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Eric Clapton, ochenta y un años tocando el mismo blues

Del grafiti que lo proclamó Dios en un muro del norte de Londres al vinilo que le lanzaron en el Movistar Arena, la carrera de Eric Clapton es la crónica de un músico que ha sobrevivido a casi todo, incluido a sí mismo

Eric Clapton

El 7 de mayo de 2026, a las nueve en punto de la noche, un hombre de ochenta y un años vestido con traje y camisa blanca salió al escenario del Movistar Arena de Madrid y atacó los primeros compases de Badge, la canción que Eric Clapton escribió con George Harrison en 1968 para el disco de despedida de Cream. Había unas quince mil personas en el recinto, las entradas llevaban meses agotadas y buena parte del público llevaba dos décadas esperando aquel momento.

Hora y media más tarde, cuando se apagaban los últimos acordes de Cocaine y el guitarrista se retiraba hacia las escaleras del lateral, alguien lanzó desde la pista la funda de cartón de un vinilo. Le dio en el pecho. Clapton se detuvo unos segundos, siguió caminando, se le vio unos instantes en un pasillo lateral con sus músicos a la espera, hizo un gesto con la mano y se marchó. No hubo bis. Se encendieron las luces y quince mil personas se quedaron sin la versión de Before You Accuse Me que venía cerrando todas las noches de la gira europea.

Según averiguó Carlos Marcos en su crónica para El País, el objeto lo había arrojado un aficionado argentino que le había adjuntado una nota afectuosa al disco. Un gesto de admiración convertido en proyectil. La escena, filmada con teléfonos móviles y difundida en redes en cuestión de horas, dio la vuelta al mundo y llegó a la prensa británica, mexicana y chilena.

Lo interesante del episodio no es el episodio en sí, sino lo que revela. Sesenta y tres años después de su primer concierto profesional, Eric Clapton sigue provocando esa mezcla de devoción y torpeza que rodea a las figuras que llevan demasiado tiempo siendo mitos. Y él, que nunca ha sabido gestionar bien el afecto ajeno, respondió como responde desde hace décadas: retirándose.

El niño de Ripley

Eric Patrick Clapton nació el 30 de marzo de 1945 en Ripley, un pueblo del condado de Surrey, al suroeste de Londres. Su madre, Patricia Molly Clapton, tenía dieciséis años. Su padre, Edward Walter Fryer, era un soldado canadiense de veinticinco destinado en Inglaterra que fue enviado al frente antes de que el niño naciera y regresó después a Canadá sin llegar a saber nunca que había sido padre.

Eric creció convencido de que sus abuelos, Rose y Jack Clapp, eran sus padres, y de que su madre era en realidad su hermana mayor. Cuando Patricia se casó con otro soldado canadiense y se marchó a Alemania, el niño se quedó en Surrey. Descubrió la verdad siendo ya un adolescente. Casi todo lo que ha escrito y cantado desde entonces se puede leer, sin forzar demasiado, como una prolongada negociación con aquel abandono.

A los trece años recibió como regalo de cumpleaños una guitarra acústica Hoyer de fabricación alemana. Era barata, tenía cuerdas de acero, costaba tocarla y la abandonó pronto. Dos años después la recuperó y ya no la soltó. Aprendió escuchando discos de blues una y otra vez, grabándose a sí mismo en un magnetófono portátil Grundig y repitiendo hasta quedar satisfecho.

En 1961 dejó el instituto de Surbiton y entró en el Kingston College of Art, de donde lo expulsaron al terminar el curso porque dedicaba más tiempo a la guitarra que al dibujo. Empezó a tocar en la calle por Kingston, Richmond y el West End. A los diecisiete años se unió a su primera banda, los Roosters, un grupo temprano de rhythm and blues británico en el que también tocaba Tom McGuinness. Estuvo con ellos de enero a agosto de 1963.

Después vino un brevísimo paso por Casey Jones and the Engineers, siete conciertos en octubre de aquel mismo año. Y en ese mismo mes de octubre de 1963 entró en los Yardbirds.

De los Yardbirds a la deserción

Los Yardbirds eran una banda de rhythm and blues que había heredado la residencia de los Rolling Stones en el Crawdaddy Club de Richmond. Tocaban repertorio de los sellos Chess, Checker y Vee-Jay, y giraron por Inglaterra acompañando al bluesman estadounidense Sonny Boy Williamson II, con quien grabaron en diciembre de 1963 un disco conjunto que no se publicó hasta 1965.

Allí Clapton sintetizó lo que había aprendido del blues de Chicago y de guitarristas como Buddy Guy, Freddie King y B.B. King, y en cuestión de meses se convirtió en el músico del que más se hablaba en la escena británica. Tenía diecinueve años.

De aquella época viene también el apodo. Cuando a Clapton se le rompía una cuerda en pleno concierto, se quedaba en el escenario cambiándola. El público inglés llenaba la espera con un aplauso lento, el slow handclap. Giorgio Gomelsky, que llevaba al grupo, hizo el juego de palabras y lo llamó Slowhand. El apodo, que sugiere lentitud y en realidad describe una espera, se quedó para siempre.

En diciembre de 1964 tocó por primera vez en el Royal Albert Hall, con los Yardbirds, en una emisión de la BBC. Desde entonces ha vuelto a ese escenario más de doscientas veces. Ha dicho que actuar allí se parece a tocar en su propio salón.

En marzo de 1965 los Yardbirds tuvieron su primer gran éxito con For Your Love, escrita por Graham Gouldman, futuro miembro de 10cc. El grupo entendió que el camino era el pop. Clapton, que era un purista del blues de veinte años y bastante intransigente, se marchó el mismo día en que la canción salió a la venta. Propuso como sustituto a Jimmy Page, que declinó por lealtad y sugirió a Jeff Beck. Page y Beck coincidieron después en la banda, pero los tres nunca estuvieron juntos en ella.

Los Bluesbreakers y un muro en Islington

En abril de 1965 se incorporó a John Mayall & the Bluesbreakers. Duró unos meses, se largó a Grecia con un grupo llamado los Glands y volvió en octubre. Fue durante esa segunda etapa cuando ocurrieron dos cosas decisivas.

La primera fue de orden material. Clapton cambió su Fender Telecaster y su amplificador Vox AC30 por una Gibson Les Paul Standard de 1960 y un Marshall. Aquella combinación produjo un sonido saturado, denso y cantarín que en Inglaterra no se había oído antes. Roger Waters lo recordaba años después con claridad: hasta ese momento la guitarra británica sonaba como Hank Marvin, limpia y sencilla, y de pronto llegó otra cosa.

La segunda fue de orden técnico y revela mejor que ninguna anécdota qué clase de músico era. Clapton se peleó con los ingenieros de sonido porque colocaban el micrófono a cinco centímetros del altavoz. Él quería que sonara como en un club, con el oyente a tres metros de distancia, no pegado al bafle. Movió los micrófonos. El resultado cambió la manera de grabar guitarras eléctricas en el Reino Unido.

De aquellas sesiones salió Blues Breakers with Eric Clapton, publicado en julio de 1966, cuando él ya se había ido definitivamente. Los aficionados lo llaman el Beano Album porque en la portada aparece leyendo un tebeo infantil británico llamado The Beano. Sigue siendo, seis décadas después, uno de los discos de blues eléctrico más influyentes que se han grabado en Europa.

Fue por entonces cuando un admirador anónimo pintó en un muro de Islington, en el norte de Londres, la frase Clapton is God. Una fotografía célebre inmortalizó el grafiti con un perro orinando debajo. Clapton siempre ha dicho que aquello le avergonzó. En un programa de televisión de 1987 lo formuló con una distinción que dice mucho de él: nunca aceptó ser el mejor guitarrista del mundo, pero siempre quiso serlo, y aceptaba eso como ideal.

Cream, o el ruido como forma de pensamiento

En julio de 1966 dejó a Mayall, que lo sustituyó por Peter Green, y aceptó la invitación del batería Ginger Baker para montar un trío con el bajista y cantante Jack Bruce. Se llamaron Cream, la nata, porque se consideraban lo mejor de la escena británica. Suele citarse como el primer supergrupo de la historia del rock.

El primer concierto, no oficial, fue en el Twisted Wheel de Mánchester el 29 de julio de 1966. El debut formal llegó dos noches después en el National Jazz and Blues Festival de Windsor. Duraron veintiocho meses y en ese tiempo redefinieron el papel del instrumentista dentro de una banda de rock.

Antes de Cream, Clapton era prácticamente desconocido en Estados Unidos. Había dejado a los Yardbirds antes de que For Your Love entrara en el top ten americano y ni siquiera había pisado el país. Con el trío hizo nueve funciones en el RKO Theater de Nueva York en marzo de 1967 y grabó Disraeli Gears en la misma ciudad aquel mayo, en cinco días.

El repertorio del grupo iba del rock más duro de I Feel Free a las improvisaciones interminables sobre estructuras de blues, como Spoonful. En Estados Unidos colocaron Sunshine of Your Love en el número cinco en 1968, White Room en el seis y una versión en directo del Cross Road Blues de Robert Johnson en el veintiocho al año siguiente.

Con Cream apareció también el llamado woman tone, ese sonido grueso y a la vez penetrante, distorsionado y cremoso, que Clapton obtenía combinando los controles de la Les Paul o de la Gibson SG con su amplificador Marshall JTM45. El riff y el solo de Sunshine of Your Love siguen siendo su mejor demostración.

La SG de 1964 que usó en aquellos años, pintada con motivos psicodélicos por el colectivo neerlandés The Fool, se convirtió en uno de los instrumentos más reconocibles del siglo. Acabó en manos de Jackie Lomax, que se la vendió a Todd Rundgren por quinientos dólares en 1972. Rundgren la restauró, la rebautizó Sunny y la subastó en 2000 por ciento cincuenta mil.

Hendrix, la ruptura y una despedida

El 1 de octubre de 1966, un guitarrista estadounidense recién llegado a Londres se subió al escenario del Central London Polytechnic durante un concierto de Cream y se marcó una versión acelerada de Killing Floor. Se llamaba Jimi Hendrix. Clapton contó después en su autobiografía que aquello lo dejó completamente impresionado, y no solo por la puesta en escena.

La aparición de Hendrix cambió el panorama de la noche a la mañana y tuvo un efecto inmediato sobre la siguiente etapa de la carrera de Clapton. También lo tuvo, en dirección contraria, un disco publicado en 1968: Music from Big Pink, el debut de The Band. Clapton ha explicado muchas veces que aquel álbum le hizo replantearse todo. Lo que le atrajo de The Band fue que les importaban las canciones y las voces, y que la guitarra volvía a ocupar un lugar de acompañamiento. Estaba harto, dijo, de solos largos y aburridos tocados solo porque el público los esperaba.

Cream se disolvió en noviembre de 1968. Las drogas, el alcohol y sobre todo la enemistad creciente entre Bruce y Baker hicieron el resto. Hubo además una reseña demoledora de Rolling Stone sobre un concierto de su segunda gira americana que afectó a Clapton profundamente.

El disco de despedida, Goodbye, recogía grabaciones en directo del Forum de Los Ángeles del 19 de octubre de 1968 y contenía Badge, escrita a medias con George Harrison, que apareció acreditado como L’Angelo Misterioso por problemas contractuales. Ese mismo año Clapton había tocado el solo de While My Guitar Gently Weeps en el álbum blanco de los Beatles, también sin acreditar.

En enero de 1969, durante las tensas sesiones de Let It Be, Harrison abandonó el grupo unos días y John Lennon llegó a proponer que terminaran el disco con Clapton. No prosperó. Michael Lindsay-Hogg, que dirigía las filmaciones, lo resumió después con sequedad: Paul McCartney no quería ir por ahí.

Blind Faith y la huida hacia el anonimato

En 1969 llegó Blind Faith, con Ginger Baker de nuevo a la batería, Steve Winwood procedente de Traffic y Ric Grech de Family. Debutaron ante cien mil personas en Hyde Park el 7 de junio de aquel año, hicieron unas fechas en Escandinavia y una gira americana con todo vendido antes incluso de que saliera el disco.

El álbum, titulado Blind Faith, tenía seis canciones. Una de ellas, Presence of the Lord, es la primera pieza acreditada exclusivamente a Clapton. La portada original, con una adolescente en topless, se consideró inaceptable en Estados Unidos y fue sustituida por una foto del grupo. La banda se deshizo en menos de siete meses.

Después vino una etapa reveladora. Clapton se enroló como guitarrista secundario en la banda de Delaney & Bonnie and Friends, que había telonado a Blind Faith. Tocó con la Plastic Ono Band de Lennon en el Toronto Rock and Roll Revival de septiembre de 1969, grabó el single Cold Turkey y participó en un concierto benéfico para Unicef en Londres en diciembre.

Delaney Bramlett lo animó a cantar y a componer. Con la banda de los Bramlett y un reparto de músicos de sesión que incluía a Leon Russell y Stephen Stills, Clapton grabó su primer disco en solitario, titulado simplemente Eric Clapton, en 1970. Delaney coescribió seis canciones y produjo el álbum. El éxito inesperado fue After Midnight, de J. J. Cale, que llegó al número dieciocho en Estados Unidos.

Era la primera vez que Clapton se enfrentaba al micrófono como cantante principal. Nunca ha tenido una gran voz y él lo sabe. Pero encontró un registro, cálido y algo nasal, que le ha servido durante cincuenta y seis años.

Layla, o la canción como confesión

Con la intención expresa de desactivar el culto que se había formado a su alrededor, Clapton montó un grupo con la base rítmica de Delaney & Bonnie: Bobby Whitlock a los teclados y la voz, Carl Radle al bajo y Jim Gordon a la batería. Quería demostrar que podía ser un miembro más de un conjunto.

El nombre salió de un malentendido. La banda iba a llamarse provisionalmente Del and the Dynamos, alguien lo leyó mal y quedó Derek and the Dominos. Del era el apodo que Tony Ashton usaba para Clapton, así que Del y Eric se fundieron en Derek.

Por entonces Clapton se había enamorado de Pattie Boyd, la mujer de George Harrison, su mejor amigo. Ella lo rechazó. De ese rechazo salió Layla and Other Assorted Love Songs, grabado en los estudios Criteria de Miami en 1970 con el productor Tom Dowd, que ya había trabajado con Cream en Disraeli Gears.

A los pocos días de empezar, Dowd, que también producía a los Allman Brothers, invitó a Clapton a un concierto del grupo en Miami. Los dos guitarristas se conocieron sobre el escenario, siguieron tocando toda la noche en el estudio y se hicieron amigos. Duane Allman terminó grabando el disco entero. Su slide es el ingrediente que convierte el álbum en lo que es.

El título viene de un libro. Ian Dallas le regaló a Clapton una edición del poema persa Layla y Majnún, de Nizami Ganyaví, la historia de un joven que enloquece de amor por una mujer inaccesible. La coincidencia era demasiado exacta para dejarla pasar.

Layla se grabó en dos sesiones separadas. La primera parte, la del riff, se registró antes. La coda de piano se añadió semanas después. Jim Gordon reclamó su autoría, aunque Bobby Whitlock ha sostenido siempre que la escribió Rita Coolidge.

Durante las sesiones llegó la noticia de la muerte de Hendrix. Ocho días antes la banda había grabado una versión de Little Wing como homenaje. El 17 de septiembre de 1970, un día antes de que Hendrix muriera, Clapton había comprado una Fender Stratocaster para zurdos con la intención de regalársela por su cumpleaños.

Layla recibió críticas tibias. La banda hizo una gira americana sin Allman, que había vuelto con los suyos, entre una tormenta de drogas y alcohol de la que salió un doble en directo, In Concert. Cuando intentaron grabar un segundo disco, los egos chocaron, Clapton se levantó y se fue, y el grupo desapareció.

La lista de desgracias asociadas a Derek and the Dominos es larga. Duane Allman murió en accidente de moto el 29 de octubre de 1971. Carl Radle, que siguió como bajista de Clapton hasta 1979, murió en mayo de 1980 por los efectos del alcohol y los narcóticos. Jim Gordon padecía una esquizofrenia sin diagnosticar y años después mató a su madre durante un brote psicótico. Pasó el resto de su vida entre la cárcel y una institución psiquiátrica.

Los años del caballo

Los setenta empezaron para Clapton en el peor sitio posible. Enamorado sin esperanza de Pattie Boyd, culpable por su amistad con Harrison y desmoralizado por el fracaso de los Dominos, se encerró en su casa de Surrey y desarrolló una adicción a la heroína que lo mantuvo fuera de circulación durante casi tres años.

La única interrupción fue el Concierto para Bangladés que organizó Harrison en Nueva York en agosto de 1971. Clapton se desmayó en el escenario, lo reanimaron y consiguió terminar su parte.

En enero de 1973, Pete Townshend organizó un concierto de reaparición en el Rainbow Theatre de Londres para ayudarle a salir del pozo. Clapton devolvió el favor dos años después interpretando al Predicador en la versión cinematográfica de Tommy dirigida por Ken Russell, donde canta Eyesight to the Blind. En algunos planos lleva una barba postiza evidente: se había afeitado la de verdad después de las primeras tomas con la esperanza de que el director eliminara su escena y lo dejara marcharse.

En 1974 empezó a vivir con Boyd, aunque no se casaron hasta 1979, y dejó la heroína. La cambió, poco a poco, por el alcohol.

El disco de la casa de Miami

Montó una banda discreta con Radle, el guitarrista de Miami George Terry, el teclista Dick Sims, el batería Jamie Oldaker y las cantantes Yvonne Elliman y Marcy Levy, y grabó 461 Ocean Boulevard en 1974. Es la dirección de la casa de Florida donde se instaló durante las sesiones.

Aquel disco marca un giro completo. Canciones cortas, pocos solos, aire relajado, voz al frente. Su versión de I Shot the Sheriff, de Bob Marley, fue su primer número uno y contribuyó de manera decisiva a que el reggae llegara al gran público internacional.

There’s One in Every Crowd, de 1975, siguió por el mismo camino. El título original iba a ser The World’s Greatest Guitar Player (There’s One in Every Crowd), una ironía que se decidió eliminar antes de la impresión por miedo a que nadie la entendiera. Ese mismo año salió el directo E. C. Was Here.

Después vinieron No Reason to Cry, grabado en 1976 con Bob Dylan y The Band, y sobre todo Slowhand, en 1977, probablemente su disco en solitario más redondo. Ahí están Wonderful Tonight, escrita para Pattie Boyd mientras ella se arreglaba para salir, y Cocaine, otra versión de J. J. Cale que se ha convertido en su cierre de concierto habitual durante casi cincuenta años.

En 1976 participó también en el concierto de despedida de The Band que Martin Scorsese filmó y convirtió en The Last Waltz.

Birmingham, 1976

El 5 de agosto de 1976, visiblemente borracho durante un concierto en Birmingham, Eric Clapton pronunció desde el escenario un discurso racista. Pidió que los extranjeros presentes levantaran la mano y se marcharan del país, manifestó su apoyo al político conservador Enoch Powell y repitió varias veces la consigna de mantener Gran Bretaña blanca, que era por entonces un lema del ultraderechista National Front. Empleó insultos raciales que no vale la pena reproducir.

Aquel episodio, junto a unas declaraciones polémicas de David Bowie por las mismas fechas, fue el detonante directo de la creación de Rock Against Racism, cuyo primer gran concierto se celebró el 30 de abril de 1978.

La incomodidad del asunto se agrava por su reincidencia. En una entrevista de octubre de 1976 con la revista Sounds, Clapton dijo que no sabía mucho de política y que no entendía qué le había pasado aquella noche. Pero en 2004, en una entrevista con Uncut, se refirió a Powell como alguien escandalosamente valiente. Ese mismo año declaró a Scotland on Sunday que era imposible que él fuera racista, porque no tendría sentido.

En su autobiografía de 2007 escribió que había sido deliberadamente ciego al conflicto racial. En una entrevista con Melvyn Bragg en diciembre de aquel año sostuvo que no era racista pero que los comentarios de Powell seguían siendo pertinentes.

Solo en 2018 formuló algo parecido a una condena sin matices. Dijo entonces que estaba asqueado consigo mismo por aquellas declaraciones chovinistas y fascistas, que había saboteado todo lo que tocaba y que se avergonzaba de haber sido una especie de semirracista, algo que además no tenía ningún sentido: la mitad de sus amigos eran negros, había salido con una mujer negra y había defendido la música negra toda su vida.

La contradicción es irresoluble y forma parte del personaje. Un hombre que ha construido una carrera entera sobre la obra de Robert Johnson, Muddy Waters, Freddie King y B.B. King, y que en 1976 pidió a los negros que se fueran de Inglaterra. Cualquier retrato honesto tiene que sostener las dos cosas a la vez.

Hazelden y la década del esmoquin

En enero de 1982, después de llamar a su representante para decirle que era alcohólico, Clapton voló a Minnesota e ingresó en el centro Hazelden. Contó después en su autobiografía que durante el vuelo bebió sin parar porque le aterraba la idea de no poder volver a hacerlo. Escribió también que en sus peores momentos la única razón por la que no se suicidó fue que, muerto, tampoco podría beber.

Los médicos le recomendaron evitar cualquier actividad que pudiera actuar como desencadenante. Volvió al estudio a los pocos meses, contra ese consejo, y grabó con Tom Dowd el disco que él mismo considera el más forzado de su carrera. Lo tituló Money and Cigarettes porque era, dijo, lo único que le quedaba. Recayó y volvió a Hazelden en noviembre de 1987. Desde entonces está sobrio.

La década de los ochenta lo convirtió en otra cosa: un profesional de traje impecable, integrado en el circuito de las grandes producciones. En 1981 tocó con Jeff Beck en el festival benéfico de Amnistía Internacional The Secret Policeman’s Other Ball, en el teatro de Drury Lane, en lo que se considera su primera colaboración anunciada sobre un escenario.

En 1984 grabó y giró con Roger Waters en The Pros and Cons of Hitch Hiking. En 1985 tocó en Live Aid, en Filadelfia. Con Phil Collins produjo Behind the Sun en 1985, del que salieron Forever Man y She’s Waiting, y August en 1986, su mayor éxito de ventas en el Reino Unido hasta ese momento.

August tenía el sonido de batería y metales característico de Collins, incluía a Tina Turner en Tearing Us Apart y abría con It’s in the Way That You Use It, que sonó en El color del dinero, de Martin Scorsese. Aquella etapa consolidó la banda que lo acompañaría durante años, con el bajista Nathan East y el teclista Greg Phillinganes.

También compuso música para televisión. Su colaboración con Michael Kamen en la banda sonora de la serie de la BBC Edge of Darkness le valió un premio BAFTA. En 1987 recibió el Brit Award a la Contribución Sobresaliente a la Música.

En 1989 publicó Journeyman, un disco heterogéneo que se movía entre el blues, el jazz, el soul y el pop, con George Harrison, Phil Collins, Daryl Hall, Chaka Khan, Mick Jones, David Sanborn y Robert Cray entre los invitados. Bad Love le dio un Grammy a la mejor interpretación vocal de rock masculina.

Los dos años terribles

En enero y febrero de 1990, y de nuevo entre febrero y marzo de 1991, Clapton montó en el Royal Albert Hall dos series de conciertos monumentales que quedaron recogidas en el álbum 24 Nights. Fueron treinta y dos noches en total, con formatos que iban del cuarteto a la orquesta.

En medio de aquello llegó la catástrofe.

El 27 de agosto de 1990, el guitarrista Stevie Ray Vaughan, que estaba de gira con Clapton, murió junto a tres miembros del equipo cuando el helicóptero que los trasladaba entre dos conciertos se estrelló.

El 20 de marzo de 1991, Conor Clapton, hijo de Eric y de la modelo italiana Lory Del Santo, cayó desde la ventana del piso cincuenta y tres de un edificio de apartamentos de Manhattan. Tenía cuatro años. Su padre se alojaba en un hotel cercano y se disponía a recogerlo para comer y llevarlo al zoo de Central Park. Se enteró por una llamada telefónica de la madre.

Clapton ha descrito aquel momento como caerse del borde del mundo y como entrar en la vida de otra persona. La primera persona que le dio el pésame fue Keith Richards, que había perdido a su hijo Tara en 1976. El funeral se celebró el 28 de marzo en la iglesia de Santa María Magdalena de Ripley, el pueblo donde Clapton había nacido. Conor está enterrado allí.

A partir de ese momento Clapton empezó a asistir a reuniones de Alcohólicos Anónimos.

La canción imposible

De ese duelo salió Tears in Heaven, coescrita con Will Jennings, que apareció primero en la banda sonora de la película Rush, para la que Clapton compuso la música. La canción llegó al número dos de la lista Billboard Hot 100.

El 16 de enero de 1992, delante de un público reducido en los estudios Bray de Windsor, grabó el programa acústico para MTV que se publicaría como Unplugged. Aquel disco vendió más de diez millones de ejemplares solo en Estados Unidos, alcanzó el número uno del Billboard 200, el dos en el Reino Unido y le dio seis Grammy en la ceremonia de 1993, entre ellos el de álbum del año y el de canción del año.

Sobre el proceso, Clapton lo ha resumido en una frase que evita cualquier grandilocuencia: usó la música casi inconscientemente como agente curativo y, para su sorpresa, funcionó.

Unplugged es también responsable de un fenómeno que ha marcado la percepción del músico durante tres décadas. La versión acústica y relajada de Layla, que convierte un aullido de desesperación en una pieza de café, dividió a sus seguidores para siempre. Hay quien la considera una traición y quien la considera la prueba de que una gran canción sobrevive a cualquier arreglo. En los conciertos de 2026 ha vuelto a tocarla en el bloque acústico, y sigue siendo uno de los momentos más celebrados de la noche.

Volver a la cuna

Después del éxito colosal de Unplugged, Clapton hizo lo que en su carrera equivale siempre a un gesto de higiene: volvió al blues. From the Cradle, publicado en 1994, es un disco de versiones de clásicos grabado con guitarra eléctrica, sin concesiones, sin invitados de relumbrón y sin baladas. Fue número uno en Estados Unidos.

Los años siguientes lo devolvieron al terreno comercial. En 1995 participó, junto a Cher, Chrissie Hynde y Neneh Cherry, en una versión de Love Can Build a Bridge que fue su único número uno en la lista de singles británica. En 1996 grabó Change the World para la banda sonora de Phenomenon, que ganó el Grammy a la canción del año. En 1997, bajo el seudónimo TDF y de nuevo con el productor Simon Climie, publicó Retail Therapy, un experimento de música electrónica que casi nadie recuerda.

Pilgrim, de 1998, fue su primer disco de material nuevo en casi una década. De él salió My Father’s Eyes, la canción en la que por fin abordaba de frente la ausencia del padre que nunca conoció, y que le dio otro Grammy en 1999.

Ese mismo año 1998 fundó en Antigua el Crossroads Centre, una clínica de tratamiento y educación para personas con dependencia del alcohol y de otras sustancias. Es probablemente la obra de la que se siente más orgulloso y la que ha condicionado buena parte de su actividad posterior.

En 2000 cumplió un viejo deseo grabando Riding with the King con B.B. King. En el videoclip de la canción que da título al disco, Clapton hace de chófer y King va detrás. King, que rara vez repartía elogios, dijo de él que era el número uno del rock como guitarrista y como persona.

La verdad sobre el padre

En 2007, un periodista de Montreal llamado Michael Woloschuk reconstruyó la historia que Clapton llevaba toda la vida persiguiendo. Rastreando los archivos militares canadienses y localizando a familiares, estableció que Edward Walter Fryer había nacido el 21 de marzo de 1920 en Montreal y había muerto el 15 de mayo de 1985 en Newmarket, Ontario.

Fryer era músico. Tocaba el piano y el saxofón. Fue un trotamundos que se casó varias veces, tuvo varios hijos y nunca supo que era el padre de Eric Clapton.

Clapton se lo agradeció al periodista en un encuentro casual en el aeropuerto de Ottawa. Su padre había muerto veintidós años antes de que él supiera su nombre completo.

El siglo XXI en modo artesano

La obra de Clapton en el siglo XXI tiene un patrón reconocible: discos de oficio, alternando material propio y homenajes a sus maestros, sin ambición de romper nada.

Reptile salió en marzo de 2001. Un mes después de los atentados del 11 de septiembre tocó en el Concert for New York City junto a Buddy Guy. En junio de 2002 interpretó Layla y While My Guitar Gently Weeps en el concierto del Jubileo de Oro de Isabel II en los jardines del palacio de Buckingham.

El 29 de noviembre de 2002, un año después de la muerte de George Harrison, dirigió musicalmente el Concert for George en el Royal Albert Hall, con Paul McCartney, Ringo Starr, Jeff Lynne, Tom Petty, Ravi Shankar, Billy Preston y Dhani Harrison. Es, para muchos, el mejor concierto de homenaje que se ha organizado nunca en el rock.

En 2004 publicó dos discos dedicados a Robert Johnson: Me and Mr. Johnson y Sessions for Robert J. En un texto escrito para la caja recopilatoria de Johnson de 1990, Clapton había dejado dicho lo que piensa de él: es el músico de blues más importante que ha existido, absolutamente fiel a su propia visión, y su música sigue siendo el grito más poderoso que puede encontrarse en una voz humana.

En mayo de 2005, Clapton, Bruce y Baker reunieron a Cream para cuatro conciertos en el Royal Albert Hall y tres más en el Madison Square Garden aquel octubre. Los primeros se publicaron en disco y en vídeo. Fue la última vez. Jack Bruce murió en 2014 y Ginger Baker en 2019.

Ese mismo 2005 salió Back Home, su primer disco de material propio en cinco años. En 2006 llegó The Road to Escondido, grabado a medias con J. J. Cale, el hombre cuyas canciones le habían dado dos de sus mayores éxitos.

Después vinieron Clapton en 2010, Old Sock en 2013 y The Breeze: An Appreciation of JJ Cale en 2014, un homenaje colectivo con Mark Knopfler, John Mayer, Willie Nelson y Tom Petty grabado tras la muerte de Cale en 2013. I Still Do apareció en 2016 y Happy Xmas, un disco de villancicos en clave de blues, en 2018.

Crossroads, la deuda pagada

El Crossroads Guitar Festival nació en 2004 con una idea sencilla: reunir en un escenario a lo mejor de la guitarra mundial y destinar los beneficios íntegros al centro de Antigua. Se ha celebrado de manera intermitente en Dallas, Chicago, Nueva York y Los Ángeles.

La edición de 2026, la séptima, se celebra el 26 y el 27 de septiembre en el Moody Center de Austin, Texas, coincidiendo con el vigésimo octavo aniversario de la fundación del Crossroads Centre. Clapton toca las dos noches, como siempre.

El cartel incluye a veteranos del festival como Joe Bonamassa, Gary Clark Jr., Billy Gibbons, Buddy Guy, Sonny Landreth, John Mayer, la Del McCoury Band, Tedeschi Trucks Band y Jimmie Vaughan, y a cuatro debutantes de peso: Trey Anastasio, Tommy Emmanuel, Julian Lage y Pete Townshend. Completan la nómina Ben Haggard, Sierra Hull, Marcus King, Taj Mahal, Pedro Martins, John McLaughlin, Keb’ Mo’, Dirk Powell, Robert Randolph, Kurt Rosenwinkel, Daniel Santiago y Bradley Walker.

Guitar Center repite como socio comercial exclusivo y llevará a Austin parte de su Legends Collection, incluidas dos guitarras de Clapton: la Stratocaster de 1956 conocida como Blackie y la Gibson ES-335 de 1964 que tocó con Cream. También estará la Stratocaster de 1965 de Stevie Ray Vaughan, Lenny.

Las guitarras

Pocos músicos han influido tanto en qué instrumentos compra la gente. Con los Yardbirds, Clapton tocó una Telecaster, una Jazzmaster, una Gretsch 6120 y una Gibson ES-335 de 1964 en acabado cereza. A mediados de 1965 se pasó a Gibson en exclusiva con aquella Les Paul Standard que le cambió el sonido.

La primera Les Paul se la robaron al poco de empezar con Cream. La sustituyó por otra casi idéntica que compró a Andy Summers. En 1967 llegó la SG psicodélica, The Fool. En 1968 compró una Gibson Firebird y recuperó la ES-335, que tuvo una vida larga: la usó en el último concierto de Cream en noviembre de 1968, con Blind Faith, en algunos pasajes de slide de los setenta, en Hard Times de Journeyman, en las sesiones y la gira de From the Cradle y en el concierto de Hyde Park de 1996. Se vendió en subasta en 2004 por 847.500 dólares.

A finales de 1969 se pasó a la Fender Stratocaster. La primera, Brownie, la había comprado el 7 de mayo de 1967 y debutó en su álbum de 1970 y en Layla. En noviembre de aquel año compró seis Stratocaster en una tienda de Nashville durante la gira con los Dominos. Regaló una a George Harrison, otra a Steve Winwood y otra a Pete Townshend.

Con las piezas de las tres restantes montó Blackie, la guitarra que fue su instrumento principal en directo hasta 1985. La estrenó en el concierto del Rainbow el 13 de enero de 1973. Él mismo la llamaba un chucho, un animal de raza mezclada. El 24 de junio de 2004 la subastó en Christie’s de Nueva York por 959.500 dólares para financiar el centro de Antigua.

Fender le dedicó una Stratocaster de firma en 1988. Martin fabricó desde 1995 varios modelos acústicos de tamaño 000 con su nombre. La Martin 000-42 de 1939 que tocó en Unplugged se vendió en subasta por 791.500 dólares. Usa cuerdas Ernie Ball Slinky y Super Slinky del calibre .010 al .046. Su técnico de guitarras durante más de treinta años fue Lee Dickson.

En agosto de 2026, Guitar Center presentó además una nueva colección Crossroads de edición limitada desarrollada con Clapton y con las marcas Martin, Fender y Ernie Ball, inspirada en algunos de los instrumentos más significativos de su carrera y destinada de nuevo a financiar la fundación.

La enfermedad

En 2013, Clapton fue diagnosticado de neuropatía periférica, un daño en los nervios que produce dolor punzante, ardor y hormigueo en brazos y piernas. No lo hizo público hasta una entrevista con la revista Classic Rock en 2016. Para un guitarrista, es una condición potencialmente terminal.

Ese mismo año 2013 anunció que dejaría de girar en 2015. En junio de 2014 abandonó el escenario en pleno concierto en el Hydro de Glasgow, aunque regresó para tocar un último tema. Miles de espectadores abuchearon al final de la noche, cuarenta minutos antes de lo previsto. Al día siguiente, tanto él como el recinto pidieron disculpas y atribuyeron el incidente a problemas técnicos que habían hecho insoportables las condiciones de sonido sobre el escenario.

Una semana después confirmó sus planes de retirada. Habló de la carretera como algo insoportable, de aeropuertos hostiles y de dolencias extrañas que quizá lo obligaran a dejar la guitarra definitivamente. Dijo también que no quería llegar al punto de avergonzarse de sí mismo.

Han pasado doce años. Sigue girando.

En 2015 celebró sus setenta años con dos noches en el Madison Square Garden y siete en el Royal Albert Hall, medio siglo después de su debut en aquella sala. En 2017 cancelaría dos conciertos en Los Ángeles por una bronquitis severa. La retirada, como en tantos otros músicos de su generación, ha resultado ser un proceso indefinido más que un acontecimiento.

La pandemia y el ruido

El capítulo más ruidoso de su vida reciente empezó en noviembre de 2020, cuando Clapton y Van Morrison publicaron Stand and Deliver, un single contra los confinamientos y el uso de mascarillas cuyos beneficios se destinaron al fondo de ayuda creado por Morrison. El ministro de Sanidad de Irlanda del Norte criticó públicamente la postura de Morrison.

En mayo de 2021, tras la cancelación de una serie de conciertos en el Royal Albert Hall, Clapton reunió a su banda en una casa de campo inglesa y grabó un concierto sin público salvo su mujer, Melia, sentada en el balcón. De ahí salió el disco The Lady in the Balcony: Lockdown Sessions.

En julio de 2021, después de que Boris Johnson anunciara que los asistentes a conciertos deberían acreditar su vacunación, Clapton declaró que no tocaría en ningún escenario donde hubiera un público discriminado. Para entonces se había puesto las dos dosis de la vacuna de AstraZeneca y afirmaba haber sufrido reacciones graves a ambas. Un editorial de NBC News puso en duda la relación causal, recordando que él mismo había descrito síntomas idénticos ya en 2013 por su daño nervioso.

En agosto de 2021 publicó This Has Gotta Stop, con un videoclip que combinaba mensajes contra los confinamientos, las vacunaciones y lo que él percibía como una erosión de las libertades civiles.

En mayo de 2022 dio positivo por covid poco después del segundo de sus conciertos en el Royal Albert Hall y tuvo que aplazar fechas en Zúrich y Milán. La ironía no pasó desapercibida.

Aquellas canciones y aquellas declaraciones le costaron una parte de su público más joven y le ganaron otra, muy distinta, que no le interesaba especialmente. También le costaron amistades. Y son, con la conferencia de Birmingham de 1976 y las páginas más oscuras de su vida privada, la parte del expediente que ningún admirador puede ignorar.

Gaza y las canciones incómodas

En noviembre de 2023, durante la guerra de Gaza, Clapton publicó Voice of a Child, una canción acompañada de un vídeo con imágenes de la destrucción en la Franja. En diciembre de aquel año organizó un concierto benéfico para recaudar fondos destinados a los niños de Gaza y tocó con una guitarra pintada con los colores de la bandera palestina.

Aquel concierto, celebrado el 8 de diciembre de 2023 en Londres ante un público muy reducido, se publicó en abril de 2024 como To Save a Child: An Intimate Live Concert. Incluye una aparición de Dhani Harrison en una versión de Give Me Love (Give Me Peace on Earth), la canción que escribió su padre en 1973.

Es una faceta que suele quedar sepultada bajo la polémica pandémica. Clapton lleva medio siglo tocando en conciertos benéficos, desde el de Bangladés hasta el de Montserrat, pasando por el Tsunami Relief de Cardiff en 2005 y el Concert for Sandy Relief de 2012.

Meanwhile, el disco de los restos

El 4 de octubre de 2024 apareció en plataformas digitales Meanwhile, su vigésimo segundo álbum de estudio en solitario. Las ediciones en compacto y en vinilo llegaron el 24 de enero de 2025. Lo produjo íntegramente Simon Climie, su colaborador habitual desde los noventa.

Es un disco extraño en su concepción. De sus catorce cortes, ocho son singles ya publicados a partir de diciembre de 2020, incluidos los tres que grabó con Van Morrison durante la pandemia. Los otros seis son inéditos. Clapton lo describió sin ninguna pretensión: dijo que reuniría todas las canciones que ya habían ido saliendo, comentarios políticos mezclados con canciones que simplemente eran canciones.

Lo mejor del álbum está en dos piezas. Una es Moon River, el tema de Desayuno con diamantes, grabado en enero de 2022 con Jeff Beck y publicado en mayo de 2023 como homenaje después de su muerte. Es una de las últimas grabaciones de Beck. Los dos exYardbirds ya la habían tocado juntos en directo en 2010.

La otra es One Woman, una pieza con aire de reggae que recuerda por qué a Clapton se le da bien ese registro desde 1974. Completan el disco Sam Hall, una canción folclórica inglesa que había incorporado al bloque acústico de su gira japonesa de 2023, una versión country de Always on My Mind a dúo con Bradley Walker y colaboraciones con Judith Hill y el guitarrista brasileño Daniel Santiago.

La crítica lo recibió con la benevolencia que se reserva a los veteranos. La revista Blues Rock Review lo resumió con precisión: a estas alturas Clapton no busca redefinir su legado ni empujar ningún límite, sino disfrutar tocando la música que ama.

El año de los archivos

2025 fue, para su catálogo, más importante que para su producción. El 27 y el 28 de enero se estrenó en salas seleccionadas de Estados Unidos y el Reino Unido Eric Clapton Unplugged… Over 30 Years Later, una versión ampliada, remezclada y remasterizada de noventa minutos de aquella sesión de 1992. Incluye material inédito: fragmentos del ensayo con la banda y una entrevista en la que Clapton explica el origen de las canciones. El 12 de febrero llegó a la plataforma Paramount+.

En noviembre salió Journeyman: Deluxe Edition, una remasterización del álbum de 1989 con cuatro pistas adicionales recuperadas de las sesiones originales, tres de ellas nunca publicadas: Higher Power, Border Song, Forever y That Kind of Woman.

El origen de esas grabaciones tiene su gracia. Según las notas de la reedición, Clapton estaba hace unos años curioseando en YouTube, mirando material antiguo, y descubrió que los aficionados habían subido descartes y tomas alternativas de aquellas sesiones. De ahí salió la idea. Forever se publicó como adelanto en septiembre con videoclip, y en noviembre se estrenó otro para Higher Power, ambas escritas por Jerry Williams.

En lo estrictamente musical, 2025 fue un año activo. Ocho noches con todo vendido en el Nippon Budokan de Tokio en abril. Conciertos en Inglaterra en mayo, con tres noches en el Royal Albert Hall y una parada en Nottingham, su primera visita a esa ciudad desde 2008. Fechas de verano en Italia y Francia. Y en septiembre una gira corta por Estados Unidos con The Wallflowers como teloneros, que pasó por Nashville, Cleveland, Filadelfia, Boston, el Madison Square Garden de Nueva York y Uncasville. Según recogió Ultimate Classic Rock, la serie estuvo precedida por un concierto benéfico en Columbus, Ohio, a favor de su centro de rehabilitación.

La gira de 2026

Las primeras fechas de 2026 se anunciaron a finales de 2025 y se presentaron como la celebración de sus sesenta y tres años como músico profesional. Diez conciertos por la Europa continental entre el 24 de abril y el 17 de mayo, más una única cita en el Reino Unido en agosto.

El itinerario arrancó en el Ziggo Dome de Ámsterdam el 24 de abril, siguió por el AFAS Dome de Amberes el 26, la Tauron Arena de Cracovia el 29, el MVM Dome de Budapest el 2 de mayo y el O2 Arena de Praga el 4. Después llegaron Madrid el 7 y Barcelona el 10. Y a continuación Alemania: el SAP Arena de Mannheim el 13, el Lanxess Arena de Colonia el 15 y el Olympiastadion de Múnich el 17.

La banda que lo acompaña en 2026 es prácticamente la misma que lleva años con él. Doyle Bramhall II a la guitarra, Nathan East al bajo, Sonny Emory a la batería, Chris Stainton a los teclados, Tim Carmon al órgano Hammond, y Katie Kissoon y Sharon White en los coros. East lleva a su lado desde los tiempos de August. Stainton, desde antes.

En marzo de 2026, Clapton anunció seis fechas más en Estados Unidos para el otoño, con Jimmie Vaughan como telonero: el 6 de septiembre en el Little Caesars Arena de Detroit, el 8 en el Heritage Bank Center de Cincinnati, el 11 en el United Center de Chicago, el 13 en el Fiserv Forum de Milwaukee, el 15 en el Grand Casino Arena de Saint Paul y el 17 en el T-Mobile Center de Kansas City. Sirven, entre otras cosas, de rodaje para las dos noches del festival Crossroads en Austin.

Madrid y Barcelona, veinte años después

Sobre cuánto tiempo llevaba Eric Clapton sin tocar en España no hay acuerdo entre las fuentes. La promotora y buena parte de la prensa hablaron de más de veinte años. Algunos medios precisaron veintiuno. La crónica de Paperblog habló de veinticinco. El sitio especializado Where’s Eric! fue el más concreto: sostuvo que la actuación de Barcelona era su primera en la capital catalana en veintidós años, la octava en la ciudad y la sexta en el Palau Sant Jordi. Según esa misma fuente, su estreno barcelonés se remonta a casi cincuenta años atrás, el 11 de agosto de 1977 en el Nuevo Pabellón, y había tocado en el Sant Jordi el 4 y el 5 de mayo de 1995 durante la gira de Nothing But the Blues. La discrepancia no está resuelta.

Lo que sí está documentado es cómo fueron las dos noches. La puesta en escena era deliberadamente austera: tres pantallas, una alfombra pequeña, unas lámparas colgantes que a algunos les sobraron. Clapton apareció con traje y camisa blanca, apenas habló, soltó un breve agradecimiento tras la primera canción, presentó a medias a algunos músicos y poco más. Ni discursos, ni momentos emotivos preparados.

El repertorio de Madrid, de trece canciones, fue el siguiente: Badge, Key to the Highway, I’m Your Hoochie Coochie Man, I Shot the Sheriff, Kind Hearted Woman Blues, Nobody Knows You When You’re Down and Out, Golden Ring, Layla, Tears in Heaven, Holy Mother, Cross Road Blues, Little Queen of Spades y Cocaine. En Barcelona, la única variación fue la sustitución de Cross Road Blues por Old Love, y allí sí hubo bis: Before You Accuse Me.

Llama la atención el peso del blues clásico. Dos canciones asociadas a Robert Johnson, Kind Hearted Woman Blues y Cross Road Blues, más Little Queen of Spades, que también es suya. El Hoochie Coochie Man de Willie Dixon que popularizó Muddy Waters. El Key to the Highway que grabó Charles Segar en 1940. El Nobody Knows You When You’re Down and Out de Jimmy Cox. De trece canciones, siete son versiones, y de las propias, tres pertenecen a Cream o a Derek and the Dominos.

Es decir: un hombre de ochenta y un años que en 2026 sigue haciendo exactamente lo que quería hacer a los diecinueve, tocar blues antiguo delante de gente.

Las crónicas coincidieron en el sonido, que fue excelente, y en el nivel de la banda, y discreparon sobre el resto. En el diario Ara se subrayó la solvencia y la elegancia de un guitarrista que cocina el blues a fuego lento y con energía. Carlos Marcos habló en El País de un buen concierto, sosegado, repleto de blues y sin apenas concesiones. La revista Dirty Rock, desde Barcelona, fue más severa: describió un set sólido pero ni espectacular ni inspirador, lineal y por momentos apático, aunque reconoció que la voz aguanta bien y que la mano sigue siendo la de un guitarrista formidable. El blog FUShoots apuntó que se le nota la edad, que hubo pequeños errores impensables décadas atrás y que el bloque acústico fue lo mejor de la noche.

Todas las crónicas coinciden en una cosa: que el momento más alto de las dos noches fue Tears in Heaven, y que quince mil personas se quedaron en silencio absoluto mientras un hombre de ochenta y un años cantaba la canción que escribió para el hijo que se le murió a los cuatro.

El verano que no fue

La única fecha británica de 2026 estaba prevista para el 23 de agosto en los jardines de la finca real de Sandringham, en Norfolk, dentro del ciclo veraniego de HeritageLive. Se anunció en noviembre de 2025 como el primer cabeza de cartel de la temporada. En enero de 2026 se confirmaron los invitados: Ronnie Wood y su banda, en lo que iba a ser su primer concierto en solitario habitual fuera de los Rolling Stones en dieciséis años, Andy Fairweather Low & The Low Riders y el armonicista Will Wilde.

No se celebró. El 13 de julio de 2026, los organizadores anunciaron la cancelación de todos sus festivales de aquel verano, incluidos los de Sandringham, Audley End y Englefield. Alegaron el encarecimiento general de costes y unas ventas de entradas muy por debajo de lo previsto en varios de los espectáculos, y explicaron que habían intentado cerrar un paquete de inversión que se cayó en el último momento.

El cartel de Sandringham, además de Clapton, incluía a Janet Jackson, Lionel Richie, Christina Aguilera y Ricky Martin. Los organizadores calificaron la noticia de desoladora y remitieron a los compradores a sus respectivas agencias de venta para la devolución del importe.

Así que la gira europea de Eric Clapton de 2026 terminó en realidad en Múnich el 17 de mayo, y su público británico se quedó sin verlo. Es un final poco épico para una temporada que empezó con dos países agotando entradas en cuestión de horas, y dice bastante sobre el estado actual del negocio de los grandes conciertos al aire libre en el Reino Unido.

Los números y las medallas

Ha vendido en su carrera en solitario cien millones de discos. Tiene dieciocho premios Grammy. Recibió el Brit Award a la Contribución Sobresaliente a la Música en 1987 y cuatro premios Ivor Novello, entre ellos el de trayectoria en 1992. En 2004 fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la música.

Es el único músico que ha entrado tres veces en el Salón de la Fama del Rock and Roll: con los Yardbirds, con Cream y como solista. Su opinión sobre la institución, sin embargo, no es entusiasta. Declaró que la considera una especie de club de fraternidad universitaria en el que lo colaron y que no es un sitio para rebeldes.

En 2018 fue incluido entre los once primeros nombres del Paseo de la Fama del Royal Albert Hall, junto a Muhammad Ali, Winston Churchill, las sufragistas y Albert Einstein, por su papel en la historia del edificio. Ha tocado allí más veces que ningún otro artista. En el Madison Square Garden ha actuado cuarenta y cinco veces, más que en cualquier otro recinto estadounidense.

Sobre su lugar en los rankings conviene ser cauto. Rolling Stone lo ha situado históricamente entre los primerísimos puestos de sus listas de mejores guitarristas, pero su posición ha variado de manera notable entre ediciones sucesivas, y las distintas fuentes que citan esas listas no siempre se refieren a la misma versión. La revista Time lo colocó en el número cinco de sus diez mejores guitarristas eléctricos en 2009. La marca Gibson lo puso en el cuarto lugar de su propia clasificación. Son cifras que dicen más del momento en que se elaboraron que del guitarrista.

En 2011, The Guardian incluyó la invención del culto al guitarrista solista entre los cincuenta acontecimientos clave de la historia del rock, situó ese fenómeno en el número siete de su lista y atribuyó su creación directamente a Clapton.

Un balance incómodo

No todo el mundo compra el mito. El crítico Robert Christgau, uno de los más influyentes de la crítica estadounidense, ha escrito un juicio demoledor sobre él: un músico de acompañamiento promiscuo cuyo aura monacal nunca ha frenado sus apetitos, al que le gusta cobrar y que ha acumulado una discografía notablemente mediocre para un artista de su calibre. Christgau atribuye eso a la enfermedad del héroe de la guitarra: como a tantos otros con una coordinación excepcional entre la mano y el oído, se le da regular componer melodías, escribe letras cursis y sus conceptos de banda funcionan o no funcionan sin criterio aparente.

En una canción de 2020, Moon Song, la cantautora Phoebe Bridgers introdujo un verso sobre Tears in Heaven que resume el malestar de una generación entera: odian la canción, pero es triste que se le muriera el niño. En directo canta a veces la letra original, que decía simplemente que odian a Eric Clapton. Ella lo ha explicado sin rodeos: lo considera un racista famoso que hace música extremadamente mediocre.

Hay más. En una entrevista con The Sunday Times en 1999, Clapton admitió haber violado y maltratado a Pattie Boyd durante su matrimonio, en una época en la que era, según sus propias palabras, un alcohólico integral que se sentía con derecho al sexo. En 1984, mientras grababa Behind the Sun, mantuvo una relación con Yvonne Kelly, la directora de los estudios AIR de Montserrat, con quien tuvo una hija, Ruth, en enero de 1985. Ninguno de los dos estaba libre. La existencia de la niña se ocultó al público hasta 1991.

Nada de esto está en discusión y todo ello aparece en su propia autobiografía, publicada en 2007 con la colaboración de Christopher Simon Sykes. Clapton ha hecho de la confesión pública un método, y el resultado es que su expediente está más documentado que el de casi cualquier otro músico de su edad. Se puede discutir si esa transparencia es una forma de expiación o una forma de blindaje. Probablemente sea las dos cosas.

Frente a eso está el otro lado de la cuenta: la clínica de Antigua, funcionando desde 1998; los millones recaudados en subastas de guitarras y conciertos benéficos; el festival Crossroads; medio siglo de proselitismo a favor de una música negra estadounidense que en 1963 casi nadie en Europa escuchaba, y que hoy conocen millones de personas en parte porque un chaval de Surrey se obsesionó con Robert Johnson.

Lo que queda

En 2017, la directora Lili Fini Zanuck estrenó Eric Clapton: Life in 12 Bars, un documental que él aceptó hacer con una condición: que lo dirigiera ella. Zanuck contó después que Clapton le dijo algo revelador. No quería que se hiciera después de su muerte y que quedara mal. Quizá, dijo ella, había pensado que le había llegado el momento de ponerlo todo sobre la mesa.

Han pasado nueve años y sigue subiéndose a los escenarios. En septiembre toca seis noches en Estados Unidos y otras dos en Austin. En Madrid, en mayo, hizo trece canciones en algo menos de hora y media y se marchó por un vinilo. En Barcelona, tres noches después, tocó catorce y volvió para el bis.

Su banda es la de siempre. Su repertorio es esencialmente el que le gustaba a los diecinueve años. Su instrumento, una Stratocaster. Su voz, más pequeña que hace treinta años pero todavía suya. Sus manos, dañadas por una neuropatía diagnosticada hace trece años, siguen encontrando las notas.

En algún momento de todo esto, entre el grafiti de Islington y la funda de vinilo del Movistar Arena, Eric Clapton dejó de ser el mejor guitarrista del mundo y pasó a ser otra cosa: un superviviente que toca blues. Es un puesto menos glorioso y bastante más difícil de mantener. Lleva sesenta y tres años en él.

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