De los cinco muchachos que aparecen en las primeras fotografías de los Beach Boys, solo uno practicaba surf. Se llamaba Dennis Wilson, tocaba la batería y fue quien propuso a sus hermanos que escribieran canciones sobre aquel deporte que empezaba a ponerse de moda en las playas del sur de California. Los demás sabían bastante más de armonías vocales que de olas.
Esa distancia entre la imagen y la realidad recorre toda la biografía de la banda. Durante años el público vio a unos jóvenes sonrientes, con camisas a rayas, que cantaban a los coches, a las playas y a las chicas. Detrás había un compositor obsesionado con el sonido, un padre autoritario, una familia que se movía entre el cariño y el desastre, una amistad entre primos que acabó en los tribunales y dos hermanos que murieron antes de cumplir los cincuenta y dos años.
También había música. Mucha, y de una calidad que los propios críticos tardaron en reconocer. Pet Sounds, publicado en 1966, aparece desde hace décadas en las listas de los mejores discos de la historia. Good Vibrations es un modelo de cómo se puede construir una canción pop como si fuera una pieza de cine. Y los discos de principios de los sesenta, que durante mucho tiempo se despacharon como frivolidad veraniega, contienen más ambición de la que su fama sugiere.
Este artículo recorre la trayectoria completa del grupo, desde los ensayos en una casa de Hawthorne en 1961 hasta los acontecimientos de 2025 y 2026, que han cambiado de forma definitiva el panorama de lo que queda de ellos. Allí donde las fuentes se contradicen, lo diremos. En la historia de los Beach Boys abundan las leyendas, y no todas resisten una comprobación.
La casa de Hawthorne
Hawthorne es una ciudad del condado de Los Ángeles, a pocos kilómetros de la costa, en una zona residencial de casas bajas y jardines pequeños. Allí vivía la familia Wilson. Murry Wilson trabajaba en la industria, vendía maquinaria y era músico aficionado. Había compuesto canciones con ambiciones comerciales que casi nadie quiso grabar. Audree, su esposa, tenía sensibilidad musical y ayudó a crear en casa un ambiente donde cantar era algo normal.
Tuvieron tres hijos. Brian nació el 20 de junio de 1942, Dennis el 4 de diciembre de 1944 y Carl el 21 de diciembre de 1946. El mayor era el que de verdad tenía el oído. Desde niño se mostró fascinado por las armonías, y ha contado en muchas entrevistas que Rhapsody in Blue, de George Gershwin, le impresionó de manera profunda cuando era muy pequeño. También se ha hablado durante años de su sordera casi total en el oído derecho. Brian la atribuyó a un golpe de su padre, pero hay quien la considera de nacimiento y la causa exacta sigue sin estar clara.
El nombre de Murry exige un matiz. Los testimonios de sus hijos, y en particular los de Brian y Dennis, describen a un hombre que los golpeaba y los humillaba. Pero el mismo hombre llevó a sus hijos a cantar, aplaudió sus primeras armonías y fue el primero en moverse para que alguien los escuchara. Convivían en él la dureza y un instinto empresarial real. Esa mezcla explica buena parte de lo que vino después.
Las armonías
La gran influencia vocal de Brian fue The Four Freshmen, un cuarteto de jazz vocal de los años cincuenta cuyas armonías cerradas, de acordes ricos y voces muy próximas, se estudiaban como un tratado. Brian sacaba las partes al piano, nota por nota, y se las enseñaba a sus hermanos. Del rock and roll tomó otra cosa, la energía y la forma de contar historias, sobre todo de Chuck Berry. Más adelante añadiría la producción de Phil Spector.
La formación original se completó con dos personas ajenas a los hermanos, aunque cercanas. Mike Love, primo de los Wilson (su madre y Murry eran hermanos), tenía una voz grave y una presencia escénica que el resto no tenía. Al Jardine, nacido en Ohio y criado en California, era amigo de Brian en el instituto y aportaba afición por la música folk. Jardine tocaba la guitarra, algo que importó más de lo que parece, porque en casa de los Wilson el grupo se organizaba alrededor del piano y de la voz, pero hacía falta que sonase como una banda.
Carl, el pequeño, tocaba la guitarra con un estilo muy influido por Chuck Berry y por los guitarristas del surf. Con el tiempo se convertiría en el líder musical sobre los escenarios y, tras la retirada de Brian de las giras, en el estabilizador del grupo. Dennis, por su parte, no era un baterista técnico y esa limitación le dio un carácter propio. Tocaba con fuerza, con una sensibilidad más emocional que precisa.
De Pendletones a Beach Boys
La historia de los comienzos se cuenta casi siempre con la misma escena. En septiembre de 1961, Murry y Audree se fueron unos días de viaje y dejaron dinero a Brian para comer. Brian lo utilizó para alquilar instrumentos y empezó a ensayar con sus hermanos, con Mike y con Al. Es una de las anécdotas fundacionales del grupo, repetida en casi todas las biografías, y no hay motivo serio para ponerla en duda en lo esencial. Los detalles, como siempre, varían de un relato a otro.
Dennis fue quien insistió en el surf. Era el único de los cinco que lo practicaba de verdad y sabía que en las playas del sur de California había un público joven que se identificaba con ese mundo. Brian y Mike escribieron Surfin’, una canción sencilla, de ritmo alegre, con armonías vocales muy trabajadas. El grupo, que se había llamado de varias formas, adoptó el nombre de The Pendletones, por las camisas de cuadros de la marca Pendleton que solían llevar.
La primera grabación
Murry conocía a Hite Morgan y a su esposa Dorinda, que tenían una pequeña editorial musical. Ellos se ocuparon de que la canción se grabara en un estudio, y el disco apareció a finales de 1961 en un sello independiente llamado Candix. En la etiqueta no figuraba el nombre elegido por el grupo. Alguien decidió llamarlos The Beach Boys, y los cinco se enteraron cuando el disco ya estaba en la calle.
Hay un asunto sobre el que los investigadores no se ponen de acuerdo, y es el de las fechas exactas de las sesiones iniciales. Algunos trabajos recientes, entre ellos los del historiador James Murphy, han puesto en duda las cronologías que durante décadas se dieron por buenas, de modo que conviene tomar con cautela cualquier fecha concreta de aquellas primeras grabaciones. Lo que sí está documentado es el resultado. Surfin’ funcionó muy bien en la costa oeste y entró en las listas nacionales estadounidenses a comienzos de 1962, aunque se quedó lejos de los primeros puestos.
Un detalle que casi nunca se cuenta es que el grupo no era un cuarteto ni un quinteto estable en aquellos meses. Al Jardine abandonó durante un tiempo para dedicarse a sus estudios, y fue sustituido por David Marks, vecino de los Wilson, que entonces tenía trece años. Marks tocó en los primeros discos y se marchó en 1963. Jardine regresó.
El contrato con Capitol
Murry se convirtió en el representante de sus hijos y de los demás miembros. Movió contactos hasta que Capitol Records, una de las grandes discográficas de Hollywood, se interesó. Un productor de la casa, Nick Venet, firmó al grupo a mediados de 1962. La compañía lanzó entonces un sencillo con dos canciones, Surfin’ Safari y 409, la primera dedicada al surf y la segunda a un motor de Chevrolet. En esa combinación estaba ya todo el programa de los primeros años.
Murry fundó además una editorial, Sea of Tunes, que gestionaría los derechos de las canciones de Brian. Esa estructura, que parecía una forma sensata de proteger el patrimonio de la familia, tendría consecuencias muy serias años después.
Surf, coches y chicas (1962-1964)
El primer álbum, Surfin’ Safari, salió en otoño de 1962. Funcionaba como una carta de presentación. Había canciones sobre el oleaje, sobre chicas de playa y sobre coches, y una producción todavía bastante tosca. Pero ya se oía algo que no se parecía a otros grupos juveniles del momento, y era la limpieza de las voces.
El salto llegó en marzo de 1963 con Surfin’ U.S.A., la canción y el disco. El tema tomaba la melodía de Sweet Little Sixteen, de Chuck Berry, y le añadía letras sobre las mejores playas de California. En un primer momento el crédito de autoría fue solo para Brian. Más tarde, cuando el editor de Berry reclamó, la canción pasó a figurar a nombre de Berry. Es un episodio que se cita a menudo y que sigue formando parte de las reseñas del disco. El sencillo llegó al tercer puesto de la lista de éxitos de Estados Unidos.
Brian toma el control
Entre 1963 y 1964 los discos salieron con una cadencia que hoy resulta casi increíble. Surfer Girl apareció en septiembre de 1963, Little Deuce Coupe en octubre del mismo año, Shut Down Volume 2 en marzo de 1964, All Summer Long en julio y el álbum de Navidad en noviembre. Seis discos en poco más de un año, contando el directo Beach Boys Concert (octubre de 1964), casi todos con canciones de Brian como núcleo, escritas con Mike Love o con letristas ocasionales como Gary Usher o Roger Christian, aficionado a los coches.
En Surfer Girl, Brian consiguió figurar por primera vez como productor, algo que Capitol no concedía con facilidad a un chico de veintiún años. Ese gesto fue decisivo. A partir de entonces el trabajo de estudio dejó de ser un trámite para convertirse en el centro de la actividad del grupo. La canción que da título al disco, una balada de melodía muy dulce, se ha comparado desde hace mucho con When You Wish Upon a Star, la canción de Disney, aunque Brian siempre habló de ella como una pieza propia.
In My Room, de ese mismo álbum, merece una parada. Es una canción sobre la soledad y el refugio, escrita con Gary Usher, que dice algo que casi ningún grupo de surf de la época habría dicho. Que el lugar más seguro del mundo para un adolescente es su propia habitación. Aquel tema anticipaba el tono introspectivo de los discos posteriores.
El sonido de Los Ángeles
Para entender cómo sonaban aquellos discos hay que hablar de una orquesta que casi nadie conocía. En los estudios de Los Ángeles trabajaba un grupo de músicos de sesión que luego sería conocido como The Wrecking Crew, y entre sus miembros figuraban el baterista Hal Blaine, la bajista Carol Kaye, el pianista y guitarrista Larry Knechtel y, durante un tiempo, el guitarrista Glen Campbell. Eran profesionales de primer nivel que grababan para casi todos los artistas de la ciudad. La expresión se popularizó mucho después, y algunos de esos músicos, como Carol Kaye, han dicho que entonces nadie los llamaba así.
La relación entre estos músicos y Brian no fue simétrica. Brian escribía los arreglos, decidía cada parte y dirigía las sesiones con una autoridad que los profesionales respetaban. Los demás Beach Boys cantaban y tocaban en directo, pero en buena parte de los discos clásicos de los años sesenta los instrumentos son de los músicos de estudio. Es un dato que durante mucho tiempo se utilizó como argumento contra el grupo, algo injusto. Las voces siempre fueron suyas, y las armonías eran la seña de identidad de la banda.
Phil Spector, el productor de las Ronettes y de las Crystals, fue el gran modelo. Brian oyó Be My Baby en 1963 y quedó obsesionado con el sonido de aquel disco, esa pared de instrumentos superpuestos que llenaba el espacio. De esa admiración surgió Don’t Worry Baby, que escribió con Roger Christian y que muchos consideran una respuesta directa a la canción de las Ronettes, aunque a la vez es una pieza distinta y muy suya.
I Get Around
En febrero de 1964 los Beatles aparecieron en el programa de Ed Sullivan y arrasaron en Estados Unidos. La llamada Invasión Británica cambió el panorama de la música juvenil, y muchos artistas estadounidenses desaparecieron en unos meses. Los Beach Boys, en cambio, se mantuvieron. El 4 de julio de 1964 I Get Around alcanzó el primer puesto de la lista de sencillos, el primero de su carrera.
Aquella canción reúne las virtudes de esta etapa. Un arranque vocal, un ritmo que no da respiro, letras sobre la libertad del coche y una combinación de voces que parece imposible de ejecutar en directo. Y lo era, o al menos muy difícil. El sencillo tenía en la cara B Don’t Worry Baby, algo que hoy parece un lujo.
El grupo también apareció en The T.A.M.I. Show, una película concierto rodada en octubre de 1964 donde compartieron cartel con artistas como James Brown y los Rolling Stones. Era la prueba de que el grupo cabía en cualquier cartel de la música juvenil del momento.
Un hombre en la carretera
En diciembre de 1964, durante un vuelo hacia Houston para iniciar una gira, Brian sufrió una crisis nerviosa. Es el episodio que sirvió de bisagra de toda la historia. Según los relatos más repetidos, rompió a llorar en el avión y poco después comunicó a sus compañeros que dejaba las giras. Se quedó en Los Ángeles. A partir de entonces, el compositor trabajaría en el estudio mientras sus compañeros actuaban en directo.
Para sustituirlo en la carretera se contrató primero a Glen Campbell, que hacía de bajista y cantaba las partes agudas, y poco después, en la primavera de 1965, a Bruce Johnston, músico y productor de California que se incorporó de forma permanente. Johnston se quedaría muchos años, con una interrupción entre 1972 y 1978, y cumpliría una función esencial. Su voz se integraba con naturalidad en las armonías y su oficio de compositor tendría un peso propio.
Brian ha dicho a menudo que dejar las giras fue lo que le permitió concentrarse en la música, y los hechos le dan la razón en un sentido. Los dos años siguientes producirían su obra más ambiciosa. Pero también es verdad que el aislamiento tuvo un precio, y que el grupo se dividió en dos mitades. Una que giraba y otra que grababa.
El estudio como refugio (1965)
La ausencia de Brian en las giras no frenó el ritmo de publicaciones. The Beach Boys Today! salió en marzo de 1965 y partió el disco en dos. La primera cara era de canciones rápidas, como Do You Wanna Dance? y When I Grow Up (To Be a Man). La segunda estaba formada casi por completo por baladas, con arreglos más delicados y letras de inseguridad amorosa. Era la primera vez que un disco del grupo se pensaba como un recorrido de ánimo y no como un surtido de sencillos.
En el mismo año llegaron Help Me, Rhonda, que alcanzó el primer puesto en mayo, y California Girls, incluida en Summer Days (And Summer Nights!!), que llegó al tercero. California Girls empieza con una introducción orquestal que parece de otra canción, y cuando entra el ritmo cambia de golpe. Es una de esas piezas en las que se nota la mano de un arreglista con ideas propias.
En noviembre de 1965 apareció Beach Boys’ Party!, un disco que simulaba una fiesta informal, con guitarras acústicas, risas y charla de fondo. Era barato de hacer y a Capitol le interesaba tener un nuevo producto para la campaña de Navidad. Para sorpresa de todos, el sencillo Barbara Ann, una versión de un tema de los Regents con Dean Torrence, de Jan & Dean, en la voz principal junto a Brian, llegó al segundo puesto de la lista estadounidense a comienzos de 1966. Hoy suena como un chiste, y sin embargo fue uno de sus mayores éxitos comerciales.
Mientras tanto Brian escuchaba otra cosa. En diciembre de 1965 los Beatles publicaron Rubber Soul, y él ha contado que le dejó una impresión profunda. No era un disco de éxitos con relleno, sino un trabajo que parecía pensado de principio a fin. Brian decidió hacer algo igual de unitario, y todavía mejor.
Pet Sounds
Cómo se hizo
Para las letras, Brian no recurrió a Mike Love, su colaborador habitual, sino a un joven llamado Tony Asher, que trabajaba en una agencia de publicidad escribiendo anuncios musicales. La elección tiene su lógica. Brian buscaba un tono distinto del de los discos anteriores, más personal y más adulto, y Asher aportó una escritura directa y sin adornos. Escribieron juntos casi todas las canciones del disco.
La música se grabó entre enero y abril de 1966 en varios estudios de Los Ángeles. Mientras los demás Beach Boys estaban de gira por Japón, Brian grababa las bases instrumentales con los músicos de estudio. Cuando regresaron, grabaron las voces. La instrumentación de Pet Sounds es de una variedad que no se suele ver en un disco pop de la época. Hay clavicémbalo, acordeón, flautas, armónica baja, campanillas de bicicleta, latas de refresco que se golpean, además de una orquesta de cuerdas y de vientos, y una percusión inusual.
Tampoco se trata de un catálogo de rarezas por el mero hecho de serlo. Brian colocaba cada instrumento donde creía que hacía falta para sostener una emoción. El final de Caroline, No, con ladridos de perros y el ruido de un tren, es un ejemplo. Los perros eran de Brian, y los nombres que se citan, Banana y Louie, aparecen en muchas biografías.
Las canciones
El disco comienza con Wouldn’t It Be Nice, una canción sobre dos jóvenes que sueñan con casarse y con vivir juntos. La música es luminosa, pero la letra ya contiene la sospecha de que ese sueño quizá no se cumpla. Siguen You Still Believe in Me, con un arranque en el que se pellizcan las cuerdas del piano, y That’s Not Me, la historia de un joven que ha salido de casa para encontrarse a sí mismo.
En medio aparece Sloop John B, una canción tradicional de las Bahamas que Al Jardine propuso al grupo y que Brian reelaboró. Es el único tema que no es original y se había lanzado como sencillo antes de que el disco estuviera terminado. El grupo la interpreta con una elegancia vocal que la saca de la categoría de versión.
Después viene God Only Knows, probablemente la canción más reconocida del grupo. La canta Carl, con una voz limpia y sin dramatismos. Empieza con una frase que no suele abrir una canción de amor, la de reconocer que quizá el afecto no dure siempre. Los arreglos incluyen una trompa, un clavicémbalo y campanillas de trineo, y el final se resuelve en una ronda de voces superpuestas que va apagándose sin terminar de resolverse. En Estados Unidos salió como cara B de Wouldn’t It Be Nice. En el Reino Unido, la canción llegó al segundo puesto. Paul McCartney ha declarado en más de una ocasión que es su canción favorita.
El resto del disco no es menos serio. I Know There’s an Answer tuvo un título original distinto, que aludía al ego y a las experiencias con drogas, y fue cambiado después de las objeciones de Mike Love. Here Today tiene un bajo muy llamativo. I Just Wasn’t Made for These Times habla de la sensación de no encajar. La pieza que da título al disco es un instrumental. Y el cierre lo pone Caroline, No, una de las canciones más tristes del repertorio. Brian la publicó como sencillo a su nombre en marzo de 1966, como si el disco que estaba a punto de salir ya fuera más suyo que del grupo.
La portada, con los cinco músicos dando de comer a unas cabras en el zoo de San Diego, se ha comentado muchas veces. Es una imagen de calma doméstica que contrasta con la gravedad del contenido.
Recepción y tensiones
Capitol lanzó Pet Sounds el 16 de mayo de 1966. En Estados Unidos alcanzó el décimo puesto, un resultado que quedaba por debajo de lo que habían conseguido los discos anteriores. La discográfica, que no sabía muy bien cómo vender algo tan distinto, publicó en julio un recopilatorio de éxitos que se vendió mejor. Es una historia muy citada, y casi siempre contada con cierta indignación. En el Reino Unido, en cambio, el disco fue un éxito inmediato y llegó al segundo lugar.
La relación entre Brian y Mike Love fue complicada durante la grabación. Love expresó dudas sobre el rumbo del grupo y, según el relato más extendido, advirtió contra el abandono de la fórmula que les había dado fama. Love ha negado esa versión tal como se cuenta, y ha explicado sus reservas de otra manera. Como en tantas disputas de la banda, hay dos relatos y ninguno está libre de interés. Lo que consta es que existían diferencias de criterio sobre hasta dónde debía llegar el grupo.
Bruce Johnston viajó a Londres en esa época y, según su testimonio, hizo escuchar el disco a John Lennon y Paul McCartney. McCartney ha dicho que Pet Sounds influyó en los Beatles, y el productor George Martin llegó a afirmar que, sin aquel disco, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band no habría existido tal como fue. Hay que tomar esas frases con cautela, porque la influencia entre ambos grupos fue mutua, pero indican hasta qué punto Pet Sounds se consideró un acontecimiento en Londres.
Con el tiempo, el disco ganó una reputación que ya no ha perdido. La revista Rolling Stone lo situó en el segundo lugar de su lista de los quinientos mejores álbumes en 2003 y volvió a hacerlo en las revisiones de 2012 y 2020. Ninguna lista es una verdad objetiva, pero la continuidad de esa posición durante casi veinte años resulta elocuente.
Good Vibrations
Mientras terminaba Pet Sounds, Brian estaba trabajando en otra cosa que lo absorbió por completo. Se trataba de una canción a la que llamó Good Vibrations, y que se grabó en varias sesiones repartidas entre febrero y septiembre de 1966 en cuatro estudios distintos. El método era casi artesanal. Grababa fragmentos sueltos y después los unía en una cinta, igual que se monta una película. Cada estudio tenía un sonido propio, y Brian aprovechaba esas diferencias.
La canción nació de una idea que, según Brian, le contó su madre sobre la forma en que los perros reaccionan ante ciertas personas. Mike Love escribió la letra, y según su propio relato la terminó en muy poco tiempo. La estructura rompe los esquemas del pop. Hay un estribillo, pero también cambios bruscos de tonalidad, un violonchelo muy presente, órgano y un instrumento electrónico, el electro-theremin, tocado por Paul Tanner, un trombonista que había pertenecido a la orquesta de Glenn Miller. Carl canta las estrofas, Brian el puente, y el estribillo reúne a las cinco voces con una densidad poco habitual.
Se publicó el 10 de octubre de 1966 y alcanzó el primer puesto en Estados Unidos y en el Reino Unido. Se ha dicho muchas veces que fue el sencillo más caro de su tiempo, y las cifras que circulan oscilan entre unos 16.000 dólares y unos 50.000, de modo que conviene no fiarse de ninguna. La expresión «sinfonía de bolsillo», que se aplicó a la canción, suele atribuirse al publicista Derek Taylor, aunque la autoría exacta no es indiscutible.
Aquel verano de 1966 los Beach Boys eran, en la práctica, un grupo con dos caras. Sobre el escenario eran los chicos de la playa. En el estudio, bajo la dirección de Brian, estaban construyendo algo para lo que el público no estaba preparado.
Smile, el disco que no existió (1966-1967)
Si Pet Sounds es el disco que se publicó y se discutió, Smile es el que se quedó sin publicar y se discutió todavía más. Durante casi medio siglo fue el gran fantasma de la música popular, un álbum del que se hablaba más que de la mayoría de los que sí salieron.
Brian pensaba que Smile debía superar todo lo anterior. Para las letras recurrió a Van Dyke Parks, un compositor y arreglista de formación sólida y con un lenguaje literario muy suyo, lleno de juegos de palabras y de referencias a la historia de Estados Unidos. Las sesiones comenzaron en el otoño de 1966 y se prolongaron hasta bien entrado 1967. De ese material surgieron piezas como Heroes and Villains, Cabin Essence, Surf’s Up, Wind Chimes, Vega-Tables y Mrs. O’Leary’s Cow, esta última dedicada al incendio de Chicago de 1871 y construida con efectos de percusión y de cuerdas.
La idea general era la de un ciclo con temas recurrentes, casi como una suite, con una música que pasaba de un clima a otro y con fragmentos que se retomaban más adelante. Brian grababa secciones breves y las iba ordenando. Sin embargo, nunca llegó a fijar una secuencia definitiva, y ese es el punto que más debates ha generado entre los estudiosos. Las versiones posteriores de Smile son, en rigor, reconstrucciones hechas por otras personas o por el propio Brian décadas más tarde.
Anécdotas y leyendas
Del periodo de Smile se cuentan historias que han ido tomando la forma de mitos. Una dice que, para grabar Mrs. O’Leary’s Cow, los músicos llevaron cascos de bombero. Otra afirma que, poco después de la sesión, se declaró un incendio cerca del estudio, y que Brian, supersticioso, se convenció de que su música había provocado el fuego y quiso retirar la grabación. Es una anécdota muy repetida, pero no hay forma de comprobar los detalles, y varios participantes la han contado de manera distinta.
Más documentada, aunque también envuelta en relatos contradictorios, está la visita de Paul McCartney a una sesión de Vega-Tables en febrero de 1967, durante la cual se le atribuye haber mordido un trozo de apio como parte de la percusión. Y en abril de 1967, la cadena CBS emitió un programa dirigido por Leonard Bernstein sobre la música pop, Inside Pop: The Rock Revolution, en el que Brian aparecía al piano interpretando Surf’s Up. Es uno de los testimonios audiovisuales más conocidos de aquellos meses.
Se llegaron a imprimir las fundas del disco, con una ilustración de Frank Holmes, y Capitol anunció su aparición. Pero el álbum nunca llegó a las tiendas.
Por qué no salió
No existe una causa única, y cualquiera que ofrezca una sola explicación está simplificando. Se suelen señalar, por separado o combinadas, las siguientes. El perfeccionismo de Brian, que no daba nada por cerrado. El consumo de drogas, que él mismo ha reconocido, y el deterioro de su estado mental, con episodios de paranoia. Las dudas de algunos compañeros, y en especial de Mike Love, que ponía reparos a las letras de Van Dyke Parks por parecerle que no se entendían y que no encajaban con lo que el público esperaba. La salida de Parks del proyecto en la primavera de 1967, por cansancio y por discrepancias. Y los conflictos económicos con Capitol, con la que el grupo mantenía una disputa por royalties.
A todo eso se sumó un factor externo. El 1 de junio de 1967 aparecieron los Beatles con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que dio por consolidada la idea del disco de pop como obra de arte. Brian se sintió, según muchos relatos, superado. Es una afirmación difícil de probar, porque nadie puede medir lo que sintió, pero coincide con el hundimiento de su proyecto.
El mismo mes, los Beach Boys se retiraron del cartel del Festival de Monterey, una cita que marcó el nacimiento de la contracultura musical. Las explicaciones varían. Se habla de la situación judicial de Carl, que se había declarado objetor de conciencia frente al servicio militar y cuyo caso se resolvió tiempo después con trabajo en hospitales, de la crisis de Brian y de la sensación de que el grupo ya no encajaba en la nueva escena. El resultado fue que, mientras otros artistas se hicieron célebres en Monterey, los Beach Boys perdieron una oportunidad de renovar su imagen.
Años de oscuridad (1967-1969)
Smiley Smile
Con el proyecto grande abandonado, el grupo se encerró en el estudio casero que Brian tenía en su casa de Los Ángeles y grabó un álbum mucho más modesto. Smiley Smile, de septiembre de 1967, contiene versiones recortadas y deliberadamente austeras de canciones de Smile, como Heroes and Villains y Wind Chimes, y Good Vibrations. El resultado es extraño, casi doméstico, y tuvo una acogida tibia. Alcanzó el puesto 41 de la lista estadounidense, una posición muy baja para el grupo.
Los críticos de hoy lo suelen valorar más que en su momento. En su momento, en cambio, sirvió para que el público y la prensa dieran por acabada la etapa de ambición de los Beach Boys. En la mitad de 1967, el grupo que dos años antes competía de igual a igual con los Beatles empezaba a parecer pasado de moda.
Los Beach Boys fundaron entonces su propio sello, Brother Records, para publicar sus discos. La idea era tener más control sobre su obra. En la práctica no resolvió los problemas de fondo.
Wild Honey y Friends
Diciembre de 1967 trajo Wild Honey, un disco corto y alegre, influido por la música soul y el rhythm and blues. La canción Darlin’, cantada por Carl, fue el sencillo más conocido. El disco no se parecía a nada que hubieran hecho antes, y en eso estaba su virtud. Aun así, las ventas siguieron siendo discretas.
Friends apareció en junio de 1968 y mostraba otra versión del grupo, más tranquila, más breve y más doméstica. Dura menos de media hora. Contiene canciones de Brian y de Dennis, y un aire sereno, casi meditativo, que algunos críticos han recuperado con el tiempo. En su momento fue un fracaso de ventas, y se quedó lejos de los primeros puestos en la lista de álbumes.
Ese año Mike Love se interesó por la meditación trascendental y viajó a la India en febrero de 1968 junto a los Beatles, para estar con el maestro Maharishi Mahesh Yogi. Fue un viaje que dejaría huella en su vida y también en la vida de la banda. La gira que el grupo hizo después con el Maharishi, en la primavera de 1968, se canceló antes de tiempo por la escasa asistencia.
Dennis y Charles Manson
En el verano de 1968, Dennis Wilson recogió a unas jóvenes que hacían autostop y, a través de ellas, conoció a miembros de la comunidad que dirigía Charles Manson. Manson y varios seguidores vivieron durante un tiempo en la casa de Dennis. Este grabó una canción de Manson, que reelaboró con otro título, Never Learn Not to Love, y la incluyó en el álbum 20/20 firmada solo con su nombre.
Dennis acabó alejándose de Manson. En 1969 se produjeron los asesinatos de Sharon Tate y otras personas, y en 1971 Manson fue condenado. No hay constancia de que el grupo tuviera relación alguna con los crímenes, y Dennis habló poco de aquel episodio. Pero la relación entre el grupo y Manson sigue siendo uno de los capítulos más oscuros de su historia y se cita siempre que se habla de aquella época.
La venta de las canciones
Otro golpe llegó en 1969, cuando Murry Wilson vendió Sea of Tunes, la editorial que contenía las canciones de Brian, a la compañía Irving Almo. La cifra que se cita habitualmente es de unos 700.000 dólares, y la decisión se tomó sin contar con Brian. Para él fue una herida enorme, y la pérdida de los derechos sobre sus propias composiciones se convertiría en motivo de conflictos legales durante décadas.
20/20, publicado en febrero de 1969, cerró la etapa con Capitol. Reúne Do It Again, que había llegado al primer puesto en el Reino Unido; I Can Hear Music, producida por Carl; la canción de Dennis y Manson; y dos fragmentos rescatados de Smile, Our Prayer y Cabinessence. Es un disco irregular, pero que contiene momentos de belleza, y deja ver que los hermanos Wilson, Carl y Dennis, empezaban a encontrar su propia voz.
La década de los hermanos (1970-1973)
Un nuevo contrato
Al terminar su relación con Capitol, los Beach Boys firmaron con Reprise, el sello de Warner. En la negociación tuvo un papel importante Mo Ostin, un directivo con fama de apostar por los artistas antes que por los números. Con esa firma comenzó una etapa distinta, en la que el protagonismo de Brian disminuyó y la banda se repartió el trabajo creativo entre todos sus miembros. Carl asumió la dirección musical, Dennis empezó a escribir y Al Jardine y Bruce Johnston aportaron canciones propias.
Sunflower, de agosto de 1970, fue el primer resultado. Es un disco de armonías cuidadas y de producción colectiva, con canciones como Add Some Music to Your Day, This Whole World, Cool, Cool Water y Forever, una balada de Dennis cantada con una voz áspera y emotiva. La crítica lo recibió bien. El público, en cambio, lo ignoró, y en Estados Unidos quedó muy lejos de las primeras posiciones.
Surf’s Up y un nuevo mánager
Para el siguiente disco, el grupo contrató como mánager a Jack Rieley, un periodista y presentador de radio con ideas sobre la dirección artística. Rieley animó a los Beach Boys a escribir canciones con contenido social y ecológico, algo que en 1971 se consideraba moderno. El resultado fue Surf’s Up, publicado en agosto de ese año, que alcanzó el puesto 29 de la lista estadounidense, mejor que el anterior.
El disco contiene Don’t Go Near the Water, sobre la contaminación; Student Demonstration Time, una adaptación de un viejo tema de rhythm and blues; Long Promised Road, de Carl, y Til I Die, una de las canciones más desoladas de Brian. La pieza que da título al álbum, rescatada de las sesiones de Smile, apareció por fin, completada con voces añadidas años después.
En abril de 1971 el grupo subió al escenario del Fillmore East de Nueva York como invitado de los Grateful Dead. Era un gesto de prestigio, la prueba de que el mundo de la contracultura empezaba a mirar a los Beach Boys de otra manera.
Dos músicos sudafricanos
En 1972, Bruce Johnston dejó el grupo. Se incorporaron entonces dos músicos sudafricanos, el guitarrista y cantante Blondie Chaplin y el batería Ricky Fataar, que habían tocado en un grupo llamado The Flames. Ambos aportaron un sonido más rockero a las actuaciones. Con ellos se grabó Carl and the Passions, «So Tough», un disco irregular, y después Holland.
Para grabar Holland, los Beach Boys se trasladaron con equipo y familias a los Países Bajos en el verano de 1972. El disco, publicado en enero de 1973, es una obra extraña y atractiva. Incluye Sail On, Sailor, escrita por Brian con Van Dyke Parks y otros colaboradores y cantada por Chaplin, que llegó a sonar en las radios; la suite California Saga, con letras de Mike Love; y un disco pequeño añadido, Mount Vernon and Fairway (A Fairy Tale), un cuento musical de Brian. No fue un gran éxito comercial, pero entre los aficionados tiene un puesto de honor.
El 3 de junio de 1973 murió Murry Wilson, el padre. La relación de Brian con su padre había sido complicada, y se ha escrito mucho sobre cómo le afectó su muerte. Lo que se sabe con seguridad es que a partir de aquellos años el compositor se retiró cada vez más de la vida del grupo.
El pasado como mercancía (1973-1979)
Nostalgia y estadios
En agosto de 1973 se estrenó American Graffiti, una película de George Lucas ambientada en 1962 cuya banda sonora incluía temas de los Beach Boys, entre ellos All Summer Long. La película reavivó el interés por la música de aquellos años. En 1974 Capitol publicó el recopilatorio Endless Summer, que llegó al número uno de la lista de álbumes y permaneció en ella durante mucho tiempo.
La consecuencia fue paradójica. El grupo que había dejado atrás el surf y los coches se convirtió en un conjunto de nostalgia. Los conciertos se llenaron de público que quería escuchar los viejos éxitos, y los nuevos discos pasaron a segundo plano. En los años siguientes los Beach Boys actuaron en estadios con un repertorio centrado en el pasado, y aquella decisión, buena para los ingresos, empezó a pesar sobre su reputación artística.
Brian is back
Durante los primeros años setenta, Brian había pasado largos periodos recluido en su casa, con problemas de peso, de consumo de sustancias y de salud mental. En 1975 su familia contrató al psicólogo Eugene Landy, que aplicaba un tratamiento muy intensivo y que más adelante sería objeto de duras críticas. Brian volvió a salir, a componer y a mostrarse en público.
En 1976 el grupo lanzó una campaña con el lema «Brian is Back». Salió 15 Big Ones, con versiones de clásicos del rock and roll y algunas canciones nuevas, y una versión de Rock and Roll Music, de Chuck Berry, que alcanzó el quinto puesto en Estados Unidos. La cadena NBC emitió un especial televisivo. La crítica fue desigual. Para el público, sin embargo, fue la señal de que el compositor volvía al grupo.
Love You
En abril de 1977 llegó The Beach Boys Love You, probablemente el disco más raro de su catálogo. Brian escribió y produjo casi todo, con sintetizadores y una voz envejecida. Las canciones son simples, a veces ingenuas, y algunas rozan lo infantil. El disco fue un fracaso comercial. Con los años, sin embargo, ha ido ganando admiradores que ven en él un trabajo de gran sinceridad, y hoy se defiende como una obra de culto.
El mismo año Dennis publicó su primer disco en solitario, Pacific Ocean Blue, una colección ambiciosa de canciones personales que apenas tuvo repercusión entonces y que se ha recuperado después con mucha estima. Dennis tenía una forma de componer más directa y más emocional que sus hermanos, y ese disco demostró que no era solo el batería de la banda.
Años de transición
Hacia el final de la década, la fricción entre los miembros era evidente. Mike Love se había volcado en la meditación trascendental, y el disco M.I.U. Album, de 1978, se grabó en la Maharishi International University de Fairfield, en Iowa. Recibió críticas muy negativas. Bruce Johnston volvió ese año al grupo y colaboró en L.A. (Light Album), de 1979, que incluye una versión disco de Here Comes the Night y una canción de Brian y Carl, Good Timin’.
Johnston, que durante su ausencia había escrito I Write the Songs, un éxito de Barry Manilow que le valdría un premio Grammy a la mejor canción, regresó con experiencia de compositor y de productor. A pesar de ello, la década se cerró sin que el grupo lograra reconectar con un público joven.
Los años ochenta, entre la pérdida y el éxito
El grupo que nadie quería enterrar
Los años ochenta empezaron con el mismo problema con el que habían terminado los setenta. Los Beach Boys eran muy queridos y poco renovados. Keepin’ the Summer Alive, de 1980, fue un disco discreto, producido por Bruce Johnston, que pasó casi sin dejar rastro. En el escenario, en cambio, el grupo seguía funcionando como pocos.
El 4 de julio de 1980 tocaron en Washington, ante el Capitolio, para una multitud que las crónicas calculan en torno a medio millón de personas. Volvieron en 1981. En 1983, el entonces secretario del Interior, James Watt, anunció que los conciertos de la Explanada Nacional ya no incluirían grupos de rock, porque, según dijo, atraían «al elemento equivocado». La polémica fue enorme. Entre quienes lo contradijeron estaba el vicepresidente George Bush, que defendió públicamente al grupo, y Watt acabó pidiendo disculpas. El episodio sirvió, de paso, para confirmar la posición del grupo como parte de la imagen de Estados Unidos.
Carl, por su parte, se tomó un descanso del grupo en 1981 y publicó un disco en solitario con su nombre. Regresó en 1982. Fue un recordatorio de que los Beach Boys eran una empresa familiar, con las tensiones que eso implica.
La muerte de Dennis
El 28 de diciembre de 1983, Dennis Wilson murió ahogado en el puerto de Marina del Rey, cerca de Los Ángeles. Tenía 39 años. Los informes indican que había estado bebiendo y que se lanzó al agua desde un barco amarrado. Varios relatos añaden que buscaba objetos que había arrojado al mar años antes, aunque ese detalle procede de testimonios de terceros y no es fácil de confirmar.
Dennis fue enterrado en el mar el 4 de enero de 1984. Había sido el más salvaje de los tres hermanos, el que más vivía el personaje de playa, y también el que había compuesto algunas de las canciones más emotivas del grupo. Su disco Pacific Ocean Blue ha recibido después un reconocimiento que no tuvo en vida.
La pérdida afectó de modo profundo a la familia y al grupo. Los hermanos Wilson ya eran solo dos.
Landy, otra vez
En 1983, la familia de Brian volvió a recurrir a Eugene Landy. Brian había engordado mucho y mantenía hábitos que ponían en peligro su salud. Con Landy volvió a bajar de peso y a trabajar. En 1988 publicó su primer disco en solitario, Brian Wilson, con canciones como Love and Mercy y Melt Away, y una suite titulada Rio Grande.
El álbum fue bien recibido, pero la relación con Landy se había vuelto controvertida. El psicólogo ejercía un control muy estrecho sobre la vida de su paciente, figuraba como coautor de varias canciones, algo que causó polémica. En 1989, Landy aceptó renunciar a su licencia profesional en California tras una investigación de las autoridades, y en 1992 un acuerdo judicial puso fin a su contacto con Brian. Esa fue una de las razones por las que Brian pudo reorganizar su vida en los años siguientes.
Nuevas canciones, viejo catálogo
En 1985 el grupo publicó un álbum titulado simplemente The Beach Boys, producido por Steve Levine, que había trabajado con Culture Club. Contenía Getcha Back, que gustó en las radios. En 1987 grabaron Wipe Out con el grupo de rap Fat Boys, una versión del clásico instrumental de surf que llegó a la lista de éxitos y funcionó especialmente bien en el Reino Unido.
En enero de 1988 los Beach Boys entraron en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Brian asistió a la ceremonia. El discurso de Mike Love, con bromas dirigidas a otros músicos, fue muy comentado y se recuerda todavía como un momento incómodo.
Kokomo
Más sorprendente fue lo que ocurrió a finales de ese año. El grupo había grabado una canción para la película Cocktail, con Tom Cruise, titulada Kokomo. La habían escrito John Phillips, de The Mamas & The Papas, Scott McKenzie, Terry Melcher y Mike Love. Brian no participó en ella. Es una canción ligera, con ritmo caribeño, que habla de unas vacaciones en una isla de ensueño.
Kokomo alcanzó el primer puesto de la lista de éxitos de Estados Unidos en noviembre de 1988. Era el primer número uno del grupo desde Good Vibrations, veintidós años antes. Para muchos aficionados fue una alegría que otros miraban con reservas. Otros veían una canción hecha sin Brian y con fórmulas previsibles. Aun así, demostró que la marca Beach Boys seguía teniendo un gran poder de convocatoria. Se incluyó en el álbum Still Cruisin’, de 1989.
Los años noventa, entre tribunales y despedidas
Pleitos de familia
En 1991 se publicó Wouldn’t It Be Nice, una autobiografía de Brian escrita con el periodista Todd Gold. El libro describía con crudeza la infancia con Murry y la relación con Landy, y generó una cadena de reclamaciones. Se cuestionó quién había escrito realmente el texto y hasta qué punto reflejaba lo que Brian quería contar, y la autoría ha sido objeto de discusión desde entonces.
Más grave fue el asunto de las canciones. En 1992, Mike Love demandó a Brian alegando que no figuraba como coautor de muchas de las canciones clásicas en las que había escrito la letra. Los tribunales le dieron la razón en 1994. Love consiguió el reconocimiento de su nombre en una treintena de títulos, entre ellos algunos de los más conocidos del grupo, y una compensación económica de varios millones de dólares.
El caso dejó una marca profunda. Para unos, la resolución fue una corrección justa de una omisión histórica. Para otros, resultó doloroso que los viejos compañeros acabaran discutiendo ante un juez la autoría de canciones de juventud. Brian, por su parte, había llegado en 1992 a un acuerdo económico con la editorial que compró sus derechos, por una suma de varios millones de dólares, aunque no recuperó la propiedad de las canciones.
Un grupo en pausa
La actividad discográfica de esos años fue irregular. Summer in Paradise, de 1992, se grabó en gran parte sin Brian, con el actor John Stamos, amigo del grupo y aficionado a la batería, que acompañaba a la banda a menudo en directo. Recibió críticas muy duras y se considera uno de los puntos más bajos de su discografía. En 1996 salió Stars and Stripes Vol. 1, un disco de versiones con artistas de música country.
Brian, entretanto, buscaba un camino propio. En 1995 se casó con Melinda Ledbetter, a quien había conocido años antes, y con ella adoptó hijos y reorganizó su vida. Ese año se estrenó también un documental, Brian Wilson: I Just Wasn’t Made for These Times, dirigido por Don Was, que supuso un reconocimiento de su figura. En 1998 publicó Imagination, otro disco en solitario.
Carl
La noticia más dura de la década llegó en 1997. A Carl Wilson le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Era fumador desde la juventud. Siguió trabajando, y según los testimonios llegó a actuar sentado durante el tratamiento de quimioterapia. Murió el 6 de febrero de 1998, a los 51 años.
Carl había sido el estabilizador del grupo durante más de tres décadas. En el escenario era el líder musical. Sobre las grabaciones, su voz en God Only Knows y en Good Vibrations es una de las más reconocibles de la música popular. Su muerte cambió de manera definitiva la dinámica interna.
¿De quién es el nombre?
Tras la muerte de Carl, Brother Records, la sociedad que gestiona la marca, concedió a Mike Love una licencia para seguir actuando como The Beach Boys. Bruce Johnston se unió a él. Brian y Al Jardine quedaron fuera de esa formación.
Jardine intentó girar bajo el nombre «Beach Boys: Family & Friends», con otros músicos, y eso llevó a una batalla judicial que terminó con un fallo desfavorable para él en 2001. Desde entonces el nombre del grupo quedó asociado a la banda de Love, mientras que los demás desarrollaron proyectos propios. Es un asunto que, por su naturaleza, no tiene una versión indiscutible, porque cada parte defiende una interpretación distinta de sus derechos.
Brian vuelve a Smile (2000-2011)
Un músico en el escenario
A partir de finales de los noventa ocurrió algo que pocos esperaban. Brian Wilson, que durante décadas había sido el compositor invisible, volvió a los escenarios. Lo hizo acompañado de una banda de músicos jóvenes, muchos procedentes del grupo de power pop The Wondermints, entre ellos Darian Sahanaja, que conocían el repertorio con una devoción casi académica. Con ellos interpretó sus canciones clásicas en directo, con un nivel de fidelidad que los Beach Boys de los años setenta no habían podido lograr.
En esos años presentó sobre el escenario Pet Sounds completo, algo que nunca se había hecho. Las actuaciones, con orquesta en algunos casos, convirtieron el disco en un acontecimiento en directo y llevaron a Brian a públicos nuevos. Hubo giras por Estados Unidos y Europa, y noches en Londres que se recuerdan con especial cariño.
El estreno de Smile
El gran momento llegó el 20 de febrero de 2004, en el Royal Festival Hall de Londres. Brian, con su banda y con la colaboración de Van Dyke Parks, estrenó en directo una versión completa de Smile, casi cuarenta años después de abandonar el proyecto. Parks, que había escrito las letras, ayudó a ordenar el material. Sahanaja y los demás músicos reconstruyeron los arreglos a partir de las grabaciones originales y de la memoria de los participantes.
El público recibió la obra con una emoción difícil de describir. Muchos asistentes habían esperado ese momento durante media vida. Ese mismo año se publicó el disco, Brian Wilson Presents Smile, grabado de nuevo en estudio. Obtuvo críticas muy buenas y un premio Grammy, en la categoría de mejor interpretación instrumental de rock, por Mrs. O’Leary’s Cow.
Conviene aclarar un detalle. Esa Smile de 2004 no es la que Brian habría publicado en 1967, porque nadie sabe cómo habría quedado. Es una versión posterior, con decisiones de ordenación tomadas por él y por sus colaboradores, y con voces e instrumentos nuevos. Es una obra legítima y valiosa, pero no una restauración de un original que nunca llegó a cerrarse.
The Smile Sessions
La otra mitad de la historia llegó en 2011. El 31 de octubre de ese año se publicó The Smile Sessions, un conjunto que reunía las grabaciones originales de 1966 y 1967, ordenadas según una secuencia propuesta por los técnicos que trabajaron en el proyecto, entre ellos Mark Linett y Alan Boyd. No es la versión definitiva, porque no existe, pero es el material que más se acerca al sonido que quería Brian. Obtuvo el Grammy al mejor álbum histórico en 2013.
Con esa edición se cerraba, en lo esencial, el misterio. Se pudo escuchar por fin cómo sonaban piezas como Surf’s Up y Heroes and Villains en su estado original, con los coros de las sesiones y los efectos pensados por Brian. Y se comprobó que la leyenda no era un invento. Había mucho material, y era extraordinario.
Otros discos de Brian
En paralelo, Brian siguió publicando música en solitario. Gettin’ In over My Head salió en 2004. That Lucky Old Sun, en 2008, es un ciclo de canciones sobre California que enlaza con su repertorio de juventud. En 2010 publicó un homenaje a George Gershwin, Brian Wilson Reimagines Gershwin, su compositor de cabecera desde niño. En 2015 llegó No Pier Pressure. En 2016 salió su autobiografía I Am Brian Wilson, escrita con Ben Greenman. Y la película Love & Mercy, presentada en 2014 y dirigida por Bill Pohlad, con Paul Dano y John Cusack como el compositor en dos épocas distintas, fue un retrato digno de su biografía.
También llegaron los reconocimientos. El grupo recibió un Grammy a la trayectoria en 2001, y Brian fue nombrado persona del año de la fundación MusiCares en 2005. Eran distinciones simbólicas para alguien que había pasado décadas siendo más conocido por su leyenda que por su música.
Cincuenta años después (2012)
En diciembre de 2011 se anunció algo que parecía imposible. Para celebrar el cincuenta aniversario del grupo, Brian Wilson, Mike Love, Al Jardine, Bruce Johnston y David Marks, el joven que había sustituido a Jardine al principio, volverían a reunirse para una gira y un disco nuevo. En febrero de 2012 actuaron juntos en la gala de los Grammy, y en abril empezó la gira en Tucson, Arizona.
El disco se titulaba That’s Why God Made the Radio y se publicó en junio de 2012. Alcanzó el tercer puesto en la lista de álbumes de Estados Unidos, su mejor resultado en décadas. Tiene canciones agradables y algunos momentos hermosos, como el tema que da título al álbum y el cierre, una suite de varias piezas entrelazadas. No es un gran disco, pero tampoco pretendía serlo. Funcionaba como una despedida conjunta, una forma de cerrar el círculo con las voces de siempre.
Una gira que se acabó pronto
La reunión duró menos de lo que muchos esperaban. En el otoño de 2012, Mike Love anunció que la gira del cincuenta aniversario había concluido y que continuaría actuando con el nombre del grupo, con Bruce Johnston y otros músicos. Brian y Al Jardine mostraron públicamente su desacuerdo. Love explicó que el plan siempre había sido una serie limitada de conciertos y que, por la licencia del nombre, tenía derecho a continuar. Las versiones no coinciden, y es difícil decidir quién tenía razón porque lo que se discute no son hechos comprobables sino expectativas.
Desde entonces, los antiguos compañeros siguieron caminos separados. Brian actuó con Jardine y con otros músicos, entre ellos Blondie Chaplin, el sudafricano de la época de Holland. Love y Johnston mantuvieron la formación que lleva el nombre oficial. En 2016 Love publicó sus memorias, Good Vibrations: My Life as a Beach Boy, donde defendió su versión de la historia y reivindicó su papel como letrista de muchos de los grandes éxitos.
A Love se le ha criticado por su actitud en los tribunales y por haber puesto reparos a algunos de los experimentos de Brian. Pero también es el autor de letras que forman parte del paisaje sonoro del siglo pasado, y la idea de que el grupo existió únicamente gracias a Brian no resiste un examen serio. La historia de los Beach Boys no se explica sin ninguno de los dos, aunque no siempre se entendieran.
Los últimos años de Brian (2013-2025)
Durante la década de 2010, Brian siguió actuando, con menos frecuencia cada año. En 2016 celebró el cincuenta aniversario de Pet Sounds con una gira en la que volvió a interpretar el disco, y en 2021 publicó un álbum de piano, At My Piano, con versiones íntimas de sus propias canciones.
El 30 de enero de 2024 murió Melinda, su esposa desde 1995. Poco después se supo que Brian padecía demencia, y un tribunal de California designó como tutores a su representante, LeeAnn Hard, y a su publicista de siempre, Jean Sievers. Ese mismo año se estrenó en una plataforma de televisión por internet The Beach Boys, un documental dirigido por Frank Marshall que reconstruía la historia del grupo con archivos y entrevistas con los miembros.
Brian Wilson murió el 11 de junio de 2025, a los 82 años. Su familia anunció el fallecimiento en un comunicado. Según los datos que se divulgaron después, la causa principal fue un paro respiratorio. La noticia produjo una cadena de homenajes de músicos de todos los géneros, de críticos y de aficionados que habían crecido con sus canciones.
Lo que queda del grupo (2025-2026)
Escribir sobre el presente de los Beach Boys exige cuidado, porque cambia con rapidez. Lo que sigue refleja la situación a finales de octubre de 2026.
De los cinco miembros originales, solo siguen con vida Mike Love y Al Jardine, según la información disponible a esta fecha. Love, que cumplió 85 años en marzo de 2026, encabeza la formación que actúa con el nombre The Beach Boys. Jardine hace giras por su cuenta con un grupo que se llama The Pet Sounds Band. Bruce Johnston, que se incorporó en 1965, es el tercer superviviente de la banda clásica.
En marzo de 2026 Bruce Johnston anunció que dejaba la banda de gira después de más de seis décadas. Explicó que quería dedicarse a escribir y grabar canciones, y que preparaba además una actividad como conferenciante. Aclaró que no se trataba de una despedida definitiva y que participaría en algunas ocasiones especiales. Con su marcha, Love quedó como único miembro de la etapa clásica en la formación que lleva el nombre oficial.
Los sesenta años de Pet Sounds
El 16 de mayo de 2026 se cumplieron sesenta años de la publicación de Pet Sounds. Para la ocasión, el sello Capitol y Universal pusieron a la venta el 15 de mayo varias ediciones. Una de ellas es un doble disco de vinilo con las mezclas originales en mono de 1966 y la mezcla en estéreo de 1996. Otra, The Pet Sounds Sessions: Highlights, es una selección de veinticinco pistas de la caja de cuatro discos que se había editado en 1997, con versiones alternativas, mezclas solo de voces y pistas instrumentales.
Las grabaciones de voces aisladas tienen un interés especial. Permiten oír, sin la orquesta, cómo cantaban Brian y sus compañeros en el estudio, y confirman por qué la crítica insiste tanto en la calidad de las armonías de aquel disco.
Un verano incierto
En julio de 2026, la banda de Love canceló o aplazó el resto de sus actuaciones de verano. Según informó la prensa estadounidense, el cantante, que había atravesado problemas de salud, no pudo actuar durante varias semanas. El 10 de octubre de 2026 volvió a los escenarios, en un concierto en Cincinnati, y la gira siguió con fechas anunciadas para las semanas posteriores.
Es una escena que describe bien el momento del grupo. Casi todos los protagonistas de la historia han muerto, y los que siguen en pie tienen más de ochenta años. Lo que se conserva, con una vitalidad que no se ha apagado, es la música.
Por qué suenan así
Las voces
Lo primero que se reconoce en un disco de los Beach Boys no es una melodía, sino una textura. Varias voces cantan acordes muy cerrados, con notas que se rozan, y el resultado suena a la vez dulce y ligeramente inestable. Es la herencia de los Four Freshmen, aprendida por Brian al piano y llevada mucho más lejos. Mientras que el cuarteto de jazz vocal trabajaba con cuatro voces, Brian superponía varias tomas de las voces en la cinta para conseguir densidades que no podían lograrse con cinco gargantas en directo.
Cada voz del grupo tenía un papel reconocible. Mike Love aportaba el registro grave y la voz solista de muchos de los éxitos de los primeros años, con un timbre algo nasal y muy directo. Al Jardine tenía una voz de tenor clara, de raíz folk. Carl Wilson poseía la voz más limpia y más emotiva de los cinco, y por eso se le confiaron las baladas más importantes. Dennis cantaba con una aspereza que contrastaba con el conjunto y le daba carácter. Y Brian, en sus mejores años, tenía un falsete de una agilidad notable, que se oye en canciones como Surfer Girl, Don’t Worry Baby y Good Vibrations.
Bruce Johnston, cuando se incorporó, se integró con naturalidad en ese entramado vocal.
Los acordes y los bajos
Los análisis musicales de la obra de Brian Wilson suelen señalar algunas características de su escritura. Utilizaba acordes con notas añadidas, inversiones que cambiaban el bajo de un acorde sin cambiar su naturaleza y modulaciones que desplazaban la canción de una tonalidad a otra sin avisar. En muchas de sus piezas, la tonalidad tarda en asentarse. God Only Knows es un ejemplo habitual. La melodía va por un camino, el bajo por otro, y el oyente no sabe con certeza cuál es el punto de reposo hasta bien entrada la canción.
Las líneas de bajo, a menudo interpretadas por Carol Kaye u otros músicos de estudio a partir de las indicaciones de Brian, funcionan como una segunda melodía. En lugar de limitarse a marcar las notas fundamentales de los acordes, se mueven con libertad. Es una de las razones por las que Pet Sounds ha sido tan estudiado por otros músicos.
El estudio como instrumento
La tercera pieza del sonido es la producción. Brian grababa en estudios de Los Ángeles con técnicos expertos y se sentía cómodo trabajando por capas. Experimentó con el eco, con la compresión, con la mezcla de instrumentos poco habituales, y con la edición de la cinta. En Good Vibrations unió secciones grabadas en lugares distintos como quien monta un collage. En Pet Sounds colocó clavicémbalos junto a latas de refresco y trompas junto a campanillas de bicicleta.
No fue el único en hacer algo así en esos años. Los Beatles y su productor George Martin trabajaban en una dirección parecida en Londres, y existía una influencia cruzada que se ha estudiado mucho. Pero Brian lo hizo con una peculiaridad. Escribía y producía la música de forma simultánea, y para él el estudio no era un lugar donde se registraban canciones ya terminadas, sino el sitio donde las canciones se terminaban de escribir.
Las letras
Las letras reciben menos atención que la música, y es un error. Mike Love escribió o ayudó a escribir la mayoría de las canciones sobre surf, coches y chicas, con un estilo directo y con mucho humor. Muchas de ellas retratan una juventud californiana de clase media, optimista y despreocupada, que vivía bajo un sol que parecía durar para siempre.
Tony Asher, en Pet Sounds, escribió desde un punto de vista más vulnerable. Y Van Dyke Parks, en Smile, optó por un lenguaje más abstracto y más literario. Las tres escrituras son muy distintas y cada una tiene su valor. Una de las razones por las que la historia del grupo es tan rica es que convivieron, y a veces chocaron, esas tres maneras de contar el mundo.
Por dónde empezar a escuchar
Quien se acerque por primera vez a los Beach Boys se enfrenta a un catálogo largo y desigual. Una manera razonable de recorrerlo es hacerlo por etapas.
Para los éxitos, lo más cómodo es un recopilatorio. Sounds of Summer: The Very Best of The Beach Boys, de 2003, reúne en un solo disco los sencillos principales de la etapa de Capitol, desde los primeros sencillos hasta Good Vibrations, y también Kokomo. Sirve de mapa, pero deja fuera casi todo lo que hace al grupo más interesante.
El siguiente paso es The Beach Boys Today! y Summer Days (And Summer Nights!!), de 1965. En ellos se oye cómo el grupo de los coches y las olas se convierte en un conjunto capaz de cantar sobre el desamor y la inseguridad. Contienen, además, California Girls y Help Me, Rhonda.
Después viene Pet Sounds, que no necesita presentación. Lo mejor es escucharlo entero, de principio a fin, y a poder ser en la mezcla en mono original. Cada canción tiene su propio color instrumental, y el conjunto cuenta una historia de ilusiones y dudas que se entiende sin necesidad de conocer su fama.
Para entender los años del desconcierto conviene combinar dos discos. Smiley Smile muestra la cara más extraña del grupo, con un sonido casero y esquivo. Wild Honey, en cambio, es una colección de canciones sencillas con aire de rhythm and blues, y resulta muy agradable de oír. Quien quiera acercarse a lo que habría sido Smile tiene dos caminos. Uno es The Smile Sessions, de 2011, con las grabaciones originales de los sesenta. El otro es Brian Wilson Presents Smile, la versión que el compositor registró en 2004.
Los discos de los primeros setenta suelen escucharse menos y merecen más atención. Sunflower y Surf’s Up contienen algunas de las mejores canciones de Dennis, de Carl y de Bruce Johnston, y tienen un tono más próximo al de la música californiana de su época que al del surf. Holland es más irregular, pero incluye Sail On, Sailor.
En el extremo opuesto está The Beach Boys Love You, un disco que recibió críticas frías en su momento y que hoy cuenta con defensores apasionados. Y Pacific Ocean Blue, de Dennis, es una de esas obras que se descubren tarde y se agradecen mucho.
Los discos posteriores a 1980 son, salvo excepciones, un asunto para los aficionados más completistas. Entre las excepciones están el primer disco en solitario de Brian, de 1988, y, a su manera, That’s Why God Made the Radio.
El único que surfeaba
La historia de los Beach Boys empezó con un tema elegido casi por azar. Cinco chicos que apenas sabían de olas cantaron al surf porque Dennis les dijo que era lo que estaba de moda. De aquel punto de partida salió una obra que llegó mucho más lejos de lo que nadie habría imaginado en la casa de Hawthorne, la de un músico que buscaba entre la luz y la sombra un sonido que todavía no existía.
Entre medias hay mucho más. Hay una familia que se quiso y se hizo daño. Hay un padre que impulsó al grupo y que complicó su camino. Hay un estudio de grabación que se convirtió en un laboratorio. Hay un disco, Pet Sounds, que cambió la idea de lo que podía ser un álbum de pop, y un proyecto, Smile, que tardó casi cuatro décadas en escucharse en directo. Hay pleitos, hay pérdidas, hay éxitos inesperados como Kokomo y fracasos que el tiempo ha transformado en obras de culto.
Y hay una imagen que cierra el círculo. El único Wilson que practicaba el surf, Dennis, murió en el mar y fue enterrado en él. Su hermano Brian dejó una música que sigue sonando en las playas de medio mundo y también, y quizá sobre todo, en las habitaciones donde la gente escucha sola.
Esa doble vida es la que explica que el grupo haya durado. Una canción como Surfin’ U.S.A. se puede cantar en una barbacoa. Una como God Only Knows se puede escuchar durante años sin llegar a agotarla. Las dos son de los Beach Boys, y ambas dicen algo verdadero sobre cómo era, y cómo sigue siendo, la juventud.