo literario, se desencantó del proceso de publicar y dejó de escribir durante cerca de diez años.

La década de la bebida

Él llamaba a aquella etapa su ten-year drunk, la borrachera de diez años. Volvió a Los Ángeles en 1946 y desde entonces se dedicó, según su propia versión, a beber y a sobrevivir. Con el tiempo esa década sería la materia prima de buena parte de su literatura, aunque conviene recordar que la contó él, y que sus cronistas han tenido que separar con cuidado lo vivido de lo fabulado.

Los empleos de aquellos años, y de los siguientes, parecen sacados de un catálogo de oficios que nadie elige. Lavó platos, condujo camiones, cargó y descargó mercancías, hizo de guardia, despachó gasolina, fue mozo de almacén, empleado de envíos, aparcacoches, auxiliar de la Cruz Roja, ascensorista. Trabajó en una fábrica de galletas para perros, en un matadero, en una fábrica de pasteles y galletas, y llegó a pegar carteles en el metro de Nueva York. Cada uno de esos trabajos reaparece, transfigurado, en sus libros.

Hay también un recorrido geográfico. Viajó por Estados Unidos, se alojó en pensiones baratas y vivió en distintas ciudades, entre ellas Nueva York, Filadelfia y Nueva Orleans, antes de regresar a la ciudad de su infancia. Trabajaba un tiempo, se quedaba sin empleo o se hartaba, y volvía a empezar en otra parte.

En esos años conoció a Jane Cooney Baker, una viuda alcohólica diez u once años mayor que él, con quien mantuvo una relación intermitente durante casi una década. Bukowski la consideró siempre el gran amor de su vida. Aparece como Betty en Cartero (Post Office) y es la base del personaje de Wanda en la película Barfly. Murió en 1962, y él convirtió su devastación en una serie de poemas y relatos.

La úlcera que le devolvió a la escritura

Entre 1954 y 1955 (las fuentes no coinciden en el año exacto) Bukowski ingresó en la sala de beneficencia del hospital del condado de Los Ángeles con una úlcera sangrante que estuvo a punto de matarlo. Tenía unos treinta y cinco años y llevaba una década bebiendo sin tregua. Sobrevivió, y al salir del hospital empezó a escribir poesía.

Ese dato merece subrayarse porque desmiente el cliché del genio precoz. Bukowski publicó su primer relato a los veintitrés años y empezó a escribir poesía a los treinta y cinco, ya con una vida entera a la espalda. Su carrera de poeta, que acabaría siendo una parte enorme de su obra, nace de un susto físico en una cama de hospital público.

El episodio de la sala de beneficencia lo contó después en un relato, Life and Death in the Charity Ward, que se incluyó en el volumen The Most Beautiful Woman in Town.

Un matrimonio breve

Por aquellos años se casó con Barbara Frye, una poeta de Texas que dirigía la revista Harlequin y que procedía de una familia acomodada. Las fuentes sitúan la boda entre 1955 y 1957 y el divorcio entre 1958 y 1959. Fue un matrimonio corto. Bukowski reanudó la bebida tras separarse, pero no dejó de escribir poesía.

Frye fue importante en otro sentido: fue una de las primeras personas en publicarle. Su revista pertenecía al circuito de pequeñas publicaciones literarias del que Bukowski dependió durante años.

Las revistas pequeñas y el primer libro

A finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, Bukowski publicó poemas en revistas que apenas tenían lectores y que a veces duraban dos números. Gallows, editada por Jon Griffith, fue una de ellas. Nomad, la revista de vanguardia de Anthony Linick y Donald Factor, le dedicó dos poemas en su número inaugural de 1959. Un año después publicó en ella uno de sus textos más conocidos como ensayo, Manifesto: A Call for Our Own Critics.

En 1960, E. V. Griffith, editor de Hearse Press, imprimió su primera publicación independiente, un cartel de poesía titulado His Wife, the Painter, en junio. En octubre apareció el primer cuaderno de poemas, Flower, Fist and Bestial Wail. Hearse Press seguiría publicándole durante décadas.

Después llegó otro matrimonio de editores, Jon y Louise Webb, que dirigían en Nueva Orleans la revista The Outsider y la imprenta Loujon Press. Con ese sello salieron It Catches My Heart in Its Hands (1963) y Crucifix in a Deathhand (1965). El primer título está tomado de un poema de Robinson Jeffers, uno de sus poetas de cabecera.

Eran ediciones de tirada corta, pensadas para el circuito de las revistas pequeñas y no para las librerías.

Mientras tanto, Bukowski empezó a leer en público. Desde 1962 participó en programas de la emisora KPFK de Los Ángeles, y las lecturas se multiplicarían durante los setenta.

En 1964 nació su única hija, Marina Louise, fruto de la relación con Frances Smith, con quien convivía en ese momento. Años después, la pensión de la niña formaría parte de las cuentas con las que su editor calculó cuánto dinero necesitaba para dejar el trabajo.

Doce años entre cartas

A comienzos de los cincuenta había trabajado como cartero suplente en Los Ángeles, un empleo que dejó poco antes de cumplir tres años de servicio. Volvió a correos a finales de la década, esta vez como empleado de clasificación, y se quedó más de diez años. Las fechas exactas varían según las fuentes: unas hablan de 1958 y otras de 1960 como año de regreso.

El trabajo era brutal en su monotonía. Según contó John Martin años después, Bukowski hacía turno de noche, de diez de la noche a ocho de la mañana. Después de esas horas de clasificar cartas y soportar a los supervisores, escribía. Hay algo casi cómico en la idea de que los primeros libros de un poeta que acabaría llenando salas en Europa se escribieran en las horas libres de un turno de noche.

Fue en esos años cuando se fue fijando su voz. Los poemas de los sesenta tienen ya los rasgos que no abandonaría: frases cortas, vocabulario de la calle, una primera persona que no se esconde, humor negro y una ternura que asoma cuando menos se espera. Y tienen una ambición que no siempre se reconoce, la de hacer literatura con materiales que la literatura de su tiempo despreciaba.

El viejo indecente

En 1967 apareció la ocasión de llegar a un público más amplio. John Bryan, que acababa de fundar en Los Ángeles el periódico underground Open City, le propuso una columna semanal. Bukowski aceptó, y la tituló Notes of a Dirty Old Man, algo así como notas de un viejo indecente.

La columna mezclaba crónica, autobiografía, confesión y ficción sin avisar de dónde terminaba una cosa y empezaba la otra. Hablaba de borracheras, de sexo, de trabajo, de peleas, de la policía y de las mujeres. Cuando Open City cerró, en 1969, la columna pasó al Los Angeles Free Press y a otra cabecera de la prensa alternativa, NOLA Express, de Nueva Orleans.

Aquellas páginas tuvieron una consecuencia inesperada. El FBI abrió un expediente sobre Bukowski a raíz de la columna, un detalle que dice mucho del clima de la época.

En 1969, la editorial Essex House, de Los Ángeles, especializada en literatura erótica, reunió una selección de aquellos textos en un volumen con el mismo título de la columna. En España ese libro se tradujo como Escritos de un viejo indecente y lo publicó Anagrama. La célebre editorial City Lights, de San Francisco, lo reeditó en 1973.

Ese mismo año de 1969, Bukowski y el poeta Neeli Cherkovski, que sería uno de sus biógrafos, lanzaron una revista casera, mimeografiada y de vida corta, titulada Laugh Literary and Man the Humping Guns. Duró tres números a lo largo de dos años. Bukowski nunca dejó de defender a las revistas pequeñas, incluso cuando ya no las necesitaba.

Cien dólares al mes

La historia de cómo dejó correos se ha contado muchas veces.

John Martin era un californiano nacido en 1930 que dirigía una tienda grande de material de oficina en Los Ángeles. Había descubierto la poesía de Bukowski en las revistas pequeñas y, en 1966, fundó una editorial para publicarla. La llamó Black Sparrow Press. Su primer título fue una edición limitada de un poema de Bukowski, True Story, y le siguieron otras tres. Al principio, la editorial era un negocio casero, llevado entre Martin y su esposa, Barbara.

En 1969 Martin le hizo una oferta poco habitual. Le pagaría cien dólares al mes de por vida, sin más obligaciones, si dejaba su empleo en correos y se dedicaba a escribir a tiempo completo. Martin recordaría años después que hicieron cuentas juntos y que Bukowski le aseguró que podía vivir con esa cantidad.

Bukowski tenía entonces cuarenta y nueve años. En una carta de aquellos días explicó que tenía dos opciones: seguir en correos y volverse loco, o quedarse fuera, hacerse el escritor y pasar hambre. Había decidido pasar hambre.

Lo que escribió a continuación es el mejor argumento a favor de ese cálculo. En pocas semanas, tres según la versión más repetida, entregó el manuscrito de su primera novela. Martin le llamó por teléfono sorprendido y le preguntó cómo había podido escribir una novela en tan poco tiempo. Bukowski contestó con una sola palabra: miedo.

Black Sparrow pasó a ser la casa de Bukowski y vivió en buena medida de sus ventas. Martin acabaría publicando también a Paul Bowles, John Fante, Joyce Carol Oates, Wyndham Lewis o John Ashbery, pero Bukowski siguió siendo su autor más rentable. Martin vendió la editorial a HarperCollins en 2002, y el catálogo pasó al sello Ecco. Murió el 23 de junio de 2025.

Bukowski, por su parte, siguió siendo fiel a la editorial durante el resto de su vida, aunque nunca dejó de enviar poemas a las revistas pequeñas que le habían publicado antes de que nadie lo conociera.

Chinaski, el doble literario

Bukowski escribió seis novelas y en cinco de ellas el protagonista es el mismo: Henry Chinaski, un escritor, o aspirante a serlo, que bebe, apuesta, folla, pierde empleos y vuelve a empezar. Chinaski es Bukowski a medias y con trampa.

Se llama Henry como el propio Bukowski, que firmó siempre como Charles pero se llamaba Henry Charles Bukowski, igual que su padre. Los amigos le decían Hank, y ese apodo pasó al personaje.

El Chinaski de los libros comparte con su creador el acné de la adolescencia, la bebida, el trabajo en correos y la querencia por el hipódromo. Lo que cambia es el orden de los hechos, los desenlaces, el nombre de las mujeres y la cantidad de veces que sale perdiendo.

El biógrafo Howard Sounes, autor de la primera gran biografía de Bukowski, Charles Bukowski: Locked in the Arms of a Crazy Life (1998), señala que la mezcla de hechos y ficción empieza con la propia circunstancia de su nacimiento, esa supuesta ilegitimidad que Bukowski repitió en entrevistas y en libros aunque no fuera cierta. La distancia entre el hombre y el personaje es, de hecho, una de las claves para leerlo.

Porque hay una paradoja de fondo. Chinaski es un hombre sin disciplina, y el Bukowski que lo inventa producía mucho. En su obituario, el diario Los Angeles Times destacó que era un escritor sorprendentemente disciplinado y prolífico a pesar de su fama de borracho, mujeriego y jugador. Esa disciplina no desmiente el mito, pero lo relativiza.

Las seis novelas

Cartero (Post Office, 1971)

Es la primera novela y una buena puerta de entrada a su obra. Narra los años de Chinaski en el servicio de correos de Los Ángeles: una rutina alienante y una burocracia absurda que Bukowski retrata con sarcasmo. Chinaski entra, sale, vuelve, se va a vivir de lo que gana en el hipódromo y regresa de nuevo porque no hay otra cosa.

Jane Cooney Baker, la mujer a la que Bukowski amó durante años, aparece con el nombre de Betty. El humor es seco, casi de monólogo, y el estilo sigue una regla que Bukowski aplicaría después en casi todas sus novelas: nada de adornos, frases cortas, un oído atento para lo que se dice y para lo que se calla.

Fue, además, el libro con el que Bukowski demostró que era capaz de sostener una narración larga. Lo escribió en pocas semanas, como se ha contado más arriba.

Factótum (Factotum, 1975)

Un factótum es quien hace de todo, y el título hace honor a su protagonista. La novela sigue a Chinaski en los años en que recorre Estados Unidos y cambia de ciudad y de empleo con la misma frecuencia con que cambia de pensión. Trabaja, se emborracha, lo despiden o se despide él, y vuelve a empezar en otro sitio.

Es el libro de los años perdidos. Lo que en otros escritores sería un retrato de fracaso, aquí se cuenta con una distancia irónica y una rara sensación de libertad. Chinaski no suplica nada. Tiene la mala vida que ha elegido y la cuenta sin pedir compasión.

En 2005, el noruego Bent Hamer la llevó al cine con Matt Dillon en el papel de Chinaski, con Lili Taylor y Marisa Tomei en el reparto.

Mujeres (Women, 1978)

Es la novela más polémica de Bukowski, y también la más autobiográfica en la superficie. Chinaski, que ya es un escritor con cierta fama, se enreda con una sucesión de mujeres y cada relación trae complicaciones nuevas. Algunas de ellas están basadas en personas reales: Lydia Vance es la escultora y poeta Linda King, y Sara es Linda Lee Beighle, con la que Bukowski acabaría casándose.

Es un libro repetitivo, con su desfile de citas, discusiones, reconciliaciones y fracasos. Hay lectores que lo encuentran agotador y otros que lo consideran la más honesta de sus novelas. El propio Bukowski dibujó la portada, y en sus páginas hay una mención de pasada a John Fante, a quien había descubierto décadas antes, y esa mención tendría consecuencias importantes que se cuentan más adelante.

El retrato que hace de las mujeres ha sido muy discutido, y se vuelve sobre ello en el apartado dedicado a las críticas.

La senda del perdedor (Ham on Rye, 1982)

A nuestro juicio es su novela más lograda. Cuenta la infancia y la adolescencia de Chinaski en Los Ángeles durante la Gran Depresión, y es su libro más doloroso.

Aquí están el padre que pega con la correa, la madre que calla, los niños que se burlan del acento, el acné, el primer contacto con el alcohol y la sensación de estar fuera de todo. Lo que la hace especial es que no pide compasión. El niño de Ham on Rye no se queja, observa, y esa mirada fría sobre la crueldad cotidiana da a algunas páginas una fuerza que sus otras novelas rara vez alcanzan.

El libro, además, tiene una historia cinematográfica curiosa. En 2013 el actor James Franco rodó en Los Ángeles una película titulada simplemente Bukowski, con Josh Peck en el papel del escritor. Un productor que tenía los derechos de Ham on Rye demandó a Franco, el pleito se resolvió en octubre de 2014 y la película, a fecha de 2026, sigue sin estrenarse.

Hollywood (1989)

La novela cuenta, con nombres cambiados, cómo se hizo Barfly, la película que Bukowski escribió para el director Barbet Schroeder. Schroeder aparece como Jon Pinchot, Mickey Rourke como Jack Bledsoe, Faye Dunaway como Francine Bowers y la productora Cannon como Firepower.

Es un libro divertido que retrata a Chinaski como un escritor veterano que mira con asombro y con desconfianza una industria que no es la suya. Sara, otra vez, es Linda Lee. Bukowski dedicó la novela a Schroeder.

Pulp (1994)

Fue su última novela terminada, y salió publicada poco después de su muerte. Es una parodia de las novelas de detectives, con un investigador privado de Los Ángeles, Nick Belane, que no es Chinaski aunque se le parezca mucho, y que se mueve entre clientes absurdos y bares peligrosos.

Una misteriosa clienta, Lady Death, le encarga que busque a un escritor francés que hace tiempo que debería haber muerto y que podría ser Céline. Otro cliente le pide que encuentre a alguien, o algo, llamado el Red Sparrow, que la crítica ha leído como un guiño a la editorial Black Sparrow y a la propia muerte.

Bukowski dedicó la novela «a la mala escritura». La broma tiene su punto de verdad, porque Pulp es desigual y está llena de callejones sin salida de los que el autor no sabía cómo salir. Pero también es un libro con muy buen humor, y cuesta no leer a Lady Death como una despedida, porque Bukowski lo terminó cuando ya estaba enfermo de leucemia.

Los relatos, donde Bukowski es más libre

Si las novelas le dieron fama, los relatos le dieron la libertad de hacer lo que quería. Muchos nacieron en la columna semanal de la prensa underground, y de ahí viene su formato: textos breves, de arranque directo, que se cuentan en primera persona o con un narrador que se limita a mirar, y que no necesitan explicar nada. Una escena, una frase final, y a otra cosa.

Los temas son los de siempre, pero cambia el ritmo. Bares, apuestas, mujeres, peleas, pensiones, trabajos de mala muerte, la escritura como oficio dudoso. El estilo, minimalista y casi hablado, funciona mejor en distancias cortas. Hay lectores que sostienen, y no les falta razón, que Bukowski fue sobre todo un maestro del cuento.

Los volúmenes principales aparecieron entre finales de los sesenta y principios de los ochenta. Notes of a Dirty Old Man (1969) recogía una selección de la columna. Le siguió Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness (1972), un volumen de City Lights cuyo título ya anuncia el tono, y South of No North (1973). En 1983 llegaron Hot Water Music y The Most Beautiful Woman in Town.

Hot Water Music, en español Música de cañerías, reúne cuentos de los años setenta, gran parte de ellos publicados antes en la columna. El libro suele citarse como el que fija su estilo minimalista y sus temas de siempre, y ha dado nombre a una banda de punk.

Un buen ejemplo de su manera de contar la enfermedad y la humillación es el relato de su ingreso en la sala de beneficencia, Life and Death in the Charity Ward, incluido en The Most Beautiful Woman in Town. Lo cuenta sin sentimentalismo y con humor.

Lo que se ha traducido

En España, Anagrama es la editorial de Bukowski desde hace décadas, y ha traducido buena parte de su obra en prosa. Además de las seis novelas, ha publicado varios libros de relatos: Escritos de un viejo indecente, Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, La máquina de follar, Se busca una mujer, Música de cañerías e Hijo de Satanás. Los tres primeros se reunieron en un solo volumen.

La editorial ha traducido también Shakespeare nunca lo hizo, su crónica del viaje a Europa de 1978, y El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, los diarios de sus últimos años. A eso se suman un libro de entrevistas con Fernanda Pivano, Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, y varias recopilaciones de textos dispersos, entre ellas Fragmentos de un cuaderno manchado de vino y La enfermedad de escribir, esta con traducción de Abel Debritto.

En junio de 2025 Anagrama sumó a ese catálogo Relatos y ensayos, en su colección Compendium, con textos inéditos en español. El volumen recorre su evolución desde las primeras publicaciones en el anonimato hasta su conversión en figura de culto. Lleva prólogo y cronología de Abel Debritto, especialista en Bukowski, y traducción de Eduardo Iriarte Goñi.

La poesía

Aunque en España se le conoce sobre todo por sus novelas y sus relatos, la mayor parte de lo que escribió son poemas. Empezó a escribirlos a los treinta y cinco años y no paró hasta el final de su vida. Cuando murió había publicado decenas de libros de poesía y dejaba miles de poemas dispersos en revistas pequeñas, muchos todavía sin reunir en volumen.

Su poesía tiene muy poco que ver con la tradición lírica al uso. Evita en general la rima y las metáforas rebuscadas. Prefiere la anécdota y el lenguaje de la calle, y cuenta casi como en una conversación de bar. Los asuntos son una pelea, una mujer que se va, una noche en blanco, un gato, una carrera de caballos. Y de pronto, en medio de la narración, aparece una imagen o una frase que cambia el tono del poema.

El crítico Adam Kirsch, en The New Yorker, resumió bien el secreto de su atractivo: Bukowski combina la promesa de intimidad del poeta confesional con la desenvoltura de un héroe de novela barata. En su obituario, el diario Los Angeles Times lo describió como el jefe de fila de los poetas de la llamada Meat School, una poesía dura y masculina.

Bukowski escribió muchísimo, y no todo tiene el mismo nivel. Buena parte de su fama de poeta se apoya en unos pocos textos muy citados.

Los libros esenciales

Entre sus poemarios de los sesenta destacan It Catches My Heart in Its Hands (1963), Crucifix in a Deathhand (1965) y At Terror Street and Agony Way (1968), este último ya con Black Sparrow. En 1974 apareció Burning in Water, Drowning in Flame, una antología de poemas escritos entre 1955 y 1973 que, a nuestro juicio, sigue siendo una de las mejores puertas de entrada a su poesía.

Love Is a Dog from Hell (1977) es uno de los títulos que más se citan, y mezcla bien su lado más bruto con su lado más tierno. Le siguieron Play the Piano Drunk Like a Percussion Instrument Until the Fingers Begin to Bleed a Bit (1979), War All the Time (1984) y You Get So Alone at Times That It Just Makes Sense (1986).

En los años finales publicó The Roominghouse Madrigals (1988), Septuagenarian Stew (1990) y The Last Night of the Earth Poems (1992), y tras su muerte llegó Betting on the Muse (1996). Son libros de un hombre mayor que escribe sobre la vejez y la muerte con la misma sequedad con que antes escribía sobre las resacas.

Algunos poemas han tenido una vida propia fuera de los libros. Bluebird, sobre el pájaro azul que el poeta lleva dentro y no deja salir, se dice que inspiró una canción de Miranda Lambert que llegó al número uno de las listas de country en 2020.

Style se cita a menudo, y Harry Styles abrió con una frase suya sus conciertos de la gira Love On Tour. Dinosauria, We dio título a un disco del rapero MF Doom, y Let It Enfold You se escucha en Beautiful Boy (2018), la película de Felix van Groeningen, donde Timothée Chalamet lo lee durante los créditos finales.

El poema que se escribe solo

Bukowski tenía una teoría de la inspiración, y la explicó en una carta de 1963 al escritor John William Corrington. Un día le preguntaron cómo se escribe, cómo se crea. Su respuesta fue que no se intenta. Hay que esperar, sin perseguir ni Cadillacs ni la gloria ni la inmortalidad, como quien espera a que un bicho se acerque a la pared. Cuando está cerca, se le mata o se le adopta como mascota, según le parezca bonito o no.

De ahí viene la frase que Bukowski usó en un poema dirigido a los aspirantes a escritor, y que hoy está grabada en su tumba. No es un lema de pereza, como a veces se interpreta, sino una forma de entender el oficio: la escritura no se fuerza.

Beats, realismo sucio y otras etiquetas

A veces se le coloca junto a los beats, por la época y por cierta cercanía de tono. La etiqueta es discutible. En los estudios académicos se habla más bien de realismo sucio, o de ficción transgresora, una categoría que lo acerca a escritores como Raymond Carver.

Los maestros, y uno en particular

Bukowski fue un lector omnívoro y su lista de influencias es larga y desordenada. Entre los nombres que se le atribuyen figuran John Fante, Knut Hamsun, Louis-Ferdinand Céline, Ernest Hemingway, Robinson Jeffers, Henry Miller, D. H. Lawrence, Dostoievski, James Thurber y los poetas chinos Du Fu y Li Bai.

Algunas deudas se ven a simple vista. Céline aparece como personaje en Pulp. It Catches My Heart in Its Hands toma el título de un poema de Jeffers. Y hay un maestro al que Bukowski reconoció sin reservas: John Fante.

Fante, escritor italoestadounidense, había publicado en 1939 Ask the Dust, la historia de Arturo Bandini, un aspirante a escritor que se muere de hambre en el Los Ángeles de la Depresión. El libro apenas se vendió y quedó descatalogado.

La biblioteca de Los Ángeles

Bukowski lo encontró por casualidad en la biblioteca pública de la ciudad. Sobre cuándo ocurrió hay dos versiones: la leyenda lo sitúa en los años setenta y otras crónicas, a comienzos de los cincuenta, cuando él era un bebedor en plena deriva. Todas coinciden en el efecto. Bukowski habló después de frases que corrían con facilidad por la página, con un fluir propio.

En Mujeres, de 1978, mencionó de pasada dos novelas de Fante, Ask the Dust y Wait Until Spring, Bandini. La mención despertó el interés de John Martin, que buscó un ejemplar de Ask the Dust y se puso a reeditar a Fante. Bukowski escribió el prólogo de la edición de Black Sparrow de 1980, y en él dejó una frase muy citada: para él, Fante era su dios.

Aquella reedición cambió la suerte de Fante, que murió en 1983, y es una de las aportaciones menos conocidas de Bukowski a la literatura norteamericana. Quien hoy lee a Fante lo lee, en buena medida, porque un poeta con mala fama se empeñó en que su editor lo volviera a imprimir.

Mujeres, una hija y un matrimonio tardío

La vida sentimental de Bukowski es inseparable de su obra, porque la usó como material. Jane Cooney Baker fue su primera relación seria. Barbara Frye, la breve esposa. Después vino una sucesión de amantes que sus libros convirtieron en personajes.

Frances Smith fue la madre de su única hija, Marina Louise, nacida en 1964. Linda King, escultora y poeta, inspiró a Lydia Vance en Mujeres, y en 2006 publicó sus propias memorias, Loving and Hating Charles Bukowski. Otra mujer, una pelirroja de veintitrés años, le inspiró un libro de poemas, Scarlet, publicado por Black Sparrow en 1976.

Y una corresponsal que aparece con seudónimo, Tanya en Mujeres, acabó pasando un fin de semana en su casa de Los Ángeles y escribió después un cuaderno sobre aquello.

En 1976 conoció a Linda Lee Beighle, propietaria de un restaurante de comida sana, seguidora del maestro espiritual Meher Baba y heredera de una modesta fortuna de Filadelfia. Dos años después, Bukowski se mudó de East Hollywood, el barrio donde había vivido la mayor parte de su vida, a San Pedro. Beighle le siguió y vivieron juntos de forma intermitente durante un par de años.

Se casaron en 1985, en una ceremonia que ofició Manly Palmer Hall, escritor canadiense de temas místicos. Beighle aparece como Sara en Mujeres y en Hollywood. Linda Lee Bukowski, su viuda, donó en 2006 el archivo del escritor a la Huntington Library, en San Marino, California.

Europa antes que América

Hay un dato que sorprende a quien solo conoce a Bukowski por su leyenda estadounidense: durante años fue mejor recibido en Europa que en Estados Unidos. Los críticos universitarios norteamericanos le prestaron poca atención mientras vivió. En Europa occidental, sobre todo en el Reino Unido y en Alemania, encontró antes un público fiel. El diario Los Angeles Times lo definió en su obituario como un favorito de culto en Europa incluso antes de ser famoso en su país.

Carl Weissner y la conquista de Alemania

El artífice de esa conquista fue Carl Weissner, escritor y traductor alemán. En 1966, el artista británico John Wilson McCracken, editor de la revista Iconolatre, que había publicado poemas de Bukowski, le envió un ejemplar. De ahí salió una relación larga: Weissner fue su traductor al alemán, su agente en Alemania y uno de sus amigos más cercanos. Según algunas crónicas, fue uno de los que llevaron su féretro.

Gracias a ese trabajo, Bukowski fue descubierto también en Alemania. Desde 1996 existe incluso una Sociedad Charles Bukowski, que organiza un simposio anual. En Andernach, su ciudad natal, hay una placa en la casa donde nació, y la editorial Fischer lo incluyó en su colección de clásicos.

Hamburgo, 1978

En 1978 Bukowski viajó a Europa a petición de editores y lectores. Aquel viaje es la base de su libro Shakespeare Never Did This, ilustrado con fotografías de Michael Montfort y publicado en 1979. Volvió a ver el país donde había nacido, que había abandonado a los tres años, y dio una única lectura pública en suelo alemán.

Fue el 18 de mayo en la Markthalle de Hamburgo, una sala donde solían tocar bandas de rock. Asistieron más de mil doscientas personas, entre admiradores, curiosos, roqueros y gente de la cultura, y el poeta tuvo la bebida a mano durante toda la lectura. Se grabó y apareció poco después en disco, con el título Hello, It’s Good to Be Back. Fue recibido como una estrella del rock.

El plató de Apostrophes

Unos meses después, el 22 de septiembre de 1978, Bukowski apareció en Apostrophes, el programa literario más influyente de la televisión francesa, que presentaba Bernard Pivot en Antenne 2. Le pusieron un pinganillo con traducción simultánea y una botella de Sancerre, y antes de que empezara la emisión en directo ya había vaciado una.

Respondió con desgana y arrastrando las palabras, mientras los otros invitados intentaban hablar. En un momento, el escritor François Cavanna le mandó callar con malas formas, y Pivot hizo lo propio. Bukowski se levantó, sin demasiada firmeza, y abandonó el plató.

El episodio es hoy uno de los más recordados del programa, y contribuyó a fijar la imagen pública de Bukowski en Francia, la del escritor excesivo que rompe tabúes. También ayudó a que se vendieran sus libros. Pero es una anécdota engañosa. Quien la vea sin contexto pensará que Bukowski era solo eso, y se perderá al escritor que ya había producido una obra enorme.

Barfly y el cine

Bukowski tuvo una relación incómoda con el cine. Desconfiaba de la industria, se burló de ella en una novela entera y, sin embargo, dejó una de las películas más recordadas sobre la vida de un bebedor.

Todo empezó con Barbet Schroeder, un director nacido en Irán y de nacionalidad suiza que ya había rodado para la televisión francesa una serie de cincuenta y dos entrevistas breves con el escritor, reunidas como The Bukowski Tapes. Schroeder le encargó un guion. Bukowski lo terminó hacia 1979, y entonces empezó una espera de siete u ocho años hasta encontrar un estudio dispuesto a financiarlo.

La película que tardó casi una década

Schroeder acabó convenciendo a la productora Cannon, y la anécdota que se cuenta es famosa. Según la versión más repetida, amenazó al presidente de la compañía, Menahem Golan, con cortarse un dedo si no financiaba la película. Golan cedió. Bukowski contó una versión novelada en Hollywood, y el propio Schroeder dijo después que el relato era cierto en un ochenta por ciento y que nunca pensó en cortarse más que la punta del meñique izquierdo.

Cannon aprobó un presupuesto de unos cinco millones de dólares cuando Mickey Rourke aceptó el papel de Chinaski. Faye Dunaway interpretó a Wanda, el personaje basado en Jane Cooney Baker. Bukowski, que tenía la última palabra sobre el guion, aparece en la película como un cliente más del bar, sin diálogo. Se publicó el guion en 1984, con dibujos suyos, cuando la película aún estaba sin rodar.

Entre los interesados en el papel de Chinaski había un nombre sorprendente. Sean Penn, amigo del escritor, se ofreció a interpretarlo por un dólar con tal de que Dennis Hopper dirigiera. Bukowski, leal con Schroeder, que llevaba años empeñado en el proyecto, dijo que no. La amistad con Penn siguió hasta el final.

Barfly compitió en el Festival de Cannes de 1987 y Dunaway fue nominada al Globo de Oro a la mejor actriz de drama. En Estados Unidos recaudó algo más de tres millones de dólares. No fue un gran éxito de taquilla, pero con ella Bukowski, a los sesenta y seis años, se puso de moda en su país.

Las otras películas

Antes de Barfly hubo otras adaptaciones. Storie di ordinaria follia (1981), del italiano Marco Ferreri, con Ben Gazzara y Ornella Muti, se basa en los relatos de Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness. En 1991, el actor y director francés Patrick Bouchitey presentó en Cannes Lune froide, basada en dos relatos de Bukowski. Y en 2005 llegó Factotum, de Bent Hamer, con Matt Dillon.

También hay documentales. Bukowski: Born into This (2003), de John Dullaghan, es un retrato documental de su vida. Otro documental anterior, Bukowski (1973), retrató una de sus lecturas en San Francisco.

San Pedro y los últimos años

En 1978 Bukowski dejó East Hollywood y se mudó con Linda Lee a San Pedro, un barrio portuario en el extremo sur de Los Ángeles. Allí pasó los últimos dieciséis años de su vida.

Ya no necesitaba hacer lecturas públicas. A finales de los setenta sus ingresos le permitían dejarlas, y la última que dio fue en marzo de 1980, en un local de Redondo Beach. Antes, en octubre de 1979, había dado en Vancouver una lectura que se filmó y ha circulado después como documental con el título There’s Gonna Be a God Damn Riot in Here.

Los años ochenta fueron de reconocimiento tardío. Colaboró con el dibujante Robert Crumb, que ilustró varios de sus textos y firmó con él una serie de cómics. En los noventa, Crumb ilustró también el volumen de diarios The Captain Is Out to Lunch and the Sailors Have Taken Over the Ship y el relato Bring Me Your Love.

En esa etapa la producción de Bukowski aumentó. Según el especialista Abel Debritto, a principios de los noventa escribía más que nunca desde que recibió un ordenador como regalo de Navidad.

La muerte

Bukowski murió el 9 de marzo de 1994 en el hospital San Pedro Peninsula, de leucemia, con setenta y tres años. Llevaba casi un año enfermo y había terminado Pulp poco antes. El libro salió en la primavera de 1994, pocas semanas después.

El funeral lo ofició un grupo de monjes budistas, organizado por su viuda. Entre quienes llevaron el féretro estaban su editor, John Martin, y el actor Sean Penn. Según Gerald Locklin, que lo contó en un libro sobre Bukowski, Penn le susurró a Martin, el otro portador del féretro, una broma sobre por qué los monjes no hablaban en español.

Está enterrado en el cementerio Green Hills Memorial Park, en Rancho Palos Verdes. En la lápida se lee Don’t Try, la frase que explicó en la carta de 1963 citada más arriba.

La obra póstuma y la discusión sobre cómo se editó

Más de la mitad de las colecciones de Bukowski se han publicado después de su muerte. Dejó miles de poemas dispersos en revistas y un archivo enorme, y su editor, John Martin, se encargó de seleccionarlos y ordenarlos en libros. En 2007, la editorial Ecco anunció que The People Look Like Flowers at Last sería el último libro póstumo.

No lo fue. Llegaron después The Continual Condition (2009), los volúmenes temáticos On Cats (2015), On Writing (2015) y On Love (2016), Storm for the Living and the Dead (2017) y The Mathematics of the Breath and the Way (2018).

Hay también varios volúmenes de cartas. Screams from the Balcony, que reunía las de 1960 a 1970, apareció en 1993, pocos meses antes de su muerte, y Living on Luck recoge más correspondencia de los sesenta y los setenta. A nuestro juicio, las cartas son una de las mejores maneras de oírle sin el personaje de por medio.

Poemas retocados

La producción póstuma ha provocado una de las discusiones más serias sobre su obra. El especialista Abel Debritto, que ha editado varios de esos libros, empezó a comparar los poemas publicados tras la muerte del autor con los manuscritos del archivo y se encontró con diferencias que le dejaron consternado. Algunos textos póstumos tenían poco que ver con lo que Bukowski había escrito.

En las versiones impresas, según Debritto, habían aparecido imágenes blandas y un lenguaje convencional donde el original era más áspero. El ejemplo que dio fue un poema de 1992, stone tiger, frozen sea, que se había reescrito casi por completo para otro volumen póstumo y del que solo se conservaban dos versos. Bukowski, dijo, no era un poeta de delfines. Hablaba de arañas, de pájaros moribundos y de moscas atrapadas.

Debritto no señala culpables, aunque ha escrito que todos los poemas póstumos fueron seleccionados y editados por Martin, igual que cuando el autor vivía. Su respuesta fue Storm for the Living and the Dead (2017), un libro de poemas inéditos y no recogidos en volumen que presentó como la primera colección en veinticinco años que reproducía fielmente los originales. Entre los aficionados se ha popularizado incluso un adjetivo para los textos retocados, martinizados, por el apellido del editor.

La cuestión no es sencilla. Martin fue quien hizo posible la carrera de Bukowski y el responsable de buena parte de su catálogo, y en vida del autor también seleccionaba.

Según Debritto, Bukowski se quejaba a veces de que Martin no quería publicar su material más salvaje, y de que le pedía que dejara de mandar grandes lotes de poemas a las revistas pequeñas. Pero el propio Debritto y otros estudiosos coinciden en que hubo un cambio entre lo que se editó con el autor vivo y lo que se editó después. Martin murió el 23 de junio de 2025, y su papel en esta historia seguirá discutiéndose.

Un archivo para los investigadores

El archivo literario de Bukowski lo donó su viuda en 2006 a la Huntington Library, en San Marino, California. Los ejemplares de todas las ediciones de Black Sparrow se conservan en la Universidad de Western Michigan, que compró el fondo de la editorial tras su cierre. Hay además materiales repartidos por varias universidades californianas, y esos fondos son la base de la investigación sobre su obra.

Las críticas

Bukowski no se entiende bien si solo se le mira con admiración, y las críticas a su obra no son menores.

La más antigua y la más repetida es la del machismo. Ya en 1969, Hugh Fox, autor del primer estudio crítico sobre Bukowski, publicado en The North American Review, señalaba que el sexismo de su poesía parecía trasladarse a su vida. Fox contaba que cuando había mujeres delante Bukowski interpretaba el papel del hombre duro, y que una noche en que fue a visitarlo sin su esposa encontró a una persona distinta, más relajada y más fácil de tratar.

Es una observación interesante, porque separa al personaje del hombre, pero también reconoce que el personaje existía.

Mujeres suele ser el libro en torno al cual gira esa discusión. Un crítico describió la ficción de Bukowski como la representación minuciosa de una fantasía masculina tabú: la del soltero sin ataduras, desaliñado, antisocial y completamente libre, una imagen que él se esforzó por encarnar con lecturas públicas escandalosas y comportamientos zafios en las fiestas. Su biógrafo Neeli Cherkovski, que fue amigo suyo, no oculta esa parte oscura: los abusos a los amigos, los celos posesivos con las parejas, las resacas.

Otros críticos lo han tachado de cínico. Él lo negaba. Sostenía que el cinismo es una forma de resentimiento y una debilidad, y que lo suyo era otra cosa. La discusión sigue abierta. A nuestro juicio, el mejor argumento a favor de Bukowski es su humor, que casi siempre es más feroz con él mismo que con los demás.

Hay también una crítica literaria. Bukowski escribió muchísimo, y su obra es desigual: hay poemas de relleno, relatos que repiten fórmulas y novelas que insisten en lo mismo durante demasiadas páginas. Quien lea todo Bukowski de seguido terminará harto de Chinaski. Quien lea una selección razonable encontrará, en cambio, a un escritor con muy buen oído.

La revista Time lo llamó en 1986 el poeta laureado de la vida baja norteamericana, una definición que resume bien el asunto.

Por qué se sigue leyendo

A primera vista, Bukowski no debería tener vigencia. Sus protagonistas beben demasiado, sus mujeres aparecen casi siempre desde la mirada de Chinaski y su forma de vida sería hoy, para muchos lectores, un ejemplo de lo que no hay que hacer. Y sin embargo se le sigue leyendo.

En España, Anagrama mantiene en catálogo sus seis novelas y buena parte de sus libros de relatos. A fecha de 2026, Cartero va por su decimonovena edición y La senda del perdedor por la duodécima. En 2025 apareció Relatos y ensayos, con textos inéditos en español, lo cual indica que sigue habiendo mercado para un autor que murió hace más de treinta años.

Su influencia llega también a la música. Anthony Kiedis, cantante de los Red Hot Chili Peppers, ha dicho que Bukowski es una gran influencia en su escritura. El grupo de punk Hot Water Music tomó el nombre de uno de sus libros, y el disco Born Like This, de MF Doom, el de uno de sus poemas. Modest Mouse tiene una canción titulada Bukowski. Y Harry Styles interrumpió conciertos de One Direction en 2014 para leerlo.

En 2020, el centenario de su nacimiento movilizó a la Sociedad Charles Bukowski, en Alemania, que quiso celebrarlo como merecía, y a una historiadora local de San Pedro, Angela Romero, que intentó reunir donativos por internet para levantar un monumento al escritor en el barrio donde murió. Según Romero, a San Pedro llegan seguidores de Bukowski de todo el mundo. Ese mismo año Neeli Cherkovski publicó Bukowski: A Life.

¿A qué se debe? Bukowski habla de cosas que no pasan de moda: el trabajo que agota sin dar nada, la soledad, el dinero que no alcanza, el deseo, la vergüenza. Escribe con un lenguaje que cualquiera entiende, sin la distancia que suele separar a los escritores de sus lectores. Y cuenta el fracaso sin pedir comprensión y con un humor que le impide caer en la autocompasión.

Hay también una razón menos evidente. Bukowski se hizo escritor fuera de las instituciones literarias: sin carrera universitaria, publicado primero en revistas de tirada diminuta y en ediciones limitadas. Eso explica en parte su atractivo para quien empieza a escribir y no tiene contactos. Que esa lectura sea cómoda o no es otra discusión.

Cómo empezar a leerlo

Para un lector que no haya leído nada suyo, lo más sensato es empezar por la prosa. Cartero es la entrada más directa: breve, divertida y sin adornos. La senda del perdedor es, a nuestro juicio, la mejor novela, y la que mejor explica de dónde viene todo lo demás. Quien prefiera los relatos puede empezar por Música de cañerías o por Escritos de un viejo indecente.

Para la poesía, Burning in Water, Drowning in Flame y Love Is a Dog from Hell son dos buenos puntos de partida. Si interesan los orígenes, Relatos y ensayos, de Anagrama, recorre su evolución desde los primeros cuentos hasta su consagración.

Mujeres conviene dejarlo para después, cuando ya se sepa quién es Chinaski. Pulp se lee mejor al final, como despedida. Y quien quiera saber más de su vida tiene la biografía de Howard Sounes, Charles Bukowski: Locked in the Arms of a Crazy Life (1998), la de Barry Miles (2005) y la de David Stephen Calonne (2012). Neeli Cherkovski, que lo conoció bien, publicó en 1991 Hank: The Life of Charles Bukowski, y Anagrama tiene en catálogo La vida de Charles Bukowski, firmada por él.

Y para completar el cuadro, conviene leer a John Fante. Es difícil entender a Bukowski sin él.

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