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El Festival de San Sebastián cierra una era en su 74 edición

Del 18 al 26 de septiembre, Ricardo Darín protagoniza el cartel de un Zinemaldia que despide a José Luis Rebordinos, recupera la memoria de José Giovanni y confirma el gran momento del cine español

Festival de Cine de San Sebastián 2026

San Sebastián vuelve a prepararse para nueve días de estrenos, alfombras mojadas por la lluvia de septiembre y colas frente al Kursaal. La 74 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián se celebra del 18 al 26 de septiembre de 2026, y llega cargada de significado. No es una edición cualquiera. Es la última que dirige José Luis Rebordinos, al frente del certamen desde 2011, y la antesala de un relevo histórico que colocará por primera vez a una mujer, Maialen Beloki, en la dirección del festival más importante del mundo hispanohablante.

La programación se ha ido desvelando por goteo desde el mes de junio, como manda la tradición donostiarra, y a estas alturas del verano ya dibuja un mapa bastante completo de lo que verá el público. Hay nombres de la talla de Pablo Larraín, Mike Leigh o Nicole Garcia peleando por la Concha de Oro. Hay un cine español que llega en un estado de forma notable, con Roberto Bueso, Mikel Gurrea y Javier Ruiz Caldera representando a la Sección Oficial. Y hay una retrospectiva dedicada al escritor y cineasta francés José Giovanni, figura central del cine policiaco europeo, que sirve de recordatorio de que el Zinemaldia también es, cada septiembre, un ejercicio de memoria histórica del cine.

Como único festival español con la categoría A de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, San Sebastián comparte ese sello con certámenes como Cannes, Berlín o Venecia, y lo defiende cada año con una programación que en su edición anterior reunió más de 250 títulos procedentes de 56 países. La 74 edición se plantea, precisamente, como el cierre de un ciclo y el principio de otro, y eso obliga a mirar al mismo tiempo hacia atrás, hacia una historia que arrancó en plena posguerra, y hacia delante, hacia el festival que Maialen Beloki empezará a dirigir dentro de apenas unos meses.

Un relevo que marca la 74 edición

José Luis Rebordinos asumió la dirección del Festival de San Sebastián en 2011, tras haber sido responsable de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y de Filmoteca Vasca. Quince años después, su ciclo se cierra con esta 74 edición. El anuncio de su sucesora llegó el pasado 27 de abril, cuando el Consejo de Administración del Festival, integrado por el Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación Foral de Gipuzkoa, el Gobierno Vasco y el Ministerio de Cultura, designó por unanimidad a Maialen Beloki como nueva directora a partir de enero de 2027.

Beloki, nacida en San Sebastián en 1983, lleva desde 2016 como una de las dos subdirectoras del certamen. Es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra y doctora cum laude en Teoría, Análisis y Documentación Cinematográfica por la Universidad del País Vasco. Su tesis analizó la obra de Antxon Ezeiza y su papel en el contexto del cine vasco entre los años sesenta y noventa. Forma parte también de la dirección académica de la Elías Querejeta Zine Eskola, donde ejerce como docente, y ha impulsado buena parte del modelo Z365, la estrategia con la que el Festival ha extendido su actividad más allá de las dos semanas de septiembre para convertirse en un proyecto que dura todo el año.

Su nombramiento llegó tras un concurso público abierto el 4 de marzo, convocado específicamente para buscar sucesor o sucesora de Rebordinos. La designación de Beloki convierte a esta 74 edición en un puente entre dos etapas, la que se cierra con la salida de su actual director y la que se abre con la primera mujer al frente del festival en sus más de setenta años de historia.

Durante sus quince años al frente del Festival, Rebordinos ha tenido que gestionar episodios tan dispares como la crisis económica de la pasada década o la pandemia de coronavirus, que en 2020 llevó a la 68 edición a celebrarse de forma presencial, con aforos reducidos y protocolos sanitarios, en un momento en el que buena parte de los grandes festivales europeos optaban por la cancelación o el formato virtual. En su etapa se creó también, en 2019, la Elías Querejeta Zine Eskola, y se consolidó Ikusmira Berriak, el programa de residencias de escritura para nuevos proyectos que arrancó en 2013 y que se ha convertido en una de las principales vías de acceso de nuevos cineastas a la Sección Oficial del propio Festival.

Beloki, por su parte, ha avanzado que su etapa buscará continuidad más que ruptura. En declaraciones recogidas tras el anuncio de su nombramiento, la futura directora prometió «actualizar» el Zinemaldia «sin cambios radicales» respecto al modelo consolidado por Rebordinos, una idea de transición ordenada que encaja con el tono general de esta 74 edición, pensada como puente entre dos etapas antes que como ruptura.

En este contexto de despedida, Rebordinos ha hablado en distintas entrevistas sobre uno de los rituales más singulares de su cargo, la negociación de los Premios Donostia. En julio, en una entrevista concedida a Noticias de Gipuzkoa, defendió que el equilibrio ideal para cada edición pasa por entregar tres galardones honoríficos, dos de gran repercusión mediática y uno centrado en el reconocimiento estrictamente artístico. Confirmó además que el Festival ya tiene comprometido un primer Premio Donostia para esta edición, aunque la identidad de la persona homenajeada seguía sin desvelarse en el momento de escribir este artículo.

Ricardo Darín, la imagen de una edición dedicada a los oficios del cine

El cartel oficial de la 74 edición lo protagoniza el actor argentino Ricardo Darín, presentado el pasado 3 de junio en un acto celebrado en Tabakalera y encabezado por Rebordinos y Beloki. La fotografía, obra del estudio donostiarra Wallijai a partir de un retrato tomado en 2024 por el fotógrafo y músico Sebastián Arpesella, convierte a Darín en la novena gran figura de la interpretación contemporánea que presta su rostro al Festival, tras Isabelle Huppert, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Sigourney Weaver, Juliette Binoche, Javier Bardem, Cate Blanchett y Marisa Paredes.

El vínculo entre Darín y San Sebastián se remonta a dos décadas atrás. Su presencia en el certamen se consolidó en 2005 con El aura, de Fabián Bielinsky, y continuó con títulos como El secreto de sus ojos y El baile de la victoria, ambos presentados en 2009. En 2012 formó parte del jurado oficial, y a lo largo de los años volvió a San Sebastián con películas como Elefante blanco, Relatos salvajes, Truman, La cordillera, El amor menos pensado, La odisea de los giles y Argentina, 1985, esta última como productor y en su última visita presencial al Festival, donde obtuvo el Premio del Público Ciudad de Donostia / San Sebastián.

En 2017 recibió el Premio Donostia de manos de Elena Anaya y Dolores Fonzi, sus compañeras de reparto en La cordillera, en reconocimiento a una trayectoria que hoy suma más de medio siglo de carrera, cerca de un centenar de interpretaciones entre cine, televisión y teatro, y más de cuarenta premios internacionales. El propio Darín ha repetido en distintas ocasiones que San Sebastián es su festival favorito, no solo por razones profesionales, sino por el vínculo afectivo que mantiene con la ciudad.

A lo largo de su carrera, Darín ha rodado a las órdenes de cineastas como Adolfo Aristarain, Juan José Campanella, Fabián Bielinsky, Fernando Trueba, Pablo Trapero, Cesc Gay y Santiago Mitre, una nómina que resume buena parte de la mejor tradición del cine en español de las últimas tres décadas. En 2015 obtuvo la Concha de Plata al mejor actor ex aequo junto a su compañero de reparto Javier Cámara, precisamente por Truman, de Cesc Gay, uno de los momentos más recordados de aquella edición.

El concepto visual elegido para esta edición gira en torno a los oficios del cine. Mientras la imagen de Darín representa la interpretación, el resto de carteles de las secciones se reparten entre guion, para New Directors; sonido, para Horizontes Latinos; dirección, para Zabaltegi-Tabakalera; montaje, para Perlak; dirección de arte, para Nest; maquillaje, para Culinary Zinema; efectos especiales, para Zinemira; y producción, para Made in Spain. Se trata de un giro respecto a la edición anterior, centrada en los géneros cinematográficos, y confirma la voluntad del Festival de poner en valor el trabajo colectivo que sostiene cada película.

Siete cineastas internacionales pelean por la Concha de Oro

La Sección Oficial, el corazón del Festival, ha ido revelando sus nombres en dos tandas. La primera, en julio, incluyó las tres producciones españolas que compiten por la Concha de Oro. La segunda, hecha pública el 28 de julio, sumó siete títulos internacionales de gran peso, firmados por Nicole Garcia, Maha Harada, Pablo Larraín, Mike Leigh, Hans Petter Moland, Benjamín Naishtat y Yeşim Ustaoğlu.

La cineasta, guionista y actriz francesa Nicole Garcia presenta 7:40 ce matin-là, también conocida como Milo, protagonizada por Marion Cotillard, ganadora de un Oscar y Premio Donostia en 2021, junto a Théodore Pellerin. Garcia y Cotillard vuelven a trabajar juntas después de Mal de pierres, de 2016. La película sigue a una mujer recién salida de prisión que se emplea como camarera en un café para acercarse a un joven mecánico con el que la une un pasado que nunca ha terminado de dejar atrás. Garcia ya estuvo en San Sebastián con Un week-end sur deux, en la sección New Directors de 1990, mientras que otros títulos suyos, como Place Vendôme o L’adversaire, han pasado por Venecia y Cannes.

La japonesa Maha Harada, conocida por novelas de gran éxito ambientadas en el mundo del arte como Canvas of Paradise, debuta en la dirección con Muyou no hito, titulada en español In My Father’s Room. Basada en su propia novela, la película cuenta la historia de una trabajadora de un museo que recibe una llave misteriosa que abre la habitación de su padre, fallecido en soledad un mes antes.

Pablo Larraín regresa al Festival con Mis muertos tristes, una serie que se proyectará en su formato de largometraje, protagonizada por Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Carolina Álvarez y basada en cuatro relatos de Mariana Enríquez. La historia sigue a Ema, una mujer capaz de ver y oír a los muertos, cuya vida se altera con la llegada de su sobrina Julie, dotada del mismo don inquietante. El cineasta chileno es un habitual de los grandes festivales; presentó en San Sebastián la película sorpresa de 2021, Spencer, y ha llevado a Horizontes Latinos títulos como Tony Manero, Post Mortem y El club, además de proyectar en Perlak No, nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa, junto a Neruda y Ema.

El británico Mike Leigh, tras haber competido por primera vez en San Sebastián en 2024 con Hard Truths, regresa a la Sección Oficial con Tender Loving Care, protagonizada por Marion Bailey, Paul Jesson, Kate O’Flynn y Alice Bailey Johnson. Leigh, ganador de la Palma de Oro en Cannes por Secrets and Lies y del León de Oro en Venecia por Vera Drake, ha llevado también a Perlak títulos como Naked, All or Nothing y Happy-Go-Lucky.

El noruego Hans Petter Moland compite con Markens Grode, adaptación de la novela de Knut Hamsun ganadora del Premio Nobel, ambientada en el norte de Noruega. Moland ya estuvo en la Sección Oficial en 1995 con Kjærlighetens kjøtere, que le valió el Premio Especial del Jurado y que el Festival volvió a proyectar en 2007 dentro de la retrospectiva Cold Fever. Su filmografía incluye además pasos por la Berlinale con Beautiful Country, En ganske snill mann y Kraftidioten.

El argentino Benjamín Naishtat, que ya ganó la Concha de Plata a la mejor dirección con Rojo en 2018 y el premio al mejor guion con Puan en 2023, compite esta vez con Glaxo, adaptación de la novela homónima de Hernán Ronsino protagonizada por Lali Espósito, Marcelo Subiotto y Esteban Bigliardi. Ambientada en un pequeño pueblo argentino en 1957, narra cómo la llegada de un siniestro excomisario de policía y su esposa quiebra el vínculo entre cuatro jóvenes amigos inseparables.

Cierra la lista internacional la turca Yeşim Ustaoğlu, ganadora de la Concha de Oro en 2008 con Pandora’nin kutusu, que presenta Artakalan, titulada What Remains en su versión internacional. La película sigue el viaje personal de una poeta que se libera de una vida asfixiante para reconectar consigo misma. Ustaoğlu ha presentado también Güneşe yolculuk y Araf en la Berlinale y en la Mostra de Venecia, respectivamente.

El cine español entra pisando fuerte en la sección oficial

Junto a los siete títulos internacionales, tres producciones españolas competirán por la Concha de Oro. Roberto Bueso, que ya había pasado por Made in Spain con La banda y Llenos de gracia, concursa por primera vez con El mal padre, protagonizada por Eduard Fernández en la historia de un escritor y académico que reúne a sus tres hijos, distanciados durante años, para pedirles pasar juntos unas últimas Navidades.

Mikel Gurrea, cineasta donostiarra cuyo debut, Suro, obtuvo en 2022 el Premio Irizar al Cine Vasco y el Premio FIPRESCI, regresa a la competición con Sants, protagonizada por Victoria Luengo como una mujer que se integra en un grupo de ladrones de figuras religiosas mientras afronta la inminente muerte de su madre, interpretada por Ariadna Gil.

Javier Ruiz Caldera debuta en la Sección Oficial con 5 minutos más, protagonizada por Javier Cámara, Berto Romero, también guionista, y Belén Cuesta. La historia sigue a un matrimonio en crisis atrapado en un bucle temporal. Ruiz Caldera había participado en San Sebastián en las primeras ediciones del actual programa Nest y regresó después con Superlópez, en Made in Spain, y la serie The Other Side, en Velódromo.

La Sección Oficial se completa, fuera de concurso, con la serie El castillo, un policiaco de seis capítulos basado en el libro El proxeneta, de Mabel Lozano, sobre el auge de la mafia proxeneta española. Está creada y escrita por Isabel Peña, coguionista de Que Dios nos perdone y As bestas, y Eduardo Villanueva, y dirigida por Elena Martín Gimeno, autora de Júlia ist y Creature, junto a Sandra Romero, cuya ópera prima, Donde pasa el silencio, se presentó en New Directors en 2024.

Las proyecciones especiales, fuera de concurso pero con peso propio

El apartado de Proyecciones Especiales de la Sección Oficial reúne este año cinco títulos que no compiten por la Concha de Oro pero que aportan algunos de los nombres más reconocibles del cine español. Koldo Almandoz, veterano del Festival desde 1997, estrena su tercer largometraje, Azken Agurra, una dramedia existencialista sobre el dueño de una funeraria laica y una joven en prácticas en su oficina, protagonizada por Iñigo Azpitarte e Izaro Nieto.

Daniel Monzón presenta Ruega por nosotras, ambientada en 1974, que sigue el internamiento de una joven de diecinueve años en el Patronato de Protección de la Mujer de Madrid. Monzón acumula en su filmografía éxitos como Celda 211 y El niño, que sumaron ocho y cuatro Premios Goya respectivamente.

David Pérez Sañudo, que debutó con Ane y obtuvo con ella el Premio Irizar al Cine Vasco, presenta Sacamantecas, un thriller inspirado en hechos reales ambientado al final de la Tercera Guerra Carlista, protagonizado por Antonio de la Torre y Patricia López Arnaiz, sobre una serie de crímenes en Vitoria.

Carlos Torres firma Más allá de la sociedad, serie documental de tres capítulos creada junto a J. A. Bayona que retoma la historia de la tragedia de los Andes de 1972 justo donde terminaba La sociedad de la nieve, cuando los supervivientes regresaron a sus hogares y se reencontraron con las familias de quienes no volvieron.

Y Fernando Trueba, ganador del Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Belle époque, presenta Bajañí, un recorrido sonoro por tres países a través de la guitarra de Niño Josele. Trueba ha llevado a San Sebastián títulos como El artista y la modelo, que le valió la Concha de Plata a la mejor dirección, y La reina de España.

New Directors, el semillero de las nuevas voces

La sección New Directors, dedicada a óperas primas, suma este año tres debuts marcados por historias íntimas. Javier Giner, que ya había codirigido la serie Yo, adicto, se estrena en el largometraje con Esta soledad, protagonizada por Oriol Pla y Marina Salas, un drama sobre el vacío existencial en un Bilbao donde ambos personajes sobreviven en un estado de confusión y aislamiento.

El actor Jaime Lorente debuta como director con El mal hijo, adaptación de la novela homónima de Salvador S. Molina, con Susi Sánchez, Miguel Ángel Puro y Hugo Arbués al frente del reparto, en la historia de un niño abandonado por su padre que se ve obligado a vivir con su abuela.

Y la directora germano-ucraniana Tatjana Moutchnik, ganadora en 2025 del Premio de la Industria WIP Europa, presenta su ópera prima, Sieben Tage Februar, titulada en español Febrero, siete días, que utiliza la invasión rusa de Ucrania como telón de fondo del reencuentro entre dos hermanos ucranianos en Stuttgart, con motivo del entierro de su madre.

Horizontes Latinos, el pulso del cine latinoamericano

Horizontes Latinos, la sección de referencia para el cine producido en América Latina, reúne este año varios títulos que ya han pasado por Cannes y la Berlinale. El mexicano Fernando Eimbcke regresa con Moscas, ganadora del Premio de la Industria WIP Latam en 2025 y presentada este año a concurso en la Berlinale, sobre una mujer de cincuenta y cinco años que debe afrontar la soledad y una intervención quirúrgica que no puede costear.

Diego Luna presenta Ceniza en la boca, estrenada en las Proyecciones Especiales del pasado Festival de Cannes, sobre dos hermanos que emigran de México a Madrid. Luna debutó como director en San Sebastián con Abel, con la que ganó el Premio Horizontes y el Premio de la Juventud, y ha vuelto al Festival en varias ocasiones, entre ellas con César Chávez, proyectada en Perlak.

Manuela Martelli, que fue jurado de Horizontes Latinos en 2022, regresa con El deshielo, estrenada en Un Certain Regard de Cannes, un thriller protagonizado por dos niñas que se conocen en un hotel de montaña chileno. Marcelo Martinessi presenta Narciso, ganadora del Premio FIPRESCI en la Berlinale de este mismo año, un proyecto que ya había recibido en 2020 el Premio DALE! del Foro de Coproducción Europa-América Latina del propio Festival.

Completa la sección la mexicana afincada en España Fernanda Tovar, con su ópera prima Chicas tristes, ganadora del Gran Premio del Jurado y el Oso de Cristal a la mejor película en la sección Generation 14plus de la Berlinale, sobre un grupo de amigas cuya lealtad se pone a prueba tras un suceso que las obliga a decidir entre el silencio y la justicia.

Zabaltegi-Tabakalera, el territorio de la vanguardia

Zabaltegi-Tabakalera, el espacio del Festival dedicado a las propuestas más arriesgadas entre la ficción y la no ficción, reúne este año cinco títulos de gran variedad. El navarro Oskar Alegria presenta Hamalau gau, un friso construido a partir de catorce noches con las voces de Ramón Andrés, Julia Otxoa y Josebe Blanco, entre otros, para recrear el universo del escultor Jorge Oteiza.

Meritxell Colell Aparicio llega con Lejos de los árboles, desarrollada en el programa Ikusmira Berriak y que competirá también en la sección oficial del Festival de Locarno, sobre el viaje a Perú de una artista mexicana nieta de exiliados republicanos que sigue el legado de su abuelo. El francés Bruno Dumont, que ya compitió en la Sección Oficial con Hadewijch, presenta Les roches rouges, estrenada en la Quincena de Cineastas de Cannes, sobre la rivalidad entre dos bandas de niños.

Isaki Lacuesta, ganador en dos ocasiones de la Concha de Oro con Los pasos dobles y Entre dos aguas, presenta la no ficción Jaleos, un recorrido por la historia del flamenco narrado por figuras como C. Tangana, Alba Flores, Soleá Morente y Rocío Molina, que conecta arte, política y cultura popular. Y el cineasta malasio Tsai Ming-Liang estrena La deriva, nueva entrega de su serie de largo recorrido sobre un monje budista que camina meditativamente, en esta ocasión por San Sebastián y Guipúzcoa.

Perlak y Velódromo, entre grandes citas y miradas propias

En Perlak, el escaparate de lo mejor visto en festivales internacionales a lo largo del año, destaca La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo, ganadora del premio a la mejor dirección en la última edición de Cannes ex aequo con el polaco Pawel Pawlikowski por Vaterland. Inspirada en una obra inacabada de Federico García Lorca, la película entrelaza las vidas de tres hombres en tres épocas distintas, unidas por la sexualidad, el deseo y el dolor.

En Velódromo, el espacio dedicado a propuestas más diversas en formato y tono, se proyectará Muguruza FM 40 Tour, codirigido por Ander Merino Etxebeste y el propio Fermin Muguruza, documental sobre los cuarenta años de trayectoria del músico guipuzcoano. Y Aritz Moreno presenta Karateka, con Andrea Ros, Patrick Criado y Ernesto Alterio, sobre Sandra Sánchez, la deportista que conquistó el oro olímpico de kárate a los treinta y nueve años.

Culinary Zinema, Nest y Eusko Label completan el mapa de secciones

Además de los grandes bloques de ficción, el Festival mantiene otras secciones que definen su identidad desde hace más de una década. Culinary Zinema, organizada junto al Basque Culinary Center y nacida de la colaboración con la sección Culinary Cinema del Festival de Berlín, cumple ya más de veinte ediciones uniendo cine y gastronomía. Cada película programada suele ir acompañada de una cena temática preparada por cocineros de prestigio, inspirada en la historia que narra el filme, y desde hace años reparte un premio dotado con 10.000 euros a la mejor producción de la sección. En la edición de 2025, la sección proyectó documentales sobre figuras como Joan Roca y el chef Tetsuro Maeda, además de ficciones ambientadas en cocinas de distintos países.

Nest, por su parte, es el espacio dedicado a las escuelas de cine internacionales y a los cortometrajes realizados por estudiantes, uno de los pilares del programa Z365 con el que el Festival acompaña la formación de nuevos talentos durante todo el año. Eusko Label, dedicada específicamente a producciones vascas de no ficción, y Zinemira, centrada en el conjunto del cine hecho en euskera o producido en el País Vasco, completan un ecosistema que combina la proyección internacional del Festival con su arraigo territorial. La programación detallada de cortometrajes, documentales y títulos vascos de esta 74 edición se irá desvelando en las próximas semanas, como ocurre cada año.

La industria y el festival que dura todo el año

Detrás de las proyecciones abiertas al público, San Sebastián sostiene desde hace años una potente estructura industrial que funciona bajo el paraguas de Z365, el modelo con el que el Festival extiende su actividad más allá de las dos semanas de septiembre. Uno de sus pilares es el Foro de Coproducción Europa-América Latina, que en esta edición celebró su convocatoria de inscripción entre abril y junio, y que desde hace más de dos décadas ayuda a levantar proyectos conjuntos entre productoras de ambos continentes.

A ese foro se suman WIP Latam y WIP Europa, dos programas de work in progress que permiten mostrar avances de películas todavía en fase de posproducción ante profesionales del sector, y que en ediciones anteriores han servido de trampolín a títulos que después han competido en la propia Sección Oficial, como ocurre este año con el debut de Tatjana Moutchnik en New Directors. Ikusmira Berriak, residencia de escritura para nuevos proyectos de largometraje, y el Zinemaldia Startup Challenge, centrado en iniciativas tecnológicas vinculadas a la industria audiovisual, completan una oferta que convive con Proyecta, dedicada a proyectos vascos, y Lau Haizetara, el foro de coproducción de documentales.

Todo este entramado se apoya además en la Elías Querejeta Zine Eskola, la escuela de cine con la que el Festival colabora estrechamente en formación, investigación y pensamiento cinematográfico, y en el proyecto Zinemaldia 70, que desde 2018 trabaja en preservar y digitalizar el archivo histórico del Festival. Ese trabajo de fondo explica por qué, incluso en una edición marcada por el relevo en la dirección, San Sebastián sigue defendiendo su papel como algo más que una cita de nueve días en septiembre.

José Giovanni, el retrato del gran cine policiaco francés

Como cada septiembre desde 1959, cuando el Festival dedicó su primera retrospectiva al director René Clair, San Sebastián recupera la obra de una figura clave de la historia del cine. Esta edición gira en torno a José Giovanni, cineasta, guionista y novelista francés nacido en 1923 en París, bajo el nombre real de Joseph Antoine Roger Damiani, en el seno de una familia de origen corso.

Giovanni tuvo una vida convulsa, marcada por una condena a muerte conmutada por trabajos forzados tras ser acusado de asesinato. De aquella experiencia carcelaria nació su primera novela, La evasión, publicada en 1958. Jacques Becker se fijó en el libro y decidió llevarlo a la pantalla; Giovanni, contratado inicialmente como asesor técnico, terminó ejerciendo de coguionista de Le trou, la obra póstuma de Becker que el propio Festival proyectó en la retrospectiva que dedicó al director en 2016.

Poco después, Giovanni entró en la prestigiosa colección Série noire, ideada por Marcel Duhamel para la editorial Gallimard, que renovó la apreciación de la literatura criminal en Francia. Su novela Classe tous risques dio pie a la película homónima dirigida por Claude Sautet, con guion del propio Giovanni, mientras que otra de sus obras, Le deuxième souffle, fue adaptada años después por Jean-Pierre Melville en uno de los títulos clave del género policiaco francés conocido como polar. Ambas películas contaron con Lino Ventura, uno de los grandes intérpretes del género junto a Jean Gabin y Alain Delon.

A partir de 1963, Giovanni inició como guionista una fructífera colaboración con el director Jacques Deray, con títulos como Symphonie pour un massacre y Rififi à Tokyo, y poco después con Robert Enrico, con quien firmó Les grandes gueules y Les aventuriers. Debutó como director en 1967 con La loi du survivant, un policiaco de ambientación bélica que ya contenía tres de sus grandes temas, la Resistencia francesa, los ambientes corsos y la traición.

De los quince largometrajes que dirigió a lo largo de su carrera destacan Le rapace y Dernier domicile connu, ambas con Ventura; Un aller simple; La scoumoune, con Jean-Paul Belmondo, Claudia Cardinale y su actor fetiche, Michel Constantin; Deux hommes dans la ville, con Alain Delon y Jean Gabin compartiendo protagonismo; y Le gitan, producida e interpretada por Delon. En sus dos últimas películas, Mon ami le traître y Mon père, il m’a sauvé la vie, esta última coescrita con Bertrand Tavernier, Giovanni volvió la mirada hacia su propia vida.

La retrospectiva está organizada por el Festival junto a la Filmoteca Vasca, con la colaboración de Filmoteca Española, e incluirá la publicación de un libro monográfico sobre la obra completa de Giovanni escrito por Felipe Cabrerizo. Desde 2024, este ciclo se enmarca dentro del programa Klasikoak, que agrupa bajo un mismo sello la retrospectiva clásica, la sección Klasikoak que se proyecta durante el Festival y el ciclo homónimo que la Filmoteca Vasca organiza entre octubre y diciembre en distintas ciudades del País Vasco, Navarra y el País Vasco francés.

El Premio Donostia, la incógnita que el festival guarda con mimo

El Premio Donostia, instituido en 1986 por el entonces director Diego Galán con la idea de atraer a San Sebastián a grandes estrellas internacionales, ha reconocido a lo largo de casi cuatro décadas a figuras como Gregory Peck, primer galardonado de la historia, Bette Davis, Al Pacino, Meryl Streep, Michael Douglas, Julia Roberts, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Johnny Depp, Hayao Miyazaki, Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Cate Blanchett o, más recientemente, Jennifer Lawrence, que en la edición de 2025 se convirtió, con treinta y cinco años, en la persona más joven en recibirlo.

Para esta 74 edición, el Festival ha confirmado que ya existe un primer Premio Donostia acordado, aunque su identidad permanecía sin desvelar en el momento de la publicación de este artículo. Rebordinos ha explicado en distintas entrevistas su preferencia por repartir tres galardones honoríficos por edición, combinando el glamour de las grandes estrellas con el reconocimiento a trayectorias de peso artístico, una fórmula que en años anteriores ha permitido premiar en la misma edición a nombres populares y a figuras de culto cinéfilo.

Junto al Premio Donostia, el Festival entrega también el Premio Zinemira, que reconoce la trayectoria de una personalidad destacada del cine vasco. Lo han recibido, entre otros, Imanol Uribe, Elías Querejeta, Ramón Barea, Kimuak como programa y, en la edición de 2025, conjuntamente, los cineastas Telmo Esnal y Asier Altuna, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su primer largometraje, Aupa Etxebeste!. El nombre del homenajeado o la homenajeada de esta 74 edición se anunciará en las próximas semanas, como es habitual en el calendario del Festival.

Setenta y tres años de historia antes de esta 74 edición

El Festival de San Sebastián nació el 21 de septiembre de 1953 como una modesta Semana Internacional de Cine, impulsada y financiada por un grupo de comerciantes locales que buscaban alargar la temporada turística de la ciudad. Aquella primera edición, con un presupuesto de 390.000 pesetas de la época, tuvo tanta repercusión que el Sindicato Nacional del Espectáculo y el Ministerio de Información pasaron a controlar el certamen a partir de 1954, año en el que adoptó el nombre de Festival Internacional de Cine y obtuvo el reconocimiento de la FIAPF como festival de categoría B, no competitivo.

En 1955 se entregó la primera Concha de Plata de la historia, a la película italiana Giorni d’amore, de Giuseppe De Santis, y en 1957 la FIAPF concedió al Festival la máxima categoría, la A, que sigue ostentando hoy junto a certámenes como Cannes, Berlín o Venecia. En 1977, con la llegada de la democracia, el Festival se constituyó como organismo autónomo respaldado por el Ayuntamiento, la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco, lo que marcó el inicio de su profesionalización.

En 1986 comenzó una nueva etapa con la llegada de Diego Galán a la dirección, bajo la cual el Festival se abrió a un cine más plural y creó el Premio Donostia. Desde entonces, y a través de las direcciones de Manuel Pérez Estremera, Mikel Olaciregui y, desde 2011, José Luis Rebordinos, el Zinemaldia ha ido creciendo hasta convertirse en una cita de referencia mundial, con ediciones recientes que han llegado a reunir más de 250 títulos procedentes de más de cincuenta países, como ocurrió en la 73 edición, celebrada en 2025.

El proyecto Zinemaldia 70, impulsado en 2018 junto a la Elías Querejeta Zine Eskola, ha permitido digitalizar y abrir a consulta pública buena parte de ese archivo histórico a través de la plataforma Artxiboa, que reúne miles de fotografías, cientos de carteles y las publicaciones diarias del Festival desde 1954. Ese trabajo de memoria conecta directamente con el espíritu de la retrospectiva dedicada este año a José Giovanni, y recuerda que el Zinemaldia, además de escaparate del presente, es también guardián de la historia del cine.

La influencia del Festival sobre el cine que se hace en español queda patente también fuera de sus fechas de celebración. Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de la Concha de Oro en la 73 edición, llegó a la gala de los Premios Goya de 2026 con trece nominaciones y se alzó finalmente con cinco estatuillas, entre ellas mejor película, mejor dirección y mejor guion original, además de los premios a la mejor actriz protagonista, para Patricia López Arnaiz, y a la mejor actriz de reparto, para Nagore Aranburu. Aquella gala, celebrada el pasado mes de marzo en Barcelona, confirmó además que las películas que pasan por San Sebastián se han convertido en habituales dominadoras del palmarés de los Goya, con once títulos presentados en el Festival reconocidos en veintitrés de las veinticinco categorías de largometraje de aquella edición.

Ese peso creciente coincide con setenta y tres ediciones ininterrumpidas desde 1953, un recorrido que ha visto pasar por San Sebastián a nombres como Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Audrey Hepburn, Jean-Luc Godard, Sophia Loren, Luis Buñuel, François Truffaut, Agnès Varda y Orson Welles, y que ha entregado su Concha de Oro a películas tan diversas como O corno, de Jaione Camborda, primera cineasta española en ganar el premio en solitario, en 2023, o Los reyes del mundo, de Laura Mora, en la edición del setenta aniversario, en 2022.

Un festival que también rinde cuentas con el clima

Desde 2020, el Festival mantiene un proceso de transformación medioambiental que va más allá del gesto simbólico. Con la ayuda de la consultora Naider para el diagnóstico inicial y de Creast para la medición continua de emisiones, la organización ha reducido su huella de carbono un 52,64 por ciento en seis años, según el último informe de sostenibilidad hecho público en 2026, correspondiente a la 73 edición, celebrada en 2025, cuya huella se situó en 1.965 toneladas de CO₂ equivalente.

A esa revisión estructural se suman iniciativas centradas en los contenidos que el propio Festival impulsa. Desde la 63 edición, Greenpeace entrega el Premio Lurra a películas que reflejan valores de defensa del medio ambiente, y desde hace tres años el Festival colabora con la European Climate Foundation para reforzar las narrativas cinematográficas en torno a la emergencia climática. Esta 74 edición estrena además el Premio Tanta, dotado con 5.000 euros, que se concederá entre los proyectos seleccionados de Ikusmira Berriak y del Foro de Coproducción Europa-América Latina que aborden la crisis climática desde una mirada alternativa y constructiva. El propio Festival ha resumido su filosofía en este terreno con una idea sencilla, la de que la sostenibilidad no se construye en solitario, sino como una red de colaboraciones que atraviesa toda la estructura del certamen, desde la producción y la logística hasta el contenido y las narrativas que se cuentan en pantalla.

San Sebastián, epicentro del cine durante nueve días

Durante nueve días, la ciudad vuelve a convertirse en el gran centro del cine en español, con el Kursaal, el Teatro Victoria Eugenia, el Teatro Principal, Tabakalera y los cines Príncipe y Antiguo Berri como escenarios principales de las proyecciones. A ellos se suman el Velódromo Antonio Elorza, sede de una de las secciones más singulares del Festival, y el Hotel María Cristina, alojamiento habitual de las estrellas internacionales y punto de encuentro extraoficial durante toda la semana.

La programación completa, con los horarios definitivos de cada sección, se dará a conocer en las semanas previas al arranque del Festival, al igual que la composición del jurado oficial, la película que abrirá la Sección Oficial y el título que pondrá el broche de cierre a esta 74 edición. Como es habitual, el jurado de la Sección Oficial estará formado por profesionales del cine de distintas nacionalidades, encargados de repartir la Concha de Oro a la mejor película, las Conchas de Plata a la mejor dirección y a las mejores interpretaciones protagonista y de reparto, y los premios al mejor guion y a la mejor fotografía, entre otros galardones oficiales avalados por la FIAPF.

La venta de entradas sigue el mismo esquema de años anteriores, con descuentos para compras superiores a diez entradas y para quienes dispongan de la tarjeta joven de Kutxabank, patrocinador histórico del Festival junto con Audi. También se mantienen los abonos de la Sección Oficial, que permiten seguir todas las sesiones de tarde y noche del Kursaal, incluidas las galas de inauguración, de los Premios Donostia y de clausura.

Lo que ya es seguro es que, entre el adiós de Rebordinos, el estreno de Beloki como sucesora y un cartel que combina consagrados y debutantes, San Sebastián se prepara para una de las ediciones más comentadas de su historia reciente. Nueve días en los que, una vez más, la ciudad dejará de ser solo un destino de playas y pintxos para convertirse, como cada septiembre desde hace más de setenta años, en un lugar de paso obligado para cualquiera que quiera entender hacia dónde camina el cine.

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