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Muse, la señal que nunca deja de emitir

Tres décadas después de formarse en un pueblo costero de Devon, el trío británico sigue reinventando el rock con su décimo álbum, "The Wow! Signal"

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Pocas bandas de rock han sabido sostener durante treinta años una idea tan simple como ambiciosa: que la música puede ser, al mismo tiempo, un espectáculo de ciencia ficción y una confesión emocional. Muse lleva desde 1994 cultivando esa paradoja, y en el verano de 2026 la ha vuelto a poner a prueba con The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio. La publicación del disco, sumada al arranque de una nueva gira mundial, convierte a este año en uno de los más intensos de su carrera reciente y ofrece una buena excusa para repasar el camino que ha llevado a tres amigos de instituto de un pueblo de veraneantes ingleses hasta lo más alto de las listas británicas.

Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard forman, contra todo pronóstico de la industria musical, una de las alineaciones más estables del rock contemporáneo. Ningún cambio de formación, ninguna disolución temporal, ninguna reunión forzada. Solo tres hombres que llevan tocando juntos desde que eran adolescentes y que, disco tras disco, han ido llevando su sonido desde el rock alternativo más crudo hasta la electrónica, el rock progresivo, el synth-pop ochentero y, ahora, una vuelta a la esencia que la crítica ha recibido como una de sus mejores producciones en años.

Ese recorrido, de casi treinta y dos años ya, permite leer la historia de Muse como un relato en diez capítulos, uno por cada álbum de estudio, en el que se puede seguir con bastante claridad la evolución de una banda que empezó imitando a sus héroes adolescentes y terminó convertida en referencia obligada para varias generaciones posteriores de grupos de rock alternativo. Pocas discografías ofrecen un contraste tan marcado entre sus distintas etapas y, al mismo tiempo, tan reconocible en su hilo conductor: la voz de falsete de Bellamy, la contundencia rítmica de la sección de bajo y batería, y una ambición sonora que rara vez se conforma con lo evidente.

Teignmouth, el origen de tres amigos de instituto

La historia de Muse empieza en Teignmouth, una pequeña localidad costera del condado de Devon, en el suroeste de Inglaterra. Allí coincidieron a comienzos de los años noventa Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard, todos ellos alumnos del Teignmouth Community College. Cada uno tocaba entonces en bandas distintas, hasta que Bellamy se presentó a una audición para tocar la guitarra en el grupo de Howard, llamado Carnage Mayhem. Se quedó con el puesto y, de paso, con el papel de cantante y compositor, algo que no estaba en sus planes iniciales.

El grupo cambió de nombre varias veces mientras buscaba su identidad: primero Gothic Plague, después Fixed Penalty y, finalmente, Rocket Baby Dolls, con una estética entre gótica y glam. Fue con ese nombre con el que, en 1994, ganaron una batalla de bandas local rompiendo sus instrumentos sobre el escenario como gesto de protesta. Poco después, Wolstenholme, que hasta entonces tocaba la batería en otra formación, aceptó pasarse al bajo y aprender el instrumento desde cero para completar el trío. En noviembre de ese mismo año adoptaron el nombre definitivo, Muse, elegido, según contaría más tarde Bellamy, simplemente porque era corto y quedaba bien en una camiseta.

Los tres músicos recibieron un pequeño impulso económico del Prince’s Trust para comprar equipo, y pronto llamaron la atención de Dennis Smith, propietario de los estudios Sawmills en Cornualles, quien conocía a sus familias desde hacía años. Ese vínculo resultaría decisivo para que la banda dispusiera de un espacio donde ensayar y grabar sus primeras maquetas sin la presión de los plazos comerciales, algo que marcaría su forma de trabajar en los años siguientes.

«Showbiz» y «Origin of Symmetry», los primeros pasos hacia el exceso

Muse publicó su álbum de debut, Showbiz, el 4 de octubre de 1999, producido por John Leckie. El disco mostraba a un grupo todavía muy influido por Radiohead, algo que la crítica de la época señaló de forma casi unánime, sobre todo por el uso que Bellamy hacía de un falsete nervioso que recordaba al de Thom Yorke. Canciones como Muscle Museum, Sunburn o Unintended revelaban ya, sin embargo, un gusto por el dramatismo y los contrastes dinámicos que se convertiría en marca de la casa. El álbum llegó al puesto 29 de las listas británicas, un resultado modesto pero suficiente para abrirles una puerta.

El verdadero salto llegó con Origin of Symmetry, publicado el 18 de junio de 2001 a través de Taste Media, con producción de Leckie y David Bottrill. Muse decidió entonces no contenerse: el disco es más oscuro, más pesado y considerablemente más ambicioso que su predecesor, con guitarras distorsionadas, órganos de iglesia y una teatralidad que muchos críticos y seguidores sitúan todavía hoy como el punto más alto de su discografía. Singles como Plug in Baby, New Born o una versión de Feeling Good, de Nina Simone, consolidaron a la banda como un fenómeno en el circuito europeo, aunque su repercusión en Estados Unidos seguía siendo limitada.

Ese segundo álbum funcionó también como declaración de intenciones frente a la industria: durante la grabación de Showbiz, la discográfica había presionado al grupo para que redujera el uso del falsete de Bellamy por miedo a que las radios no programaran las canciones. Muse se negó, cambió de sello y grabó el disco que quería. Esa tensión entre ambición artística y lógica comercial reaparecería, con distintas formas, a lo largo de toda su carrera.

Conviene detenerse en el propio nombre del grupo. Bellamy explicaría años después que buscaban algo breve, fácil de memorizar y que funcionara bien impreso en una camiseta o un cartel, sin mayor pretensión conceptual detrás. La sencillez de esa elección contrasta, de forma casi irónica, con la complejidad creciente de su música: pocas bandas han sido capaces de sostener durante tanto tiempo un repertorio tan cargado de referencias a la música clásica, la ciencia ficción y la teoría política sin perder por el camino su vocación de espectáculo masivo. Esa doble identidad, entre el rigor casi académico de sus arreglos y la voluntad de llenar estadios, se fraguó precisamente en esos primeros años de discos autoproducidos y giras modestas por el circuito británico.

«Absolution», el asalto definitivo a las listas

Con su tercer álbum, Absolution, publicado el 15 de septiembre de 2003, Muse dio el salto que llevaba tiempo persiguiendo. Esta vez trabajaron con el productor Rich Costey, que aportó un sonido más pulido sin renunciar a la épica que ya caracterizaba al grupo. El disco combina guitarras contundentes, arreglos orquestales y letras marcadas por la incertidumbre política del momento, en plena guerra de Irak, con temas como el fin del mundo, la paranoia colectiva o la vigilancia gubernamental.

Time Is Running Out, Hysteria y Stockholm Syndrome se convirtieron en himnos que todavía hoy forman parte del repertorio habitual de sus conciertos. Absolution fue también el primer disco de Muse en encabezar la lista de álbumes del Reino Unido, marcando el inicio de una racha que se prolongaría durante casi dos décadas. La banda respaldó el álbum con una gira intensa, de más de ciento treinta conciertos, que incluyó una actuación como cabeza de cartel en el festival de Glastonbury considerada por muchos aficionados como una de las mejores de su trayectoria.

Durante ese periodo de promoción, el grupo ya tenía en marcha ideas para el siguiente disco. Según ha documentado el sitio especializado MuseWiki, varias canciones se escribieron en paralelo a Absolution y no llegarían a publicarse hasta mucho después, o directamente quedarían inéditas, salvo alguna filtración ocasional. La banda, liberada de la presión de plazos ajenos gracias a su éxito comercial, pudo permitirse experimentar con calma en los estudios Miraval, en el sur de Francia, además de Avatar y Electric Lady, en Nueva York.

Ese proceso de escritura sin urgencias resultó determinante para lo que vendría después. En lugar de repetir la fórmula que les había funcionado en Absolution, el grupo empezó a acumular decenas de ideas y esbozos que no encajaban del todo en un único disco, una acumulación de material que explicaría, años más tarde, la variedad estilística de su siguiente entrega. También durante esta etapa la banda empezó a ganar peso en el circuito estadounidense, gracias en parte a la inclusión de canciones como Time Is Running Out en series de televisión y anuncios que ampliaron su exposición fuera del Reino Unido, un mercado que hasta entonces se había mostrado esquivo con el rock británico más excéntrico.

«Black Holes and Revelations», el salto a la estratosfera

El 3 de julio de 2006 llegó Black Holes and Revelations, publicado a través de Warner Bros. Records y el sello propio de la banda, Helium-3. El álbum mantiene la línea de Absolution pero suaviza su agresividad, incorporando influencias de música latina, folk, jazz, soul y sonidos urbanos que hasta entonces eran ajenos al repertorio de Muse. Las letras, además, se vuelven más ideológicas y políticas, con temas como la corrupción, las teorías de la conspiración sobre un nuevo orden mundial o la posibilidad de invasiones extraterrestres, un asunto que empezaba a fascinar abiertamente a Bellamy.

Singles como Supermassive Black Hole, con su groove entre el funk y el glam rock, Starlight, uno de los temas más radiofónicos de toda su carrera, o el space rock desatado de Knights of Cydonia, ampliaron enormemente su base de seguidores, especialmente en Estados Unidos. El disco fue nominado al Mercury Prize y llegó a vender más de cuatro millones y medio de copias en todo el mundo. También apareció en la selección de mil discos que hay que escuchar antes de morir, un reconocimiento poco habitual para una banda todavía joven.

La gira posterior, que se prolongó durante más de dos años y superó los ciento noventa conciertos, incluyó dos noches históricas en el estadio de Wembley, con acróbatas suspendidos sobre el público durante la interpretación de Blackout. Esas actuaciones se recogieron en el álbum en directo HAARP, publicado en formato CD y DVD, que confirmó a Muse como una de las bandas más espectaculares del circuito internacional de festivales y estadios.

Black Holes and Revelations marcó, además, un punto de inflexión en la forma en que la banda encaraba la escritura de un disco. Según ha recogido en varias ocasiones la prensa musical británica, el trío se tomó un mes de descanso tras el intenso ciclo de Absolution antes de encerrarse a componer, con la idea deliberada de no repetirse. El resultado fue un álbum más compacto que su predecesor, de apenas cuarenta y cinco minutos, pero capaz de abarcar registros tan distintos como el funk bailable de Supermassive Black Hole, la balada orquestal de Starlight o el western espacial de Knights of Cydonia, con su célebre introducción de guitarra española. Esa capacidad de condensar en un solo disco referencias tan dispares, sin que el conjunto perdiera coherencia, se convertiría desde entonces en una de las señas de identidad más reconocibles del grupo.

«The Resistance», distopía a gran escala

Tras dos años de descanso relativo, Muse regresó con The Resistance, publicado el 14 de septiembre de 2009. El disco profundiza en el imaginario distópico que ya asomaba en el trabajo anterior, con guiños directos a la novela 1984 de George Orwell y una estructura ambiciosa que culmina en Exogenesis: Symphony, una suite orquestal en tres partes que ocupa el tramo final del álbum. Fue el primer disco que la banda produjo enteramente por sí misma, sin recurrir a un productor externo, una decisión que marcaría también los dos trabajos siguientes.

Antes de salir de gira por el mundo, el grupo ofreció dos conciertos especiales en su Teignmouth natal, bautizados como A Seaside Rendezvous, sus primeras actuaciones en la localidad en quince años. Fue un gesto simbólico de vuelta a los orígenes justo antes de embarcarse en una gira mundial que llevaría a la banda a estadios cada vez más grandes, con producciones que incluían pantallas gigantes, pirotecnia y, en algunas fechas, un traje iluminado con leds que Bellamy lucía durante ciertos temas.

Con singles como Uprising, convertido en uno de los himnos más reconocibles de la banda, o Undisclosed Desires, de corte más pop y electrónico, The Resistance consolidó a Muse como una de las formaciones de rock más taquilleras del planeta, capaz de llenar estadios en varios continentes sin renunciar a la ambición conceptual de sus discos.

La decisión de autoproducirse por primera vez respondía también a un deseo de control creativo total. Sin un productor externo que mediara en las decisiones finales, Bellamy pudo llevar hasta sus últimas consecuencias su fascinación por la música clásica, presente ya desde la adolescencia gracias a su afición por compositores como Rachmaninov o Chopin, que asoma de forma explícita en los arreglos de piano y las estructuras de Exogenesis. Esa ambición sinfónica, poco habitual en un disco de rock destinado a estadios, generó opiniones encontradas entre la crítica, dividida entre quienes la consideraron un gesto valiente y quienes la vieron como un exceso innecesario, pero terminó por definir una parte central de la identidad artística de la banda en los años siguientes.

«The 2nd Law», el giro hacia el dubstep y la experimentación

En 2012 llegó uno de los discos más divisivos de su discografía, The 2nd Law, publicado el 1 de octubre de ese año. El álbum, un concepto sobre un planeta que se deteriora hasta volverse inhabitable para sus habitantes, incorpora elementos de dubstep, orquestaciones amplias con metales, cuerdas y coro, y una producción firmada íntegramente por Bellamy. La banda quiso experimentar con sonidos ajenos al rock tradicional, en parte inspirados por el auge de productores como Skrillex.

El resultado dividió a la crítica y a una parte de su público más veterano. Singles como Madness, de corte synth-pop y R&B, o Panic Station, con evidentes guiños al funk, mostraban una banda dispuesta a alejarse de su sonido característico, mientras que Survival, elegida como himno oficial de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y Animals, con su estructura en compás de cinco por cuatro, mantenían el pulso más progresivo de siempre. El disco recibió dos nominaciones a los Grammy, a Mejor Álbum de Rock y a Mejor Canción de Rock por Madness, aunque no llegó a ganar ninguna de las dos categorías.

Con el tiempo, el propio Wolstenholme reconocería que algunas de esas canciones resultaban poco satisfactorias de tocar en directo, lo que empujaría a la banda a plantearse un cambio de rumbo para el disco siguiente. Esa autocrítica interna resultaría decisiva para la evolución sonora que vendría después.

Más allá de la controversia sonora, The 2nd Law tiene también el mérito de haber sido el primer disco en el que Wolstenholme firmó composiciones propias, concretamente las canciones que abordan de forma más directa su propia superación de una adicción al alcohol que había atravesado en los años anteriores. Esa apertura hacia la escritura compartida, poco habitual hasta entonces en un grupo donde Bellamy concentraba casi toda la responsabilidad compositiva, amplió el espectro emocional del álbum y anticipó una mayor implicación de los otros dos miembros de la banda en discos posteriores. El título del disco, tomado de la segunda ley de la termodinámica, resume bien la ambición del proyecto: hablar del agotamiento de los recursos del planeta a través de una metáfora científica que Bellamy había investigado con detalle antes de ponerse a escribir.

«Drones», el regreso a las raíces y el primer Grammy

Después de la experimentación de The 2nd Law, Muse decidió dar un paso atrás y recuperar un sonido más directo, centrado en guitarra, bajo y batería. El resultado fue Drones, publicado el 5 de junio de 2015 a través de Warner Bros. y Helium 3, con Robert John Mutt Lange, veterano productor de AC/DC y Def Leppard, al frente de la producción, lo que permitió al trío pasar más tiempo tocando junto en la sala de control en lugar de trabajar por separado frente a distintos sintetizadores.

Drones es también un álbum conceptual, esta vez centrado en la deshumanización de los conflictos bélicos contemporáneos y en el uso de aviones no tripulados en la guerra moderna. La historia sigue a un soldado desde su adoctrinamiento como dron humano hasta su eventual rebelión, un relato que Bellamy relacionó abiertamente con su crítica al uso de drones militares durante la presidencia de Barack Obama. En el plano personal, varias canciones del disco, especialmente Dead Inside, reflejan también la ruptura de Bellamy con la actriz Kate Hudson, con quien había estado comprometido.

El álbum se convirtió en el quinto número uno consecutivo de la banda en el Reino Unido y en su primer disco en encabezar también las listas estadounidenses. En febrero de 2016, Drones le dio a Muse su primer premio Grammy al Mejor Álbum de Rock, un reconocimiento que llegaba después de varias nominaciones fallidas en discos anteriores. La gira posterior, la Drones World Tour, incorporó drones reales que sobrevolaban al público durante el espectáculo, y quedó recogida en un documental que llegó a los cines en el verano de 2018.

El propio Bellamy ha reconocido en distintas entrevistas que Drones funcionaba en dos niveles paralelos: uno político, centrado en la crítica a la guerra tecnológica y a la vigilancia masiva, y otro mucho más personal, ligado a la sensación de vacío emocional que atravesaba tras el final de su relación con Hudson. Esa doble lectura, entre lo macro y lo íntimo, es habitual en la escritura de Bellamy, que suele partir de un concepto amplio, casi periodístico, para acabar filtrando por él sus propias circunstancias vitales. Con el tiempo, Drones ha acabado siendo reivindicado por buena parte de la crítica como el disco que devolvió a Muse a un lugar de prestigio artístico después de las dudas generadas por The 2nd Law, allanando el camino para la etapa de mayor consolidación comercial que vendría después.

«Simulation Theory», el revival synth-pop de los ochenta

Muse regresó en 2018 con un giro estético marcado: Simulation Theory, publicado el 9 de noviembre a través de Warner Bros. y Helium 3. El disco se sumerge en la estética visual y sonora de los años ochenta, con sintetizadores brillantes, ritmos bailables y una portada que homenajea de forma explícita a películas y videojuegos de aquella década. Temáticamente, explora la hipótesis de la simulación, la idea filosófica y científica de que la realidad tal y como la conocemos podría ser una construcción artificial.

Singles como Dig Down, Pressure, Thought Contagion o The Dark Side mostraban a una banda cómoda en el terreno del pop electrónico, con colaboraciones puntuales de productores como Timbaland y Shellback que reforzaban ese giro hacia sonidos más comerciales. La recepción crítica fue desigual: mientras algunos medios elogiaron la audacia de reinventarse una vez más, otros consideraron que el concepto se diluía en la segunda mitad del disco y que ciertos temas se alejaban demasiado de la identidad histórica del grupo.

Pese a las divisiones críticas, Simulation Theory se convirtió en el sexto número uno consecutivo de Muse en el Reino Unido y superó el millón de copias vendidas en todo el mundo. La gira mundial que lo acompañó, con una escenografía de videojuego ochentero y proyecciones de gran formato, llevó a la banda por Norteamérica, Europa, Asia y también por Latinoamérica, con más de un millón de espectadores en apenas cincuenta y cinco conciertos documentados.

El propio concepto del disco, la hipótesis de que la realidad podría ser una simulación generada artificialmente, conectaba con debates que por entonces empezaban a popularizarse fuera del ámbito académico, impulsados por figuras del mundo de la tecnología y la divulgación científica. Muse trasladó esa idea a un lenguaje visual muy reconocible, con referencias directas a videojuegos clásicos, series de ciencia ficción y estética VHS, que convirtió los vídeos musicales del álbum en pequeñas piezas de nostalgia ochentera. Esa apuesta estética, que en su momento pareció arriesgada para una banda asociada al rock más solemne, terminó por abrirle una vía de diálogo con públicos más jóvenes, familiarizados con esos códigos a través de la cultura pop contemporánea antes que por la propia trayectoria histórica del grupo.

«Will of the People», la síntesis de toda una carrera

El noveno álbum de estudio de Muse, Will of the People, se publicó el 26 de agosto de 2022, tras un proceso de grabación que se extendió entre junio de 2020 y diciembre de 2021, marcado por las restricciones de la pandemia. El disco funciona como una suerte de recopilatorio de canciones nuevas: recoge y combina elementos de prácticamente toda su trayectoria anterior, desde el rock progresivo de sus inicios hasta el synth-pop más reciente, pasando por el glam rock y el rock de arena.

Temáticamente, el álbum aborda la polarización política, la desinformación y la fragilidad de las democracias contemporáneas, con singles como Won’t Stand Down, Compliance o Kill or Be Killed, de un tono más directo y contundente que el de su predecesor. La crítica especializada lo recibió de forma mayoritariamente positiva, destacando su capacidad para condensar el legado sonoro de la banda sin caer en la autoparodia, aunque algunas voces señalaron que el cierre del disco, con el tono desenfadado de You Make Me Feel Like It’s Halloween, resultaba algo desconcertante tras la intensidad del resto del tracklist.

Will of the People se convirtió en el séptimo número uno consecutivo de la banda en el Reino Unido, un logro que muy pocos artistas británicos pueden reivindicar en la era del streaming. La gira mundial asociada se extendió entre abril de 2022 y noviembre de 2023, con paradas en algunos de los grandes festivales españoles, como el Mad Cool y el Andalucía Big Festival, y confirmó una vez más a Muse como una de las bandas de directo más solicitadas del panorama internacional.

Parte de la gestación de Will of the People estuvo condicionada por el contexto excepcional en el que se grabó, con el mundo todavía inmerso en las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia. Esa situación, que impidió a la banda salir de gira durante buena parte de ese periodo, les dejó un tiempo inusualmente largo para revisar y pulir el material, lo que explica en parte la sensación de disco muy trabajado que transmiten canciones como Ghosts (How Can I Move On), una de las piezas más introspectivas del álbum. El propio título, que alude a la voluntad popular y a su fragilidad frente a la manipulación informativa, refleja las preocupaciones que Bellamy había desarrollado durante los confinamientos, cuando la desinformación y la polarización política se convirtieron en un tema recurrente de sus declaraciones públicas.

«The Wow! Signal», la señal que llega en 2026

Cuatro años después de Will of the People, Muse ha regresado con The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio, publicado el 26 de junio de 2026 a través de Warner Records y Helium 3. El propio proceso de gestación del disco se fue conociendo en pequeñas dosis. En febrero de 2025, Wolstenholme adelantó en una entrevista con Radio X que la banda entraría pronto en el estudio y que los seguidores podían esperar un nuevo álbum en 2026, salvo, dijo entonces con cierta ironía, que ocurriera algún desastre. Meses después, el grupo inició una gira de festivales europeos el 12 de junio de 2025 y aprovechó la primera noche para estrenar en directo Unravelling, publicada como single pocos días más tarde.

El título del disco rinde homenaje a uno de los episodios más célebres de la historia de la radioastronomía: la señal Wow!, una potente ráfaga de radio de setenta y dos segundos detectada en 1977 por el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio, procedente de la constelación de Sagitario, cuya intensidad y frecuencia llevaron al astrónomo Jerry Ehman a rodear la secuencia de datos con un círculo y escribir a mano la palabra que acabaría dando nombre al fenómeno. Según ha explicado la propia banda, el álbum explora una mezcla de misterio cósmico, esperanza existencial y la posibilidad, tan inquietante como estimulante, de un contacto con algo mucho más grande que la propia humanidad.

El camino hacia el disco no estuvo exento de sobresaltos. En enero de 2026, Muse canceló una serie de conciertos programados para febrero en Sudáfrica, India y los Emiratos Árabes Unidos, alegando circunstancias imprevistas, y pasó varias semanas sin ofrecer novedades públicas. Ese parón coincidió con un periodo de trabajo intenso en los estudios Abbey Road de Londres, donde el 18 de febrero de 2026 se grabaron las partes de cuerda del disco a cargo de la Orquesta Sinfónica Metropolitana de Londres, dirigida por Andy Brown, mientras que el coro Crouch End Festival Chorus se encargó de las partes corales. Bellamy relacionó públicamente aquel parón con un momento personal delicado, marcado por preocupaciones de salud, tanto física como mental, y por hacerse cargo en solitario de sus hijos durante un tiempo prolongado, unas palabras que el propio cantante compartió después para agradecer el trabajo de los músicos que colaboraron en el álbum.

La era promocional del disco arrancó formalmente el 9 de marzo de 2026, cuando la banda empezó a insinuar la llegada de nueva música. El 19 de marzo se publicó Be with You, segundo single del proyecto, junto a su videoclip, y ese mismo día se confirmaron tanto el título del álbum como su fecha de lanzamiento. El 3 de abril, Muse ofreció un concierto sorpresa en el O2 Academy Brixton de Londres, su primera actuación del año y su primer show en la capital británica desde 2023, donde debutaron en directo tanto Be with You como Cryogen, tema que se convertiría en el tercer single del disco el 24 de abril. Le siguieron Hexagons, publicado el 19 de mayo tras una campaña de vallas publicitarias crípticas repartidas por varias ciudades del mundo, y Nightshift Superstar, que llegó el 5 de junio como último adelanto antes del lanzamiento completo.

El resultado final son diez canciones y algo más de cuarenta y cinco minutos de música, grabados entre Abbey Road, los estudios Red Room de Santa Mónica y la iglesia First Congregational de Los Ángeles. El tracklist se abre con The Dark Forest y continúa con Nightshift Superstar, Shimmering Scars, Cryogen, Be with You, Hexagons, The Sickness in You & I y Unravelling, antes de desembocar en Hush, con la colaboración vocal de Ellie Goulding, y cerrar con la pieza orquestal Space Debris. Muse ha producido el disco junto a Dan Lancaster, colaborador habitual de la banda en sus directos, y Aleks Von Korff, en una alineación que combina de nuevo la autoproducción con apoyo externo puntual.

Musicalmente, The Wow! Signal recupera buena parte de la energía guitarrera de sus primeros discos sin renunciar a los elementos electrónicos que la banda ha ido incorporando desde The 2nd Law. Convive el rock contundente de Cryogen o The Sickness in You & I con el space pop luminoso de Hexagons, que juega con compases de seis por cuatro y estructuras poco convencionales, y con el giro hacia el disco-funk de Nightshift Superstar, que varios críticos han comparado con un cruce entre Daft Punk y Justice pasado por el filtro inconfundible de Muse. El cierre, Space Debris, apuesta por una orquestación amplia que recuerda a los finales más ambiciosos de discos anteriores.

La recepción crítica ha sido, en líneas generales, muy positiva, y coincide en señalar que se trata del trabajo más cohesionado de la banda desde la etapa de Black Holes and Revelations y The Resistance. Publicaciones como AllMusic han destacado que el disco logra algo que Will of the People solo esbozaba: en lugar de limitarse a citar los momentos más reconocibles de su propia historia, Muse consigue aquí canciones nuevas que suenan a evolución genuina y no a ejercicio de nostalgia. Otros medios, como Louder, han subrayado el equilibrio entre el espectáculo habitual del grupo y un contenido emocional más personal, con menciones explícitas a la fragilidad, la pérdida y la necesidad de consuelo que atraviesan canciones como Shimmering Scars o la propia Be with You.

En el plano comercial, The Wow! Signal debutó directamente en el número uno de la lista de álbumes del Reino Unido, con más de veintinueve mil copias vendidas en su primera semana, la mayoría en formato físico. Ese resultado le dio a Muse su octavo álbum número uno consecutivo en su país, una marca que sitúa al trío a la altura de artistas como Oasis, The Killers, Led Zeppelin, R.E.M. o Westlife en el listado histórico de bandas y solistas con más discos número uno en la historia de las listas oficiales británicas. El disco también lideró la lista específica de ventas en vinilo durante su semana de estreno.

Resulta llamativo que, casi tres décadas después de su debut, Muse siga generando este tipo de expectación en un mercado discográfico dominado por el streaming y los lanzamientos constantes de singles sueltos. La banda ha optado, disco tras disco, por mantener el formato del álbum conceptual como unidad narrativa completa, algo cada vez más excepcional en la industria musical actual. En el caso de The Wow! Signal, ese compromiso se refleja en la propia campaña promocional, construida a partir de referencias crípticas al fenómeno astronómico que da nombre al disco, con vallas publicitarias, secuencias numéricas y materiales visuales que solo cobraban sentido completo una vez publicado el álbum entero, una estrategia que ha reforzado la lectura del disco como una experiencia unitaria más que como una colección de canciones sueltas.

La colaboración con Ellie Goulding en Hush añade además un matiz poco habitual en la discografía de Muse, que rara vez ha recurrido a colaboraciones vocales externas en sus álbumes de estudio. La combinación entre el falsete de Bellamy y la voz de Goulding, ambos artistas británicos de generaciones distintas dentro del pop y el rock alternativo, ha sido interpretada por parte de la crítica como un gesto de apertura hacia un público más amplio, sin que ello suponga una renuncia al tono conceptual del resto del disco. El tema, según ha explicado la propia banda, refuerza precisamente la idea central que atraviesa todo el álbum: la certeza de que, en medio de la inmensidad del universo, nadie puede estar verdaderamente solo.

La gira «The Wow! Signal Tour» y los próximos pasos

La promoción de The Wow! Signal se ha traducido en una gira de gran escala que ha llevado a la banda de vuelta a los escenarios después de casi tres años sin publicar material nuevo. El tramo norteamericano, bautizado como The Wow! Signal Tour, arrancó el 2 de julio de 2026 con una actuación en el festival Summerfest de Milwaukee y continuó por anfiteatros y recintos al aire libre de Estados Unidos y Canadá hasta el 31 de agosto, con un cierre en el emblemático Hollywood Bowl de Los Ángeles. En total, la banda recorrió una veintena de ciudades, entre ellas Chicago, Toronto, Nueva York, Dallas o Atlanta, acompañada en distintas fechas por Bloc Party, Portugal. The Man y The Temper Trap.

Para la segunda mitad del año, Muse ha confirmado un tramo europeo que se desarrollará entre noviembre y diciembre de 2026, con paradas confirmadas en ciudades como Mánchester, Londres, París o Milán, además de varias fechas en Alemania. Se trata, de momento, de una gira de dimensiones más reducidas que las anteriores, centrada en recintos cubiertos, mientras que Bellamy ha adelantado en distintas entrevistas que una gira de estadios por Europa, de mayor envergadura, podría llegar en 2027. Por el momento, y a diferencia de ocasiones anteriores, ningún concierto en España figura confirmado dentro de este tramo europeo, algo que ha generado cierta decepción entre los seguidores del país, acostumbrados a ver a la banda en festivales como el Mad Cool en años recientes.

Un directo que se ha convertido en marca de la casa

Más allá de sus discos, buena parte de la leyenda de Muse se ha construido sobre los escenarios. Desde los primeros estadios que llenaron a finales de la década de 2000 hasta las giras más recientes, el grupo ha apostado sistemáticamente por escenografías ambiciosas: pantallas de grandes dimensiones, juegos de láser, pirotecnia, trajes iluminados y, en el caso de la gira de Drones, drones reales sobrevolando al público. Esa querencia por el espectáculo no ha sido nunca gratuita, sino que suele estar al servicio del concepto de cada disco, reforzando visualmente las historias de vigilancia, rebelión o contacto extraterrestre que atraviesan sus letras.

Esa dimensión escénica ha sido reconocida en numerosas ocasiones por la industria musical. A lo largo de su carrera, Muse ha recibido dos premios Grammy al Mejor Álbum de Rock, por Drones en 2016, un American Music Award, cinco MTV Europe Music Awards, dos premios Brit, once premios NME y siete Q Awards, entre muchos otros reconocimientos, además de haber vendido más de treinta millones de discos en todo el mundo desde el inicio de su carrera. Pocas bandas de su generación pueden presumir de un palmarés tan extenso sin haber sufrido cambios de formación ni rupturas prolongadas.

Parte de ese directo tan reconocible se apoya también en la ampliación puntual de la formación sobre el escenario. Desde la publicación de Black Holes and Revelations, Muse ha contado en sus giras con la colaboración de Morgan Nicholls, encargado de teclados, sintetizadores, coros y percusión adicional, lo que ha permitido al trío original reproducir en directo los arreglos cada vez más complejos de sus discos sin renunciar a la etiqueta de banda de tres integrantes. Esa fórmula, poco habitual en el rock de estadios, ha permitido a Muse mantener intacta su identidad original mientras ampliaba progresivamente la riqueza sonora de sus espectáculos en vivo, desde los recintos modestos del circuito universitario británico de finales de los noventa hasta los estadios de decenas de miles de personas que llena en la actualidad.

Treinta años después, la misma obsesión por lo desconocido

Vista en perspectiva, la trayectoria de Muse dibuja una curva poco habitual dentro del rock contemporáneo: la de una banda que nunca ha dejado de cambiar de piel sin renunciar a su identidad de fondo. Del falsete adolescente de Showbiz al space rock orquestal de Origin of Symmetry, de la épica política de Absolution y Black Holes and Revelations al giro electrónico de The 2nd Law, del regreso a las raíces de Drones al synth-pop de Simulation Theory, y de la síntesis nostálgica de Will of the People a la nueva vuelta de tuerca de The Wow! Signal, el trío de Teignmouth ha demostrado una capacidad poco común para reinventarse sin perder a su público por el camino.

Treinta y dos años después de que tres adolescentes decidieran romper sus instrumentos sobre un escenario como gesto de protesta, Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard siguen obsesionados con las mismas preguntas de siempre: qué hay más allá de lo que podemos ver, cómo convive el individuo con sistemas de poder que lo superan y qué papel juega la emoción humana en medio de tanta grandilocuencia sonora. La señal Wow! de 1977 nunca llegó a repetirse ni a explicarse del todo. Treinta años después de su formación, Muse parece decidido a seguir escuchando el cielo, por si acaso, algún día, esa señal vuelve a aparecer.

Con una gira mundial en marcha, un décimo álbum situado ya en lo más alto de las listas británicas y una base de seguidores que se ha ido renovando generación tras generación, el trío de Teignmouth encara la segunda mitad de la década de 2020 en una posición envidiable para una banda de rock con más de tres décadas de trayectoria. Ni el paso del tiempo ni los cambios radicales en la industria musical han logrado apagar esa mezcla de ambición sonora y curiosidad casi científica que define a Muse desde sus primeros conciertos en Devon. Queda por ver qué nueva forma adoptará esa curiosidad en el próximo capítulo de su historia, pero, a juzgar por lo hecho hasta ahora, es probable que vuelva a sorprender incluso a quienes llevan siguiéndolos desde el principio.

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