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La Bienal de Venecia 2026: fechas, artistas y claves de una edición marcada por el legado de Koyo Kouoh


Bienal de Venecia

La Bienal de Venecia de 2026 ya tiene contornos definidos. Hay fechas, hay título, hay una lista amplia de artistas invitados y hay también un marco simbólico que la distingue desde antes de abrir sus puertas. La 61ª Exposición Internacional de Arte se celebrará del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026, con jornadas de preapertura los días 6, 7 y 8 de mayo. Como es habitual, el núcleo de la muestra se desplegará entre los Giardini y el Arsenale, además de otras sedes repartidas por la ciudad.

Esta edición llega marcada por una circunstancia extraordinaria: el proyecto curatorial fue concebido por Koyo Kouoh, fallecida de forma repentina en mayo de 2025, cuando el trabajo de preparación ya estaba muy avanzado. La Biennale decidió mantener la exposición siguiendo el planteamiento que ella había dejado definido, de modo que la cita de este año se presenta al mismo tiempo como un gran acontecimiento internacional y como la realización de una visión curatorial que no pudo ser presentada en vida por su autora.

El título elegido es In Minor Keys, una formulación que, más que anunciar una exposición de perfil bajo, sugiere una manera distinta de escuchar el presente. En lugar de apostar por el gesto estridente o por el diagnóstico espectacular, la muestra propone prestar atención a registros más sutiles: lo afectivo, lo sensorial, lo íntimo, lo subjetivo y lo relacional. En una época dominada por la velocidad, la saturación y el conflicto permanente, la idea de “tonos menores” funciona aquí como una posición crítica.

Cuándo será y cómo se organizará la muestra

La Bienal abrirá al público el sábado 9 de mayo y se prolongará hasta el domingo 22 de noviembre de 2026. La ceremonia de inauguración y la entrega de premios están previstas para los primeros días de apertura, en línea con la tradición del evento. Durante los meses centrales del calendario artístico europeo, Venecia volverá a convertirse en un punto de encuentro para comisarios, artistas, coleccionistas, críticos, museos y prensa de todo el mundo.

La estructura del evento será, una vez más, enorme. La exposición internacional reunirá a 111 participantes invitados entre artistas, dúos, colectivos y organizaciones lideradas por artistas. A eso se sumarán 99 participaciones nacionales y 31 eventos colaterales repartidos por distintos espacios de la ciudad. Es decir, la Bienal no será una única exposición, sino una constelación de propuestas simultáneas que transformarán Venecia en una ciudad atravesada por el arte contemporáneo durante más de seis meses.

Esa escala explica en parte la influencia de la Bienal. No tiene el formato comercial de una gran feria, pero su capacidad para marcar conversaciones, impulsar carreras y ordenar jerarquías simbólicas dentro del sistema internacional del arte sigue siendo enorme. Cada edición funciona como una especie de termómetro del momento: señala qué temas dominan, qué escenas ganan visibilidad y qué artistas pasan a ocupar el centro del debate.

El legado de Koyo Kouoh

Pocas veces una Bienal había quedado tan determinada por la ausencia de su comisaria. Koyo Kouoh, figura esencial del pensamiento curatorial contemporáneo, dejó esbozado con precisión el sentido de esta edición. Su equipo más cercano continuó el trabajo respetando la arquitectura general del proyecto, lo que convierte la muestra en una realización directa de su mirada.

Eso se percibe en varios niveles. En primer lugar, en la geografía de la selección. La lista de participantes pone un énfasis claro en trayectorias vinculadas a África, al Caribe, a América Latina, a Asia occidental y meridional, así como a escenas que durante décadas no ocuparon un lugar tan visible en el centro del relato artístico internacional. En segundo lugar, en el tono conceptual del proyecto, alejado del exceso de tesis y de la retórica curatorial grandilocuente. Y, por último, en la atención a la relación entre arte, experiencia, memoria, cuerpo, escucha y comunidad.

No se trata de una Bienal construida para ofrecer una única consigna política o una sola interpretación del presente. Más bien parece una exposición pensada para tejer relaciones entre obras, contextos y sensibilidades diversas. En ese sentido, la herencia de Kouoh no será solo un elemento emocional o biográfico. Será, sobre todo, el núcleo intelectual de la edición.

Qué significa In Minor Keys

El título de la Bienal permite leer buena parte de su ambición. In Minor Keys remite a un campo semántico que viene de la música, pero que aquí se amplía hacia una poética de la percepción. Lo menor no equivale a lo pequeño ni a lo secundario. Equivale a una frecuencia distinta. A una forma de trabajar fuera del grito, del titular fácil o de la simplificación.

La propuesta parece especialmente pertinente en el contexto actual. El mundo llega a 2026 atravesado por guerras, polarización, crisis migratorias, emergencia climática y aceleración tecnológica. Muchas grandes exposiciones internacionales han respondido en los últimos años con modelos curatoriales centrados en el archivo del desastre o en la acumulación de discursos críticos. Kouoh parece haber elegido otro camino: no apartarse del presente, pero tampoco reducir el arte a comentario ilustrativo de las crisis.

Eso puede dar lugar a una Bienal más compleja y menos previsible. Una exposición donde lo político no aparezca solo en forma de denuncia literal, sino también a través de la sensibilidad, del ritmo, del cuerpo, de la memoria y de las formas de estar con otros. El título sugiere, en definitiva, una invitación a escuchar donde normalmente solo se mira.

Los artistas invitados más destacados

La lista de la exposición internacional mezcla figuras históricas, artistas muy consolidados y nombres estrechamente vinculados con la renovación de la escena contemporánea. Entre los participantes más conocidos figuran Laurie Anderson, Kader Attia, Sammy Baloji, Alvaro Barrington, Nick Cave, Torkwase Dyson, Alfredo Jaar, Wangechi Mutu, Otobong Nkanga, Walid Raad, Tabita Rezaire, Khaled Sabsabi, Cauleen Smith, Tsai Ming-liang y Billie Zangewa.

A ellos se suman otros nombres de gran interés, algunos vinculados a genealogías críticas y experimentales muy potentes. También aparecen figuras históricas o ya fallecidas integradas en la exposición, lo que sugiere una construcción no solo contemporánea en el sentido estricto del término, sino también genealógica. La Bienal no parecerá interesada únicamente en lo nuevo, sino en cómo ciertas obras y ciertas tradiciones resuenan en el presente.

Hay además una presencia significativa de colectivos y organizaciones artísticas, lo que introduce otra dimensión clave del proyecto. No todo pasa por la figura del artista individual como estrella del sistema. Plataformas como RAW Material Company, blaxTARLINES KUMASI, Nairobi Contemporary Art Institute o lugar a dudas indican una atención a los espacios de producción, pensamiento y circulación colectiva del arte.

Quiénes pueden ser las grandes estrellas de la edición

Aunque una Bienal no funciona exactamente como una feria o como una temporada de premios, siempre hay nombres que concentran una atención especial antes incluso de la apertura. En 2026, uno de esos focos inevitables será Laurie Anderson. Su trayectoria entre música, performance, palabra e imagen la convierte en una presencia de enorme peso simbólico y artístico.

Otra de las figuras llamadas a ocupar un lugar central es Wangechi Mutu, una de las artistas más influyentes del panorama internacional de las últimas dos décadas. También parten con un perfil altísimo nombres como Kader Attia, Otobong Nkanga, Alfredo Jaar o Nick Cave, todos ellos artistas capaces de activar debates muy amplios y de producir obras con gran impacto visual, espacial y crítico.

Entre las presencias que probablemente atraerán mucha atención especializada está Tsai Ming-liang, una figura mayor del cine contemporáneo cuya aparición en la muestra internacional amplía el diálogo entre arte visual y lenguaje cinematográfico. También es previsible que despierten gran interés propuestas de Walid Raad, Tabita Rezaire, Billie Zangewa o Sammy Baloji, artistas cuyas trayectorias encajan con especial naturalidad en una Bienal construida desde la memoria, la relación entre historia y subjetividad, y los desplazamientos del centro cultural tradicional.

Un mapa más amplio del arte contemporáneo

Uno de los rasgos más llamativos de esta edición es el modo en que reordena el mapa simbólico del arte global. La presencia de artistas africanos, afrodescendientes, caribeños y latinoamericanos no parece una simple cuestión de cuota o corrección institucional. Está en el centro mismo del proyecto. La selección responde a una comprensión del arte contemporáneo menos dependiente del eje tradicional Europa-Estados Unidos y más atenta a escenas, redes y genealogías históricamente menos visibles en este tipo de plataformas.

Eso no significa que desaparezcan los grandes nombres del circuito occidental, sino que pasan a compartir protagonismo en un entramado más diverso. La Bienal de 2026 parece decidida a mostrar un arte contemporáneo verdaderamente mundial, no solo por origen geográfico de los participantes, sino por las formas de pensar, producir y conectar que atraviesan las obras.

En un momento en el que muchas instituciones proclaman diversidad sin alterar de verdad sus lógicas profundas, esta edición podría resultar significativa precisamente por eso: porque la redistribución del foco no parece decorativa, sino estructural.

Los países que debutan en la Bienal

La Bienal contará con 99 participaciones nacionales. Entre ellas habrá siete países presentes por primera vez: Guinea, Guinea Ecuatorial, Nauru, Qatar, Sierra Leona, Somalia y Vietnam. Además, El Salvador participará por primera vez con pabellón propio.

La noticia es relevante por varios motivos. Por un lado, confirma que la Bienal sigue siendo un lugar de alta visibilidad diplomática y cultural. Estar en Venecia importa. Por otro, amplía el campo de representación de una institución que durante mucho tiempo estuvo dominada por una geografía mucho más restringida. La incorporación de nuevos países no transforma automáticamente el sistema del arte, pero sí modifica el escenario en el que ese sistema se representa a sí mismo.

También conviene leer este crecimiento en clave política. En una época de tensiones internacionales, bloques inestables y conflictos abiertos, la Bienal sigue defendiendo su papel como espacio de intercambio cultural. La presencia de nuevos pabellones refuerza esa condición y convierte a Venecia, una vez más, en un lugar donde el arte y la diplomacia simbólica se entrelazan.

Los pabellones nacionales más observados

Como en cada edición, parte de la expectación recaerá sobre los pabellones nacionales más visibles, especialmente los instalados en los Giardini. Francia presentará Comme Saturne, con Yto Barrada. Gran Bretaña estará representada por Lubaina Himid con Predicting History: Testing Translation. Alemania llevará Ruin, con Henrike Naumann y Sung Tieu. Estados Unidos presentará Call Me the Breeze, con Alma Allen. Brasil reunirá a Rosana Paulino y Adriana Varejão en Comigo ninguém pode. Japón apostará por Ei Arakawa-Nash con Grass Babies, Moon Babies.

A esa lista se añaden otros proyectos de gran interés. Australia estará representada por Khaled Sabsabi. Italia presentará una propuesta de Chiara Camoni. Corea del Sur llevará una exposición de Goen Choi y Hyeree Ro. Países Bajos apostará por Dries Verhoeven. Todos ellos parten con capacidad para atraer atención mediática y crítica.

Lo interesante, sin embargo, será ver si estos pabellones dialogan con el tono general de la exposición internacional o si, por el contrario, configuran una cartografía paralela. En la Bienal, esa tensión entre el discurso curatorial central y la autonomía de los pabellones nacionales suele ser una de las dinámicas más fértiles.

El pabellón de España

España acudirá a la Bienal con el proyecto Los restos, comisariado por Carles Guerra y protagonizado por Oriol Vilanova. La propuesta se presentará en el pabellón español de los Giardini, uno de los espacios históricos del recinto.

El título sugiere una línea de trabajo muy abierta, pero también muy precisa en sus posibles resonancias: restos materiales, residuos históricos, fragmentos de memoria, supervivencias culturales, huellas de circulación y archivo. La combinación de Guerra y Vilanova hace pensar en un proyecto atento a los mecanismos por los que la historia se acumula, se desplaza, se ordena y se transforma en imagen o en relato.

A falta de conocer el montaje final, el pabellón español parte con una identidad fuerte. No parece una propuesta burocrática ni genérica, sino una intervención con potencial para insertarse de manera relevante en varias de las discusiones centrales de esta edición.

Gaza, Qatar y la política de la representación

La Bienal de Venecia nunca está al margen de la política internacional, aunque no siempre la incorpore del mismo modo. En 2026 esa dimensión será especialmente visible. Entre los eventos colaterales ya anunciados figura una exposición vinculada a Gaza organizada por el Palestine Museum US en Palazzo Mora. También se ha confirmado la presencia de un proyecto impulsado por VCUarts Qatar.

No son datos menores. La participación por primera vez de Qatar entre los pabellones nacionales y la inclusión de una propuesta sobre Gaza indican que la cartografía política del presente tendrá una presencia clara en la ciudad. En la Bienal, la política aparece no solo a través de las obras, sino también mediante las instituciones que participan, las ausencias, los títulos, los apoyos estatales y los desplazamientos simbólicos.

Por eso esta edición será observada también desde fuera del mundo estrictamente artístico. No solo importará qué obras resultan más potentes, sino cómo se organizan las representaciones nacionales en un contexto internacional especialmente tenso.

Qué puede dejar la Bienal de 2026

Aún falta ver las obras instaladas, los montajes definitivos y la respuesta de la crítica, pero ya hay señales claras sobre el tipo de Bienal que se prepara. Todo apunta a una edición menos interesada en el eslogan y más centrada en la intensidad, la escucha, la memoria y las formas de relación entre prácticas artísticas, contextos históricos y sensibilidades contemporáneas.

Eso puede hacer de 2026 una de las Bienales más densas de los últimos años. No necesariamente la más espectacular, aunque sin duda habrá obras de gran fuerza visual. Pero sí una de las más significativas en términos de reordenación del mapa artístico global y de redefinición del lenguaje curatorial de las grandes exposiciones internacionales.

Será también una Bienal inevitablemente leída a través de la ausencia de Koyo Kouoh. Sin embargo, todo indica que su legado no funcionará como un simple homenaje póstumo, sino como una presencia real en el cuerpo mismo de la exposición. La pregunta no será solo qué habría hecho Kouoh si hubiera podido inaugurarla, sino qué significa que su pensamiento curatorial se despliegue ahora, en una de las plataformas más importantes del arte contemporáneo, en un momento histórico especialmente cargado.

La Bienal de Venecia 2026 ya tiene, por tanto, algo más que calendario y nombres propios. Tiene una temperatura intelectual, una geografía distinta, una fuerte presencia de artistas y escenas que durante demasiado tiempo fueron periféricas en este tipo de eventos, y un conjunto de pabellones nacionales que promete convertir la ciudad en un campo de debate intenso. Desde el 9 de mayo, Venecia volverá a ser el lugar donde el arte contemporáneo intenta medir el estado del mundo. Esta vez lo hará, además, en una tonalidad distinta: menos estridente, más atenta, quizá más profunda.

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