Hay fotógrafas que documentan el mundo. Hay fotógrafas que lo interpretan. Y luego está Viviane Sassen, que lo sueña. Nacida en Ámsterdam el 5 de julio de 1972, esta artista neerlandesa ha construido a lo largo de más de treinta años un universo visual tan personal e inconfundible que resulta casi imposible encontrarle equivalente en la fotografía contemporánea. Su mirada mezcla el color saturado con la sombra radical, el cuerpo convertido en forma escultórica, la memoria de infancia y el surrealismo más visceral. No es extraño, por tanto, que el festival PHotoESPAÑA la haya elegido como gran protagonista de su 29ª edición, otorgándole el Premio PHE26 y dedicándole la exposición más ambiciosa de su programación.
La artista neerlandesa, galardonada con el Premio PHotoESPAÑA 2026, reúne más de tres décadas de trabajo en el Teatro Fernán Gómez, en la que es su primera muestra individual en España. Bajo el título LUX & UMBRA, que no podría ser más fiel a su lenguaje, Sassen llega a Madrid para demostrar que su obra es, ante todo, una exploración inagotable de lo que la luz y la oscuridad pueden decir cuando se enfrentan sobre un mismo plano.
Una infancia en Kenya que lo cambió todo
Para entender a Viviane Sassen hay que viajar a Kenya. No metafóricamente, sino de forma muy literal. Su padre era el director de la clínica de la aldea donde vivían y cuando Viviane cumplió cinco años volvieron a Ámsterdam. La pequeña Viviane no estaba preparada y quería volver a Kenya. Esos primeros años de vida en el continente africano, con su luz brutal e implacable, sus sombras largas al mediodía y los colores que parecen no caber en ningún referente europeo, se instalaron en su memoria con la intensidad de las cosas que se viven antes de saber que se viven.
Sassen pasó sus años de infancia en el África oriental. Describe cómo, al regresar a los Países Bajos con su familia, se sintió como una extranjera en su propio país, aunque también sabía que había sido una foránea en África. Esa doble condición de pertenencia y extrañeza, de estar siempre a medio camino entre dos mundos, impregna toda su producción fotográfica. No es una artista que documente culturas ajenas ni que reclame una objetividad imposible. Es, más bien, alguien que usa el continente africano como espejo donde buscar algo propio, algo que se fue quedando enterrado bajo capas de asfalto y de invierno europeo.
Hoy en día sigue contando que para ella África es el contraste de colores brillantes y de la luz y las sombras, y es lo que ella refleja en su obra. Esa relación con la luz no es meramente técnica ni estética. Es casi física, casi autobiográfica. Cuando Sassen fotografía una sombra cayendo sobre un cuerpo hasta hacerlo desaparecer, está recuperando algo de aquellos mediodías kenianos en los que la claridad del sol aplastaba cualquier contorno.
De la moda a las bellas artes: una formación sin fronteras
Viviane Sassen nació en Ámsterdam, donde aún vive y trabaja. Estudió moda antes de formarse como fotógrafa en la Escuela de Arte de Utrecht (HKU) y en Ateliers Arnhem. Ese recorrido formativo que empieza en el diseño de moda y deriva hacia la fotografía artística no es un detalle menor. Define la manera en que Sassen concibe la imagen: con un ojo entrenado para la forma, el tejido, la silueta y la composición, pero con una vocación que trasciende el objeto y busca siempre algo más difícil de nombrar.
Estudió moda en la Real Academia de Arnhem y trabajó como modelo para Victor & Rolf, y poco después fue a Utrecht en 1992 para realizar un máster de fotografía. Realizó su tesis en forma de libro de fotografía, inspirada por artistas como Nan Goldin, Larry Clark, Araki y Richard Billingham. Son referencias que dicen mucho: fotógrafos que usaron la cámara para explorar cuerpos reales, intimidades expuestas, emociones sin filtro. Desde el principio, Sassen entendió la fotografía como un medio que podía cargar con toda la densidad de la experiencia vivida, y no solo como un instrumento de representación.
Siendo joven, Sassen utilizó la fotografía como un medio para explorar su sexualidad, haciendo desnudos de ella misma, de su novio y de sus compañeras. Era muy tímida, pero cuenta que «quería esconder su cuerpo al mismo tiempo que mostrarlo». Esa tensión entre el deseo de mostrarse y el impulso de desaparecer bajo la superficie, entre lo visible y lo que se oculta, recorre toda su obra como un hilo conductor que nunca se rompe del todo.
El lenguaje propio: geometría, sombra y cuerpo
Hay imágenes de Viviane Sassen que se reconocen antes de leer su firma. Eso es lo más difícil de conseguir en fotografía: un lenguaje tan particular que funciona como una huella dactilar. El enfoque característico de Sassen emplea colores vívidos junto a contrastes marcados de luz y sombra en composiciones de carácter escultórico.
El cuerpo humano, en su obra, no es simplemente el sujeto fotografiado. Es materia plástica, volumen, superficie. Sus modelos aparecen frecuentemente con el rostro oculto, los miembros fragmentados por el encuadre, los torsos convertidos en abstracciones geométricas que dialogan con la arquitectura o el paisaje que los rodean. En su trabajo no sigue las reglas de la fotografía típica, sino que busca colocar a sus modelos en contextos inusuales, con pocos apoyos, a la vez que dirige la escena como directora de danza con una coreografía absolutamente contemporánea.
Esa relación con el cuerpo tiene una dimensión crítica que va más allá de la estética. La representación del cuerpo, a la vez sensible e íntima, plantea cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de la mirada, tan a menudo asociada al deseo masculino en la historia del medio fotográfico. Sassen no fotografía cuerpos para que sean deseados de la manera convencional. Los fotografía para que sean pensados, para que planteen preguntas, para que incomoden ligeramente esa comodidad con la que solemos consumir imágenes de cuerpos ajenos.
Hay una parquedad en la información visual compensada por el uso de colores brillantes y de alta sensibilidad, consiguiendo imágenes muy contrastadas, estéticamente radicales y atractivas. Sus fotografías no abruman con información. Dan lo justo, y precisamente esa elipsis visual es la que invita al espectador a completar la imagen con su propia imaginación.
Las series africanas: donde nació su voz
La vuelta de Sassen al continente africano como fotógrafa, a partir de 2002, fue el momento en que su lenguaje cuajó definitivamente. De los viajes nacieron las series fotográficas Cape Flats (2002), Flamboya (2008), Sketches (2010), Die Son Sien Alles (2011) y Parasomnia (2011). Cada una de ellas es un capítulo distinto de una misma exploración, pero todas comparten esa tensión entre la memoria personal y la realidad del lugar, entre lo que se recuerda y lo que se encuentra.
Flamboya, que recorre países como Kenya, Uganda, Tanzania, Zambia y Ghana entre 2002 y 2008, es quizás la serie donde el tratamiento de la sombra alcanza su expresión más radical. Bajo una luz solar intensa y en medio de una vegetación y ropa vibrantes, los rostros de los modelos quedan frecuentemente ocultos por sombras densas, con la piel oscura tornándose verdaderamente negra y sin detalle. A pesar del arcoíris de colores saturados presentes en las imágenes, es la oscuridad lo que está en su núcleo, lo que atrae la atención y nos absorbe.
La propia Sassen ha explicado este procedimiento. Durante una conferencia en el Brighton Photo Biennial, en la que se expuso una selección de Flamboya, la artista explicó: «La sombra convierte a una persona en una especie de símbolo. Ya no se trata de esa persona en particular; él o ella representa una idea. Es mucho más sobre lo universal que sobre lo personal.» Ahí está la clave de su método: la sombra no es una ausencia, sino una forma de presencia diferente, una manera de elevar lo particular a lo simbólico.
Parasomnia, publicada en 2011, ahonda en el terreno del inconsciente y el sueño. La serie comprende fotografías tomadas en el África occidental y oriental a lo largo de dos años, así como algunas tomadas en Europa, que enmarcan sus narrativas enigmáticas y a menudo perturbadoras. El título es muy preciso: la parasomnia es un trastorno del sueño, ese estado intermedio entre el despertar y el sueño profundo en el que la mente mezcla ambas dimensiones. Sassen ha dicho que trabajar en África abre las puertas de su subconsciente con mayor amplitud, que sus sueños son muy vívidos cuando está allí.
Parasomnia es una exploración más onírica de África, que se basa en los recuerdos de la infancia y los sueños vívidos. El paso al blanco y negro en parte de esta serie intensifica el efecto de extrañamiento: los cuerpos parecen flotar entre lo documental y lo fantástico, entre lo que ocurrió y lo que pudo haber sido soñado.
El debate sobre la representación
El trabajo de Viviane Sassen con comunidades africanas no ha estado exento de controversia, y la propia artista ha afrontado ese debate con honestidad y autocrítica. En los últimos años, un crítico de arte la acusó de apropiación cultural, señalando que había convertido la fotografía de personas negras en el trabajo de su vida.
La pregunta que subyace es legítima y compleja: ¿qué autoridad tiene una fotógrafa blanca y europea para construir un imaginario visual a partir de cuerpos y paisajes africanos? ¿Puede la infancia vivida en Kenya ser suficiente puente entre mundos? ¿O perpetúa, aunque sea inconscientemente, una mirada que extrae belleza de lo ajeno sin devolver nada?
Sassen ha respondido a estas preguntas con la única actitud posible: tomándoselas en serio. «Es muy importante hacerse esas preguntas difíciles y seguir haciéndolas», ha dicho. «Eso también es lo que hago y trato de hacer, pero me he vuelto mucho más cautelosa sobre a quién fotografío, dónde y cuándo.» En los últimos años, tiende a fotografiar menos a las personas, optando en cambio por representar el cuerpo a través del reflejo o la sombra.
Este desplazamiento es significativo. No es una retirada ni una capitulación, sino una evolución del lenguaje: si la sombra siempre fue para Sassen un elemento central, ahora lo es aún más. El cuerpo se ausentifica de la imagen directa y aparece como rastro, reflejo, indicio. La fotografía se vuelve aún más abstracta, aún más próxima al pensamiento puro.
La doble vida en la moda
Viviane Sassen no es solo una artista de galerías y museos. Desde sus primeros años como fotógrafa ha trabajado simultáneamente en el mundo de la moda, y esa doble pertenencia ha dado forma a su obra de maneras que van más allá del mero sustento económico.
Desde que se graduó, ha combinado su trabajo artístico propio con encargos como fotógrafa de moda para publicaciones como i-D, Purple, Dazed & Confused, Fantastic Man, Vogue France, Another Magazine, V Magazine, Selfservice, Numéro, 10 y POP. Sus campañas para marcas de primera línea han convertido esa estética radicalmente personal en el lenguaje visual de algunas de las firmas más importantes del mundo. Ha creado campañas para Miu Miu, Adidas, Stella McCartney, Diesel, Louis Vuitton y Vitra, entre otras. También para Dior, con la famosa campaña de belleza protagonizada por Natalie Portman, un trabajo que demostró que su vocabulario visual podía aplicarse a los registros más distintos sin perder su identidad.
Lo llamativo es que Sassen ha conseguido algo que no abunda: que sus trabajos de encargo sean reconocibles como suyos. Cuando fotografía para Miu Miu, las imágenes llevan su firma aunque no aparezca su nombre. Hay una coherencia estética que atraviesa tanto su obra personal como sus colaboraciones comerciales, y eso habla de una artista que no se deja absorber por los códigos del cliente sino que impone los suyos propios.
La moda y el arte no son para Sassen dos compartimentos separados sino dos laboratorios diferentes donde experimentar con las mismas obsesiones: el cuerpo, la luz, la geometría, la sombra, la identidad.
Los premios y el reconocimiento internacional
La trayectoria de Viviane Sassen acumula reconocimientos en los niveles más altos del mundo del arte y la fotografía. Ha ganado el premio holandés Prix de Rome (2007) y el Infinity Award del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York (2011). Ambos galardones marcaron su consagración internacional en momentos distintos de su carrera.
El Prix de Rome neerlandés es uno de los premios de arte más importantes de los Países Bajos, y Sassen lo recibió por su serie Ultra Violet, una de sus primeras incursiones africanas. En 2015 recibió también la Medalla David Octavius Hill de la Deutsche Fotografische Akademie y ese mismo año fue nominada para el Deutsche Börse Photography Prize, uno de los reconocimientos más prestigiosos en el mundo de la fotografía europea. Ese mismo año le fue concedido el Honorary Fellowship de la Royal Photographic Society.
Son reconocimientos que juntos dibujan el perfil de una artista apreciada tanto por el mundo del arte contemporáneo como por la comunidad fotográfica más tradicional, lo cual no es poca cosa. Su presencia en las instituciones más relevantes del arte global completó ese cuadro: la exposición principal de la Bienal de Venecia en 2013, el MoMA de Nueva York, The Photographers’ Gallery de Londres, el Museum of Contemporary Photography de Chicago, la Academia Central de Bellas Artes de Pekín o Fotografiska en Estocolmo.
La retrospectiva que celebró en la Maison Européenne de la Photographie de París entre octubre de 2023 y febrero de 2024 fue un hito reciente especialmente revelador. La exposición PHOSPHOR: Art & Fashion 1990-2023 reunió más de 200 piezas y recorrió tres décadas de producción de una obra polifacética en la que la fotografía se funde con el collage, la pintura y el vídeo. Era la primera gran retrospectiva parisina de Sassen, y la respuesta del público y la crítica confirmó que su lugar en la historia de la fotografía contemporánea está firmemente consolidado.
PHotoESPAÑA 2026: el premio y Madrid como escenario
El Premio PHotoESPAÑA llega en 2026 a coronar una carrera que lo justifica ampliamente. El festival, que celebra su 29ª edición bajo el lema Volver a imaginar, ha elegido bien. La directora del festival, Maria Santoyo, ha destacado que Sassen ha desarrollado uno de los universos más reconocibles e influyentes de la fotografía contemporánea, muy basado en el color, la forma y la abstracción del cuerpo, y que a lo largo de su carrera ha conseguido ampliar las posibilidades narrativas de la imagen fotográfica, incluyendo una singular aproximación poética y sensual.
Esta edición tiene a los Países Bajos como país invitado. La coincidencia no es casual: Sassen es, sin duda, la figura más internacional de la fotografía neerlandesa contemporánea, y su presencia como protagonista del año en que su país ocupa el lugar de invitado resulta absolutamente coherente.
PHotoESPAÑA es uno de los festivales de fotografía más importantes del mundo. Comenzó su andadura en 1998 y a lo largo de sus distintas ediciones ha organizado más de 1.300 exposiciones en museos, centros de arte y galerías, con la participación de más de 3.000 artistas nacionales e internacionales. Que sea precisamente PHotoESPAÑA quien otorgue su premio más importante a Sassen dice algo sobre el momento en que se encuentra el festival: apostando por figuras que cuestionan la fotografía desde dentro, que la hibridan con otras disciplinas y que tienen la capacidad de conectar con audiencias muy amplias sin sacrificar por ello la exigencia conceptual.
Esta edición pone el foco en las nuevas generaciones y reivindica el papel fundamental de las mujeres en la fotografía contemporánea, con un 65% de artistas mujeres en una de las ediciones más ambiciosas hasta la fecha. El premio a Sassen se inscribe perfectamente en ese contexto: una mujer que lleva décadas en la primera línea de la fotografía internacional y que, sin embargo, recibe por primera vez una gran exposición individual en España.
LUX & UMBRA: la primera exposición individual en España
La exposición que acompaña al premio es en sí misma un acontecimiento. Esta amplia retrospectiva engloba más de tres décadas de creación y está concebida especialmente para el festival. En diálogo con el lema de PHotoESPAÑA 2026, Volver a imaginar, la exposición propone una relectura del archivo de Sassen alejada de un orden cronológico, mostrándose como una instalación poética en la que imágenes de varias épocas, series y técnicas conviven libremente.
El título LUX & UMBRA, luz y sombra en latín, no podría ser más fiel a la esencia de la artista. La luz y la sombra no son solo elementos formales en su obra: son categorías simbólicas, territorios emocionales, instrumentos de significado. Las sombras devienen metáforas de memoria e incertidumbre, mientras el color, las geometrías y las composiciones escultóricas transforman la fotografía en un espacio donde lo real y lo imaginado se entrelazan.
El recorrido reúne algunas de sus series más emblemáticas, como Flamboya y Parasomnia, junto a imágenes tempranas realizadas en África y obras recuperadas para esta ocasión. Este retorno a los orígenes subraya la importancia del continente africano en su mirada artística.
Pero la exposición no es solo un archivo desplegado. La muestra incluye también nuevas producciones, como la serie de collages Cadavre Exquis, que amplía su lenguaje artístico y consolida la exposición como un ecosistema visual en continua transformación, donde las imágenes dialogan entre sí creando otras formas de percepción. El cadavre exquis es un procedimiento surrealista que consiste en crear imágenes o textos mediante la colaboración de varias manos, de forma que cada participante desconoce lo que el anterior ha hecho. Al apropiarse de esa técnica, Sassen establece un diálogo explícito con el surrealismo, una de las tradiciones que más han influido en su trabajo.
Las mujeres ocupan un lugar central en el universo de la artista, cuya mirada está profundamente ligada a la luz, el paisaje y las comunidades africanas, a la vez que plantea una reflexión sobre su visibilidad y representación en la cultura visual contemporánea.
La exposición podrá visitarse en el Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, del 3 de junio al 26 de julio de 2026. La entrada es libre y gratuita, de martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas. La muestra está organizada por el Ayuntamiento de Madrid, el teatro Fernán Gómez y PHotoESPAÑA.
El programa de actividades ligadas a la exposición incluye además un encuentro entre Viviane Sassen y Eva Blanco, directora de la revista Vogue España, que tendrá como tema el proceso creativo de la artista y como base los trabajos expuestos. Un diálogo entre la fotógrafa y la directora de la publicación de moda más influyente del país que promete cruzar muchas fronteras: entre arte y moda, entre creación y producción, entre imagen y mercado.
Una artista que mira hacia adelante
A sus 53 años, Viviane Sassen no da señales de agotamiento creativo. Al contrario: sus últimas producciones sugieren a alguien que sigue explorando, probando, buscando. La incorporación del collage, de las videoinstalaciones y de la pintura a su práctica habitual la sitúa en una posición de artista total que desborda con comodidad los límites de cualquier categoría.
En todos los aspectos de su carrera, Sassen demuestra su capacidad para plasmar con armonía sombra y color, para gestionar con maestría la luz deslumbrante del continente africano y para encontrar en esa tensión entre lo visible y lo oculto una fuente inagotable de significado.
Lo que diferencia a los grandes artistas de los buenos artistas es, en buena medida, la capacidad de mantener viva la pregunta. Sassen lleva treinta años preguntándose lo mismo de formas distintas: qué dice el cuerpo cuando se le despoja de su rostro, qué ocurre cuando la sombra ocupa el lugar de la persona, dónde empieza el sueño y dónde termina el recuerdo, qué significa mirar a alguien de otro mundo con ojos formados en un tercero. Son preguntas sin respuesta definitiva, y precisamente por eso dan para toda una vida de trabajo.
Hay en Sassen una capacidad para hacer extraño lo cotidiano y familiar lo más remoto que es, en definitiva, el rasgo más definitorio del pensamiento poético. Sus imágenes nos ponen en un estado de alerta particular: no sabemos muy bien qué estamos viendo, pero sabemos con certeza que algo importante está pasando.
Una llegada largamente esperada
Que la primera exposición individual de Viviane Sassen en España llegue en 2026 dice algo de la lentitud con que ciertas evidencias se abren paso en los circuitos culturales. La artista llevaba décadas siendo un nombre de referencia en fotografía a escala global, con exposiciones en el MoMA, en la Bienal de Venecia, en los museos más importantes de Europa y América, y sin embargo España la había rozado sin abordarla de frente.
PHotoESPAÑA corrige ahora esa deuda con generosidad. No solo le otorga el premio más importante del festival, sino que le encarga una exposición concebida expresamente para la ocasión, instalada en uno de los espacios culturales más emblemáticos de Madrid y organizada con el respaldo institucional del Ayuntamiento. Es una apuesta en toda regla.
La elección del Teatro Fernán Gómez como sede no es baladí. Es un espacio que combina tradición cultural y accesibilidad, que atrae tanto a públicos especializados como a visitantes ocasionales. LUX & UMBRA tendrá allí la oportunidad de llegar a audiencias que quizás no frecuentan las galerías de arte contemporáneo pero que, frente a las imágenes de Sassen, pueden descubrir que la fotografía puede ser también una forma de pensamiento.
La fotografía como forma de pensar el mundo
En los debates sobre fotografía contemporánea se habla mucho de técnica, de tecnología, de democratización de la imagen, de redes sociales, de inteligencia artificial. Son conversaciones necesarias. Pero a veces oscurecen lo más fundamental: que la fotografía es, antes que cualquier otra cosa, una manera de mirar. Y que mirar, cuando se hace con la intensidad y la coherencia que lleva tres décadas demostrando Viviane Sassen, es también una forma de pensar el mundo.
Su obra nos recuerda que la imagen fotográfica no está obligada a ser fiel al aspecto de las cosas. Puede ser fiel a algo más profundo: al estado de ánimo que produce un lugar, a la sensación que deja una infancia, a la inquietud que genera un cuerpo que no podemos ver del todo, a la pregunta que se queda flotando después de que la sombra se ha comido el rostro de alguien que íbamos a reconocer.
El Premio PHotoESPAÑA 2026 llega en el momento justo. No porque Sassen lo necesite para legitimarse, sino porque supone la oportunidad de que España entera pueda asomarse, por primera vez con esta profundidad, a uno de los universos visuales más singulares y persistentes de la fotografía de nuestro tiempo. LUX & UMBRA no es solo una exposición. Es una invitación a ver de otra manera. Y eso, en un mundo saturado de imágenes, es exactamente lo que más falta hace.